5 sept 2014

Relaciones de poder (I de II)

I – APUNTES

En el proceso de instauración del capitalismo, una de sus tareas primordiales fue “solucionar” la fragmentación político–territorial. La nueva organización necesitaba concentrar el poder político y garantizar la libertad económica. Así surgió el Estado moderno. Pero esta organización requirió diferentes tiempos y la necesidad de lograr, dentro del sistema interestatal, tanto la cohesión interna como el fortalecimiento militar frente a agresiones externas. De tal modo, unido a la noción de soberanía, el Estado tiene necesidad de devenir nación, de crear un pueblo con un destino trascendente. Los Estados nación soberanos europeos, por lo tanto, fueron los encargados en Occidente de realizar las transformaciones políticas, sociales y económicas de aquel continente. Debe darse a este surgimiento la importancia que requiere, ya que este Estado se constituiría en la piedra angular del nuevo modo de producción, instaurándose como garante del capital. Una nueva lógica había sido fundada. Fundada sobre dicotomías y ficciones que pasaron a regir los patrones del funcionamiento social. Se dejan señaladas: la ficción del contrato social, la separación del Estado y la sociedad civil, de la política y la economía, las ficciones de la libertad individual, del trabajador libre, y de la igualdad jurídica entre otras.
Que el naciente sistema se fuera organizando sobre ficciones no impidió que estas adquirieran legitimación y altos grados de eficacia, produciendo efectos comprobables tanto en los sujetos como en las relaciones sociales. El capitalismo necesitaba imponer racionalmente dichas ficciones como verdades, con el fin de encubrir el proceso histórico que le dio surgimiento. Denominamos a este mecanismo con el nombre de naturalización. En este sentido, puede decirse que no son pocas las relaciones entre ficción y creencia, dado que ninguna de las dos necesita ser demostrada como cierta para lograr eficacia, incluso a pesar de sus inconsistencias. La eficacia de estas ficciones queda demostrada en los actos de gobierno, que se apoyan indiscutidamente en ellas; pero también ocurre lo mismo en cualquier accionar social que, supuestamente, estaría por fuera de las relaciones de poder. El Estado–nación, autolegitimado y establecido como un superespacio legitimador que concentra el poder político y el monopolio del uso de la fuerza legítima, es un elemento indispensable en la producción de realidad y subjetividad, cuestiones que deben ser tenidas en cuenta para el análisis y la comprensión de los procesos histórico–sociales, políticos y económicos entre los que se encuentra el nazismo, tema que hoy nos ocupa.

Ahora bien, la consolidación de los Estados nacionales demandó diferentes tiempos y características, siendo Alemania uno de los últimos países en lograr la unificación política y la modernización social, a lo largo del siglo XIX. Entonces, la noción de nacionalsocialismo encuentra ya sus raíces en estas problemáticas, y se liga a las ideas que plantean la necesidad de consolidar a Alemania como un Estado nacional unificado. Las ideas tradicionales alemanas ya planteaban por aquel entonces no sólo la conformación de un imperio pangermánico que comprendiera a Austria y otros territorios de lengua alemana sino su reconocimiento como potencia hegemónica de Europa. Estas ideas estuvieron presentes en los movimientos anexionistas durante la Primera Guerra mundial unidas a la esperada consumación de aquel destino trascendente del pueblo alemán. La derrota de Alemania en 1918, con las tremendas consecuencias económicas y psicológicas, dio lugar a la fundación y ascenso del nacionalsocialismo, que adquirió una adhesión inusitada al dar cuerpo a la tradición histórica conservadora mencionada anteriormente. También hay que considerar como precursores, además del nacionalismo antieslavo y antisemítico de Austria y Bohemia, las imbricaciones religiosas unidas al concepto católico de la gran Alemania. Estas variables, sumadas al militarismo durante la Primera Guerra mundial, al fantasma del comunismo y al crack bursátil en octubre de 1929 –que “inauguró la “gran depresión”, abonaron el terreno para dar lugar a los acontecimientos de 1933. Es decir que Hitler no fue el creador del nacionalsocialismo, sino un líder con gran capacidad de manejo de las masas producido por la propia sociedad alemana, deseosa de encontrar “un orden” tranquilizador y conducente a la grandeza de Alemania. Hitler encarnó al nacionalsocialismo.

