6 dic 2018

Neoliberalismo hoy

Para entender el daño que el neoliberalismo ha causado en nuestras sociedades, es bueno tomar algo de distancia histórica. La perspectiva desde horizontes temporales largos permite cuestionar los mitos y leyendas que impiden una crítica certera sobre la economía de mercado y el capitalismo. Un vistazo al pasado ayuda a comprender que las heridas en el tejido social no son superficiales y que se acompañan de una peligrosa mutación hasta en la misma forma de pensarnos. Lo primero que enseña la perspectiva histórica es que la sociedad de mercado no siempre existió. Este es el hallazgo fundamental de Karl Polanyi, autor de la obra magistral La gran transformación.
Si bien los mercados eran conocidos desde finales de la llamada edad de piedra, las relaciones puramente mercantiles estaban acotadas por otro tipo de relaciones sociales que no tenían nada que ver con precios y mucho menos con una finalidad de lucro. Para decirlo en palabras de Polanyi, no es lo mismo una sociedad con mercados que una sociedad de mercado. Ninguna sociedad puede sobrevivir sin un sistema económico. Pero el sistema económico basado en la idea de un mercado autorregulado es una novedad en la historia. En la antigüedad existieron mercados de todo tipo de bienes, desde telas y sandalias hasta utensilios y alimentos. Había precios y monedas. Pero las relaciones mercantiles estaban sumergidas en una matriz de relaciones sociales cuya racionalidad no era obtener ganancia o beneficio económico. Como dice Polanyi, aquellas relaciones mercantiles estaban encasilladas en otro tipo de relaciones sociales. Las cosas cambiaron hace unos 200 años. La sociedad del siglo XVIII fue testigo de este portentoso cambio y le saludó como si se hubiese alcanzado la cima de la civilización. La admiración creció con el mito de que culminaba con esa transformación un proceso cuyo motor era una supuesta propensión natural de los seres humanos al trueque, para usar las palabras de Adam Smith. Esa creencia es la que anima la mitología sobre una evolución natural que condujo a la sociedad de mercado. La realidad es que no hay nada natural en la expansión del tejido mercantil. En los poblados y las ciudades de la Europa medieval el comercio era visto con recelo y como amenaza a las instituciones sociales. Por eso se le regulaba de manera estricta, con la obligación de hacer públicos los detalles de precios y plazos para cualquier transacción mercantil y la prohibición de utilizar intermediarios. Además, se mantuvo una separación rigurosa entre el comercio local y el de largas distancias. Los comerciantes dedicados a estas últimas actividades estaban inhabilitados para ejercer el comercio al menudeo. Los mercados fueron siempre una dimensión accesoria de las relaciones sociales. La aparición de estados unificados territorialmente impulsó la destrucción de las barreras proteccionistas de los poblados y primeras aglomeraciones urbanas, además de proyectar la política del mercantilismo a un primer plano. Así se abrió la puerta a la creación de mercados nacionales. Si las relaciones de mercado llegaron a cubrir con su manto toda la trama de relaciones sociales, eso fue resultado de la acción del poder público o de lo que Polanyi llamó estímulos artificiales, no de una pretendida evolución natural. La sociedad de mercado que se impuso a finales del siglo XVIII llevaba en su lógica la necesidad de convertir todo lo que tocaba en una mercancía. Entre otras cosas necesitó de la mercantilización de bienes (como la tierra), que anteriormente no habían sido objeto de transacciones en un mercado. Sólo así podía pretender al título de mercado autorregulado. Cuando llegó la revolución industrial, la sociedad de mercado ya había transformado el entramado de relaciones sociales que había imperado en Europa. El capitalismo nacido en las relaciones agrarias en Inglaterra completó el proceso al convertir al trabajo en mercancía y en otro espacio de rentabilidad.El neoliberalismo y la globalización de los pasados tres decenios también se impusieron por la acción del Estado. Y lo que antes había sido visto como una amenaza para las instituciones, se convirtió en una realidad tóxica para el tejido social. Todo lo que nos rodea y hasta nuestro mismo cuerpo se ha transformado en espacio de rentabilidad para las relaciones mercantiles. La peor pesadilla de Polanyi se hizo realidad. Sobre las espaldas de una teoría económica recalentada y refuncionalizada para servir de sustento ideológico, el neoliberalismo ha dependido de la astucia del capital para crear nuevos espacios de rentabilidad. Las fuerzas del mercado general han deformado las instituciones sociales y han creado una cultura del sentido común que cada día nos aleja más de la humanidad y del universo. Han forjado una cultura popular que gira alrededor de la competencia y del individualismo posesivo con consecuencias nefastas para los grupos más vulnerables. La historia del neoliberalismo es una pesadilla de la que nos urge despertar. Texto: A. Nadal

2 dic 2018

El Estado y el bien estar (de algunos)

Desde hace décadas han tomado posiciones aventajadas en casi todo Occidente las teorías políticas que defienden el Estado como organización imprescindible en la vida pública. Para ser exactos, esas teorías políticas que consideran el Estado como un elemento necesario, como intermediador en la vida pública y en determinados campos de la vida privada, se han convertido en una voz única y hegemónica hasta tal punto que muchas personas son incapaces de imaginar la vida fuera de las normas marcadas por el Estado.

En las teorías políticas dominantes de tradición progresista el Estado es un avance que separa las civilizaciones antiguas, primitivas, etc., de las civilizaciones modernas donde el Estado es visto como actor fundamental cargado de connotaciones positivas. Frente a este modo de ver las cosas encontramos las teorías neoliberales abrazadas por las clases sociales más conservadoras que señalan al Estado como regulador innecesario, como obstáculo a la vida que ellos llaman civil y, sobre todo, de la vida económica.
El debate entre neoliberales y, los aspirantes a conservar el modelo social dominante anterior, la socialdemocracia, se está viendo cada vez más reducido a un debate entre los supuestos defensores de adelgazar lo máximo posible el Estado y su presencia social y económica y los partidarios de conservar el lugar que esté ocupó desde la Segunda Guerra Mundial (o incluso incrementarlo). Tal simplicidad ha alcanzado el debate en algunos casos que defender el Estado es progresista y atacarlo es conservador-neoliberal.
En el imaginario progresista el Estado es, en las últimas décadas al menos, garante de la ordenación democrática de la vida a través de toda una serie de instituciones consideradas positivas como los sistemas educativo, sanitario y los servicios sociales de diverso tipo: desempleo, servicios asistenciales, etc.
Los neoliberales de Europa tienen un modelo claro al otro lado del Atlántico, en EE.UU. El Estado para ellos/as debería adelgazarse todo lo posible, dejando a la iniciativa privada todos los elementos de la vida social, o mejor dicho, todos los elementos de la vida económica. Papá Estado, según los neoliberales, ahoga la iniciativa y genera relaciones paternalistas donde los ciudadanos esperan soluciones dadas desde afuera.
Lo cierto es que ambas formas de entender las relaciones generadas por el Estado olvidan deliberadamente aspectos importantes. En primer lugar las teorías progresistas defensoras del Estado omiten la verdadera naturaleza del Estado como aparato de dominación aunque esto no fue siempre así como se podría comprobar en los programas de sus organizaciones antes de integrarse en las instituciones décadas atrás. Por eso olvidan qué clases sociales forman los cuadros de altos cargos del Estado y qué clases sociales se pudren en las cárceles del Estado. Por eso la educación pública es una herramienta para el mejoramiento personal y social y no es una herramienta para socializar a los estudiantes en los valores de las clases dominantes. Así podríamos seguir explicando el punto de vista pro-estatista mostrando la transformación de lo estatal en público ya que la premisa de que es de todos lo que todos pagamos es francamente tramposa como lo es la mil veces cacareada mentira de que los ricos aportan más que nadie al Estado y son los que menos reciben.

