23 feb 2015

Neoliberalismo y desigualdad

El filosofo francés Rousseau sostiene que la desigualdad social y política no es natural, que no deriva de la voluntad divina y que tampoco es una consecuencia de la desigualdad natural entre los hombres. Su origen es el resultado de la propiedad privada y de los abusos de aquellos que se apropian para sí de la riqueza del mundo y de los beneficios privados que se deriva de esa apropiación. El neoliberalismo no es tan sólo un conjunto de estrategias de carácter económico, sino que es una doctrina que se conforma como una estrategia global frente a los problemas sociales. La solución del reparto a favor del gran capital que significa el neoliberalismo ha sido posible al combinar la política económica y la cultural, la reconversión productiva y la reformulación de los grandes principios en que se habían guiado las sociedades occidentales, basada en los keynesianos desde 1945 a 1980. 


¿Cuáles son los principios filosóficos del neoliberalismo?

La filosofía neoliberal se basa en tres grandes principios: a) el individualismo posesivo. b) La desigualdad en la lucha competitiva del hombre por conseguir bienes. c) La sociedad capitalista contemporánea es la sociedad democrática por excelencia. El neoliberalismo delimita la grandeza del ser humano a la capacidad de generar ingresos monetarios, exacerba el individualismo y la carrera por ganar y poseer. Desata la codicia, la corrupción y la violencia y, al generalizarse en los grupos sociales destruye socialmente la comunidad. Se impone así un orden de valores ,donde priva la libertad individual para acceder al consumo de satisfacciones y placeres.

¿Cuáles son sus principios económicos?

Hay que disminuir la extensión del Estado, para aumentar el protagonismo de la sociedad individual. La historia ha llegado a su fin y por lo tanto no cabe plantearse la superación de la sociedad capitalista. El neoliberalismo lleva a la democratización. La realidad es que ha traído una disminución de la democracia: 
El mercado resuelve todos los problemas de la sociedad.
La política económica neoliberal es la única posible.
El objetivo principal es subirse al carro de la modernidad.
Hay que desregular para ganar en competencia y eliminar trabas y restricciones a los intercambios comerciales.
El sector privado es el eficiente, las privatizaciones son la solución.
Hay que insertarse en el mundo y asumir que vivimos en una sociedad globalizada. El capitalismo se basa en la desigualdad social, pero este capitalismo social busca un equilibrio entre riqueza y pobreza. Al terminar la II Guerra Mundial el capitalismo se encontró con un modelo alternativo que cuestionaba su hegemonía: el comunismo. Esto hizo que desarrollara el llamado capitalismo social, para así poder dar réplica al modelo comunista. La duración de este periodo abarca desde finales de la II Guerra Mundial hasta la década de los ochenta, donde se produce la crisis del modelo comunista y termina con la caída del muro de Berlín. Este modelo social se basaba en un equilibrio entre las élites dominantes y el mundo del trabajo, donde el papel de los sindicatos era muy importante, como defensores de las clases trabajadoras. Como sabemos, el capitalismo se basa en la desigualdad social, pero este capitalismo social busca un equilibrio entre riqueza y pobreza. Para mejorar esta desigualdad estaba el papel del Estado, con una función redistribuidora de la riqueza a través de los impuestos, de esta forma se controlaba la desigualdad, y es ahí, donde nace el estado del bienestar o también el llamado “salario social”. De esta manera el Estado asegura a la población el derecho universal a la educación, sanidad, pensiones… Es decir: el Estado a través de un sistema impositivo progresivo redistribuía entre las capas desfavorecidas la riqueza que se creaba y se garantizaba a toda la población un mínimo estado de bienestar. Con la desaparición del modelo comunista y al no tener un enemigo que le modere, el capitalismo vuelve a las andadas de sus inicios y empieza a ejercer todo su poder sin ninguna cortapisa como había tenido anteriormente. Como vemos la economía crece, pero la situación de la mayoría social no ve mejorar su situación en igual medida. Sin embargo, bancos y empresarios cada vez ganan más. El primer paso consistió en domesticar a los sindicatos con el objetivo de empobrecer al mundo del trabajo y quitarles el poder que antes habían adquirido. Así se han permitido hacer reformas laborales que han significado unas peores condiciones de trabajo, menos derechos sociales, despido casi libre y menores salarios.
Veamos algunos datos; en España en el año 2000, el mundo del trabajo representaba el 55% del PIB y el mundo empresarial y financiero suponían el 45 %. En el año 2014, el mundo del trabajo está en el 45% del PIB y el mundo empresarial y financiero en el 55% y con tendencia creciente.
El segundo aspecto sería el llamado “salario social” que era el que garantizaba el Estado. Prácticamente está desapareciendo a gran velocidad con el argumento de que no hay dinero. El Estado no tiene dinero porque tiene una política fiscal favorecedora de las elites. Los impuestos han dejado de ser progresivos, la defraudación fiscal no se combate, se estimula la economía sumergida. El mensaje que nos venden continuamente es que “hay que bajar los impuestos”, pero esto significa menos Estado y menos estado de bienestar y así vemos como las políticas fiscales en Europa van en esa línea. Como vemos, el neoliberalismo nos lleva al desastre económico y social, como ya lo estamos sufriendo en la actualidad. Al no tener un contrapoder y considerarse un modelo único y perpetuo se irá mostrando cada vez más regresivo y represivo y donde la democracia será un adorno justificativo. Como vemos la economía crece, pero la situación de la mayoría social no ve mejorar su situación en igual medida. Sin embargo, bancos y empresarios cada vez ganan más. Malos tiempos nos toca vivir, si no somos capaces de ser conscientes a donde nos llevan estas élites minoritarias irresponsables y que nos empiezan a recordar a los inicios del capitalismo salvaje del siglo XIX. Debemos reaccionar y hacer frente a esta injusta corriente del neoliberalismo. Texto: Edmundo Fayanás.

19 feb 2015

La abdicación

La abdicación del Monarca, designando a su hijo Felipe como su sucesor en la posición de Jefe del Estado, ha generado toda una serie de eventos predecibles. Entre ellos, el más llamativo e importante es la respuesta unánime del establishment español, definiendo como tal al entrelazado de poderes que dominan los sectores financieros y económicos del país, los políticos que gobiernan el Estado, y los ideológicos y mediáticos que promueven los valores que lo sustentan, desde la Iglesia a los medios de información y persuasión. Este establishment se ha movilizado en bloque para expresar su agradecimiento al Monarca por habernos traído la democracia, tras una Transición que definen como modélica, añadiendo un elogio, igualmente unánime, hacia el que será nuevo Rey de España, Felipe VI, al que consideran como una figura perfecta para tutelar los cambios que consideran necesarios para asegurar la permanencia de este establishment en el poder. Contradiciendo la narrativa de su discurso oficial -según la cual el Rey es una mera figura simbólica-, esta estructura de poder pide al nuevo Rey que dirija los nuevos cambios que el país (es decir, sus intereses particulares) necesita, tal como hizo el que hoy abdica durante la Transición. La gran portada del principal rotativo de España, El País, así lo exigía, en su titular “El Rey abdica para impulsar las reformas que pide el país”, añadiendo, por si alguien no lo interpretaba bien, que el Príncipe de Asturias tiene la madurez necesaria para asumir esa responsabilidad. El País, hoy dirigido por una persona claramente de derechas, habla cada vez más claro y transparente en nombre de este establishment. Que conste, pues, que tal establishment nunca vio al Rey como una mera figura simbólica, sino como un garante de su poder.


La predecible unanimidad

Reflejando la inexistente diversidad ideológica de los grandes medios de información españoles, su respuesta a la abdicación ha sido unánime, variando solo en el grado de vasallaje que han expresado en su admiración hacia el Monarca y su entusiasmo hacia su heredero. Este comportamiento señala, una vez más, la enorme distancia existente en España entre el establishment (incluyendo el mediático) y la población. Según la última encuesta del CIS (abril de este año), la Monarquía es una de las instituciones menos populares existentes en España. En una escala de 0 a 10, la valoración es de 3,7. Es interesante subrayar que esta baja valoración existe a pesar del apoyo prácticamente unánime de los mayores medios de difusión a la Monarquía. Esta distancia aparecerá también de una manera clara en la votación de las Cortes españolas, donde nada menos que el 90% de los parlamentarios votará a favor de la transferencia de poderes del Rey Juan Carlos a Felipe. Lo que las encuestas señalan es que el porcentaje de la población que favorece la continuidad de la Monarquía es mucho menor que ese porcentaje, siendo incluso muy minoritario entre la juventud. Ello es un indicador más, de los muchos ya existentes, de la enorme distancia entre las Cortes españolas y el sentir de la mayoría de la ciudadanía en este país, incluyendo la juventud.

El porqué del deterioro del apoyo popular a la Monarquía

Muchas han sido las causas de este deterioro, que ha sido gradual, aunque se ha acentuado más a medida que el establishment español y su Estado también han ido perdiendo apoyo (e incluso legitimidad, en la medida en que muchas de las políticas públicas impuestas por el Estado a la población carecen de mandato popular, tales como los recortes) entre la ciudadanía. El conocido eslogan del movimiento 15M “no nos representan” es ampliamente percibido como acertado por la gran mayoría de la ciudadanía española. La Monarquía está perdiendo popularidad, pues, a la vez que todas las instituciones del establishment español, el cual es plenamente consciente de esta situación y está sumamente preocupado. Nunca antes se había dado, durante el periodo postdictatorial, una agitación social y política que expresara un descontento generalizado tan profundo. Y hace solo unas semanas hubo en Madrid una de las mayores protestas que esta ciudad haya visto (según observadores extranjeros, creíbles en sus reportajes, la multitud estaba entre un millón y medio y dos millones de personas), con población venida de toda España, para manifestarse contra las políticas que está imponiendo el Estado, que carecen de mandato popular y que cuestionan su legitimidad. Y no pasó desapercibido para este establishment que la bandera más enarbolada en dicha manifestación fuera la bandera republicana, que se ha convertido en el símbolo de la España que se desea como alternativa a la existente.