II – GUERRA

¿Por qué siguen existiendo las guerras? Probablemente surgirán muchas especulaciones y cada uno pensará en batallas históricas, en invasiones actuales con variadas fundamentaciones, en situaciones de las que está supuestamente “informado”. Con referencia a las guerras mundiales: la primera, desembocó en la consumación del autoritarismo mesiánico hitleriano; la segunda, marcó la caída del III Reich y el bombardeo de Estados Unidos a Japón con bombas nucleares, dando lugar a muchas otras explosiones en torno a la vida –generalmente revestidas de “progreso”, que vale la pena analizar. Y ahora quizás adquiera más sentido la larga introducción sobre las implicancias del Estado nación, que deberá ser tenida en consideración a lo largo de toda la exposición.
El siglo XX ha mostrado y confirmado, por si quedaban dudas al respecto, que el conocimiento–mercancía no hace buenos a los seres humanos. También ha demostrado que la producción de conocimientos entra ineludiblemente en conexiones complejas y difusas con el poder, y por ende con el capital. Claro que esto no fue una invención de la modernidad, pues ya en la civilización egipcia, por dar un ejemplo, quien sabía leer y escribir tenía un lugar social y políticamente destacado. Pero la fragmentación de los saberes, la súper especialización, y las revoluciones tecnológicas producidas en el siglo XX, no encuentran parangón con ningún otro tiempo histórico. Es que los acontecimientos adquirieron otra dimensión, otras velocidades, no sólo en sentido cuantitativo sino también cualitativo. Y la tecnificación del Estado y las guerras formaron parte de esos acontecimientos, al igual que la industria automotriz, la producción de energía nuclear y las telecomunicaciones entre otros. Se dirá que siempre hubo guerras. Es cierto. Pero una nueva característica de la modernidad es la tecnologización de la guerra: “Según Einstein, el desarrollo de la bomba atómica hizo necesaria la invención de la bomba informática, de la bomba de la información totalitaria.”
Ford, ese revolucionario del capital industrial creador de la producción y del consumo en masa, no dudó en producir y vender todo tipo de vehículos para la guerra –“negocios son negocios”, aunque tampoco ocultó su simpatía por Hitler bastante antes de 1933. Hitler declaró en 1931 a Detroit News: “Considero a Henry Ford como mi inspiración”. En 1939, las filiales alemanas de General Motors (Opel) y Ford suministraron un 70 por ciento de los vehículos y otro buen porcentaje de aviones vendidos en el mercado alemán para uso bélico. Ford y otros muchos estadounidenses no fueron los únicos “simpatizantes” no–alemanes del nazismo, una obviedad para Suiza y Austria, aunque también para Argentina y muchos otros. Estos elementos requieren ser tomados en consideración para comprender las múltiples dimensiones del fenómeno nazi.
¿Que por qué decimos esto aquí y ahora? Porque el nazismo se constituyó como corporización del nacionalsocialismo, en tanto que conglomerado de operaciones ideológicas y de tecnologías políticas, en tanto que movimiento ligado a la cultura de masas y potente máquina de guerra. El nacionalsocialismo no comenzó en el Tratado de Versalles (París, 1919) finalizada la Primera Guerra Mundial, ni finalizó luego de la Segunda. El nazismo fue un gran exponente del intento de resolución de una profunda crisis a la manera fundamentalista, con su componente mesiánico–religioso–conservador. Puso todo en juego, invadió territorios, se lanzó a la conquista del espacio vital, intentó arrasar con las diferencias en un proceso de unificación y simplificación de la realidad, se arrogó el poder sobre la vida y la muerte. Dicho esto, entonces, nos vamos aproximando a la razón de ser de las guerras: la ambición de poder, de superioridad y de dominación, que no puede ser desvinculada de la mortífera generación de capital obtenida de la producción y venta de armamentos cada vez más eficaces y sofisticados y que marcha, junto con el narcotráfico, a la cabeza de la tabla de las superganancias. En todos estos procesos intervienen conocimientos multidisciplinarios científicos y tecnológicos.