Dar mucho, recibir poco

Como veníamos diciendo las clases dominantes conservadoras han difundido con un éxito digno de elogio la idea de que ellos contribuyen al Estado y a sus instituciones una cantidad enorme de recursos mientras que apenas reciben nada ya que el gasto en instituciones asistenciales y en recursos similares no les repercuten. Esto esconde varias mentiras unas evidentes y otras no tanto. La contribución de las mayores fortunas es mínima gracias a la ingeniería financiera capaz de lograr eficientemente la evasión legal e ilegal de impuestos. Por otra parte, la aportación al aparato estatal ha sido el fruto de las concesiones necesarias bien para proteger la paz social evitando una peligrosa conflictividad bien para fortalecer, mejorar o modernizar (si se prefiere) los mecanismos aseguradores del orden social vigente.
No obstante, podría pensarse que este modo de ver las cosas no explica la ofensiva contra el Estado y su enorme adelgazamiento. Lo cierto es que dicho ataque es relativo y el adelgazamiento cuestionable:
La visión del adelgazamiento del aparato estatal parte del hecho de que el Estado es esencialmente sus instituciones educativas, sanitarias, asistenciales, de comunicación… Es decir, la cara más prestigiosa, más amable, al menos aparentemente, de las instituciones. Se habla mucho menos del Estado y su aparato policial, carcelario y militar ya que, pese a la constante propaganda, esto nos recuerda la naturaleza violenta del Estado. Por eso, resulta curioso que las últimas estadísticas oficiales, publicadas por Eurostat en el 2011, nos muestran la cifra récord de miembros de cuerpos de “seguridad” del Estado en la historia (un 30% más que en 2003) que, eso sí, han sido recortadas por Mariano Rajoy en un 1% con un resultado curioso: España tiene un Estado que procura el mayor número de policías por habitante de toda la Unión Europea.
No obstante, nos importa más otro análisis de estos asuntos: los partidarios del Estado valoran su tamaño por las cuestiones numéricas más evidentes como el número de funcionarios y empleados públicos o el presupuesto estatal de cada año. No nos parece una tontería pensar que ese baremo es, como mínimo, cuestionable: ¿si el sistema estatal de enseñanza acoge a 1 millón de alumnos con 50.000 profesores es más grande que si acoge 1 millón de alumnos con 40.000 profesores? Si el sistema estatal represivo tiene 100.000 policías y este año les paga 100 euros menos al mes a cada uno ¿tiene un aparato policial menor? Obviamente estos ejemplos (que son sólo una muestra de los que podríamos señalar) con cifras evidentemente inventadas sirven para poner en cuestión algunas mentiras habituales.
El aparato estatal no es más pequeño necesariamente por número de funcionarios, ni tiene por qué serlo por cuestiones presupuestarias. Ese modo de razonar puede ser válido o puede ser una mentira como un templo pues al margen de esos aspectos el tamaño del aparato estatal se debe medir por la influencia en la vida cotidiana de las personas bajo su control. Y hoy no parece que los que habitamos la neoliberal Región española estemos menos bajo la regulación del Estado que hace 30, 20 ó 10 años. Cualquiera que tenga 50 años puede recordar cuantos aspectos de su vida cotidiana estaban regulados hace 20 años y cuantos ahora. Si hay más leyes, códigos, regulaciones, carnets, impuestos, tasas, controles de todo tipo no parece que haya menos Estado sino todo lo contrario.
Si las políticas neoliberales están modificando la estructura de los Estados no es porque sean antiestatistas o porque crean que el Estado debe ser pequeñito para dar libertad a los individuos, simplemente están operando una reformulación de las estructuras del mismo para rizar el rizo y que las clases dominadas (a través de las rentas del trabajo frente a las rentas del capital propias de las clases dominantes), en un momento de debilidad histórico, contribuyan cada vez más con sus maltrechas economías a mantener los elementos esenciales del Estado y fortificarlo como aparato de dominación eliminando los elementos necesarios en otros periodos con necesidades y circunstancias históricas diferentes a las actuales.

30 nov 2018

Capitalismo contra movimientos sociales

La reestructuración de la economía mundial ha adoptado cinco estrategias básicas para dar respuesta al ciclo de luchas sociales que entre los años sesenta y los setenta transformaron la organización de la reproducción y las relaciones de clase. 