¿Por qué ahora la abdicación?

La abdicación es un intento de revertir el descenso de la popularidad de la Monarquía y, con ella, del establishment español. Refleja su enorme preocupación sobre la viabilidad del sistema político establecido durante la Transición inmodélica, realizada bajo el enorme dominio de las fuerzas conservadoras, que controlaban y continúan controlando el Estado. Ello explica la recurrente apelación a la Constitución española, denominada la Carta Magna (que esas fuerzas dominaron y tutelaron en su desarrollo), como fuente de cualquier legitimidad, presentándola como un documento pactado entre los sucesores de los que ganaron la Guerra Civil (que tenían todo el poder) y los que la perdieron (que acababan de salir de la clandestinidad), y que sería interpretada, en última instancia, por el Tribunal Constitucional, dominado por las fuerzas conservadoras. De ahí la constante referencia a la Constitución como marco que define lo que es o no aceptable por dicho establishment.
Además de la concienciación, por parte del establishment español, de la necesidad de intentar recuperar la popularidad de la Monarquía (y, por tanto, del establishment) mediante la abdicación del Rey, había y hay una sensación de urgencia, de que tenía que ocurrir pronto. Y un factor que explica esta sensación de urgencia fue el conocimiento de que el bipartidismo, que ha jugado un papel clave en la estabilidad del sistema político, se está resquebrajando, y ello a pesar de que la ley electoral (escasamente proporcional, y que facilita tal bipartidismo) continua vigente. El resultado de lo que ocurrió en las elecciones al Parlamento Europeo era predecible. Ello implicaba que algo debía hacerse, y pronto, pues una alianza de los partidos a la izquierda del PSOE y una posible rebelión de las bases de ese partido contra sus élites gobernantes podrían imposibilitar el consenso institucional existente en las Cortes y dificultar un cambio en la persona que ocupará la posición de Jefe del Estado. De ahí la urgencia de que se hiciera lo más pronto posible. Es más, el establishment es plenamente consciente de que cualquier alargamiento del proceso de transición de Juan Carlos I a Felipe VI podría dar pie a una movilización popular que cuestionase el hecho de que al pueblo español nunca se le haya dado la posibilidad de votar específicamente sobre la bondad de estar gobernados por un sistema monárquico o por uno republicano. La voluntad expresada en el referéndum sobre la Constitución incluía muchas otras dimensiones, además de este elemento, en un momento en el que las alternativas eran la continuación de la dictadura o el establecimiento de una democracia muy incompleta, regida por un Estado muy poco representativo y con una escasísima dimensión social, consecuencia de que el pacto que condujo al establecimiento de ese nuevo sistema político estuviera basado en un enorme desequilibrio de fuerzas.

La petición democrática

El claro hartazgo de la mayoría de la ciudadanía española hacia las instituciones democráticas, reflejadas en el Estado español, se basa no en una oposición a la democracia (maliciosamente definida la oposición a tal Estado como movilizaciones antisistema), sino en la enorme tergiversación de la democracia llevada a cabo por parte de la clase política y funcionarial que controla y gobierna dicho Estado. Es un hartazgo que exige mayor, no menor, democracia, rompiendo con las estructuras, prácticas e ideologías heredadas de la dictadura y que se perpetuaron en el Estado postdictatorial, resultado de una Transición inmodélica por lo enormemente desequilibrada que fue. En contra de la enorme idealización que se ha hecho de la Transición (a la cual ha contribuido el mundo académico y mediático), tal proceso no significó una ruptura con el régimen anterior. Todo lo contrario, fue la incorporación dentro del Estado de elementos democráticos de carácter representativo (muy limitados por una ley electoral escasamente proporcional, favorable a las fuerzas conservadoras, que fomentaba el bipartidismo) bajo el dominio de los herederos del régimen dictatorial. Pero no hubo ningún tipo de ruptura o purga, estableciéndose una clara continuidad del establishment español, liderado por el Monarca.
Una pieza clave en su perpetuación fue el aparato dirigente del PSOE que, al beneficiarse del bipartidismo, pasó a ser uno de sus máximos defensores. Hay que subrayar que el sistema electoral les benefició como partido (aunque menos que al Partido Popular), pero no como proyecto, pues las estructuras de poder financiero y económico que han dominado el aparato del Estado durante este periodo democrático han dificultado el desarrollo del proyecto socialista. Es cierto que el enorme déficit social heredado de la dictadura disminuyó (aunque no desapareció) durante los mandatos del PSOE. Pero este no tuvo la suficiente fuerza o la necesaria vocación transformadora para cambiar sustancialmente aquella enorme influencia del poder financiero y económico, que configura en España lo que es “posible” o “razonable”. El gasto público social por habitante en España continúa estando entre los más bajos de la Unión Europea de los Quince.
Hoy, la población española está harta y enfadada con este Estado y con la casta política que lo ha estado gobernando. Las encuestas así lo muestran, un hastío y rechazo que es mayoritario entre la juventud. La esperanza de aquel establishment es que un Rey joven pueda ayudar a diluir tal enfado y rechazo. En una respuesta desesperada, acompañada, por cierto, con un aumento muy notable de la represión por parte del Estado.
Frente a esta situación, las fuerzas auténticamente democráticas deberían movilizarse para exigir una ruptura con aquel Estado, que significó la continuación de muchos de los aparatos y personajes del Estado dictatorial, y el establecimiento de una democracia real que tenga elementos representativos basados en un sistema auténticamente proporcional (que garantice la misma capacidad de decisión en la gobernanza del país a cada ciudadano) y elementos de democracia directa, es decir, que los ciudadanos tengan el poder de decidir a través de referéndums vinculantes a todos los niveles del Estado temas como, entre otros, el de tener una Monarquía o una República. Ni que decir tiene que el establishment se opondrá a muerte a estos cambios. Este establishment es una continuación directa del que realizó el golpe militar en 1936. Pero si las fuerzas democráticas se unieran en este propósito, poniendo las necesidades de la ciudadanía por encima de sus intereses partidistas, con una amplia coalición de movimientos sociales (desde sindicatos a asociaciones de vecinos, entre otros muchos) y partidos políticos autenticamente contestatarios, comprometidos con la democracia y defensores de la soberanía de los distintos pueblos y naciones de España frente a los falsamente “patriotas” que dócilmente han servido a los intereses extranjeros, podrían movilizar a la mayoría de la población frente a una minoría que gobierna y que no tiene hoy legitimidad para hacerlo. Texto: Vicenç Navarro. Ver: Las abdicaciones en España

17 feb 2015

Transferencia y lucha de clases

En 1941 la Wehrmacht nazi aniquiló en unas cuantas semanas la resistencia griega. La ocupación fue brutal: más de 325 mil civiles murieron en Grecia antes de que concluyera la guerra. Durante la ocupación, Berlín impuso un préstamo forzoso a Atenas por 476 millones de marcos, con lo que el pueblo griego acabó pagando el costo de su propia ocupación por las tropas nazis. El préstamo nunca fue reembolsado.
En 2013 una comisión del gobierno griego concluyó que Alemania debía 160 mil millones de euros a Grecia para cubrir aquel préstamo y los daños de la ocupación. La cancillería alemana respondió que el tratado de 1990 sobre la reunificación había cerrado el tema.
El informe de la comisión griega fue un subterfugio demagógico del ex primer ministro Antonis Samaras para legitimarse ante el electorado griego. Hoy el nuevo gobierno de Alexis Tsimpras ha hecho alusión a este tema: en estricto rigor jurídico el tratado de 1990 no cierra el caso (Grecia no fue parte de él) y el asunto podría seguir envolviendo las tensas negociaciones entre Atenas y Berlín.
Las crisis del capitalismo en Europa (y en el mundo) llevan la marca de colosales transferencias de recursos en el plano internacional y entre clases dentro de cada país. El que estos grupos sean de una u otra nacionalidad es accidental. La historia económica muestra que estas transferencias son crónicas en Europa y con frecuencia han sido impuestas después de una guerra por los vencedores a los vencidos.
De aquí se desprende una narrativa equivocada, pues se piensa que las transferencias son entre países. Así, hoy se afirma que Grecia (o España) debe pagar sus deudas. Pero las palabras Grecia o Alemania se refieren a una abstracción. Si nos adentramos en el análisis, veremos que en cada uno de estos espacios nacionales hay obreros, capitalistas, terratenientes, banqueros y financieros, así como políticos corruptos.
El tema de la transferencia debe ser analizado con rigor para entender la crisis en Europa y la manera de superarla. El programa de austeridad impuesto en Grecia y España conlleva un inmenso flujo de transferencia de recursos que es soportado por ciertas clases sociales en beneficio de otros grupos o clases en esos y otros países (por ejemplo, del norte de Europa).
Es necesario superar la narrativa que ve en estas transferencias simples vínculos entre Estados nacionales e ignora la dinámica de las relaciones de clase. Las transferencias de recursos en Europa (y en el mundo) dependen de fuertes ajustes en la estructura de clases al interior de cada país.
Por eso una aportación interesante es el trabajo del analista financiero Michael Pettis. Pettis examina el proceso de estancamiento en el crecimiento del salario real en Alemania a partir de 1995 como precursor de la crisis. Al constreñirse el crecimiento salarial se forzó la reducción del consumo y, dice Pettis, creció el ahorro forzado. Los bancos alemanes no podían invertir el exceso de ahorro en Alemania y enfocaron la mira hacia países como España, Italia y Grecia. Los bancos alemanes buscaron y encontraron prestatarios ávidos de obtener créditos baratos para todo tipo de proyectos, algunos poco viables y otros especulativos.
Cuando estalla la crisis, los bancos alemanes observan el aumento de su cartera vencida e incobrable. El lobby financiero hace lo que sabe hacer muy bien: busca que los gobiernos trasladen el costo del ajuste a las clases media y trabajadora a través de la devaluación interna.
Observa Pettis con razón: antes de la crisis los trabajadores alemanes pagaron las burbujas griega y española al aceptar un crecimiento muy bajo del salario real (en un contexto en el que la productividad en Alemania se mantenía constante). Y después de la crisis los trabajadores españoles y griegos se vieron obligados a pagar el costo de la explosión a través de salarios deprimidos y desempleo.
Pero el análisis de Pettis es incompleto y sólo toca la punta del iceberg. La capacidad de creación monetaria de los bancos en Europa encontró un gigantesco espacio de rentabilidad con la unión monetaria. Así que no sólo se trasladó el ahorro forzado de países como Alemania hacia bancos y prestatarios en Grecia o España. Bajo la unión monetaria los bancos más fuertes pudieron ejercer su capacidad de creación monetaria en todo el euro espacio y fueron capaces de generar burbujas como las que estudia Minsky en su modelo de crisis bancarias.
Hoy la clase trabajadora en Europa se enfrenta a un escenario desfavorable: los bancos alemanes, franceses, holandeses e ingleses tienen grandes necesidades de recapitalización y ello necesitará de apoyo público, es decir, de una masiva transferencia de recursos de las clases medias y trabajadoras del continente hacia el sector financiero.
Los funcionarios del gobierno griego tienen razón cuando afirman que luchan no sólo por el ciudadano griego promedio, sino por el ciudadano europeo en general. La recuperación del alma social de Europa pasa por una exitosa renegociación de la crisis en Grecia. Texto: Alejandro Nadal. Ver: 'MAFIAS'. 