III – ECONOMÍA–POLÍTICA–PODER

Paralelamente al desarrollo de las fuerzas productivas, en el capitalismo las guerras adquirieron intensidades y cualidades inusitadas. Si bien en organizaciones socioeconómicas previas las luchas también estuvieron en relación con la obtención de riquezas, apropiación de recursos naturales, alimentarios y de mano de obra barata, con la multiplicación de la fuerza de trabajo gracias a la imposición de las nuevas relaciones de producción, (capitalistas –propietarios de los medios de producción y trabajadores –propietarios de su sola fuerza de trabajo) el hiperdesarrollo quedó garantizado por medios violentos. Porque este proceso no tuvo un ápice de pacifismo. No hay que olvidar que los campesinos del feudalismo fueron arrancados de las tierras comunales a sangre y fuego. Tres fueron sus opciones: la muerte, la marginalidad, o el ingreso a las fábricas. La invención del dinero como único medio de intercambio y su “indispensabilidad” para la satisfacción de las necesidades primarias, selló el surgimiento y reproducción del capital y, de tal manera, de la reproducción de las relaciones sociales del sistema.
Estas luchas desiguales lideradas por los países más desarrollados, también emplearon (y lo siguen haciendo) las nociones de patria, de raza, de supremacía del hombre blanco, del respeto a las fuerzas armadas, de obediencia, de muerte por la bandera, de producir invasiones en otros países para liberar a los pueblos del yugo dictatorial (noción aplicada predominantemente a pueblos no–occidentales), etc. Hace demasiado tiempo que se descubrió que la mejor manera de evitar las críticas de los ciudadanos a los gobernantes, es distraerlos inventando una guerra. Externalizar al enemigo, ese siniestro juego del poder. Por supuesto que en estos procesos las purgas internas de opositores son importantísimas, pero quedan opacadas por la batalla contra “lo extranjero”. Luego, la justificación de tales prácticas descansará en la argumentación que los sindica como “enemigos de la patria, de los valores occidentales y cristianos…”, y la lista podría extenderse largamente. Y aquí hace su entrada el lenguaje, que está en relación con las formas de transmitir, informar, consignar, legislar, juzgar…
Quizás lo inquietante del lenguaje se encuentre en su poder, o en cómo circulan en él las relaciones de poder. ¿Por qué los campos de prisioneros del nazismo son llamados “campos de concentración”, “campos de exterminio” o “fábricas de la muerte” –y nadie puede dudar de la monstruosidad de su existencia cierta, mientras que se admite que Guantánamo sea presentada como una “base” en un territorio extranjero ocupado por Estados Unidos, “albergando” a prisioneros sin haber sido juzgados, donde abiertamente se practica la tortura y todo tipo de violaciones de derechos? O ¿por qué el Muro de Berlín, fue denominado el “Muro de la vergüenza”, que sin duda lo fue, al igual que todo muro; y sin embargo se admite internacionalmente, mas  allá de críticas edulcoradas, la construcción del denominado “Muro Fronterizo” que los Estados Unidos está interponiendo con México; o la denominada “barrera” que Israel está interponiendo con Cisjordania –sobre el territorio cisjordano– violando las resoluciones de la ONU y a contramano de expresiones –que allí quedan– de muchos gobiernos y organizaciones? ¿Acaso las acciones israelíes no constituyen una conquista del espacio vital? Sin duda, mucho por revisar y con urgencia.
Como puede observarse, tenemos hasta el momento unos cuantos problemas graves. No se ve o no se quiere ver cómo las relaciones de poder, por las que circulan la ideología, la política, la economía y los conocimientos, habitan y capturan el lenguaje. El nazismo lo tenía muy claro cuando intervino desde el vamos sobre él: Cómo hablar y de qué hablar (reducción de la riqueza lingüística, cambios de sentido, abundancia de siglas y frases hechas, palabras clave, etc.). Estados Unidos nunca estuvo rezagado, de Europa habría que revisar si algún Estado queda excluido, tarea ardua, delicada y sutil como para ser abordada a la ligera. En América Latina, y particularmente en Argentina podríamos encontrar riquísimos ejemplos durante el siglo XX; por mencionar el más próximo en tiempo y espacio, específicamente en la década del 70, entorno de la última dictadura militar y a partir de ella.
Volviendo al nazismo, convengamos en que “devino un enemigo” de los Aliados cuando sus ambiciones invadieron o desbordaron el mapa de intereses del bloque occidental, en concordia con su ilimitado fundamentalismo mesiánico. El peligro se anunció cuando su lucha por la hegemonía del continente europeo se materializó. Aún así, las cosas no fueron tan límpidas ni las posiciones tan resueltas. Lo que se pone en evidencia es que la flexibilidad del capitalismo admite una interesante variedad de regímenes y variables políticas, como por ejemplo el fascismo, el nazismo, el estalinismo, las dominaciones coloniales, las monarquías constitucionales, las dictaduras africanas, americanas y asiáticas. Son denominados regímenes de excepción, pero en tanto que el Estado persiste, coinciden con el capitalismo y sus preceptos. El nazismo no alteró en absoluto las instituciones capitalistas, todo lo contrario, arrancó a los ejércitos con la religión cristiana, exacerbó la institucionalización de la guerra, de la obediencia y de la economía de mercado. El III Reich y las ambiciones imperialistas de otros países occidentales –en muchos casos consumadas, tienen demasiados elementos en común. Texto: Isabel Navarrete. Ver: 'Parte II'.