Primero: se ha producido una expansión del mercado de trabajo. La globalización ha producido un salto histórico en el tamaño del mundo proletario, tanto mediante un proceso global de «cercamiento» que ha provocado la separación de millones de personas de sus tierras, sus trabajos y sus «derechos consuetudinarios», como mediante el aumento del empleo de las mujeres. No es sorprendente que la globalización se nos aparezca como un proceso de acumulación primitiva, que ha asumido formas variadas. En el Norte, la globalización ha asumido la forma de la deslocalización y la desconcentración industrial, así como de la flexibilización, la precarización laboral y el método Toyota o JIT [Just In Time, «justo a tiempo»].(1) En los antiguos países socialistas, se ha producido la desestatalización de la industria, la descolectivización de la agricultura y la privatización de la riqueza social. En el Sur, hemos sido testigos de la «maquilización» de la producción, la liberalización de las importaciones y las privatizaciones de las tierras. El objetivo, de todas maneras, era el mismo en todas partes. Mediante la destrucción de las economías de subsistencia y la separación de los productores de los medios de subsistencia, al provocar la dependencia de ingresos monetarios a millones de personas, incluso a aquellas imposibilitadas para adquirir un trabajo asalariado, la clase capitalista ha relanzado el proceso de acumulación y recortado los costes de la producción laboral. Dos mil millones de personas han sido arrojados al mercado laboral demostrando la falacia de las teorías que defienden que el capitalismo ya no necesita cantidades masivas de trabajo vivo, porque presumiblemente descansa en la creciente automatización del trabajo.
Segundo, la desterritorialización del capital y la financiarización de las actividades económicas, posibilitadas por la «revolución informática», han creado las condiciones económicas por las que la acumulación primitiva se ha convertido en un proceso permanente, mediante el movimiento casi instantáneo del capital a lo largo del planeta, al haber derribado una y otra vez las barreras levantadas contra el capital por la resistencia de los trabajadores a la explotación.
Tercero, hemos sido testigos de la desinversión sistemática que el Estado ha llevado a cabo en la reproducción de la fuerza de trabajo, implementada mediante los programas de ajuste estructural y el desmantelamiento del «Estado de bienestar». Como se ha mencionado anteriormente, las luchas llevadas a cabo durante los años sesenta han enseñado a la clase capitalista que la inversión en la reproducción de la fuerza de trabajo no se traduce necesariamente en una mayor productividad laboral. Como resultado de esto, surgen ciertas políticas y una ideología que resignifica a los trabajadores como microemprendedores, supuestamente responsables de la inversión en ellos mismos y únicos beneficiarios de las actividades reproductivas en ellos materializadas. En consecuencia se ha producido un cambio en los ejes temporales existentes entre reproducción y acumulación. Los trabajadores se ven obligados a hacerse cargo de los costes de su reproducción en la medida en que se han reducido los subsidios en sanidad, educación, pensiones y transporte público, además de sufrir un aumento de los impuestos, con lo que cada articulación de la reproducción de la fuerza de trabajo ha devenido un momento de acumulación inmediata.
Cuarto, la apropiación empresarial y la destrucción de bosques, océanos, aguas, bancos de peces, arrecifes de coral y de especies animales y vegetales han alcanzado un pico histórico. País tras país, de África a las islas del Pacífico, inmensas áreas agrícolas y aguas costeras ―el hogar y los medios de subsistencia de extensas poblaciones― han sido privatizadas y hechas accesibles para la agroindustria, la extracción mineral o la pesca industrial. La globalización ha revelado, sin lugar a dudas, el coste real de la producción capitalista y de la tecnología lo que hace imposible hablar, tal y como Marx hizo en los Grundrisse, de «la gran influencia civilizadora del capital» que surge de su «apropiación universal tanto de la naturaleza como de la relación social misma» donde «la naturaleza se convierte puramente en objeto para el hombre, en cosa puramente útil; cesa de reconocérsele como poder para sí; incluso el reconocimiento teórico de sus leyes autónomas aparece solo como una artimaña para someterla a las necesidades humanas, sea como objeto del consumo, sea como medio de la producción». (2). En el año 2011, tras el derrame de petróleo de BP y el desastre de Fukushima ―entre otros desastres producidos por los negocios corporativos―, cuando los océanos agonizan, atrapados entre islas de basura, y el espacio se ha convertido en un vertedero además de en un depósito armamentístico, estas palabras no pueden sonar más que como ominosas reverberaciones. Este desarrollo ha afectado, en diferentes grados, a todas las poblaciones del planeta. Aun así, como mejor se define el Nuevo Orden Mundial es como un proceso de recolonización. Lejos de comprimir el planeta en una red de circuitos interdependientes, lo ha reconstruido como un sistema de estructura piramidal, al aumentar las desigualdades y la polarización social y económica, y al profundizar las jerarquías que históricamente han caracterizado la división sexual e internacional del trabajo, y que se habían visto socavadas gracias a las luchas anticoloniales y feministas. El centro estratégico de la acumulación primitiva lo ha conformado el mundo colonial, mundo de plantaciones y esclavismo, históricamente el corazón del sistema capitalista. Lo llamo «centro estratégico» porque su reestructuración ha proporcionado los cimientos y las condiciones necesarias para la reorganización global del mercado de trabajo. Ha sido aquí, de hecho, donde hemos sido testigos de los primeros y más radicales procesos de expropiación y pauperización y de la desinversión más ingente del Estado en la fuerza de trabajo. Estos procesos están perfectamente documentados. Desde principios de los años ochenta, como consecuencia de los ajustes estructurales, el desempleo en la mayor parte de los países del «Tercer Mundo» ha crecido tanto que la USAID (3) [Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional] podía reclutar trabajadores ofreciendo tan solo «comida por trabajo». Los salarios han caído de tal manera que se ha comprobado que las trabajadoras de las maquilas tienen que comprar la leche por vasos o los huevos y tomates por unidad. Poblaciones enteras se han visto desmonetarizadas, al mismo tiempo que se les ha arrebatado las tierras para concedérselas a proyectos gubernamentales o a inversores extranjeros. Actualmente, medio continente africano se encuentra bajo emergencia alimentaria (4). En África Oriental, del Níger a Nigeria y hasta Ghana, el suministro de electricidad ha desaparecido, las redes eléctricas nacionales han sido desarticuladas, obligando a aquellos que tienen dinero a comprar generadores individuales cuyo zumbido llena las noches, dificultando el sueño de la gente. La sanidad estatal y los presupuestos de educación, los subsidios a los agricultores, las ayudas para las necesidades básicas, todas ellas han sido desmanteladas, reducidas drásticamente y suprimidas. En consecuencia, la esperanza de vida está descendiendo y han reaparecido fenómenos que se suponía que el capitalismo había borrado de la faz de la tierra hace mucho tiempo: hambrunas, hambre, epidemias recurrentes, incluso la caza de brujas.(5) En aquellos lugares en los que los «planes de austeridad» y la apropiación de tierras no pudieron concluir su tarea, la ha rematado la guerra, abriendo nuevos campos para la extracción de crudo y la recolección de diamantes o coltán. Y en lo que respecta a la población objetivo de esta desposesión, se han convertido en los sujetos de una nueva diáspora, que arroja a millones de personas del campo a las ciudades, que cada vez más se asemejan a campamentos. Mike Davis ha utilizado la frase «planeta de ciudades miseria» en referencia a esta situación, pero una descripción más correcta y vívida hablaría de un planeta de guetos y un régimen de apartheid global. Si además tenemos en cuenta que, mediante la deuda y el ajuste estructural, los países del «Tercer Mundo» se han visto obligados a desviar la producción alimentaria del mercado doméstico al mercado de exportación, convertir tierras arables y cultivables para el consumo humano en terrenos de extracción mineral, deforestar tierras, y convertirse en vertederos de todo tipo de desechos así como en campo de depredación para las corporaciones cazadoras de genes,(6) entonces, debemos concluir que, en los planes del capital internacional, existen zonas del planeta destinadas a una «reproducción cercana a cero». De hecho, la destrucción de la vida en todas sus formas es hoy tan importante como la fuerza productiva del biopoder en la estructuración de las relaciones capitalistas, destrucción dirigida a adquirir materias primas, «desacumular» trabajadores no deseados, debilitar la resistencia y disminuir los costes de la producción laboral. Hasta qué punto ha llegado el subdesarrollo de la reproducción de la fuerza de trabajo mundial se refleja en los millones de personas que frente a la necesidad de emigrar se arriesgan a dificultades indecibles y a la perspectiva de la muerte y el encarcelamiento. Ciertamente la migración no es tan solo una necesidad, sino también un éxodo hacia niveles más altos de resistencia, un camino hacia la reapropiación de la riqueza robada, como argumentan Yann Moulier Boutang, Dimitris Papadopoulos y otros autores (7). Esta es la razón por la que la migración ha adquirido un carácter tan autónomo que dificulta su utilización como mecanismo regulador de la reestructuración del mercado laboral. Pero no hay duda alguna de que si millones de personas abandonan su país hacia un destino incierto, a cientos de kilómetros de sus hogares, es porque no pueden reproducirse por sí mismas, al menos no bajo las condiciones necesarias. Esto se hace especialmente evidente cuando consideramos que la mitad de los migrantes son mujeres, muchas con hijos que deben dejar atrás. Desde un punto de vista histórico esta práctica es altamente inusual. Las mujeres son habitualmente las que se quedan, y no debido a falta de iniciativa o por impedimentos tradicionalistas, sino porque son aquellas a las que se ha hecho sentir más responsables de la reproducción de sus familias. Son las que deben garantizar que sus hijos tengan comida, a menudo quedándose ellas mismas sin comer, y las que se cercioran de que los ancianos y los enfermos reciben cuidados. Por eso cuando cientos de miles de ellas abandonan sus hogares para enfrentarse a años de humillaciones y aislamiento, viviendo con la angustia de no ser capaces de proporcionarles a sus seres queridos los mismos cuidados que les dan a extraños en otras partes del mundo, sabemos que algo dramático está sucediendo en la organización del mundo reproductivo. Debemos rechazar, de todas maneras, la afirmación de que la indiferencia de la clase capitalista internacional frente a la pérdida de vidas que produce el capitalismo es una prueba de que el capital ya no necesita el trabajo vivo. Más cuando en realidad la destrucción a gran escala de la vida ha sido un componente estructural del capitalismo desde sus inicios, como necesaria contrapartida a la acumulación de la fuerza de trabajo, acumulación que inevitablemente supone un proceso violento. La recurrente «crisis reproductiva» de la que hemos sido testigos en África durante las últimas décadas se encuentra enraizada en esta dialéctica de acumulación y destrucción de trabajo. También la expansión del trabajo no contractual y otros fenómenos que deberían ser considerados como abominaciones en un «mundo moderno» ―como las encarcelaciones masivas, el tráfico de sangre, órganos y otras partes del cuerpo humano― deben ser leídas dentro de este contexto. El capitalismo promueve una crisis reproductiva permanente. Si esto no ha sido más visible en nuestras vidas, por lo menos en muchas partes del Norte Global, es porque las catástrofes humanas que ha causado han sido en su mayor parte externalizadas, confinadas a las colonias y racionalizadas como un efecto de una cultura retrógrada o un apego a tradiciones erróneas y «tribales». Sobre todo durante la mayor parte de los años ochenta y noventa, los efectos de la reestructuración global apenas se notaron en el Norte, excepto dentro de las comunidades de color, o bien se presentaron como alternativas liberadoras frente a la regimentación de la rutina de 9 a 17, si no anticipaciones de una sociedad sin trabajadores. Pero observado desde el punto de vista de la totalidad de las relaciones capital-trabajo, este desarrollo demuestra el esfuerzo continuo del capital de dispersar a los trabajadores y de minar los esfuerzos organizativos de los obreros dentro de los lugares de trabajo. Combinadas, estas tendencias han abolido los contratos sociales, desregulado las relaciones laborales, reintroducido modelos laborales no contractuales destruyendo no solo los resquicios de comunismo que las luchas obreras habían logrado sino amenazando también la creación de los nuevos comunes. También en el Norte, los ingresos reales y las tasas de empleo han caído, el acceso a la tierra y a los espacios urbanos ha disminuido, y el empobrecimiento e incluso el hambre se han extendido. Treinta y siete millones de personas en Estados Unidos pasan hambre, mientras que el 50 % de la población norteamericana, según un estudio de 2011 pertenece al segmento de población de «bajos ingresos». Añadamos a esto que la introducción de la tecnología, supuestamente diseñada para ahorrar tiempo, lejos de reducir la duración de la jornada laboral la ha extendido hasta el punto de que en algunos países como Japón se han vuelto a ver personas muriendo por exceso de trabajo, mientras que el tiempo de ocio y la jubilación se han convertido en un lujo. El pluriempleo es, hoy en día, una actividad necesaria para muchos trabajadores en Estados Unidos, mientras que personas de sesenta a setenta años, viendo que les han retirado las pensiones, están regresando al mercado de trabajo. Aún más significativo es el hecho de que estemos siendo testigos del desarrollo de una fuerza de trabajo vagabunda, itinerante, compelida al nomadismo, siempre en movimiento, en camiones, tráileres, autobuses, buscando trabajo allá donde aparezca una oportunidad, un destino que antes se reservaba en Estados Unidos solo a los temporeros que recogían las cosechas de los cultivos industriales, cruzando el país como pájaros migratorios. Junto con el empobrecimiento, el desempleo, las horas extras, el número de personas sin hogar y la deuda, se ha producido un incremento de la criminalización de la clase trabajadora, mediante una política de encarcelamiento masivo de la clase obrera que recuerda al Gran Encierro del siglo XVII, (8) y la formación de un proletariado ex-lege, constituido por inmigrantes indocumentados, estudiantes que no pueden pagar sus créditos, productores o vendedores de mercancías ilícitas, trabajadoras del sexo. Es una multitud de proletarios, que existen y trabajan en las sombras, que nos recuerda que la producción de poblaciones sin derechos ―esclavos, sirvientes sin contrato, peones, convictos, sans papiers― permanece como una necesidad estructural de la acumulación capitalista. Especialmente crudo ha sido el ataque producido sobre la juventud, particularmente sobre la de la clase trabajadora negra, potenciales herederos del Black Power, a los que nada les ha sido concedido, ni siquiera la posibilidad de un empleo seguro o del acceso a la educación. Sin embargo también para muchos jóvenes de clase media su futuro está en duda. La educación se consigue a un alto precio, provoca endeudamiento y la probable imposibilidad de devolución de los créditos estudiantiles. La competición por el empleo es dura, y las relaciones sociales son cada vez más estériles ya que la inestabilidad impide la construcción comunitaria. No sorprende pues que, entre las consecuencias sociales de la reestructuración de la reproducción, haya habido un incremento del número de suicidios juveniles, así como un repunte de la violencia contra las mujeres y los niños, incluyendo el infanticidio. Es imposible, entonces, compartir el optimismo de aquellos que, como Negri y Hardt, han argumentado en los últimos años que las nuevas formas de producción creadas por la reestructuración global de la economía ya proveen la posibilidad de formas más autónomas y más cooperativas de trabajo. Aun así, el asalto a nuestra reproducción no ha pasado incontestada. La resistencia ha adoptado diferentes formas y muchas de ellas se han mantenido en la sombra hasta que se han convertido en fenómenos de masas. La financiarización de todos y cada uno de los aspectos de la vida cotidiana mediante el uso de las tarjetas de crédito, préstamos, endeudamiento, especialmente en Estados Unidos, debe plantearse desde este punto de vista como una respuesta al declive de los salarios y a un rechazo a la austeridad impuesta por ello, más que simplemente un producto de la manipulación financiera. En todo el mundo, está creciendo un movimiento de movimientos, desde los años noventa; este ha desafiado todas y cada una de las facetas de la globalización ―mediante manifestaciones masivas, ocupaciones de tierras, construcción de economías solidarias y de otros métodos de desarrollo de los comunes. Más importante todavía, la reciente expansión de levantamientos masivos prolongados y movimientos en la estela «Occupy», que a lo largo del último año han barrido gran parte del mundo, desde Túnez y Egipto, pasando por la mayor parte de Oriente Medio, hasta España y Estados Unidos, ha abierto una brecha que permite entrever que la idea de una gran transformación social parece posible de nuevo. Tras años de aparente aceptación de la situación actual, en los que nada parecía capaz de parar los efectos destructores de un orden capitalista en declive, la Primavera Árabe y la expansión de acampadas a lo largo de Estados Unidos, uniéndose a los muchos asentamientos ya formados por la creciente población de sin techo, muestra que los de abajo se están movilizando de nuevo, y que una nueva generación se dirige a las plazas decidida a reclamar su futuro, eligiendo formas de rebelión que pueden potencialmente tender puentes entre las principales brechas sociales. Texto: Silvia Federici. Ver:  5 Crisis financieras que cambiaron el mundo
NOTAS:
1- Sistema de organización fabril que reduce al mínimo los costes de gestión y almacenamiento al producir únicamente la cantidad exacta de mercancías demandadas en un momento preciso.
2- Karl Marx, Grundrisse, citado por David McLellan en Karl Marx: Selected Writings, Oxford, Oxford University Press, 1977, pp. 363-364 [ed. cast.: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), Siglo XXI, México, 2007].
3- La USAID es la agencia estadounidense encargada de distribuir la mayor parte de la ayuda exterior de carácter no-militar. En principio independiente, ha sido objeto de duras críticas y acusada de colaboración con la CIA o de ayudar en diversos escenarios a la desestabilización de gobiernos no alineados con las políticas de EEUU.
4- Sam Moyo y Paris Yeros (eds.), Reclaiming the Land: The Resurgence of Rural Movement in Africa, Asia and Latin America, Londres, Zed Books, 2005, p. 1.
5- Silvia Federici, «Witch-Hunting. Globalization and Feminist Solidarity in Africa Today», Journal of International Women’s Studies, Special Issue: Women’s Gender Activism in Africa, octubre de 2008.
6- Los cazadores de genes son los modernos piratas de la genética, que recolectan el acervo genético de los pueblos indígenas para descubrir variaciones particulares, negocio de gran potencial para las transnacionales farmacéuticas.
7- Yann Moulier Boutang, De l’esclavage au salariat. Èconomie historique du salariat bride, París, Presse Universitaire de France, 1998 [ed. cast.: De la esclavitud al trabajo asalariado: economía histórica del trabajo asalariado, Madrid, Akal, 2006]; Dimitris Papadopoulos, Niam Shephenson y Vassilis Tsianos, Escape Routes Control and Subversion in the 21th Century, Londres, Pluto Press, 2008.
8- Desde finales del siglo XVI y a lo largo del XVII se extendieron por Europa los llamados hospitales generales o casas de trabajo [workhouses], donde eran confinadas forzosamente todas aquellas personas que no eran consideradas productivas (vagabundos, mendigos y pobres en general). Por un lado, el trabajo obligatorio que desempeñaban fue aprovechado en este capitalismo emergente.