8 feb 2015

Hay que ser Charlie Hebdo?

¿Por qué el atentado el 7 de enero?, ¿cuáles fueron las razones políticas por la que Charlie Hebdo fue blanco de los militantes de Al Qaida? Charlie Hebdo, ¿es solamente una revista satírica de línea anticlerical como se autodenomina? ¿Cuál era su papel frente a la fobia anti musulmana que vive Europa desde hace más de una década? ¿Es independiente frente a las guerras sangrientas en las que participa Francia a la cola de los Estados Unidos? ¿Es de izquierda esta revista como han dicho algunos? ¿Qué rol cumplió este semanario en la campaña electoral que propulsó a François Hollande a la presidencia de Francia?


Aquí las respuestas:

Charlie Hebdo y las guerras imperialistas

El atentado comandado por Al Qaida contra Charlie Hebdo hay que analizarlo en el marco de las guerras imperialistas que después de varias décadas llevan adelante las potencias occidentales contra los países árabes y musulmanes en medio Oriente y África. De la misma forma que se defiende la libertad de expresión de cualquier acción represiva que provenga del Estado o de grupos subversivos, hay que repudiar la crueldad de las potencias occidentales en sus guerras por el petróleo.
Si se revisa con atención la trayectoria de Charlie Hebdo se puede ver que la línea satírica de esta revista no estaba al margen de las guerras imperialistas. De ahí que cualquier cualquier reflexión sobre el atentado al periódico Charlie Hebdo tiene que estar conectado a las actuales guerras neocoloniales en medio oriente y áfrica. Estas guerras “no declaradas” en Irak, Libia, Afganistán, Siria, Palestina, Gaza, Nigeria, República Centroafricana, Mali, Sudán del Sur, y otros países han dejado solo el año 2013 más de 120 mil muertos, sin contar millones de refugiados. (International Institute for Strategic Studies). Estas guerras son encabezadas por los Estados Unidos y en la que cual participan los países de la Unión Europea.
Los hechos ocurridos el 7 de enero en Paris reflejan fundamentalmente el desarrollo y la agudización del conflicto creado por las guerras neocoloniales en los países árabes y musulmanes. Si los imperios están guiados por el fin supremo de la dominación y los grandes beneficios del petróleo, los pueblos atacados se aferran a dogmas, ideologías, religiones que en el terreno de la confrontación, y al margen de su veracidad como camino justo de libertad y de antiimperialismo, se convierten en fundamento espiritual de un pueblo, que hasta el momento carece de una ideología materialista, no clerical, que le otorgue fuerza estratégica para su liberación definitiva del imperialismo y de la esclavitud capitalista.
Si el acto mismo de la acción contra Charlie Hebdo puede considerarse un acto terrorista, no se puede decir lo mismo si esta acción hace parte de una respuesta violenta contra la propia violencia y brutalidad que han creado las potencias occidentales en las guerras de Medio Oriente y África. Este fenómeno está inserto en la causa efecto de un hecho en desarrollo como lo testimonia a su manera uno de los atacantes islámicos el 7 de enero antes de ser abatido por la policía (2).
De otro lado las guerras son hechos violentos que en su desarrollo envuelven, no solamente los combatientes que se alinean en ejércitos diferentes, sino también a la totalidad de la población civil. Por ello, señalaba Clausewitz que la esencia de la guerra se caracteriza por una “ascensión de los extremos”, cada “uno de los adversarios empuja a actuar al otro. Occidente tiene la primacía de los extremos en esta guerra. Solo en la guerra contra Irak, la coalición, de la que hace parte Francia, ha dejado desde el inicio en 2003 hasta el 2014, más de un millón de muertos. En Libia, desde el inicio del conflicto en el 2011 hasta ahora el 2015, los aliados han eliminado 120 mil musulmanes y no musulmanes de este país.
¿Quiénes son los terroristas en esta guerra? Acaso no es terrorismo extremo cuando las tropas de la coalición occidental matan niños, mujeres, ancianos, y eliminan pueblos enteros. ¿Y el millón de muertos en Irak?, ¿eso no es terrorismo?. Es terrorismo secuestrar, torturas y asesinar prisioneros acusados de ser “terroristas”. Las guerras imperialistas por el petróleo, está envuelta en un fenómeno de desarrollo vertiginoso de los extremos, la peor parte la llevan los pueblos de Medio Oriente y África.
Los países occidentales no solo han militarizado la vida civil en los países invadidos, también han reforzado sus sistemas y organizaciones represivas al interior de las metrópolis imperialistas. Guantánamo (Cuba), un centro de tortura, es solo una muestra de la infraestructura de represión instalado por Norteamérica para llevar adelante la guerra contra los países árabes y musulmanes. La CIA y los servicios de inteligencia europeos actúan fuera de la ley. Secuestran y asesinan impunemente prisioneros acusados de “terroristas”. Han instalado cárceles clandestinas en diferentes partes de Europa y otros continentes. No respetan ninguna ley internacional y han institucionalizado el sacrificio y la tortura de prisioneros.

Izquierda y derecha se unen contra el “terrorismo”

Con el atentado del 7 de enero se repite un poco los hechos del ataque a las torres gemelas en Nueva York el 11 de setiembre del 2001. Si el gobierno norteamericano aprovechó este hecho para unificar sus clases políticas y justificar las guerras por el petróleo, los europeos hacen lo mismo. Seguido al atentado a Charlie Hebdo, los gobiernos europeos han encontrado un pretexto, para luchar “unitariamente” contra los musulmanes que resisten la invasión a sus países.
De esta manera en Europa, junto con entregar la acción represiva a la policía y al ejército, las clases políticas cerraron filas contra el “terrorismo islámico”. Derecha, extrema derecha (fascista), y la izquierda convocaron a defender la democracia contra el amenazante “terrorismo” de Al Qaida.
Pierre Laurent, secretario general del Partido Comunista de Francia, dijo que la “Republica había sido atacada al corazón”. Por su parte Jean-Luc Mélenchon, líder del Partido de Izquierda, dijo con odio: ''el nombre de los criminales es conocido, cobardes, asesinos, matan sin defensa, lo nuestro debe ser tristeza y respuesta republicana”. Aymeric Chauprade, consejero de Marine Le Pen, la lideresa de la derecha nazi de Francia, dijo "la Francia está en guerra contra los musulmanes”. Peter Mertens, presidente del Partido del Trabajo de Bélgica (PTB), comparó a Charlie Hebdo con la “poesía de Pablo Neruda”, ''esos son los cobardes que disparan con la kalashnikov sobre las sátiras y las caricaturas”.“Pero la poesía no está muerta”, señalo y para finalizar dijo: yo estoy profundamente afectado por el horror de la masacre a la redacción de Charlie Hebdo.
Así de esta manera, para la izquierda y la derecha europea, Charlie Hebdo se ha convertido en símbolo del martirologio de la libertad de expresión y de la prensa independiente. Pero ni la izquierda, tan expresiva en el caso del atentado a esta revista, no ha dicho absolutamente nada frente a la masacre de cientos de periodistas en los países árabes y musulmanes ocupados por las potencias imperialistas. En Irak, en un periodo de solo de 8 años (2003-2011) fueron asesinados 365 periodistas. Esta matanza, dice la Unión de periodistas de Irak, se efectuó en el marco de la guerra de agresión impuesta por una coalición de potencias encabezadas por los Estados Unidos.
Inmediatamente después del 7 de enero, la Unión Europea convocó a los ministros de relaciones exteriores para activar medidas internacionales “antiterroristas”. En Francia, y otros países se lanzó una cacería de los “terroristas” islámicos. En Bélgica, donde se acaba de instalar un gobierno cuya mitad de ministros provienen de la extrema derecha, la policía mató a dos supuestos terroristas islámicos.
Por su parte François Hollande, considerado el presidente francés más impopular y detestado de los gobiernos de este país después de la segunda guerra mundial, utilizó el atentado y las victimas de Charlie Hebdo para mejorar destroza su posición política que según una encuesta, antes del atentado del 7 de enero, era repudiado por casi el 90% de la población.
Hollande, con cerca de 4 millones de trabajadores desocupados en su haber, y una crisis que ha hecho de este país una potencia en ruinas rápidamente se montó en la ola sentimental y de temor que género este atentado en el seno de la población. Con la complicidad de la prensa, convirtió este hecho dramático en una fiesta carnavalesca.
El gobierno Francés, junto con llamar a una “movilización general contra el terrorismo, convocó a una manifestación oficial (11 de enero). Más de 3 millones de personas se congregaron en París y otras ciudades. Bajo el inocente slogan “Yo soy Charlie” (Je suis Charlie), la población repudió el atentado sin ninguna reflexión en torno a las causas políticas de carácter internacional que han originado este atentado que causó la muerte de 17 personas.
Esta manifestación congregó dos tipos de público: La gran mayoría, personas sin ninguna conciencia política, o los “carneros” como los denominó el famoso cantante francés M. Pokora (1). Los segundos, fueron los bandidos que gobiernan los estados de Europa, Israel, y otros. Ahí estuvieron presentes los responsables de sangrientas guerras en Medio Oriente, África y otras partes del Mundo. Fueron parte de la marcha “Republicana” la canciller alemana Angela Merkel, el primer ministro británico David Cameron, el ultra reaccionario Mariano Rajoy (España), el italiano, Matteo Renzi, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, Martin Schulz (UE), Donald Tusk (UE) y otros sátrapas del capitalismo internacional. La nota fuerte en la marcha fue el abrazo entre François Hollande y el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu, quien es conocido como el “exterminador” del pueblo de palestino.