26 ago 2014

¿Casta o clase?

El grito más representativo en las plazas del movimiento del 15M era el de "no nos representan". Es evidente que era una exclamación de negación pero que no comportaba ninguna posición prepositiva. Podemos decir que era la expresión de una profunda indignación ante una realidad social profundamente decepcionante.
La aparición de Podemos como opción política en las elecciones europeas significa que una parte de gente procedente o no del movimiento 15M ha decidido pasar de una posición negativa de rechazo a una propuesta en positivo de acción política. En este sentido lo podemos considerar como un paso adelante.


No hay duda de que el éxito de Podemos ha sorprendido a la propia empresa, pero no podemos decir que sea un movimiento sin precedentes similares. Podríamos relacionarlo, a pesar de sus profundas diferencias políticas con fenómenos como el de Grillo en Italia, un movimiento que se basa en un fenómeno de capacidad comunicativa, en torno a una personalidad de referencia con carisma popular, caso de Grillo en Italia, o Pablo Iglesias en España, y que se presenta como una impugnación a la totalidad de una política hoy vista como degradada a los ojos de mucha gente. Son movimientos poco estructurados en su aparición y con planteamientos simples y fácilmente popularizables o incluso populistas. Se trata de ofrecer a la "gente" un enemigo simple e identificable, que en ambos casos llaman la "casta" refiriéndose a los políticos en general.
No quisiera equiparar ambos fenómenos, podemos decir que en el caso de Grillo es un movimiento profundamente antipolítico y populista, con algunas expresiones y actuaciones que se pueden denominar como antidemocráticas, y que en todo caso atacan la política en general sin ofrecer ningún tipo de alternativa.
Creo que en el caso de Podemos hay detrás gente con voluntad y preparación política que tratan de crear a partir de planteamientos que en algunos casos son claramente populistas algún tipo de alternativa todavía no suficientemente concretada.
La demostración más clara la podemos ver en su diferente adscripción en los grupos del Parlamento Europeo. Mientras los eurodiputados de Grillo se adscriben a los grupos más antieuropeos, Podemos se ha integrado en el grupo de la Izquierda Unitaria.
Hay que decir que el fenómeno de Podemos no ha sido único en Europa. En Italia ha surgido un movimiento claramente de izquierdas, que reivindica los viejos valores de la izquierda italiana y que bajo el nombre de "Otra Europa con Tsipras" logró recoger 250 mil firmas para presentarse, en poco más de dos meses de vida, consiguió 1.108.457 votos y cinco eurodiputados, los mismos que Podemos y que de entrada ya optaban por formar parte del Grupo de la Izquierda Unitaria. Es un fenómeno muy diferente formado por gente de reconocida trayectoria de izquierdas y que no utiliza los métodos ni el lenguaje populista y que se reivindica de la mejor tradición de la izquierda italiana, la de Gramsci y Berlinguer.
Una vez definido el campo de aparición habría que analizar algunos planteamientos de Podemos. El conflicto fundamental que plantea está entre una "casta" o élite política que tiene secuestrado el poder en beneficio de los poderes finaciero-empresariales. Una "casta" poco concretada, en general parece que referenciada a dirigentes presuntamente corruptos que vincula de forma transversal con el PP y PSOE, pero en la que por lo general identifica con una genérica "casta" política caduca.
Esta "casta" o élite política es la que hay que derrotar por parte de la "gente" en genérico a la que quiere representar Podemos. No se trata de un enfrentamiento de clases sino algo más transversal, interclasista entre la "gente" en general y la "élite" corrupta. En palabras de Pablo Iglesias: "Lo que hay que hacer es algo que va mucho más allá de la izquierda y la derecha: Tiene que ver con amar a tu gente".
El discurso de Podemos se puede calificar de discurso frente a la política. Y presenta la política y los políticos como el principal adversario a batir.
Podríamos decir, en términos marxistas, que el discurso de la gente de Podemos centra el problema principal en un conflicto dentro de la superestructura política, sin ir más allá ni entrar en el conflicto básico, el que se da a nivel de la estructura económica entre explotados y explotadores.
Podemos huye en su discurso del enfrentamiento entre clases típico de un planteamiento clásico entre izquierda y derecha, y por tanto no diferencia el hecho de que no todos los políticos ni todos los partidos son iguales y que no forman parte de una misma "casta" política.
Podemos quiere aparecer como algo nuevo, pero cuando plantea propuestas, éstas no se alejan mucho, e incluso se quedan cortas, de las que han planteado de forma reiterada pero sin eco mediático las fuerzas de la izquierda alternativa.
Porque el problema de nuestro país es un problema de clases. Es el problema de un capitalismo financiero-especulativo y concesional que está imbricado con aquellas fuerzas políticas que han dominado el panorama político del bipartidismo, es decir del PP y del PSOE, con el apéndice de CiU. La "casta" política que denuncia Podemos, no es más que el representante político de una clase social capitalista que como la española no es ni siquiera industrialista, sino como hemos dicho parasitaria que vive de la especulación y la concesión pública y que es la base de un sistema que respalda la corrupción.
Estamos ante un conflicto de clases que no se puede ni se debe ocultar. Contra un sistema económico y político que nos ha llevado a una crisis profunda económica, social, política e institucional, ante el que hay que levantar una gran alternativa social y política que conlleve un cambio de radical.
Por eso no se puede centrar únicamente en el problema de una "casta" política corrupta que vive holgadamente mientras la "gente" lo padece. Estamos ante un sistema económico propio de un capitalismo parasitario que hay que enfrentar planteando un cambio global. Y hay que distinguir, y eso sería bueno plantearlo, entre los miembros de la supuesta "casta" diferenciando entre los representantes ideológicos de este capitalismo parasitario como son el PP y CiU, y los que han claudicado como es el caso del PSOE . No es bueno poner a todos en el mismo saco, ni es justo. El PSOE que desde hace mucho aplica la misma política económica y fiscal que la derecha, que acepta las políticas económicas de la derecha representa un centro- izquierda social liberal que como mínimo tiene unas políticas con respecto a los derechos individuales diferentes de la derecha, y hay que entender que es una fuerza a la que una alternativa de izquierdas debe intentar arrastrar hacia posiciones de cambio si es posible y si tiene una mínima posibilidad de regeneración.
Habría que exigir a Podemos una mayor claridad de planteamiento y de propuestas. Y esto hoy pasa por que se defina. ¿Está de acuerdo en confluir en una alternativa plural y unitaria para un cambio democrático económico, político y social? O prefiere continuar un camino en solitario de quien se presenta como el depositario único de la limpieza del sistema de la "casta" sin aceptar el hecho de que aquí estamos ante una dominación de clase representada por el poder económico y el bipartidismo y que lo que hay es una continuación de la lucha entre explotadores y explotados, entre izquierda y derecha, que es la realidad profunda del conflicto social y político.
Podemos deberá elegir, y la realidad concreta le obligará a definirse más allá de proclamas o "slogans" publicitarios triunfadores. Texto: M. G. Biel. Recomendamos: 'Sobre Podemos'.

