17 ene. 2014

8 Tesis sobre el neoliberalismo (3 de 4)

Tesis 5. El Neoliberalismo se conjuga en plural no en singular. Tipo(s) de Neoliberalismo(s)

Ahora bien, estrechamente vinculada con la tesis anterior, las confusiones más reiteradas al respecto se deben a la incapacidad analítica para identificar la existencia de tipos de neoliberalismo. En este caso, se debe afirmar que el Neoliberalismo se conjuga en plural y no en singular. Existen neoliberalismos que si bien se pueden enmarcar didácticamente bajo un concepto abarcador esta operación no debe ocultar su pluralidad constitutiva.
Sintetizando esta alternativa, podríamos decir que un primer tipo de neoliberalismo estaría más próximo a la profundización y radicalización de los argumentos neoclásicos usamericanos, y más lejano de los estilos heterodoxos (austriaco, alemán, etc.). En el debut de la época neoliberal, asistimos a la normalización de los referentes neoliberales cristalizados en torno a los criterios angloamericanos durante la etapa de los procesos de ajuste y de las denominadas “reformas de primera generación” observadas con particular ímpetu en las periferias. Si se quiere, el primer neoliberalismo fue abiertamente usamericano. No obstante, recientes transformaciones al interior del proceso neoliberal y paralelo a nacientes configuraciones concretas (p.e. contrarreformas de segunda y tercera generaciones en el marco del proceso in vivo de construcción neoliberal a nivel global y también en razón a la crisis de referentes en medio de la Crisis) sugieren, en concreto, un segundo tipo de neoliberalismo en el cual los núcleos austriacos y alemanes del neoliberalismo vienen tomando paulatinamente una mayor relevancia, en detrimento de las versiones usamericanas. No sobra advertir, en todo caso, que las manifestaciones concretas del emergente neoliberalismo todavía cuentan con rezagos provenientes de ambas visiones, previniendo alguna clase de mixtura con cierta hegemonía “austriaca” la cual viene posicionándose espectacularmente. Los rasgos que, precisamente, insinúan un tránsito al interior del neoliberalismo desde su versión ortodoxa americana hacia los referenciales austriacos-alemanes manifiestan las “críticas” (superficiales en todo caso pues no amenazan al neoliberalismo, por el contrario) y el relativo abandono de categorías antes centrales como el “hombre económico (puro)”, la ingeniería social, los modelos de competencia perfecta y “el equilibrio” para activar nociones más funcionales, ajustadas y versátiles como el individuo emprendedor, el “emprendimiento”, y la pretendida “racionalidad creativa” y también a través de nuevas formas de acción institucional (un ejemplo son las privatizaciones “implícitas” encarnadas por las asociaciones ó alianzas público-privadas, los llamados cuasi-mercados, etc.) Lo anterior es igualmente visible frente a la discutida cuestión estatal que también enfrenta a un neoliberalismo anti-estatista y un nuevo neoliberalismo que admite la regulación (oportunista) del Estado, aunque como la ortodoxia, es claramente anti-intervencionista, decíamos antes, dos cuestiones diferentes.
La profunda crisis de referentes intelectuales e ideológicos en los que se debate el (para hoy “viejo”) pensamiento neoliberal de la ortodoxia neoclásica y el debilitamiento de la hegemonía de los defensores a raja tabla de las tesis del absolutismo del mercado, incluso, en sus versiones más recalcitrantes confirman esta tesis. Pero también y al mismo tiempo refuerzan la sospecha que presenciamos el reciclaje de las “antiguas” ideas neoliberales y la puesta a tono de su pensamiento con los nuevos tiempos. Las élites intelectuales hegemónicas del establishment propician hoy un tránsito - por ahora, débilmente advertido pero que poco a poco ha venido instalándose - al interior del pensamiento neoliberal, particularmente en la teoría económica, en lo que se denominaría un “novel neoliberalismo”, nuevo neoliberalismo.
Este tránsito tiene un correlato ideológico e intelectual que puede ser ilustrado con los detalles relacionados con los Premios nobel en economía en su historia más reciente. Tomemos uno de los tantos ejemplos: el caso de la Nobel Elinor Ostrom, el cual aplica casi para la totalidad de los premios adjudicados en este tema durante el siglo XXI, época del tránsito de la ortodoxia a la heterodoxia neoliberal.
Ostrom profesa un tipo de neoliberalismo que si bien hasta el momento ha permanecido en la sombra hoy emerge imperceptiblemente pero con fuerza. Sus posiciones teóricas abandonan relativamente los presupuestos tradicionales de la escuela neoclásica angloamericana, el neoliberalismo típico ortodoxo (por ejemplo, la idea del homo economicus), pero posiciona, al mismo tiempo, con parsimonia e ímpetu característico, las posturas de la escuela neoclásica heterodoxa (austriaca) retomando a los padres del neoliberalismo como Mises y Hayek quienes desde la década de los 70s - tiempo en que debutaron Buchanan y Tullock, promotores de la síntesis austro-americana - disfrutan de un enclave estratégico en las universidades de Usamérica. Su concepto de bienes comunes resulta más que ilustrativo de lo que afirmamos.
Los premios nobel en economía recientemente han dado un espaldarazo al tránsito desde las ideas de Friedman y compañía hacia una generación de conceptualizaciones “novedosas”, esta vez apoyadas en Hayek y sus seguidores, pues desde distintas voces se ha venido subrayando la necesidad de dejar atrás un neoliberalismo que ya se considera entre los mismos círculos neoliberales, anacrónico y obsoleto, para sustituirlo por otro neoliberalismo “actualizado”. Las ideas neoliberales austriacas (y alemanas) parecen estar a la fecha “mejor capacitadas” -teórica, epistemológica, intelectual y, por supuesto, políticamente- para afrontar las necesidades hegemónicas del mundo social contemporáneo y del capitalismo tardío, con todo lo que ello implica. Desde luego, de lo que se trata es redimir al capitalismo neoliberal de su apremiante crisis.
Antes que presenciar entonces un declive inminente del pensamiento dominante lo que parece sugerirse hacia adelante tanto la contestación (vía crítica por parte de anti-neoliberales) como la reactivación del neoliberalismo, mediada por la circulación y el recambio de sus corrientes y élites ortodoxas por otras: heterodoxas (vía crítica por parte de los neoliberales mismos). Este giro también y contrario a lo que se cree, no debilita sino que podría rehabilitar y fortalecer todavía más los núcleos de la doctrina neoliberal y sus mundo-visiones. En el tránsito, insistimos, no se cuestionan los presupuestos básicos, ni mucho menos las posturas típicas de la mundo-visión neoliberal y que animan constantemente las tesis pro-mercado, por más de que se intenten presentar de otra manera.