Las guerras y la población de Europa

La población europea ignora que sus gobiernos, sus estados, sus ejércitos, solos o en coalición con otros occidentales, llevan fuera de sus fronteras sanguinarias guerras para apoderarse de las riquezas de los países agredidos. Para la mayoría de los ciudadanos europeos, sus países son ejemplos de paz, solidaridad y de respeto de los derechos humanos. Algo así como el prototipo de santidad universal. Ha contribuido a reforzar aún más esta idea, el hecho que la Unión Europea recibió en año 2012 el Premio Nobel de la Paz, por su “contribución de la paz, la reconciliación, de la democracia y los derechos humanos”.
La guerra entre occidente y los musulmanes, de la cual es parte Francia, no es de ninguna manera una lucha entre democracia y tiranía religiosa. Es sobre todo una guerra imperialista por el petróleo y las riquezas de Irak, Siria, Afganistan, Libia, Mali, y otros países. Las principales transnacionales petroleras como, la petrolera inglesa British Petroleum (BP), la Royal Dutch Shell (petrolera anglo-holandesa), Total (petrolera francesa), y otras que recibieron grandes concesiones en Irak y otros países hacen grandes beneficios en corto tiempo, y como señaló el 2005 Thierry Desmarest, el patrón de la empresa Total: “Ahora nosotros hacemos cada 15 días los beneficios que en 1995 necesitábamos un año para hacerlo”. (Le Soir, 12/02/2011). Gracias a estas guerras, solo la transnacional inglesa British Petroleum (BP) acumuló el 2011 la fabulosa suma de 80 mil millones de dólares de beneficios netos (Fuente: Joan Condijts, Le Soir, 12 de febrero 2011).
Lo que el ciudadano europeo conoce de las guerras que encabezan sus gobiernos proviene de la televisión y los medios de comunicación oficiales. Reciben enlatados como si se tratara de una serie filmada en algún estudio cinematográfico. Los malos, los perversos, los fanáticos son los musulmanes. Si los musulmanes, radicales o no, se defienden de la agresión militar occidental, son presentados como fanáticos, demenciales y terroristas. . Los buenos, los héroes, son las tropas militares norteamericanas, de la OTAN y de los países de la Unión Europea, que van a Irak, Afganistán, Libia, Mali, Siria, y otros países, para “salvar a la población”, para “instaurar la democracia”, y “defender los derechos humanos”.
La mayoría de la población europea está más interesada en lo que hace con su culo Carla Bruni (ex primera dame de Francia) o la joven francesa Nabilla que acaba de salir de prisión por haber apuñalado a su amante de turno, que en los acontecimientos políticos de su país. Francia es un caso especial, y de haber sido uno de los pueblos más prestigiosos de la historia, se ha convertido en un país hundido en la corrupción política, en crisis social y económica. En este país la extrema derecha más recalcitrante (fascista y racista) se abre camino para llegar al poder gracias al fracaso de los llamados partido liberales y aquellos que se hacen llamar de izquierda y socialistas.
La Francia actual es apenas una vulgar caricatura de la Francia de la revolución francesa de 1789 y de la Comuna de Paris en 1871. Esta Francia gobernada por una burguesía decadente, ignorante, y mafiosa nada tiene que enseñar al mundo exterior. Si la Francia del siglo XVII y XVIII es de los grandes filósofos, revolucionarios, artistas, poetas y escritores, ahora es de Nicolás Sarkozy, François Hollande o Le Pen los que con su conducta de los bajos fondos, sirven de ejemplo político y moral de una población que carece de la más elemental reflexión política.

Charlie Hebdo y la Guerra Santa

Hace algunos días, la analista alemana Souad Mekhennet(*), investigadora y experta en terrorismo declaró que las caricaturas sobre el Islam de Charlie Hebdo son parecidos a las caricaturas que los alemanes nazis hacían de los judíos en los años '30 y '40. Sus declaraciones fueron el domingo 11 de enero 2015 durante el programa de Günther Jauch en la principal cadena de televisión pública de Alemania. La conclusión de la experta fue el resultado de una investigación entre judíos que sobrevivieron a la segunda guerra mundial.
El anticlericalismo de Charlie Hebdo es bastante discutible. Tiene la misma contextura de la que manejan las potencias occidentales. La línea anti religión de esta revista, como lo han dicho sus propios directivos, se mide entre religión mesurada y religión no mesurada. Entre Islam bueno e Islam malo. Entre mesurados y fanáticos. Entre musulmanes colaboradores con occidente y musulmanes que resisten (terroristas). Este anticlericalismo se expresa en las caricaturas que publica esta revista sobre el profeta Mohamed. Estas tienen el distintivo político ultra reaccionario que se propaga desde los aparatos de desinformación de los estados occidentales. De la boca del profeta (en la caricatura) salen los peores agravios contra los musulmanes radicales.
Para Charlie Hebdo y los gobiernos occidentales, una corriente religiosa, ya sea islámica, católica o cualquier otra, es “mesurada” cuando colabora con los enemigos de sus propios pueblos. Por ejemplo en Irak, los islámicos chiitas son “mesurados” en tanto son aliados de Estados Unidos y occidente. En el lenguaje occidental, este es un caso de islamismo moderado, pero sin embargo los chiitas de Irán que no colaboran y que resisten una posible invasión de los Estados Unidos y la coalición occidental, son calificados de “islamismo fanático, no moderado.
Si en su momento los sunitas de Irak que encabezaba Sadam Hussein se convirtieron en enemigos de Estados Unidos no lo fue tanto los sunitas del grupo Estado Islámico (EI) que colaboró con los invasores de este país para derrocar al gobierno de Hessein. Como anota el historiador Robert Freeman sobre este grupo (EI) : “lo más importante es “entender que el Estado Islámico fue creado por los norteamericanos". El objetivo inicial de los norteamericanos, al crear este grupo ligado a Al Qaeda, dice Freeman, fue desestabilizar al gobierno sunita de Sadam en Irak, ante de la guerra. Posteriormente Estados Unidos utilizó este grupo para intentar derrocar al gobierno de Bashar al Assad en Siria.
Que el grupo Estado Islámico haya volteado sus fusiles contra sus antiguos patrones muestra con claridad como las potencias dividen y sacan provecho de los movimientos religiosos en Medio Oriente y África. Esta división, o estigmatización, no es tanto por el dogma que practican, ni siquiera por su fundamentalismo religioso, sino más bien por la utilidad y beneficio que sacan del grupo religioso.
En setiembre del 2012, Stéphane Charbonnier, el director de Charlie Hebdo, y una de las víctimas del atentado de enero, señalaba que: “había que continuar burlándose de la religión musulmana hasta que el Islam sea MODERADO como el catolicismo”. Un poco después (noviembre del 2013 Charbonnier decía que ''la religión musulmana es una bandera impuesta a innumerables pueblos del planeta”. En la misma entrevista el director de Charlie Hebdo, admite que las burlas contra el profeta de los musulmanes resultaba buen negocio. Así según Charbonnier, las “caricaturas sobre el profeta Mohamed doblaban el tiraje y las ventas subían entre 60 y 70 mil ejemplares” cuando el tiraje normal de esta revista no pasaba de 30 mil ejemplares por semana. (Declaraciones a Le Monde, setiembre 2012).

¿Charlie Hebdo de izquierda?

En cualquier sociedad dividida en clases sociales, y sobre todo en el sistema capitalista, ningún medio de comunicación puede actuar al margen de la lucha y los intereses de las clases de una sociedad determinada. La prensa híbrida no existe. Cualquiera sea el espacio social que ocupe el medio de comunicación, ya sea científico, humorístico, satírico, de futbol, o cualquier otro género, siempre estará imbuido de una posición intelectual de clases.
En este sentido el concepto político y periodístico de los fundadores de Charlie Hebdo nunca fue más allá de los intereses políticos de las élites dirigentes del Estado Francés y de los grupos de poder. El año 2006, cuando la guerra imperialista contra Irak estaba al rojo vivo Philippe Val, director de la redacción de Charlie Hebdo desde 1992 2009, publicaba una convocatoria, para felicidad de las tropas americanas en Irak, para “resistir al totalitarismo religioso” Musulman. Un poco después Philippe Val vuelve a la carga, en el 2011, para decir que: “el musulmán solo tiene un cuarto de cerebro”.
Según Philippe Val: “después de haber vivido el fascismo, el nazismo y el estalinismo el mundo hace frente a una nueva amenaza global de tipo totalitario: El Islam. Como todos los totalitarismos el islamismo se nutre del miedo y de la frustración”. Nosotros los escritores, periodistas, intelectuales llamamos a la resistencia al totalitarismo religioso: (Marzo del 2006). Val, fue militante anarquista, pero de ahí derivó hacia el grupo de derecha de Nicolás Sarkozy. Eso le valió que en el 2009 diera un salto hacia la dirección de France Inter una cadena de radio de propiedad del Estado francés.
El plantel directivo de Charlie Hebdo, incluyendo las tres víctimas del atentado, no han sido tan independientes en lo que respecta la llegada al poder del “socialista” François Hollande. Patrick Pelloux, uno de los sobrevivientes del ataque a esta revista, ha sido un compañero de ruta electoral del actual presidente Francés en 2012. Polloux había formado un grupo político llamado Nouvelle Donne (New Deal o nuevo acuerdo) para llamar al voto por el candidato “socialista”. Mediapart, un diario francés dijo (10 de diciembre del 2013) que el “partido” donde aparecía como líder Patrick Pelloux había sido una mediocre operación electoralista piloteada por las manos del Elysée.