24 ago 2014

La estructura mafiosa de los poderes fácticos (III de III)

Una “coincidencia” más con The Boss

Algo aún más sorprendente es el poder que tenía Luciano, incluso desde la cárcel. Su impunidad terminó cuando las decenas de prostitutas, “madams” y proxenetas declararon en su contra y testificaron que, en efecto, The Boss les hacía pagar cuotas por todo y si no lo hacían podían incluso morir asesinados por sus matones. Eso llevó a Luciano, por primera vez a ser recluido en una prisión de “máxima seguridad” de Dannemora, en el estado de Nueva York. Su condena se fijó en un mínimo de 30 años y un máximo de 50. 


Sin embargo, para su, digamos, buena suerte, años después de que fue encerrado allí, estalló la Segunda Guerra Mundial. Debido a ella, comenzaron a ocurrir sucesos fuera del control de los militares estadounidenses. Uno de ellos fue que submarinos alemanes torpedeaban frecuentemente embarcaciones tanto civiles, como militares estadounidenses. Tan sólo durante los primeros cuatro meses de la guerra fueron hundidas 500 embarcaciones, sin contar las de los aliados. Incluso, fue torpedeado un crucero francés el Normandie, que fue incautado por Estados Unidos y que se acondicionó como embarcación auxiliar, bautizándose como Lafayette. Ese barco no estaba en alta mar, sino anclado en el muelle de río Hudson. Además, en junio de 1942, espías nazis llegaron a la localidad de Amagansett, en Long Island. Esos significaba que los nazis debían de tener alguna clase de ayuda de espías que operaban dentro de los Estados Unidos. No sólo espías, consideraron los militares, sino mafiosos o gente a quien no le importaba la “lealtad”, con tal de ganarse buen dinero. Esos submarinos, se especuló, debían de tener forma de abastecerse, tanto de combustible - no podían viajar desde Alemania sin recargar diesel -, así como de alimentos.