28 oct 2018

El Supremo y la Banca

“La casualidad favorece a quienes están entrenados”, decía Louis Pasteur. Pero eso es en los laboratorios y en los despachos de los poetas, donde el éxito consiste en dar vueltas hasta encontrar una fórmula o una metáfora y echarle la culpa a la inspiración. En otros mundos, por ejemplo en esa finca sembrada de minas antipersona que llaman macroeconomía -un nombre que se han inventado los de siempre para hacernos sentir diminutos al resto-, la casualidad ni siquiera existe: ahí lo tienen todo atado y bien atado, los poderosos marcan las reglas, las cambian a mitad del partido si van perdiendo de la única manera que lo pueden hacer, que es cuando ganan pero menos de lo que querían, y en último extremo, como los números son suyos, si alguien protesta los pintan de rojo y nos hunden en una crisis de la que ellos saldrán todavía más fuertes y nosotros aún más asustados. 

A todo eso, por resumir, lo podemos llamar neoliberalismo, esa dictadura de guante blanco hecha con calculadoras, en lugar de con tanques. La alegría dura poco en la casa del pobre, y para demostrarlo, el Tribunal Supremo llegó con su jarro de agua fría a pararle los pies a su propia Sección Segunda de la Sala de lo Contencioso-Administrativo, que acababa de establecer, veinticuatro horas antes, que son los bancos los que deben pagar la formalización de las escrituras de las hipotecas, y no sus clientes. La contraorden sirvió para frenar los pleitos y recursos que se avecinaban y para evitar la jurisprudencia que crearía irremediablemente la primera sentencia que castigase a una entidad financiera a devolver esos gastos cobrados, igual que tantos otros, de forma indebida. Desde la asociación Juezas y Jueces por la Democracia se calificó de “intolerable” que “una sentencia de la Sala Tercera del Tribunal Supremo velando por los intereses de la ciudadanía se vaya a revisar por los intereses de la banca”, pero dará igual, aquí pones el grito en el cielo y juegan con él al tiro al plato. Por supuesto, todo había seguido el guion habitual y al producirse el revés contra los bancos, que no toleran que se persigan los atracos de dentro a fuera, es decir, los que cometen ellos, llegó la amenaza de la Bolsa: los mercados se resquebrajaban, el país regresaba al borde del abismo, las nubes volvían a ser negras. Es siempre la misma canción. Si no fuera un drama, sería para tomárselo a risa, aunque fuera amarga, de esas que nos recuerdan que la imaginación nos consuela por lo que no podemos ser y el humor, por lo que somos. En España y, en general, en la Europa desalmada del FMI, el sistema consiste en que se rescata a quien te hunde, no a quienes se ahogan. Y aquí sigue habiendo mucha gente con el agua al cuello; desde que empezó esta locura, los desahucios han dejado en la calle a medio millón de familias, vulnerando sin que les tiemble el pulso nuestros derechos, nuestra Constitución y las directivas europeas que mandan a los bancos respetar a sus víctimas, que los consideran causantes de la crisis, literalmente, por “irresponsables” y los acusan, con otras palabras, de dedicarse a la simple y llana usura. ¿Cómo llamar, si no, al hecho de que alguien pida un préstamo y cuando le queda por pagar el 10% de la cantidad que le fue concedida, no pueda afrontar tres recibos, la entidad financiera le quite su casa, no devuelva absolutamente nada del 90% ya cobrado, y los que se quedan sin techo ni sitio donde ir, además, sigan debiendo lo que restaba por pagar? Nos engañaron, de forma continuada, con promesas envenenadas, sin que nadie los vigilase ni les pusiera límites ni normas y aprovechándose de que olvidamos que cuando lo que nos ofrecen es gratis o sospechosamente barato, es que el producto somos nosotros. Porque eso es justo lo que han hecho: traficar con seres humanos, robarles sus ahorros, sus hogares, su medio de vida y su futuro. No tienen perdón, pero tienen todo lo demás. No tienen la razón, pero tienen la fuerza. Eso sí, podemos apuntar los nombres de quienes son cómplices de estos abusos, los justifican, miran para otra parte o guardan silencio ante ellos, y tener cuidado de que no vayan a ser los mismos que estén escritos en la papeleta que metamos en una urna en las próximas elecciones. Es lo único que tenemos. En cuanto a la solución de última hora de aplazar dos semanas el veredicto, no cambia nada pero lo empeora todo y creo que ya debería comentarse en la sección de espectáculos, a ser posible, al lado de la crítica del circo.  Texto: B. Prado

23 oct 2018

El réginen autocrático del Estado español

Edward L. Bernays, sobrino de Sigmund Freud y uno de pioneros en el estudio de la psicología de masas, escribió en su libro Propaganda (1.928), “La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquellos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar”. Asimismo, fundamenta el sustento de todos los sistemas de gobierno en la “manipulación de la opinión pública”, al afirmar que “ los Gobiernos, ya sean monárquicos, constitucionales, democráticos o comunistas, dependen de la aquiescencia de la opinión pública para llevar a buen puerto sus esfuerzos y, de hecho, el Gobierno sólo es Gobierno en virtud de esa aquiescencia pública”. 

En otro de sus libros, “Cristalizando la opinión pública”, desentraña los mecanismos cerebrales del grupo y la influencia de la propaganda como método para unificar su pensamiento. Así,según sus palabras “la mente del grupo no piensa, en el sentido estricto de la palabra. En lugar de pensamientos tiene impulsos, hábitos y emociones. A la hora de decidir su primer impulso es normalmente seguir el ejemplo de un líder en quien confía. Este es uno de los principios más firmemente establecidos por la psicología de masas”, por lo que la propaganda del establishment será dirigida no al sujeto individual sino al Grupo en el que la personalidad del individuo unidimensional se diluye y queda envuelta en retazos de falsas expectativas creadas y anhelos comunes que lo sustentan.
El estadounidense Harold Lasswell (uno de los pioneros de la “mass comunicación research”), estudió después de la Primera Guerra Mundial las técnicas de propaganda e identificó una forma de manipular a las masas ( teoría de “la aguja hipodérmica o bala mágica”), teoría plasmada en su libro “Técnicas de propaganda en la guerra mundial' (1.927) y basada en “inyectar en la población una idea concreta con ayuda de los medios de comunicación de masas para dirigir la opinión pública en beneficio propio y que permite conseguir la adhesión de los individuos a su ideario político sin tener que recurrir a la violencia”, fruto del encefalograma plano de la conciencia crítica de la sociedad actual favorecida por una práctica periodística peligrosamente mediatizada por la ausencia de la exégesis u objetividad en los artículos de opinión y el finiquito del código deontológico periodístico que tendría su plasmación en la implementación de la autocensura y en la sumisión “nolis volis” a la línea editorial de su medio de comunicación (fruto del endemismo atávico de la servidumbre a los poderes fácticos del status quo) y que habrían convertido al periodista en mera correa de transmisión de los postulados del establishment o sistema dominante

¿Hacia un régimen autocrático?