El atentado islámico y el gran negocio de Charlie Hebdo

Charlie Hebdo, con solo 30 mil ejemplares por edición (semanal) estaba casi en bancarrota económica hasta antes de los atentados del 7 de enero donde murieron 17 personas. Las deudas de esta revista al 2012 eran de más de un millón de euros, mientras que su efectivo en caja no pasaba de 25 euros. Frente a esta calamidad financiera ni la derecha ni la izquierda venían en su ayuda.
Pero la ''suerte'' de Charlie Hebdo cambió completamente. Una semana después de este ataque mortal esta revista humorística imprimió 3 millones ejemplares que se agotaron desde las primeras horas de la mañana del miércoles 14 de enero. Inmediatamente a ello se anunció imprimir 2 millones más para los próximos días. Negocios son negocios dijeron desde el gobierno francés, que publicitó y financió al 100% esta edición. Charlie Hebdo para esta edición ''pos ataque'' fue traducida a por lo menos 5 lenguas, entre ellas el inglés, español, turco y árabe. François Hollande y sus ministros se tomaron fotos y salieron en la televisión exhibiendo su Charlie Hebdo en la mano.
Notas:
1) M. Pokora, al mismo tiempo que expresó su solidaridad con las víctimas del atentado dijo que los “yo no soy Charlie” me hacen reír”. Agregando que jamás ha comprado la revista satírica con la cual no comparte “sus valores”. Refiriéndose a la marcha Republicana convocada por Hollande dijo que no lo tomen como “carnero que sigue con ojos cerrados el rebaño”, y que no está de acuerdo con aquello que esperaron el ataque a la revista para hablar de valores. (Le Parisien, 14-01-2015)
2) Causa y efecto. Amedy Coulibaly, de 24 años, actuó en solidaridad con los 2 atacantes de Charlie Hebdo en París. Primero acribillo a balazos a un policía, a quien mato. Después entró en una tienda de productos Hypercasher donde tomo varios rehenes y se atrincheró. Antes de caer abatido por los policías habló con uno de los rehenes. La conversación fue grabada. Ahí señaló: Amedy Coulibaly hace alusión al Estado Islámico, al velo de las mujeres musulmanas, a Bachar al-Assad en Siria; a la coalición occidental presentes en Mali, en Irak o en Afganistán. “Cada vez más ellos tratan de hacerles creer que los musulmanes son los terroristas. Yo nací en Francia, si ellos (las potencias occidentales) no hubieran atacado allá (los países árabes musulmanes), yo no estaría aquí”. (Le Monde, 10 enero 2015).
En la misma conversación Amedy Coulibaly señaló entre otras cosas: los bombardeo del ejército de 50 mil hombres de la coalición (OTAN, Estados Unidos y Europa) contra los países árabes y musulmán. “¿Porqué hacen eso?”, dice él; y menciona el norte de Mali, Siria; y pide “detener los ataques al Estado Islámico (EI) y que paren de arrancar los velos de nuestras mujeres; y que detengan la represión y encarcelamiento injustamente de nuestros hermanos”. Amedy Coulibaly. Conversación grabada por uno de los rehenes. Publicado por Le Monde).
*) Souad Mekhennet de 37 años y nacida en Frankfurt, escribe en diferentes medios de comunicación de Alemania y de otros países; entre ellos el Frankfurter Allgemeine Zeitung, en el Frankfurter Rundschau. Anteriormente escribió en el Washington Post. Texto: Luis Arce Borja. Ver: 'Europa tras Charlie Hebdo'.

Europa tras Charlie Hebdo

Europa se sacude entre el terror impuesto por los asesinatos en París y la esperanza que anida en las manifestaciones masivas y en las nuevas formaciones políticas progresistas surgidas de la crisis en Grecia y en España.
Con el trasfondo de una crisis económica que no cede y que puede sumirla en el estancamiento de larga duración, la vieja Europa se revuelve entre el terror impuesto por los asesinatos de París y la esperanza que anida en las manifestaciones masivas y en las nuevas formaciones políticas surgidas de la crisis en Grecia y en España.
El filósofo italiano Antonio Gramsci acuñó en su tiempo el aforismo "pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad" que ha sido interpretado de diversas formas y maneras. Tal vez por los vericuetos de esta ecuación analítica transiten hoy los pensamientos de muchos ciudadanos europeos.

El aberrante atentado ocurrido en París hace algunos días y el surgimiento, a medida que la crisis se profundiza, de tendencias nazi-fascistas en numerosos países de la eurozona, promueven una sensación de impotencia frente a la irracionalidad de los fundamentalismos. Por el contrario es desde el seno de las sociedades en las que la crisis más daño social produjo -Grecia, España- donde se han podido construir coaliciones políticas de izquierda -Syriza, Podemos- que se plantean romper con el círculo de crisis, ajuste y más crisis, planteando otra salida y la recreación del futuro. Terror y esperanza compiten en la coyuntura europea.

El terror globalizado

El atentado a la redacción de Charlie Hebdo y la ocupación de un local de comidas judío con toma de rehenes incluida, es apenas una aparición puntual y bárbara de un proceso mucho más profundo. Como lo revelan los acontecimientos recientes en las zonas ocupadas por el Estado Islámico (ISIS) en Siria e Irak o por otros grupos en Pakistán y en Nigeria, tan bárbaros como el de París.
Estos atentados terminan favoreciendo a las potencias imperialistas y a las tendencias derechistas y de extrema derecha, contra los árabes, los musulmanes oprimidos, las minorías étnicas y promoviendo la implantación de mayores medidas de contralor social. El horizonte europeo es el de Estados Unidos después del 11S (Patriot Act). Se sabe, pero conviene reiterarlo, que le dan aire a la hipocresía de los principales líderes de las grandes potencias. La mayoría de ellos verdaderos terroristas de Estado, que promueven guerras y solo critican la violencia cuando ocurre en sus territorios y, como en el caso de los franceses, llamar a la unidad nacional con la cual buscan tapar los problemas internos.
Más aun, han vuelto a poner en primer plano la reaccionaria idea del "choque de las civilizaciones", ligada al "fin de la historia" y a la globalización. En estas concepciones, derivadas del fin de la bipolaridad, los conflictos ya no serían por cuestiones económicas, por zonas de influencia o por la confrontación de clases, sino de nuevo tipo: culturales, étnicas y religiosas, encarnadas por bandas y tribus, que se enfrentan por razones de sobrevivencia y también por quién lidera y hegemoniza. Se habla entonces en Europa de guerra, pero si esta se vuelca contra "los pobres, las minorías étnicas y los musulmanes" estaríamos, como dice el historiador Enzo Traverzo, ante "el retorno de lo reprimido".

Se trata de comprender

No para justificar lo injustificable, pero sí para comprenderlo, es necesario revisitar, aunque más no fuera someramente, los orígenes de esta barbarie, algo que en general los medios hegemónicos buscan ignorar. Hay que ubicarse en los años '70 del siglo pasado en Afganistán, cuando para contrarrestar a un gobierno de corte reformista y laico, los Estados Unidos dieron apoyo a sectores opositores cuyo centro era estar contra las reformas económicas y políticas y sobre todo contra el laicismo, cobraron fuerza entonces los talibanes, finalmente Al-Qaeda. Como se sabe el ISIS tiene su origen en Irak, resultado de la invasión norteamericana del 2003, el bloqueo posterior y luego la nueva ofensiva imperialista y la guerra en Siria. En ambos casos los Estados Unidos -como antes lo habían hecho en Afganistán- apoyaron y armaron a los grupos fundamentalistas. El resultado es que los Estados de Irak y Siria están hoy al borde de la disolución. En el mundo musulmán no hay en esta coyuntura liderazgos claros, sino mucho
s centros y, además, el petróleo. El ISIS busca ocupar ese vacío estatal.
Pero no hay que olvidar la intervención colonial y las atrocidades de Francia en Argelia -la guerra de independencia costó la vida a un millón de musulmanes árabes, casi el 10 por ciento de la población de entonces-. Un conflicto que aun está latente en ambas sociedades. Aquellas viejas prácticas coloniales de alguna manera se reproducen hoy en los millones de árabes y africanos que viven en Francia, sometidos a la discriminación, el racismo y la segregación social y económica. No es ocioso recordar que buena parte de la fuerza de trabajo francesa deviene de aquella inmigración forzada. Aún cuando un alto porcentaje son nacidos allí siguen siendo considerados como inmigrantes y ellos se sienten ciudadanos de segunda.
Es esta compleja realidad, que no pareciera tener solución a la vista, la que alimenta el odio y los fundamentalismos.

La esperanza

Atravesada por viejos fantasmas, sumergida en un entramado de crisis económica irresuelta, de movimientos democráticos auto-organizados, de nacionalismos y xenofobias varias, Europa siente cuestionar, por derecha e izquierda, el orden político instituido.
No se trata solo de los tradicionales partidos conservadores, es la propia socialdemocracia la que no puede presentarse ya como alternativa a las políticas en curso, no puede diferenciarse de las que imponen la derecha y el capital financiero, muestra así su agotamiento y la falta de proyecto político propio. Esta situación alimenta tensiones políticas y se verifica el ascenso de formaciones de derecha extrema -el Frente Nacional en Francia, Amanecer Dorado en Grecia- y de una izquierda que cuestiona el régimen establecido -Syriza en Grecia, Podemos en España-. Si los primeros alimentan la sensación de terror, los segundos renuevan la esperanza.
Años de aplicación de los planes de austeridad de la Troika (BCE, CE y FMI) hundieron en la miseria a miles de familias y robaron el futuro a las jóvenes generaciones españolas y griegas. Pero estos pueblos no se dejaron vencer por el desaliento. Cientos de manifestaciones, huelgas generales, estados asamblearios, emprendimientos autogestivos, mecanismos de solidaridad social y tantas otras formas de resistencia, de las que América latina conoce muy bien, pavimentaron el camino hasta llegar a las coaliciones izquierdistas que hoy conmueven sistemas políticos tan anquilosados como deslegitimados y a partidos políticos tradicionales corroídos por la corrupción y el burocratismo. Coaliciones que, aunque no se presentan como alternativas al capitalismo, luchan por reformas que éste hoy no acepta ni puede dar.
Las elecciones griegas del este domingo 25 pueden ser un momento bisagra que impacte en el conjunto del escenario europeo. Está planteada la posibilidad de un triunfo de Syriza que desplace a los responsables políticos del saqueo y la capitulación y forme un nuevo gobierno. En España Podemos, expresión política de los indignados, avanza por senderos similares. Ambas fuerzas encabezan los sondeos -entre el 20, el 30 por ciento o tal vez más de intención de voto- y pueden abrir un nuevo curso para esas sociedades y para la izquierda anticapitalista europea.
El papel a jugar por los anticapitalistas en estas coaliciones es decisivo, ya que no se trata solo de conjurar la crisis del capital sino también de cuestionar el orden capitalista como tal. Texto: Eduardo Lucita. Ver: ''¿Todos somos Charlie Hebdo?''