Por lo que se recurrió nada menos que a la mafia y, en especial, a The Boss, para contrarrestar esas traidoras operaciones, como fueron llamadas. Por tanto, la marina, con pleno consentimiento de altos mandos militares, navales, jueces, directores de prisión y “autoridades” involucradas, echó a andar la Operation Underworld (Operación Clandestina), que fue coordinada por un muy importante jefe naval, el teniente comandante Charles R. Haffenden, quien ya había prestado muy valiosos servicios de inteligencia durante la primera guerra mundial. Y tras muchas dilucidaciones, incluso, consultando a capos, todos llegaron a la conclusión de que el único que realmente podía ayudar era nada menos que Lucky Luciano, pues su palabra, era ley. Bastaba con afirmar que “El Jefe lo dijo”, para que en el bajo mundo las cosas se hicieran. Cuando se le planteó a Luciano, la única objeción que puso fue que su nombre no saliera a la luz pública, pues al ayudar a Estados Unidos, era como ayudar al enemigo de Italia, aliada con los nazis. Y si algún día regresaba allí, podrían “cocerlo a balazos”. “No quiero que ninguna palabra de este arreglo salga de aquí”, exigió.


No se explican los autores exactamente qué hizo, pues los archivos de la marina fueron borrados del mapa, pero especulan que Luciano echó a andar toda su red del bajo mundo y, de esa forma, se logró cortar toda la ayuda a los nazis. El resultado fue que durante todo lo que operó la Operación Clandestina, el tiempo que restó a la guerra, no volvió a haber un solo hundimiento de embarcaciones estadounidenses; así de efectiva fue la actuación de The Boss. La consecuencia de eso fue que, Thomas E. Dewey, entonces gobernador de Nueva York, concedió un “armisticio” a Luciano en 1945 por sus “servicios prestados durante la guerra”. Por cierto que Dewey fue quien logró poner tras las rejas a Luciano, por el caso de las extorsiones a prostitutas en 1936 (años atrás, la Coalición Nacional del Crimen había decidido deshacerse de Dewey, debido a que andaba “pisándoles los talones” en sus actividades clandestinas a varios de ellos, pero, irónicamente, a recomendación de Luciano de que entonces “nos echaríamos encima a todos los federales”, el asesinato nunca se llevó a cabo. Así que en eso, Luciano tuvo una epifanía, podría pensarse). Y, después de sólo nueve años de prisión, se deportó a Luciano a Italia en donde, al no haber cometido allí delito alguno, de acuerdo a las “leyes italianas”, se le dejó en libertad a los dos días. Esa acción “patriótica” de Luciano, está muy en consonancia con la muy influyente actividad de los narcotraficantes hoy día, pues muchos andan libres por la vida, operando como si nada, hasta que, quizá las circunstancias que los colocan en esa privilegiada posición, cambian. Por ejemplo, el famoso Chapo Guzmán, quien varias ocasiones anduvo a “un pelo” de ser atrapado y nunca caía, sino hasta hace poco. La pregunta obligada sería ¿por qué, de repente, sí cayó y no antes?, ¿sería que ya no eran necesarias sus actividades, ni para la mafia en el poder mexicana, ni para la mafia en el poder estadounidense?