El actual sistema dominante o establishment de las sociedades occidentales utilizaría la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo primigenio y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista que pasará a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable mediante las técnicas de manipulación de masas. Así, el sociólogo y filósofo alemán Herbert Marcuse, en su libro “El hombre Unidimensional (1.964), explica que “la función básica de los medios es desarrollar pseudonecesidades de bienes y servicios fabricados por las corporaciones gigantes, atando a los individuos al carro del consumo y la pasividad política”, sistemas políticos que serían caldo de cultivo del virus patógeno conocido como “autos-kratos” o autocracia.
La autocracia, del griego autos (por sí mismo) y kratos (poder o gobierno), sería la forma de Gobierno ejercida por una sola persona con un poder absoluto e ilimitado, especie de parásito endógeno de otros sistemas de gobierno (incluida la llamada democracia formal), que partiendo de la crisálida de una propuesta partidista elegida mediante elecciones libres , llegado al poder se metamorfosea en líder Presidencialista con claros tintes autocráticos (inflexible, centralista y autoritario), lo que corrobora el aforismo de Lord Acton “El Poder tiene a corromper y el Poder absoluto, corrompe absolutamente”. Los sistemas autocráticos (gobiernos de facto), serían pues una especie de dictaduras invisibles sustentados en sólidas estrategias de cohesión (manipulación de masas) y represión social ( promulgación de Decretos-Leyes que rozarían la constitucionalidad pero que quedarán revestidos por el barniz democratizador del Tribunal Constitucional de turno (Ley Mordaza), síntomas evidentes de una deriva totalitaria que cristalizará en la implementación por el establishment de un régimen Presidencialista autocrático (Tardofranquismo), heredero natural del legado de Franco.
El establishment del Estado español estaría formado por las élites financiera-empresarial, política, militar, jerarquía católica, universitaria y mass media del Estado español, herederos naturales del legado del General Franco que habrían fagocitado todas las esferas de decisión (según se desprende de la lectura del libro “Oligarquía financiera y poder político en España” escrito por el ex-banquero Manuel Puerto Ducet), e iniciado asimismo una deriva totalitaria que habría ya convertido a la seudodemocracia española en rehén del establishment y que tendría como objetivo último la implementación del “Estado Tardofranquista”, anacronismo político que bebe de las fuentes del centralismo jacobino francés y del paternalismo de las dictaduras blandas y refrendado por iniciativas como la aprobación de la nueva Ley de Educación (Lomce); el rechazo del Grupo Popular a la proposición no de ley de IU para “sancionar penalmente los actos de apología de la dictadura franquista, la actividad delictiva de los grupos de ultraderecha”, la previsible modificación del Código Penal para constriñir hasta su nimiedad la libertad de expresión y los derechos de huelga, reunión y manifestación y la controvertida reforma de la Ley Orgánica del Régimen Electoral de 1.985.
Además, no sería descartable la próxima modificación de la actual Ley de Huelga a petición de la CEOE y una nueva y agresiva reforma del Código Penal, en la que se penalizará la resistencia a la autoridad (tanto activa como pasiva) y la convocatoria de concentraciones violentas por cualquier medio de comunicación, (incluido Internet y las redes sociales como Facebook, Twitter), con el objetivo inequívoco de hacer realidad la frase de Fraga en su etapa de Ministro de la Gobernación del régimen franquista (“La calle es mía”), aunado con la adopción en las ciudades gobernadas por el PP como Madrid, de medidas anticívicas calcadas de la Ley franquista de Buen Gobierno (1948) y la posterior implantación en todo el Estado español de un clon de la Ley de Vagos y Maleantes (ley nacida en la II República y adoptada por aclamación por el régimen franquista).
Posteriormente y en el paroxismo de la lógica distópica, se procederá a la implementación de la “Doctrina Aznar” que tendría como ejes principales la culminación de la “derrota institucional de ETA para impedir que el terrorismo encuentre en sus socios políticos el oxígeno que le permita sobrevivir a su derrota operativa” y el mantenimiento de la “unidad indisoluble de España “, lo que se traducirá en el finiquito de la representación institucional lograda por EH Bildu en base al apoyo popular mediante la ilegalización del partido abertzale Sortu antes de las Elecciones Municipales y Forales del 2015 tras la remisión por UPyD a la Fiscalía del TSJPV de una denuncia penal contra el presidente de Sortu, Hasier Arraiz, al que acusa de «justificar y reivindicar» la actuación de ETA y la prohibición de la celebración del referéndum sobre la independencia en Cataluña previsto para noviembre del 2014, medidas que conllevarán el final de la más larga experiencia seudodemocrática de la historia del Estado española (35 años).
Sin embargo, la crisis económica, la desafección política de la sociedad española motivada por los sangrantes casos de corrupción de la élite político-económica y el creciente descrédito de la institución Monárquica han hecho revisar los esquemas idílicos de la Transición y la vigencia de la Constitución del 78 en la que se sustenta el actual status quo , por lo que se antoja inevitable un proceso de catarsis y posterior metanoia colectiva que tendrá como efectos benéficos la liberación de la parte indómita del individuo primigenio ( el lobo estepario) que ha permanecido agazapado en un recodo del corazón, sedado y oprimido por la tiranía del actual sistema dominante, neoliberal y constrictor de las libertades democráticas. Así, tras un un parto agónico en el que agonizará lo viejo sin que amanezca lo nuevo, asistiremos al nacimiento del “Individuo Multidimensional” como generador de un tsunami popular de denuncia del actual déficit democrático, social y de valores e instaurador del caos constructivo que terminará por diluir el opiáceo inhibidor de la conciencia crítica (consumismo compulsivo), no siendo descartable la adopción de políticas activas de desobediencia civil que podrían conducir a un nuevo Motín de Esquilache en el horizonte del 2018. Texto: GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ. Ver: La banca contra España

20 sept 2018

Doctrina Monroe

Desde que en 1823, hace cerca de 200 años, Estados Unidos proclamó por primera vez la Doctrina Monroe, esta no ha dejado de estar vigente en la política exterior del Imperio, es por eso que considero un enfoque equivocado el considerar que la administración Trump está retornando a la Doctrina Monroe, como han planteado, con toda buena intención, algunos politólogos y periodistas. 
James Monroe. Presidente de los EE.UU entre 1917 y 1925
La repudiada doctrina establece bien claro el principio de “América para los americanos”. En este caso cuando se habla de América se está refiriendo a todo el continente, norte, centro y sur, pero cuando se menciona a los “americanos” se modifica la etimología de la palabra para referirse solamente a los que viven en Estados Unidos, pues ellos mismos se denominan “americans” y eso fue lo que se plasmó en la Doctrina Monroe.
Esta doctrina fue la que ideológicamente se utilizó para arrebatar vastos territorios a México en un período comprendido entre 1836 y 1848.
En 1855 Estados Unidos invade Nicaragua y posteriormente ocupa El Salvador y Honduras.
También se puso de manifiesto en 1898 con la intervención de Estados Unidos en la Guerra de Independencia de Cuba contra España, la ocupación militar de la Isla, la imposición de un tratado que le proporcionaba entre otras ventajas bases militares y la posibilidad legal de intervenir con sus tropas cundo lo consideraran necesario, lo cual hicieron en tres oportunidades.
En 1903 crean la república de Panamá, robándole territorio a Colombia para posteriormente adueñarse del Canal de Panamá.
Desembarcan los Marines estadounidenses en República Dominicana para sofocar una rebelión originada en 1904.
A partir de esa fecha y hasta el año 2000, prácticamente un siglo, en más de cuarenta oportunidades la presencia estadounidense se ha puesto de manifiesto en América Latina utilizando distintas variantes, pudiera decirse que fueron los Marines las fuerzas más utilizadas, sin dejar de tomar en consideración otros cuerpos militares, además de la CIA, que también operó en la región. Las acciones realizadas van desde ocupación de países, golpes de estado, represión a las fuerzas de izquierda y otras donde en todo momento se han defendido los intereses económicos de los grandes consorcios estadounidenses. El listado de acciones es extenso y tétrico. La ayuda a los “contra” en Nicaragua, la muerte de Torrijos y la invasión de Granada son algunos ejemplos de las distintas formas adoptadas.
A partir del año 2000, las acciones vinculadas a la Doctrina Monroe han continuado poniéndose de manifiesto. En algunos casos el Imperio ha tratado de encubrir su actividad utilizando métodos más sofisticados, pero cuando ha sido necesario se han quitado la careta y se han apoyado en la presencia militar para conseguir sus objetivos.
Un buen ejemplo de esto es el Plan Colombia, utilizado para formar una potente fuerza militar que responda a sus intereses, el fallido golpe de estado en Venezuela en el año 2002 es otra variante. El derrocamiento del gobierno constitucional de Honduras, los golpes de estado “constitucionales” en Paraguay y Brasil. La constante guerra contra Cuba, donde además del bloqueo se utilizan métodos de subversión política ideológica para tratar de derrocar la Revolución, las campañas contra Evo Morales y el tratar de crearle una oposición “fabricada”. Las acciones contra el gobierno constitucional de Nicaragua y El Salvador nos dicen que siguen utilizando el engendro de Monroe.
Pero si todo eso no dejara totalmente clara la acción intervencionista de Estados Unidos en la región, no considero que las declaraciones recientes del señor Rex Tillerson sean las que deban despertarnos y promover el cuestionamiento de si el Imperio está regresando a la aplicación de la Doctrina Monroe.
Venezuela es el mejor ejemplo de un país que lleva años sufriendo las acciones que se derivan de la aplicación de dicha doctrina. Han tratado de doblegar al pueblo venezolano con todas las formas posibles de hacerlo, estrangulando su economía, creando y financiando grupos internos de la llamada “oposición”, organizando disturbios callejeros que han costado la vida de decenas de venezolanos, creando una carestía artificial de productos para tratar de reducir al pueblo por hambre, promoviendo la inflación, organizando campañas de descrédito utilizando los medios que aún poseen, tratando de dividir la unidad existente entre gobierno, pueblo y fuerzas armadas. Todo eso es más que una declaración más, sobre algo que ya sabíamos.
La inteligencia y resistencia del pueblo venezolano, su determinación de lucha y patriotismo, demostrarán una vez más la ineficacia de las aspiraciones Imperiales.Texto: Néstor García Iturbe

10 ago 2018

Negociando con ETA

La historia se repite. El Partido Popular ha sacado del cajón el manual de hacer oposición. Allí estaba guardado desde que en 2011 Rajoy llegó a la presidencia del Gobierno. Ahora que la formación de derechas ha abandonado La Moncloa y se ha renovado eligiendo a un presidente que ya estaría imputado por la justicia de no ser aforado, toca desempolvar el libro de instrucciones para tratar de recuperar el poder cuanto antes. En sus páginas rojigualdas predomina Catalunya, la inmigración, más Catalunya y algunas buenas dosis de inseguridad ciudadana contestada con el endurecimiento de las penas. En la portada del manual, sin embargo, solo hay escritas tres letras: E T A. 