Charlie Hebdo y choque de civilizaciones

Cuando en el año 1883 la erupción del volcán Krakatoa, en Indonesia –a la sazón colonia holandesa– produjo un maremoto con tremendas olas de 40 metros de altura que provocaron la muerte de 40.000 habitantes, un diario en Ámsterdam tituló la noticia: “Desastre en lejanas tierras. Mueren ocho holandeses y algunos lugareños”. ¡Qué racismo!, podríamos decir hoy escandalizados. Lo cierto es que la historia no ha cambiado mucho 130 años después.
Ya estamos tan habituados a Hollywood y montajes hollywoodenses, que vemos el mundo en términos de “buenos” y “malos”, de “muchachitos” justicieros (siempre blancos, defensores de la “democracia y el estilo de vida occidental y cristiano”, “triunfadores” por antonomasia) que castigan a “bandidos” (los cuales, casualmente, son siempre indios, negros, y desde hace un tiempo musulmanes). Tanto se nos metieron estos esquemas en la cabeza –¡nos los han metido!, habría que aclarar– que interpretamos todo lo que pasa a nuestro alrededor según esa clave. Para el caso, remedando aquel racismo de la tragedia del volcán Krakatoa, los recientes hechos de París nos lo dejan ver de un modo vergonzoso.

De ningún modo se puede aplaudir la muerte violenta de nadie, la de los caricaturistas, la del policía rematado en el piso, la de tanta gente que muere a diario por causas prevenibles. Pero levantar estas repulsas universales tan ¿hollywoodenses? por los muertos franceses –tan respetables como cualquiera, por supuesto– como mínimo abre ciertas sospechas.
Ya se escribió hasta la saciedad sobre el ataque al semanario francés Charlie Hebdo. Un texto más sobre el asunto seguramente no aporta nada nuevo (por el contrario: más bien puede contribuir a aumentar ese hartazgo). Pero casi como un acto de militancia me pareció necesario –aunque sea tardío– decir ¡basta! a tanta manipulación mediática.
Este manipulado proceder, que ya se nos hizo tan habitual, de dividir maniqueamente el mundo entre buenos y malos, impide entender la complejidad de los procesos en juego, obnubila la mirada crítica sobre la realidad. En otros términos: estupidiza.
Hollywood y toda la parafernalia comunicacional que sigue esa línea (que es muy buena parte de lo que consumimos a diario como “información”) nos ha anestesiado, convirtiéndonos en máquinas tragadoras de imágenes prediseñadas. Desde hace aproximadamente más de dos décadas toda esa industria mediática ha venido haciendo del mundo musulmán un enemigo público de la “racionalidad” occidental. El asunto no es azaroso. Unos años después de iniciada esa campaña de preparación, un catedrático estadounidense –Samuel Huntington–, no sin cierto aire pomposo nos alertó del “choque de civilizaciones” que se está viviendo.
Ahora bien: lo curioso es que ese “monstruoso” enemigo que acecha a Occidente, ese impreciso y siempre mal definido “fundamentalismo islámico” que pareciera ser una nueva plaga bíblica, siempre listos para devorarnos, debe ser abordado antes que nos ataque. De ahí que nace la estrategia de guerras preventivas. Dicho de otro modo: “le hacemos la guerra nosotros (los buenos) antes que ellos (los malos) nos la hagan”. El esquema es simple, demasiado simple. Más aún: atrozmente simple, puesto que se repite el modelo de las películas hollywoodenses: soldados occidentales “buenos” castigando a los musulmanes “malos”.
Pero lo más curioso –¡y atroz!– es que justamente los países de donde proviene esa supuesta amenaza… tienen sus subsuelos cargados de petróleo. Curiosa coincidencia, ¿verdad?
Como los medios audiovisuales cada vez más deciden nuestras vidas, nuestra forma de pensar, las ideas que nos hacemos del mundo, el bombardeo de estos días nos mostró a tres “fundamentalistas musulmanes” (los hermanos Kouachi y Mohammed Mehra) cometiendo “actos atroces” (tan atroces como comete cualquier soldado occidental, blanco y educado, cuando masacra musulmanes, negros o indios en algún “remoto rincón del mundo”, según dijera en alguna oportunidad del presidente de Estados Unidos que empezó con lo de las guerras preventivas).
Pero ya que estamos hablando de curiosidades, valga decir, citando al diario estadounidense “McClatchy” que esos “asesinos” fueron reclutados en su momento por el francés David Drugeon, miembro de los servicios de inteligencia del país galo, y ligado al grupo Al Qaeda. ¿Otra curiosidad? Por supuesto, el gobierno francés lo negó. ¿Algo así como Osama bin Laden, el peor “malo” de la película inventado por la CIA?
No pretendemos con este breve texto desarrollar una exhaustiva investigación sobre al asunto. Mucho menos, denunciar abiertamente que ahí hubo un execrable montaje, en relación al cual podríamos aportar pruebas convincentes. Quizá alguien ya se encargará de hacer, así como se hizo con las Torres Gemelas de New York. Pero como de manipulación de sentimientos se trata (¿guerra de cuarta generación la llamaron?), ese odio que se ha intentado crear contra el Islam… ¡no me lo como!
Si es cierto que todos somos Charlie (como el hebdomadario), también todos somos los miles y miles de niños muertos por las bombas asesinas de la OTAN y las potencias occidentales, con Washington a la cabeza, en los más de 20 frentes de guerra abiertos en el mundo ¿para defender la democracia? Y también todos somos los diez mil niños muertos diariamente por hambre, y todos somos los miles de damnificados por las inmorales deudas externas de los países que pagan a los acreedores del Consenso de Washington, y todos somos los que viven en favelas, y todos somos los que mueren de diarrea por no tener acceso a agua potable. Ninguna de esas víctimas se merecía morir, como seguramente tampoco lo merecían los 12 asesinados de la revista parisina. ¿O acaso alguien se lo merece? ¿Tal vez esos “malos de la película” retenidos en Abu Ghraib, o en Guantánamo? ¿Tal vez sí lo merecían los 108.000 desaparecidos de las guerras sucias en América Latina?
Como dijo Thierry Meyssan: “No es en El Cairo, en Riad ni en Kabul donde se predica el «choque de civilizaciones» sino en Washington y en Tel Aviv”. El petróleo robado por las compañías occidentales lo deja ver. Y si no se ve clarito, es porque este oro es demasiado… negro. Texto: Marcelo Colussi. Ver: Charlie Hebdo, medios y periodistas.

7 feb 2015

Hablando de democracia (Parte II de II)