No sólo eso, sino que algunos analistas apuntan la idea de que los narcos son una especie de guerra sucia estadounidense, destinada a crear una “insostenible” situación en el país en donde operen, con tal de que ello justifique una militarización en la que, incluso, Estados Unidos intervenga directamente, con fuerzas y asesores militares, tal como hizo en Colombia o se está haciendo aquí en México. Además, cuántas veces se ha sabido que capos “muy peligrosos” son amnistiados en Estados Unidos a cambio de que “cooperen”. Y si de mafiosos hablamos, aquí, Elba Esther Gordillo, la que fuera líder vitalicia del malhadado SNTE, también cayó, casi al poco tiempo que la mafia priista se hizo nuevamente del poder. Quizá también sus servicios ya no fueron “necesarios”, pues ya esa mafia estaba precisamente en el poder, con su guiñol EPN a la cabeza. Un capítulo también particularmente especial de El Jefe fue su estancia en Cuba, luego de su deportación a Europa. Como Luciano odiaba todo lo que fuera italiano, trató de cambiar su lugar de residencia. Eso fue en 1947. Y a Cuba iban todos sus, así llamados, lugartenientes (eso le molestaba mucho, pues, decía en su mal inglés y su acento siciliano, “no soy almirante, ni nada de eso, para que digan que tengo lugartenientes”). Le llevaban de todo, principalmente dinero, además que le informaban cómo iban los negocios en Estados Unidos, país que Luciano seguía considerando su tierra natal, a pesar de que nunca se naturalizó (“¡Para qué, si de todos modos me hubieran deportado!”, se quejó al ser entrevistado por Joesten, coautor del libro, de los contados periodistas a los que Luciano consintió en dar entrevistas).


Y vaya si hizo muy buenos negocios, pues durante su estancia en Cuba, además de que adquirió una lujosa propiedad, logró meter en control a California, estado que aún no estaba bajo control del Coalición. Quien se oponía férreamente a tal control era otro famoso gánster, Bugssy Siegel, pues alegaba que él y sólo él, había metido orden en California y que quería quedarse para sí las ganancias que esa operación le estaba dejando. Más bien, lo que le dejó, por órdenes directas, muy lamentables, de Luciano, fue la cabeza abierta de un certero balazo por uno de los matones de la Coalición. Hay que resaltar aquí que los crímenes atroces no son sólo la marca de los capos mexicanos (cuerpos destazados y quemados, por ejemplo). Ya los matones al servicio de Luciano, asesinaban a palazos y picahielazos a sus “enemigos”, sobre todo a los “soplones”, y luego, los desnudaban, los tiraban a un lote baldío, los saturaban de gasolina y les prendían fuego. Supongo que esas atrocidades han servido de inspiración en las actuales, brutales ejecuciones entre supuestos “narcos”. Y se ve muy claramente que Cuba, en ese entonces, además de estar a merced de lo que le ordenara Washington, era nido de hampones, muchos de los cuales hacían buenos negocios allí, controlando casinos, contrabandeando droga y haciéndose de lujosas propiedades, como el hotel Riviera, construido y operado por Meyer Lansky, también de la Coalición y gran amigo de Luciano (él lo iba a visitar cuando estaba en prisión y arregló lo de hablar con Luciano para que ayudara con lo de la Operación Clandestina). Quien haya visitado la Habana y se haya hospedado en el Riviera, estará de acuerdo en que, a pesar de los años, se ve aún muy imponente. Así de imponente era el poder de los capos en Cuba.


En cuanto a la influencia de Washington, es clara, pues se embargó todo tipo de medicamento a Cuba hasta que no se deshicieran de Luciano (la respuesta cubana fue un tardío bloqueo de azúcar a Estados Unidos, que no duró demasiado, pues prefirieron, en efecto, deshacerse de El Jefe). Sería oportuno señalar aquí que gracias a su revolución, Cuba se deshizo del control casi hegemónico que ejercía EU sobre la isla, además de que también se libró del club de capos, amigos de Luciano (por desgracia, no podemos dudar de que actualmente en Cuba no existan mafias, justo como todos aquéllos que constantemente exigen la “democratización” cubana). Finalmente, Feder y Joesten abordan la estancia de Luciano en Italia, en donde hizo de todo, desde vender ropa usada (la que adquiría ilegalmente, contrabandeada desde Estados Unidos por sus lugartenientes), hasta el más lucrativo negocio de la venta ilegal de heroína. En esos años, por cuestiones médicas, aún se permitía que laboratorios legales fabricaran heroína a partir de la goma de opio. Pero la cantidad permitida era de algunas decenas de kilogramos a cada nación que la procesaba. En Italia existían varios de tales laboratorios quienes legítimamente producían ese opiáceo, no más de 180 kilogramos anuales, hasta antes de 1952, que fue cuando se reguló aún más la producción. Pero, dado que desde siempre, Estados Unidos ha sido el demandante número uno de todo tipo de drogas, sean legales o no, Luciano construyó una muy enmarañada red de fabricación clandestina de heroína que implicó no sólo a los “respetables” laboratorios, tales como RAMSA, SAIPOM, SACI o Shiaparelli Laboratories, que eran, en ese entonces, las mayores “respetables” empresas farmacéuticas de Italia y que estuvieron directamente involucradas con la producción ilegal de heroína. Además, respetables científicos y profesores “eméritos”, también le entraban al negocio, muchos de ellos por simples amenazas de parte de El Jefe, de que si no cooperaban, sus cuerpos inermes iban a flotar cerca de la costa. De entre los mencionados figuran Egidio Calascibetta, prestigioso director de SAIPOM, pero, además, comendador, que era uno de los títulos más importantes que el rey, en los días de la monarquía, podía otorgar a alguna importante personalidad. Igualmente, Carlo Migliardi y Guglielmo Bonomo, ejecutivos de dichas empresas, además de “honorables” profesores universitarios, también eran parte de esa red armada por Luciano.