Casado y su equipo han cogido el libreto que en su día escribieron los Acebes, Zaplana, Mayor Oreja, Aznar o Rajoy y parecen dispuestos a repetir la estrategia con la misma ausencia de pudor y de complejos que demostraron sus antecesores. De la noche a la mañana, el partido que más concesiones hizo desde el Gobierno a la banda terrorista en toda la historia se pone en la oposición el disfraz de vengador justiciero para intentar cosechar votos a costa de las víctimas. Por eso es necesario hacer un poco de memoria.
Casado se afilió al PP en el año 2003. No parece que influyera en su decisión el hecho de que el ejecutivo de Aznar se hubiera sentado a negociar, cara a cara, con ETA en la ciudad suiza de Zúrich. Tampoco le repugnó que su presidente del Gobierno y líder del partido en el que se integraba hubiera realizado todo tipo de cesiones para que la banda terrorista declarara una tregua. En 1996, estando secuestrado José Antonio Ortega Lara, el recién estrenado gobierno del PP ya acercó a los primeros presos etarras a cárceles del País Vasco como gesto de buena voluntad. Que sepamos, Casado no alzó la voz en ese momento ni cuando todo un presidente del Gobierno de España dejó de llamar terroristas a los terroristas y empezó a denominarlos Movimiento Vasco de Liberación Nacional. No promovió manifestaciones cuando el ejecutivo siguió acercando reclusos hasta superar los 120, ni cuando permitió regresar a 300 miembros de la banda que se escondían fuera de nuestras fronteras, ni cuando excarceló a decenas de presos, ni cuando se mostró dispuesto a incluir el futuro de Navarra en unas posibles conversaciones de paz con los “libertadores vascos”.
Casado asistió a “la generosidad” con ETA de la que tanto hacían gala públicamente los dirigentes populares. Una generosidad que empezó cuando apenas había pasado un año desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco y que se mantuvo durante toda la tregua, a pesar de que las calles de Euskadi seguían ardiendo por la acción de la kale borroka. Una generosidad que se mantuvo incluso después de que la banda terrorista rompiera el alto el fuego y retomara los atentados. Entre asesinato y asesinato se podía escuchar al ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, decir que el Gobierno estaba “dispuesto a dialogar en la medida que ETA no mate”; o al entonces ministro de Educación y Cultura, Mariano Rajoy, “mandar un mensaje claro a la ETA de que no se van a negociar con ellos mientras maten nada (sic)”; o al presidente Aznar afirmar que si ETA declaraba una tregua, aprovecharía “todas las oportunidades para llevar la paz al País Vasco, como he hecho siempre”. El entonces aprendiz de político llamado Pablo Casado no solo no protestó, sino que se subió al carro del partido que había derrochado, y además en vano, generosidad con los etarras.
Los españoles quisieron que, solo un año después de obtener su carnet adornado con el símbolo de la gaviota, su formación política pasara a la oposición. El joven prometedor se sumó entonces a la nueva estrategia marcada desde Génova: reescribir la Historia negando los coqueteos negociadores del pasado y utilizar el terrorismo como arma electoral contra el recién llegado presidente Zapatero. Quienes habían acercado y excarcelado etarras, quienes habían negociado con cadáveres aún calientes… acusaron al Gobierno socialista de traicionar a los muertos y sacaron a las víctimas a la calle. Él ya era parte del PP que intentó que naufragara aquel proceso de paz iniciado en 2006. No soportaban que ese tanto se lo pudiera apuntar un partido rival.
Casado accedió a la primera línea de la política con su formación nuevamente asentada en la Moncloa y con el disfraz antietarra doblado y guardado en el armario. En los más de seis años que ha gobernado Rajoy han sido muchos los miembros de la banda que han ido obteniendo la libertad provisional o que se han aprovechado de otro tipo de beneficios penitenciarios. A día de hoy no conocemos las cifras exactas porque el Gobierno del PP no las facilitaba y ningún partido de la oposición se las exigía. Eran tiempos en los que el presidente justificaba en televisión, por ejemplo, la liberación del secuestrador de Ortega Lara, el sanguinario etarra Josu Uribetxeberria Bolinaga, porque “había que respetar la ley”. Tiempos en los que solo la extrema derecha y sus medios de comunicación clamaban contra la actitud hacia ETA que mantenía el Gobierno popular. “Las políticas penitenciarias del ejecutivo de Rajoy permitían que, sin cumplir la promesa del PP del cumplimiento íntegro de las penas, se abrieran las puertas a centenares de presos terroristas. Todos ellos pasaban rápidamente de grado penitenciario y obtenían la libertad condicional”, podía leerse el 28 de marzo de 2017 en la portada del panfleto ultra La Gaceta. 
Casado salía ya al paso de esas críticas y defendía la política penitenciaria del Gobierno ante los periodistas. A su lado solía tener a Javier Maroto, quien se había enorgullecido públicamente de alcanzar acuerdos con Bildu cuando ocupaba la alcaldía de Vitoria. “No me tiemblan las piernas para llegar a acuerdos con nadie. Y creo que eso es bueno. Ojalá sucediese en más foros. Ojalá cundiese el ejemplo”, llegó a afirmar Maroto para justificar sus pactos con el brazo político de ETA en 2011, 6 años antes de que la banda terrorista anunciara su disolución. Casado castigó a Maroto por esa actitud nombrándole, recientemente, su número tres en la dirección nacional del partido.
Llegamos ya al presente más inmediato. Este jueves, el presidente del Partido Popular acusaba a Pedro Sánchez de que la concesión del tercer grado a algunos reclusos de ETA es una “cesión a los terroristas”. Casado amenazaba, además, con oponerse “frontalmente al acercamiento de presos al País Vasco” porque, según él, era un pago al PNV por el apoyo que brindó al PSOE en la “moción de censura vergonzante”. De no ser por el tema tan dramático del que se trata, estas declaraciones provocarían la carcajada de cualquiera… y no solo por los antecedentes ya citados. El Gobierno del Partido Popular llevaba meses dejando caer que iba a acercar presos a las cárceles del País Vasco. Al fin y al cabo “son solo 200 presos”,  llegaba a argumentar el ejecutivo ante los periodistas. Lo, llamémosle, gracioso es que esa decisión estaba motivada porque el PP necesitaba, precisamente, los votos del PNV en el Congreso de los Diputados para aprobar sus presupuestos. Lo, llamémosle, gracioso es que este jueves hemos sabido que el PP también  negoció con el PNV un posible acercamiento de los reclusos etarras a cambio de que los nacionalistas vascos no apoyaran la moción de censura presentada por Sánchez.
La pirueta de Casado es, por tanto, tan inverosímil que ni siquiera las asociaciones de víctimas se la han tragado. “Ni ha habido concesiones, ni ha cambiado la política penitenciaria que desarrolló Rajoy”, han dicho las portavoces de la AVT y de COVITE. El líder del PP lo tiene, aparentemente, un poco más complicado que sus antecesores para poder inundar las calles con las lágrimas de las víctimas. Veremos si esa falta de sintonía se mantiene o si acabamos viendo a algunas de estas organizaciones compartir pancarta con los líderes populares. Lo que sí es seguro es que el PP va a seguir utilizando, a pesar de todo, el manual que tan buen resultado le dio en ocasiones anteriores. Esta vez, además, tendrá una utilidad especial porque le permitirá desviar la atención de corruptelas y de másteres. ¿Qué más da si ETA ya está disuelta? ¿Qué más da si se juega con el dolor de las víctimas? ¿Qué más da si ellos negociaron con los terroristas? ¿Qué más da si ellos iban a realizar el acercamiento de los presos para garantizarse los votos del PNV? ¡Qué más da! Texto: Carlos Hernandez

13 jul 2018

Alemania vs. España

El día 3 de octubre del 2017, el rey Felipe VI pronunció un discurso muy importante. Un discurso en defensa de la Constitución, con un severa advertencia a los gobernantes catalanes.