¿No es que los movimientos económicos los regula el mercado? Si es así, son muchas las preguntas que se abren y quedan sin respuesta: ¿quién y cómo decide los flujos de oferta y demanda, los porcentajes de desocupación que hay, la acumulación de riqueza y la multiplicación de la pobreza? Si es el mercado ¿qué decidimos con la rutina electoral de cada cierto tiempo? ¿Quién ha salido de la pobreza asistiendo puntual a los comicios? ¿Quién decide las políticas de las grandes corporaciones mundiales que fijan la marcha económica de la población planetaria? ¿Alguien votó por ello? ¿Quién decidió, a través de qué proceso de elección popular se estableció que todos tenemos que consumir, por ejemplo, un refresco como Coca-Cola y no otro, agua potable o un refresco local hecho con hierbas naturales? ¿Hubo algún plebiscito, referéndum o proceso eleccionario para decidir las políticas comunicacionales de los grandes monopolios de la información, aquellos que moldean nuestro punto de vista día a día, minuto a minuto, los que imponen lo que se debe pensar y lo que no? ¿Se consultó a la población planetaria para formar un infame Consejo de Seguridad en el seno de la Organización de Naciones Unidas con derecho a veto formado sólo por cinco Estados? ¿Por medio de qué elecciones populares se deciden las guerras? ¿Hubo alguna consulta democrática para decidir la catástrofe medioambiental que produjo la voracidad del gran capital? ¿Algún ciudadano del mundo votó para terminar con los bosques, con la capa de ozono, para secar fuentes de agua dulce? ¿Quién eligió, y por medio de qué mecanismo, lo que tenemos que consumir para divertirnos? –léase: películas de Hollywood o videojuegos, cada vez más extendidos… ¡y violentos!–. ¿Quién es el que decide sobre quién puede tener armas nucleares y quién no: la gente con su voto? Y todos los llamados “grupos vulnerables” (minorías étnicas, discapacitados, homosexuales, seropositivos, niñez en riesgo, discriminados por el motivo que sea) ¿qué participación real tienen en el ejercicio del poder? ¿Algún negro eligió democráticamente ser pobre? ¿Alguna mujer decidió ser condenada a trabajar más que un varón y a ganar menos?
Es decir, si se profundiza la estructura íntima de los sistemas políticos, siguen surgiendo las preguntas: ¿a quién representan los representantes del pueblo en las democracias formales? Los políticos profesionales de las democracias parlamentarias, ¿representan a los pobres, a los excluidos, a las mujeres hechas a un lado, a los indigentes, a los desesperados de toda laya que pueblan la Tierra? ¿Por qué hay tan pocas mujeres, o indígenas, e negros en los cargos electivos de cualquier país?
Las decisiones que marcan el destino del mundo –la economía, la guerra, los modelos culturales dominantes– jamás se toman democráticamente. Luego de decididas por unos pocos –la citada observación de Valéry es más que oportuna entonces– se busca “evitar que la gente tome parte en los asuntos que le conciernen” pero haciendo creer que participa, que decide. En buena medida, hasta ahora eso es la política. Tal como dijo alguna vez el escritor argentino Jorge Luis Borges: al menos hasta ahora, tal como la conocemos, “la democracia es una ficción estadística”.
Ahora bien: esto abre una serie de reflexiones que es muy importante desarrollar.
La idea respecto a que “la masa es estúpida y no piensa” es, como mínimo, muy sencilla. Sin dudas, tal como se ha venido dando la organización de todas las sociedades de clases, la minoría en el poder supo manipular a las grandes masas. Pero eso no significa que la gente sea intrínsecamente tonta; menos aún, que merezca ser tratada como tonta. No hay ninguna duda –la historia y la experiencia lo enseñan– que la psicología de las masas presenta características peculiares que no pueden entenderse desde el punto de vista de lo individual. Puestos en masas, transformados en hombre-masa, todos desaparecemos como sujeto para constituirnos en un colectivo y seguir la corriente; y es cierto que, en tanto colectivo, en tanto grupo indiferenciado, no hay razonamiento crítico. Pero esto no invalida la posibilidad de reflexión, y mucho menos, no autoriza a la manipulación de la masa. ¿En nombre de qué, con qué derecho una elite puede manipular a una gran mayoría? No se puede ser tan superficial, tan falto de rigor científico y decir que “a la gente le gusta eso” Más que superficial, eso escamotea la verdad –por no decir que es totalmente cuestionable en términos éticos–.
Como formulación de ciencia social explicar algo en función de una presunta “estupidez” connatural es restringido: la gente podrá ser “tonta” (ahí está Homer Simpson como su ícono), pero hay límites a la tontera. Si fuéramos tan tontos y prefiriésemos “naturalmente” nuestra condición de esclavos, seguiríamos bajo el látigo del amo esclavista. ¡Pero hay Espartacos! Por todos lados en la historia han surgido Espartacos, y siguen surgiendo. Y cada vez más las poblaciones (esas masas manipulables a las que se intenta conformar con el pan y circo –ayer gladiadores, hoy Hollywood, fútbol y telenovelas–), cada vez más van abriendo los ojos, despertando, exigiendo derechos, dando saltos hacia delante, aunque también sigan consumiendo los que se les ordena y pensando lo que las usinas mediáticas informan. Cada vez más la historia nos muestra poblaciones que se rebelan y protestan, alzan la voz, participan en su vida política.
La democracia formal, la democracia representativa de los parlamentos modernos con su división de tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), no termina de ser en su plenitud el gobierno del pueblo. En realidad, más allá de la declamación formal, resta mucho para ser verdaderamente un ejercicio de poder horizontal de todos, una democracia deliberativa.
El mejoramiento de las condiciones económico-sociales es un factor de gran importancia para el progreso de las sociedades; pero eso no es todo: la población tiene que tomar parte activa en los asuntos que le conciernen, involucrarse, sentir que la toma de decisiones le es algo propio. La equidad, la justicia, la democracia definitiva, es el avance en todos los aspectos: los económicos y también los políticos.
La democracia, si se queda sólo en lo formal, es vacía, no es democracia. Es el gobierno de los grandes grupos económicos secundados por los políticos de profesión y por todo el andamiaje cultural y militar que permite seguir con la misma estructura, dándose el lujo incluso de jugar a la participación de la gente en las decisiones. Pero la gente no decide. La población, la gran masa, es consumidora (hay que atenderla bien para que siga comprando), o electorado (hay que atenderlo bien para que me sigan votando).
O también puede ser televidente, y ya es sabido lo que ello implica: ¿decide algún usuario de los medios masivos de comunicación, más allá de cuestionables programas “participativos” (¡los reality shows!, por ejemplo), decide algo de lo que consume? Si ese ciudadano consumidor que vota cada tantos años protesta demasiado… es considerado un “subversivo”; entonces ahí están los aparatos de control. Pero nunca participa en las decisiones básicas de su vida, aunque viva en democracias formales donde nunca hay golpes de Estado.
Es real que en algunos lugares del planeta esas democracias representativas dan resultado, pues ahí nadie pasa hambre y tiene cuotas más o menos altas de beneficios. Pero para mantener esas “democracias occidentales”, el 80 % de la población mundial pasa grandes sufrimientos. O democracia para todos, o si no hay algo que no funciona. No puede haber democracia sólo para un 20 %; eso no es poder para todos. La misma idea de democracia incluye a la totalidad, no sólo a fragmentos, a sectores.
El sistema político democrático, para ser tal, debe incluir realmente a la totalidad de la población en la toma de decisiones: democracia deliberativa, democracia participativa. Si no, no termina de ser genuinamente el “gobierno del pueblo”. Sin la participación ciudadana genuina no hay ciudadanía; hay actos eleccionarios cada cierto tiempo, pero no democracia. Texto: Marcelo Colussi. (Parte II de II). Ver: 'Parte I'.

6 feb 2015

Hablando de democracia (Parte I de II)

Si estudiamos las formas de organización política que ha tomado cualquiera de las sociedades donde encontramos grupos sociales enfrentados, lo que también se conoce como “clases sociales”, desde que existe registro histórico de ello (a partir de las sociedades agrarias sedentarias en adelante, hace unos diez mil años), vemos que siempre es una pequeña élite la que guía los destinos del colectivo. Fuera de una organización social de iguales, de pares donde todos los miembros de la comunidad serían iguales, el estudio de toda forma de estructura social que encontramos a través de la historia nos confronta con dirigentes y dirigidos. Y siempre, invariablemente, los primeros son una minoría, y los segundos una amplia mayoría.
Democracia activa
¿Cómo ha sido posible, y sigue siéndolo, que unos pocos sojuzguen a una mayoría? Apelar a una explicación biologista con reminiscencias de Darwin donde “los más aptos” se impondrían, lleva implícita una valoración cuestionable: ¿podría la historia explicarse sólo por la idea de “triunfadores” (los mejores, los más aptos) versus “perdedores” (los más débiles, los menos aptos). Si nos quedáramos con esa pretendida explicación, se estaría avalando la idea de “superiores” e “inferiores” (Pero, ¿acaso hay ciudadanos “mejores” y "peores" entonces?).
¿Estamos ante la necesidad de un conductor, de un gran padre todopoderoso que conduce a la masa? ¿Vericuetos de nuestra humana condición donde los más fuertes (los más osados, los más aprovechados) siempre se las ingenian para sojuzgar al colectivo? ¿Mediocridad de la masa? El debate está abierto, y por cierto es muy complejo.
Es evidente y totalmente constatable en la observación desapasionada de la historia de la humanidad que, al menos hasta ahora, en esta sangrienta dinámica de lucha de grupos enfrentados que ya lleva varios milenios, son siempre minorías las que ejercen el poder sobre grandes mayorías. Ante eso surgen inmediatamente las preguntas: ¿qué hay de la democracia, del “gobierno del pueblo”? ¿Es posible? ¿Cómo?
En el vocabulario político actual “democracia” es, sin lugar a dudas, la palabra más utilizada. En su nombre puede hacerse cualquier cosa (invadir un país, por ejemplo, o torturar, o mentir descaradamente, o llegar a dar un golpe de Estado); es un término elástico, engañoso en cierta forma. Pero lo que menos sucede, lo que más remotamente alejado de la realidad se da como experiencia constatable, es precisamente un ejercicio democrático, es decir: un genuino y verdadero “gobierno del pueblo”. Como vemos, entonces, esto de la democracia es algo muy complejo, complicado, enrevesado. Es, en otros términos, sinónimo de la reflexión sobre el poder y el ejercicio de la política. Para ser cautos no podríamos, en términos rigurosos, ponderarla como “lo bueno” sin más, contrapuesta –maniqueamente, por supuesto– a “lo malo”. Siendo prudentes en esta afirmación puede citarse a un erudito en estos estudios, Norberto Bobbio, que con objetividad dirá que “el problema de la democracia, de sus características y de su prestigio (o de la falta de prestigio) es, como se ve, tan antiguo como la propia reflexión sobre las cosas de la política, y ha sido repropuesto y reformulado en todas las épocas”.
Democracia formal
Es obvio que si democracia se opone a autoritarismo, la vida en regímenes dictatoriales torna la cotidianeidad mucho más dura. En ese sentido, sin ningún lugar a dudas vivir bajo una dictadura donde no existen garantías constitucionales mínimas, donde cualquiera puede ser secuestrado por las fuerzas de seguridad del Estado, torturado, asesinado con la más completa impunidad, es un atropello flagrante, un calvario. Las penurias económicas son terribles; pero por supuesto una dictadura antidemocrática es peor: morirse de hambre, aunque sea escandaloso, no es lo mismo que morir en una cárcel clandestina de una dictadura.
En ese sentido no está de más recordar una muy pormenorizada investigación desarrollada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el 2004 en países de América Latina donde se destacaba que el 54.7% de la población estudiada apoyaría de buen grado un gobierno dictatorial si eso le resolviera los problemas de índole económica. Aunque eso conllevó la consternación de más de algún politólogo, incluido el por ese entonces Secretario General de Naciones Unidas, el ghanés Kofi Annan (“la solución para sus problemas no radica en una vuelta al autoritarismo sino en una sólida y profundamente enraizada democracia”), ello debe abrir un debate genuino sobre el porqué la gente lo expresa así. Democracia formal sin soluciones económica no sirve; pero la inversa, si faltan las libertades civiles mínimas, tampoco es el camino.
Los primeros desarrollos del socialismo construido durante el siglo XX (Rusia, China, Cuba) comenzaron a intentar equilibrar las injusticias económicas; pero en cuanto al ejercicio del poder popular la cuestión sigue siendo una asignatura pendiente. Se avanzó en eso, sin dudas, al menos en la intención (la Revolución Cultural china, o los asambleas populares cubanas, son interesantes experiencias). Pero aún estamos lejos de poder indicar una democracia popular de base efectiva en el campo socialista. Por otro lado, con su involución hacia fines de siglo, la sobrevivencia de lo que no arrastró la marea de destrucción de todo ese campo (Cuba resistió y sigue de pie) se centró en eso: la supervivencia ("período especial" se dijo en la isla en los años '90), y el tema de la democracia de base, del poder popular no fue el principal punto de agenda. ¿Se puede hablar hoy de poder popular en China? ¿Qué quedó de la “dictadura del proletariado” en los países de Europa del Este?
En las democracias no socialistas, la pregunta en torno al verdadero y genuino “gobierno del pueblo” también sigue siendo una pregunta abierta. Desde el triunfo de las burguesías modernas sobre los regímenes feudales en Europa, o de la consolidación de las colonias americanas de Gran Bretaña como Estados Unidos de América con su empuje descomunal, la construcción del mundo moderno, de las “democracias industriales o democracias de libre mercado” –como suele llamárselas– sigue obedeciendo más que nada a una lógica donde unos pocos factores de poder (básicamente económico) son los que controlan; el gobierno de las mayorías, el verdadero y genuino poder de las mayorías, sigue siendo también una asignatura pendiente. Quien manda, fundamentalmente, es el mercado. No hay dudas que fue un paso adelante en relación con el absolutismo monárquico; pero de ahí a gobierno del pueblo dista una gran distancia.
Tal como agudamente lo destacó Paul Valéry: “la política es el arte de evitar que la gente tome parte en los asuntos que le conciernen”. Dicho en otros términos: los factores de poder no ceden nunca en su dominación, en su posición de sojuzgamiento del sojuzgado. La democracia que se construyó con la inauguración del mundo burgués moderno (donde Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña marcaron el rumbo) se asienta en la dominación de los grandes propietarios industriales. El pueblo gobierna sólo a través de sus representantes. Pero, ¿a quién representan los gobernantes? ¿Gobierna el pueblo?
En la forma de Estado democrático parlamentario moderno, el surgido hacia fines del siglo XVIII, se supone que los ciudadanos eligen a sus representantes por medio del voto, y cada cierto tiempo estos gobernantes son reemplazados por otros. La sociedad, entonces, se gobernaría a partir de la decisión de las grandes masas soberanas. Pero a decir verdad los verdaderos factores de poder nunca son elegidos por la población. Texto: Marcelo Colussi. Parte I de II. Ver: PARTE II