Tesis 6. El Neoliberalismo no es estático sino dinámico y ‘resiliente’

Frecuentemente se concibe al neoliberalismo como un evento estático minimizando su resilencia: resistencia ante los desafíos críticos (en particular, la crisis ideológica y epistémica) y capacidades de renovación y recomposición. En últimas, se desestima deliberadamente su dinámica. Por ello, complementando la errónea concepción del neoliberalismo como un programa de políticas y una ideología monolítica y singular, muchos analistas (y políticos que acuden retórica y estratégicamente y avalan tales posiciones) verifican cambios en las políticas y automáticamente concluyen la existencia de situaciones “más allá” del neoliberalismo. De hecho, se habla del neoliberalismo como un acontecimiento del pasado renegando incluso de la evidencia de los hechos reales que actualmente recorren el mundo y que verifican - aquí sí - que, en medio de los indicios y pruebas sobre el creciente cuestionamiento al proyecto neoliberal, éste en sus aspectos esenciales continúa adelante y, como plantea el concepto de resiliencia, bajo esta situación de inconciencia entre las resistencias antineoliberales ya acumuladas, el neoliberalismo podría eventualmente salir mucho más fortalecido. El avance de la llamada “globalización” neoliberal y de la ampliación de los mercados globales en los proyectos económico-políticos hegemónicos más importantes en la futura configuración de la economía capitalista (principalmente nos referimos a los múltiples Mega-Acuerdos/Tratados/Alianzas de “Libre Comercio”) son prueba de ello.
Como lo sosteníamos antes, las modificaciones tácticas al programa de políticas “en” el neoliberalismo no implican necesariamente transformaciones de la estrategia de desarrollo “del” neoliberalismo, la cual hasta el día de hoy - seguimos insistiendo -, por lo menos en su núcleo duro, continúa intacta.
La dinámica neoliberal ha promovido cambios y variantes en el programa táctico que encarnan sus políticas, siempre sintonizadas con distintos ritmos y coyunturas y asociadas a diferentes espacios y tiempos. El contraste de los acontecimientos y las tentativas neoliberales impuestos sobre la periferia: América Latina durante las décadas de 1980s y 1990s, por ejemplo, y los de los países centrales recientemente: Europa y los Estados Unidos, en particular, después del shock financiero de 2007-2008, ilustran este punto. En medio de las convulsiones vistas durante los últimos diez años, sería impensable reproducir el “mismo modelo” de políticas de la década de 1990s en varios espacios (América Latina, es un caso) y, en este sentido, sería lógico esperar que, en medio del neoliberalismo, el plan de políticas haya sufrido cambios tácticos para ajustarse a los nuevos tiempos. Esta operación ha sido realizada sin que sea necesario alterar su marco fundamental, es decir, la estrategia neoliberal. Sin embargo, algunos analistas absortos y bastante entusiastas siguen considerando una “paradoja” que las versiones más típicas de las políticas neoliberales (los llamados “ajustes ortodoxos” á la FMI) se apliquen hoy en los países centrales, planteando que en algunas periferias ese acontecimiento ha sido superado. Desde luego, aquí es necesario hacer un balance cuidadoso entre estrategia y tácticas y relacionarlas con ritmos y magnitudes del proyecto neoliberal a nivel global y local. En ese sentido, los tránsitos del Desarrollismo de la ISI de postguerras hacia el neoliberalismo del último cuarto del siglo XX, y de éste hacia un supuesto nuevo estadio en los albores del nuevo mileno, habría que analizarlos más allá de un economicismo rampante y ponerlos en perspectiva de las relaciones de fuerza dominantes en el terreno concreto de la economía política. 