El momento era crítico. Las imágenes de la represión policial en Catalunya habían dado la vuelta al mundo. El Gobierno de Mariano Rajoy temía que desde las instituciones europeas, o desde alguna instancia internacional relevante –el Vaticano, por ejemplo–, surgiesen iniciativas de mediación. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, buscaba esa mediación desperadamente. El político italiano Romano Prodi, expresidente de la Comisión Europea, estaba dispuesto, siempre y cuando lo aceptará Rajoy. El antiguo mediador británico en el Ulster, Jonathan Powell, también habría aceptado. El expresidente de Austria Heinz Fischer, socialdemócrata, mostraba una cierta disponibilidad. El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, fue consultado y rechazó de plano la oferta. El PSOE de Pedro Sánchez acababa de presentar una moción de reprobación a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría por la actuación de las fuerzas policiales en Catalunya. Fue un discurso que no dejó indiferente a nadie. Impresionó la contundente gestualidad del jefe del Estado. Gustó a mucha gente. Irritó a los independentistas catalanes y vascos. Y provocó desazón en aquellos que esperaban –en Catalunya y también en el resto de España– un mensaje más acorde al papel de arbitraje y moderación que el artículo 56 de la Constitución otorga al Rey. No fueron pocos los que echaron en falta unos párrafos en catalán, para establecer un mejor balance entre advertencia y empatía. Circula la versión de que esas palabras en catalán figuraban en un primer redactado y fueron eliminadas a petición del Gobierno, que supervisa todos los discursos del Monarca. Una rigurosa reconstrucción histórica de los hechos de octubre en Catalunya, apenas comenzada, deberá prestar atención a ese detalle. El discurso del Rey cortó en seco todo intento de mediación y desencadenó una cadena de pronunciamientos internacionales en favor de la unidad de España. Alemania fue el primer Estado europeo en pronunciarse. Ningún país del mundo reconoció a la República Catalana, más anunciada que declarada. Al cabo de unos días, el PSOE retiraba la moción contra la vicepresidenta Sáenz de Santamaría y se mostraba disponible a pactar la aplicación del artículo 155 en Catalunya. El discurso del Rey impresionó lógicamente a la judicatura, pese a no contener ninguna indicación expresa sobre el enfoque judicial de los acontecimientos. Cuando la causa llegó al Tribunal Supremo, el juez instructor Pablo Llarena efectuó una interpretación rigorista de la partitura. Máxima dureza. Construyó la teoría de la violencia inducida para justificar la acusación de rebelión y las consiguientes órdenes de prisión preventiva. Unas órdenes de prisión que a su vez alimentaron la victoria en número de escaños del independentismo en las elecciones del 21 de diciembre, convocadas por Rajoy. La estrategia Llarena ha quedado rota en Alemania, primer país de la Unión que dio su pleno apoyo a la integridad territorial de España. Texto: E. Juliana

26 jun 2018

EL 'OBSERVATORIO SIRIO PARA LOS DERECHOS HUMANOS'

Durante  años, ha estado ocurriendo un sangriento enfrentamiento civil en Siria y, en todo ese tiempo, solamente los medios de comunicación independientes han señalado la falla obvia en la narrativa oficial acerca de la "guerra civil en Siria". Oficialmente, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (SOHR, por sus siglas en inglés) es una organización radicada en el Reino Unido que provee información a la prensa de Occidente sobre los movimientos de las tropas, las políticas del gobierno y la opinión pública en Siria. Luego, la prensa occidental reimprime la información que se les da - sin hacer ninguna pregunta -. Sin embargo, lo que los editores de los medios occidentales ocultan a la opinión pública es que el "Observatorio Sirio para los Derechos Humanos" no está radicado en Siria y tampoco es un observador de lo que realmente sucede allí. Se trata esencialmente de un hombre - Abdul Rahman, también conocido como RamiAbdulrahman, también conocido como Osama Suleiman - un criminal convicto por tres cargos en Siria, radicado en una pequeña casa en Coventry, Inglaterra; y su "equipo de cuatro activistas en Siria." Aparentemente, todo lo que se necesita para informar a todos los medios occidentales sobre todo lo que está ocurriendo en el terreno en Siria, son cuatro personas. Cuatro personas podrían, en teoría, proveer reportajes razonablemente objetivos, pero solo si estuvieran abiertas a recibir información de diferentes fuentes, incluyendo aquellas que apoyan al gobierno sirio. Podrían incluso ser capaces de producir - utilizando el discernimiento objetivo - estadísticas confiables de los daños, de los refugiados y terroristas/rebeldes. Pero el OSDH ha reportado consistentemente acerca de la "guerra civil" manteniendo solamente la perspectiva de los llamados "rebeldes" y desacreditando los reportes del gobierno sirio, así como los informes de los civiles que revelan los crímenes de los rebeldes. Ese hecho en sí mismo hace que el OSDH sea casi tan fiable como fuente de información sobre el conflicto sirio, como lo sería el Departamento de Estado estadounidense y la Oficina de Asuntos Exteriores británica, que tienen un gran interés en manipular la guerra para producir un objetivo: la muerte o el derrocamiento del presidente sirio, Bashar Al Assad. Rahman, por su propia admisión, es un miembro de la "oposición siria" y busca el derrocamiento de Al Assad. Esto claramente le quita cualquier aspecto de objetividad a sus "informes." Pero hay más. Rahman y el OSDH que él dirige, ha sido expuesto desde hace mucho como una frente de propaganda occidental. Tal como lo demuestra Tony Cartalucci: "Uno no podría imaginar una fuente de información menos fiable, pactada y sesgada; sin embargo, durante los últimos  años, su "Observatorio" ha servido como la única fuente de información para el torrente sin fin de la propaganda que emana de los medios de comunicación occidentales. Tal vez, lo peor de todo es que las Naciones Unidas utilizan esta fuente pactada de propaganda absurdamente visible como base para diversos informes." Este hombre está muy lejos de ser un "activista de los derechos humanos". Sus fondos vienen de la Unión Europea y de un "estado europeo anónimo"; posiblemente del Reino Unido, ya que tiene acceso directo al ex Primer Ministro, Willian Hague, con el que se ha reunido en persona en múltiples ocasiones en la oficina de Exteriores y de la Commonwealth en Londres; y quien comparte el entusiasmo de Rahman de derrocar a Assad del poder. El New York Times, de hecho, revela que fue el gobierno británico quien reposicionó a Abdul Rahman en Coventry, Inglaterra, después de haber escapado de Siria hace una década por sus actividades en contra del gobierno: "Cuando dos socios fueron arrestados en el 2000, él se escapó del país, pagando a un traficante de personas para que lo metiera a Inglaterra. El gobierno lo estableció en Coventry, dónde decidió que le gustaba la tranquilidad." 


Vídeo: Siria


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El que fue un criminal con tendencias subversivas, es ahora un "activista de los derechos humanos" (más bien un agente de la inteligencia británica). ¿Realmente alguien cree que cualquiera de estas organizaciones pagarían a un criminal convicto para ser algo más que una herramienta para sembrar mentiras impresas en los medios occidentales? Tal y como Joe Quinn y Niall Bradley mencionaron, las cifras proporcionadas por el OSDH son citadas rutinariamente en los medios occidentales para generar el apoyo público a los ataques aéreos y el cambio de régimen en Siria. Así que, ¿quiénes en los medios occidentales utilizan esta fuente tan sesgada de propaganda? Sería más fácil proporcionar una lista de quién no lo hace. CNN, Reuters, AssociatedPress, BBC, Al-Jazeera, Huffington Post, Fox y Vice... solo por nombrar algunos. Aparentemente, a estas organizaciones prostituidas no les importa estar aceptando la voz de alguien que tiene un interés político en el resultado del conflicto y que es financiada con ese fin por parte del gobierno británico. ¿Aún quedan periodistas de investigación en los medios de comunicación? Aquellos con dos neuronas funcionales son escasos en estos días... Las agencias de inteligencia de Occidente establecieron a las fuerzas subsidiarias de la oposición/los terroristas en Siria, así que obviamente van a querer controlar la narrativa mediática sobre lo que ocurre ahí. Rahman hace su parte recolectando información proveniente de esas mismas fuerzas subsidiarias. A continuación, esta información se le da a los medios occidentales poniendo al OSDH como fuente. Toda la operación es turbia, debería darle "miedo" a cualquier periodista real. Y para ser honestos, los periodistas occidentales deberían estar más conscientes. 

Una sola persona sirvió para justificar la guerra de Irak, Rafid Ahmed Alwan al-Janabi, 'Curveball' para la CIA.

¿Cuál era esa frase que decía George Bush? "La primera vez que me engañas, la culpa es tuya; la segunda es culpa mía". El Sr. OSDH es básicamente una versión de la guerra siria menos sofisticada de lo que fue'Curveball' en la guerra iraquí o Rafid Ahmed Alwan al-Janabi para aquellos interesados en su nombre real. ('Curveball' es el nombre en clave asignado por la CIA para referirse a este personaje). Alwan fue el hombre utilizado por el gobierno de EE.UU. para apoyar su declaración de que "Saddam tenía armas de destrucción masiva", hecho que justificó la ocupación de Irak y el asesinato de 1.5 millones de ciudadanos iraquíes. Según sus amigos, Alwan era un mentiroso congénito que escapó de Irak en 1999, cuando fue atrapado tratando de malversar fondos del Estado. Cuando huyó a Alemania en 1999, y le dijo a la inteligencia alemana que se graduó siendo el primero de su clase como ingeniero químico de la Universidad de Bahgdad y que trabajó en un equipo que construyó laboratorios móviles para producir armas de destrucción masiva, se convirtió en 'Curveball'. Cuando se le dio esta información a la inteligencia de EE.UU., ellos convenientemente ignoraron la evidencia de que él era un mentiroso congénito y un desfalcador que se posicionó en el último lugar de su clase en la universidad y conducía un taxi para poder vivir antes de huir a Alemania; y decidieron que todo lo que estaba diciendo sobre las armas de destrucción masivas iraquíes era verdad. Para demostrar su poder, 'Curveball' identificó unas instalaciones iraquíes como "estaciones de acoplamiento para laboratorios móviles." Cuando los inspectores de armas de la ONU visitaron el lugar el 9 de febrero de 2003, encontraron un almacén utilizado para el procesamiento de semillas. Así que con esta información, a continuación, el Secretario de Estado, Colin Powell, decidió hacer lo correcto y corrió a la ONU para decirles todo acerca de 'Curveball' y su maldita "evidencia" de armas de destrucción masiva iraquíes. ¿Por qué? Porque los políticos de EE.UU. decidieron hace mucho que iban a destruir e invadir a Irak y saquear sus recursos. Ellos estaban, como dice el dicho, "acomodando los hechos alrededor de la política de guerra"; utilizando afirmaciones falsas de mentirosos conocidos para justificar su guerra. Esto es precisamente lo que el Sr. OSDH está haciendo para el gobierno estadounidense hoy en día, y aún así, los medios de comunicación lo succionan y luego lo regurgitan hacia el público en general. Así que esto es en lo que nuestros medios de comunicación se han convertido, una manada de imbéciles descerebrados que repiten las mentiras que son vomitadas por nuestros creadores de la realidad psicopáticos; y, de este modo, están manipulando la percepción pública de los acontecimientos mundiales y asegurándose de que todos veamos el mundo de la manera en que ellos quieren que lo veamos, y no como lo que realmente es. Una cosa es cierta: si usted cree en lo que Rahman y el OSDH están diciendo sobre lo que está ocurriendo en Siria, está creyendo en mentiras. Texto: Beau Christensen