5 feb 2015

Charlie Hebdo: Hipocresía global

Tras el sangriento atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo en París, los medios de comunicación globalizados despliegan una campaña mediática bien organizada alabando la libertad de expresión, sin embargo, ellos no ignoran que este derecho universal es desde hace tiempo privilegio de una minoría poderosa.
En un reciente artículo, el periodista Renán Vega Cantor explica que en el mundo de la civilización occidental "dibujar contra los musulmanes es libertad de expresión mientras que dibujar sobre los judíos es antisemitismo inmediatamente censurado".

A la vez, la prensa globalizada cierra los ojos a lo que está pasando en los países alineados incondicionalmente con Occidente, esto a pesar de sus regímenes dictatoriales que muestran un completo irrespeto a los derechos humanos y en especial a la libertad de opinión, expresión y pensamiento. El caso del bloguero saudita Raif Badawi da escalofríos.
Él fue detenido el 2008 por apostasía o abandono de la religión. Cinco años después fue sentenciado a 600 latigazos y siete años de cárcel. Después de que su abogado y cuñado Waleed Abu al-Khair presentaran la apelación, la condena a Raif Badawi ha sido cambiada de siete a 10 años de cárcel, los latigazos aumentaron a mil y la multa que tiene que abonar es de 225.000 euros. Las autoridades judiciales tampoco se olvidaron del abogado Waleed Abu al-Khair y lo han sentenciado a 15 años de prisión por cargos de deslealtad al rey Abdulá, desacato a la autoridad y asociación ilícita.
Ante el silencio del mundo y los medios que se rasgan las vestiduras por el caso de Charlie Hebdo, Raif Badawi recibió 50 latigazos frente a la mezquita de Jafali. Según la sentencia, este castigo se aplicará una vez a la semana cada viernes durante 20 semanas. La culpa de este bloguero consiste en promocionar un foro virtual en forma de un debate político sobre la nueva ley antiterrorista. Esta ley incluye como acto terrorista "cualquier disturbio del orden público, perturbar la seguridad de la sociedad o poner en peligro la seguridad nacional".
Lo lamentable es que los medios de comunicación globalizados, que denuncian diariamente la "violación de los derechos humanos" en los países no alineados con los Estados Unidos y la Unión Europea, como Siria e Irán, no percibieron 1.000 latigazos como un desafío al derecho internacional.
Arabia Saudita ratificó la Convención Contra la Tortura y los latigazos son un método de tortura. De acuerdo al Artículo 20 de la Convención, el Comité Contra la Tortura tiene el derecho de hacer "ex oficio investigación" y puede condenar a Arabia Saudita. Sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) parece que no está apurada en presionar a las autoridades locales para detener esta práctica en el país. Lo mismo pasó con la Asociación de Derechos Políticos y Civiles Saudí (ACPRA) en el 2009 cuando las autoridades detuvieron y juzgaron a 11 activistas de los derechos humanos. Uno de ellos, Muhammed al-Qahtani es considerado por la revista norteamericana Foreign Policy como "uno de los 100 pensadores globales".
Por supuesto, Washington, Bruselas y la ONU simplemente ignoraron estos casos y nunca condenaron la práctica de decapitación, apedreamiento, fragelamiento, amputación etc. aplicados en Arabia Saudita. En 2013 fueron decapitadas 78 personas en un acto público y 87 el año pasado. Pero quién en los Estados Unidos o en la Unión Europea se atrevería a denunciar esta práctica saudita si este país constituye, junto con Israel, el pilar de la política exterior norteamericana en el Medio Oriente. Su tarea fue bien definida por Washington y consiste en destruir el "eje del mal shiita" en la región: Damasco-Beirut-Teherán. Por supuesto todo esto se está tratando de cumplir Arabia Saudita bajo el pretexto de "instaurar la democracia y libertad" en Siria, Líbano e Irán como igual lo hizo en Afganistán, Irak y Yemen.
Lo muhajidines, los talibanes, los de Al Qaeda y ahora los del Estado Islámico de Irak y Siria (EIIS) habían sido financiados y armados por Arabia Saudita y entrenados por Israel, Turquía, Estados Unidos y otros miembros de la OTAN. El rol de Arabia Saudita fue vital en el aumento de los grupos yihadistas de 28 (48.000 hombres armados) en 2007 a 49 en 2014, lo que supone unos 100.000 hombres armados llamados ahora terroristas pues antes los medios globalizados los llamaban "patriotas", "guerrilleros", "combatientes por la libertad". En diciembre de 2009, Hillary Clinton escribió en un cable que posteriormente fue divulgado por WikiLeaks que "Arabia Saudita era principal financista de Al Qaeda, Talibán y otros grupos terroristas".
Todos estos terroristas al servicio de Washington y Bruselas han matado millones de personas inocentes, han decapitado decenas de periodistas pero jamás han sido denunciados por la prensa globalizada pues ambos participan en lo que se llama "la guerra energética" para asegurar la hegemonía energética norteamericana. No hay que olvidar que la guerra en Afganistán, que se inició en octubre de 2001, tenía el propósito de asegurar la presencia de EE.UU. en la región vital para el transporte del petróleo y gas desde Asia Central a los mercados globales.
La guerra contra Irak (marzo 2003) estaba destinada lograr el control de Washington sobre las reservas del oro negro de Irak y las del Golfo Pérsico. La actual guerra contra Siria está orientada hacia el debilitamiento de Irán y el poder chiita en la región. Arabia Saudita es necesaria para asegurar los intereses de Washington financiando a los terroristas del EIIS contra los cuales están aparentemente luchando los norteamericanos y sus aliados de la OTAN.
Entonces, la supresión de la libertad de expresión y la violación flagrante de los derechos humanos en Arabia Saudita pasan desapercibidas en este contexto en el Occidente y ni siquiera interesan a las Naciones Unidas. Los manipuladores de la prensa globalizada vienen destruyendo desde hace más de cinco años la institución de los periodistas de investigación para hacer el contenido de la información, ofrecida al público mundial, más homogéneo y orientado hacia el proyecto de la globalización política. Como se sabe el proceso de la globalización económica ya está en su fase final y sus consecuencias se sienten en todos los rincones del mundo.
La globalización política requiere una cuidadosa y bien camuflada restricción de la libertad de expresión en el seno de los globalizadores. Precisamente de esto habla Noam Chomsky cuando declara que "la libertad de expresión en Francia es un engaño y un fraude". Lo mismo se repite en Gran Bretaña donde, según revelación de Edward Snowden, su agencia de seguridad nacional: Government Communications Headquarters (GCHQ) parecida a la NSA norteamericana puso en su lista de los terroristas, hackers y otras personas peligrosas para la seguridad nacional a los periodistas de investigación.
No perdonaron ni siquiera a los medios de comunicación que participan en el proceso de globalización política como Reuters, Washington Post, The New York Times, NBC, Le Mond, The Sun, El País y muchos otros. Todo esto significa el inicio de la etapa de depuración dentro del sistema de información de los mismos globalizadores. Frente a todo esto la libertad de expresión, pensamiento y opinión se convierte en un vacío juego de palabras. Hace más de un siglo, el escritor ruso Iván Turguénev (1818-1883) dijo pensativo que "cuando desaparezcan personas como Don Quijote, el libro de la historia cerrará su última página. No habrá más que leer en él". Texto: Vicky Peláez. Ver: Charlie H. y el fascismo