Actualmente la convicción de que la prosperidad económica sólo puede ser obtenida mediante la sujeción al poder del mercado como paradigma es aún dominante. Incluso después de la crisis el discurso recurrente de las élites fue no abandonar estos convencimientos. Por el contrario, y tal como lo plantearon la mayoría de líderes mundiales, entre ellos, Barack Obama (Estados Unidos), Gordon Brown (Gran Bretaña), Nicolás Zarkozy (Francia), Peter Steinbrück (Alemania), Dominique Strauss-Kahn (en su momento, gerente del Fondo Monetario Internacional; postura que continua la actual directora gerente Christine Lagarde), y regionales “críticos” del neoliberalismo anterior, como Dilma Rouseff (Brasil) o Cristina Fernández de Kirchner (Argentina), la idea es transitar hacia un liberalismo regulado (Susan Waltkins), un neoliberalismo pragmático (Fischer & Plehwe), es decir, un nuevo neoliberalismo el cual, desde luego, debe retóricamente -por razones de productividad política y ante el desprestigio global del neoliberalismo vigente: su crisis ideológica y epistémica y la exacerbación de la alienación- encubrir su propia naturaleza.
Resaltando tesis anteriores, el tránsito hacia un nuevo neoliberalismo confirma que la crisis del neoliberalismo en general es palpable en contra de “un” tipo de neoliberalismo (ortodoxo) y, las críticas neoliberales al neoliberalismo (corrientes heterodoxas) pretenden ser la vanguardia de su reconstitución. Sería útil ilustrar este punto, a través de la siguiente tabla en la cual se contraponen el viejo y ortodoxo neoliberalismo y su renovada versión heterodoxa relacionando cuatro criterios centrales: a) Presencia estatal; b) Desempeños de los Mercados; c) Balances y desbalances de la Sociedad; y, d) Raíces ideológicas, en ambas formas del neoliberalismo.
Profundicemos este punto a través de un par de ejemplos.
Discursos como el nuevo desarrollismo propuestos, entre otros, por Luiz C. Bresser-Pereira han venido contraponiendo la “ortodoxia convencional” (el neoliberalismo típico del Consenso de los 90s y que teóricamente iguala a “lo neoclásico”; ya sabemos que es un error, deliberado o espontáneo pero error al fin y al cabo) al “neo-desarrollismo”, según este autor, un paradigma alternativo al neoliberalismo. No obstante, y como decíamos, en este caso, el neo-desarrollismo evita discutir el paradigma de desarrollo prevaleciente, y se limita a sustituir políticas económicas y sociales pero en el mismo marco del neoliberalismo, nunca más allá. En rigor, “la ortodoxia convencional” aludida no puede contraponerse a un “nuevo desarrollismo”. Lo ortodoxo se contrapone a lo heterodoxo, ya lo aclarábamos. La oposición que convoca Bresser-Pereira con el nuevo desarrollismo precisamente es una “heterodoxia convencional”, como fácilmente puede inferirse de las “diferencias” que él mismo intenta ilustrar entre la ortodoxia y el supuesto neo-desarrollismo, un neoliberalismo heterodoxo. En una de sus obras al respecto: Macroeconomia da estagnação (São Paulo, Editora 34, 2007), esto es rotundo.
¿Por qué referirse a una teoría ortodoxa e igualarla directamente a la neoclásica como forma para trazar una frontera ante un (supuesto) nuevo modelo? En este, como en otros casos, Bresser-Pereira alude a “la teoría neoclásica u ortodoxa” que fundamentó los 30 años del capitalismo neoliberal (ortodoxo). Al mismo tiempo, oculta que - lo veíamos - la teoría económica neoclásica tiene variantes, así como también el neoliberalismo. Existen diferencias epistemológicas y teóricas sustantivas entre un neoliberalismo de laissez-faire, basado en teorías neoclásicas - ese mismo que defiende en forma ortodoxa el absolutismo del mercado, ahora criticado por todos - y otras teorías tan neoclásicas como neoliberales, críticas del ‘dejar hacer, dejar pasar’, que podría decirse, parecen en este momento “moderadas” frente a la ilusión de que el mercado lo resuelve todo.
Otro ejemplo, entre una infinidad de ellos al respecto, es la perspectiva del nobel de Economía Joseph Stiglitz, a quien muchos consideran “crítico” del neoliberalismo. Una muestra reciente de la discursividad que manejan los neoliberales heterodoxos, como Stiglitz lo representa su artículo titulado: “La farsa del libre comercio”, en donde Stiglitz “critica” el libre comercio practicado por los Estados Unidos porque precisamente no es neoliberal. Llama pasar de un libre comercio “controlado” a uno “auténtico”, es decir, neoliberalizado. Texto: J. F. Puello-Socarrás. Ver: Parte 4

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