20 may 2018

Paraísos fiscales

Cuando en el año 2008, durante la reunión de la Asociación de Bancos de Paraísos Fiscales, OSGD -sí, como lo leyó, tienen una asociación-, su presidente C. Powell anunciaba: “Estamos contentos porque los países están aceptando cada vez más nuestras propuestas de transparencia”; nunca se imaginaron que el mapa del tesoro podría ser descubierto y que se divulgarían a nivel internacional los nombres y apellidos de los propietarios de las cuentas bancarias con ingresos de dudosa procedencia en paraísos fiscales, tal como se visualiza en los Panamá Papers. Resulta que los dineros depositados en estas cuentas bancarias o las empresas de papel creadas en estos territorios, en su mayoría, carecen de principios éticos. Sus orígenes provienen de ingresos por evasión de impuestos, lavado de dinero, tráfico de armas, pagos a lobistas. Sí, al parecer los nuevos piratas encontraron dónde esconder sus botines. 


Pero ¿por qué ocurrió esto ahora? ¿son nuevos los paraísos fiscales? ¿por qué se genera ahora el debate ético de los paraísos fiscales?

La historia de los paraísos fiscales data de hace más de 200 años. En 1815 en Viena, el Congreso aprobó la “neutralidad” de Suiza en cuanto a impuestos y secreto de información bancaria. El Estado estadounidense de Delaware en 1889 incorporó el secreto de información en la creación de empresas con la finalidad de contener los capitales que escapaban en busca de mejores rendimientos en el sistema financiero internacional. Precisamente, Delaware y Nevada han atraído aproximadamente 12 trillones de dólares de inversión extranjera en el marco de este tipo de medidas. Durante la década de los ’80, muchos países aplicaron las conocidas recetas neoliberales promulgadas durante la era Reagan – Thatcher. La doctrina consistía en hacer más pequeños los Estados para que el mercado pudiera actuar libremente y sin regulaciones; así el mercado se encargaría de generar caudales de riqueza que se traducirían en bienestar para la población. La mayoría de los países adoctrinados vieron cómo sus recaudaciones tributarias disminuían aceleradamente por las exoneraciones de los impuestos y la poca capacidad de control de las Administraciones Tributarias. Los Estados se quedaban sin los recursos para poder cubrir las necesidades básicas de la población. Como resultado, se comenzaron a sentir los efectos devastadores de una pobreza indolente que contrastaban con una gran concentración de riqueza en pocas manos. Era evidente que algo no funcionaba bien. En el año 2009, durante la crisis del Sistema Financiero y luego del gran rescate bancario, muchos de los flujos entregados para el rescate de los bancos corrieron a esconderse nuevamente en los paraísos fiscales. Es así que la economía capitalista comienza a presentar un síntoma al que la teoría neoliberal no podía responder. El modelo capitalista había sido emboscado desde su interior. Con la retórica liberal de “laissez-faire”, el capitalismo dejó al capital a merced de un sistema financiero que tenía todas las libertades para actuar. 
El excedente productivo –necesario dentro del modelo capitalista para producir las condiciones objetivas que combinada con la fuerza de trabajo generan productos que unas vez vendidos se convierten nuevamente en utilidades o excedente– se está desviando a otra función que no genera producción social. Las corrientes de los paraísos fiscales atrajeron, fuera de la costa y del control, a toda clase de capitales con la finalidad de ocultar la riqueza que no deseaba ser destinada a una función productiva o simplemente, riqueza mal habida. En fin, piratas son piratas. Durante los últimos años, este desvío de capitales comienza a generar problemas. La mayor concentración de la riqueza genera ineficiencias productivas. La falta de inversión genera menor innovación y productividad, por ende menor competencia y mayor concentración del mercado, desempleo y menor generación de ingresos para ser distribuidos. Esto también reduce la capacidad de los países para poder solventar las políticas fiscales. Los presupuestos de los países no tienen los recursos adecuados para cubrir las necesidades básicas de la mayoría de la población de menos recursos y se incrementan las brechas sociales. Sumado a lo anterior, los gobiernos de los países en desarrollo experimentan serias dificultades para recaudar impuestos a la renta o al consumo de la población pobre, habitualmente numerosa e incluso mayoritaria. Por lo general, esos impuestos son poco populares, costosos para recaudar, y a la vez empeoran los mismos déficits de necesidades fundamentales que supuestamente tienen que paliar. Sin embargo, esos mismos gobiernos también enfrentan dificultades al imponer impuestos a aquellos que podrían pagar. A través de mecanismos financieros, societarios sofisticados, los ciudadanos con mayores riquezas en los países y las corporaciones que operan en los mismos, eluden el pago de impuestos. El Boston Consulting Group estima que 31% de toda la riqueza financiera privada que se posee en África y Medio Oriente se encuentra fuera de esas regiones. En América Latina el 28% de la riqueza  es conservada fuera de los países de la región, mientras que en Europa y Norte América el porcentaje es de 7,8 y 2 respectivamente. En el caso de Ecuador, según declaración del Director General del Servicio de Rentas, alrededor de 30.000 millones de dólares de capital se encuentran en paraísos fiscales. Para recaudar impuestos sobre la renta y la plusvalía (ganancia de capital) producida por esta riqueza, los gobiernos dependen en gran medida de la “honestidad” de sus contribuyentes, ya que no tienen acceso a información sobre los holdings de los mismos en el  Aún más inquietantes son las maneras en las que las multinacionales reducen su carga impositiva, generalmente creando subsidiarias adicionales en paraísos fiscales para que luego sus subsidiarias en países pobres contraten a las que están en los paraísos fiscales a fin de disminuir las ganancias tributables mientras se aumentan las ganancias libres de impuestos en los paraísos fiscales –acuerdos que implican facturación comercial falsa, precios de transferencia abusivos, o tasas infladas de consultoría o para registrar marcas, por ejemplo. La Global Financial Integrity estima que la facturación comercial falsa representa el 80% de los flujos financieros ilícitos de países en vías de desarrollo. La exacerbada concentración de la riqueza oculta en los paraísos fiscales genera este escenario preocupante en un mundo cada vez más desigual. Claramente, la reducción masiva en los déficits de los presupuestos se podría lograr al permitir que los países en desarrollo recauden un nivel de impuestos razonable de corporaciones multinacionales y de sus ciudadanos más pudientes. 
Se puede responsabilizar a varios grupos de agentes por la actual incapacidad de los países de recaudar impuestos. Están, por ejemplo, el secreto y las jurisdicciones de paraísos fiscales (incluyendo Suiza, Irlanda, el Reino Unido y Estados Unidos) que estructuran sus sistemas tributarios y legales de tal manera que fomentan el abuso tributario y protegen el secreto bancario en contra de las autoridades tributarias de los países menos desarrollados. Además de estas jurisdicciones deshonestas/corruptas, existen muchos individuos y corporaciones dentro de los países que erosionan la base tributaria del Estado al usar paraísos fiscales para evadir o reducir los impuestos sobre su riqueza y ganancias. Y existe un gran número de banqueros, abogados y lobistas “inteligentes” que inventan, implementan y legalizan esos “esquemas”. Algo no huele bien o algunas personas no huelen bien por más perfume que se pongan. Como decía el presidente estadounidense Abraham Lincoln “Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”. Lo que se debería exigirse a los gobiernos es un gran pacto ético. Este debería contener la reforma del sistema internacional financiero y fiscal para que ya no pueda facilitar la evasión fiscal y el masivo flujo financiero ilícito de los países en vías de desarrollo. La clave para reducir la brecha tributaria y el déficit en cumplir con las necesidades fundamentales es la transparencia financiera global: la abolición de las empresas fantasma y cuentas anónimas, intercambios automáticos de información tributaria a nivel mundial, y el requisito de que en todos sus informes anuales auditados y sus declaraciones de ingresos, las corporaciones multinacionales reporten sus ventas, ganancias e impuestos pagados en todos los países y en cada jurisdicción en la que operan. Se deben implementar o fortalecer los impuestos al patrimonio no productivo. 
A esto se debe adicionar un pacto ético político como el propuesto en Ecuador, donde todos los candidatos a votación popular deben demostrar que no tienen riqueza en paraísos fiscales. Texto M. A. Alarcón