Y los métodos que empleaba El Jefe para contrabandear dicha droga eran ingeniosos, pues recurría a todo. Una frontera preferida era la yugoslava, poco vigilada. Camiones cargados con troncos, colocaban entre los buenos algunos huecos, que era en donde se transportaba la heroína (también, supongo, que en esos ingeniosos métodos, se han inspirado los modernos narcos). Embarcaciones de todo tipo también se empleaban, desde humildes lanchas de pescadores, hasta lujosos yates. Incluso, ¡hasta submarinos! Muchas de esas embarcaciones o submarinos eran adquiridos de los sobrantes del ejército estadounidense, de manera “irregular” y puestos a disposición de la Coalición (vaya con las coincidencias entre los narcos y la Coalición pues, en efecto, hasta de submarinos se han valido para contrabandear cocaína. Sin embargo, en Italia no se actuó contra Luciano hasta que, por órdenes directas de Washington, los carabinieri efectuaban redadas a las empresas involucradas y arrestaban a los “sospechosos”. Sin embargo, a pesar de las supuestas “exhaustivas” investigaciones, nunca se pudo ligar directamente a Luciano con ninguna de ellas y vivió siendo libre, como un ciudadano “respetable”. Ni siquiera el hecho de que a veces sus amigos le “regalaban” unos miles de dólares o un auto nuevo, como hizo una vez Pasqualle Mastranga, un comerciante de aceite de olivo y queso de Brooklyn, quien le “obsequió” $57,000 dólares más un Oldsmobile nuevo, verde (que todo mundo identificaba desde entonces, como perteneciente al Jefe). Se suponía que dinero introducido ilegalmente a Italia debía de pagar, como multa, cinco veces la suma. Luciano, tras supuestas pláticas con la prefectura, se “arregló” pagando sólo $4000 dólares de “multa”. El auto, que circulaba “ilegalmente” con placas de Nueva Jersey, tampoco fue problema, pues Luciano alegaba que en Italia se prohibía legalizar autos introducidos ilegalmente al país (en efecto, muchos autos estadounidenses circulaban en Italia, en ese entonces, sin registro ni placas italianas, pues no podían legalizarse). Fueron los dos “delitos” que le pudieron achacar a The Boss. Nada más.


Pero aquí también caben las comparaciones, pues vemos que desde entonces, EU se ha erigido en el “policía mundial”, metiendo las narices en todo y defendiendo no sólo sus intereses, sino los de corporaciones de dicho país, aunque las actividades de éstas sean cuestionables. Por ejemplo, cuando violó territorialmente a Pakistán, con tal de “capturar” a Osama Bin Laden, violando todo tipo de leyes y normas, tanto nacionales, como internacionales (ver la cinta Zero Dark Thirty, conocida aquí como “La noche más obscura” de Katherine Bigelow, que denuncia esa sucia operación paramilitar). Igual hizo con el señor King Dotcom, dueño de la extinta empresa Megaupload cuando hace poco más de dos años, bajo una orden del FBI, la policía neozelandesa irrumpió violentamente en la mansión de Dotcom, a quien acusó de apropiación ilegal de material intelectual protegido, además de piratería. Los lacayos policías neozelandeses ejecutaron la orden sin chistar nada y, ¡peor aún!, dirigidos personalmente por agentes del FBI! Sí, agentes del FBI operando en Nueva Zelanda. En otra ocasión, Rodolfo Rodríguez Cabrera, un cubano, fabricante por su cuenta de máquinas tragamonedas piratas, copiadas de la empresa International Game Technology, IGT, a quien aquél “admiraba”, fue aprehendido en Latvia, ex república soviética, en donde habitaba y operaba desde hacía algunos años su “pirata” empresa, muy feliz de estarse haciendo rico (el sueño de la mayoría dentro de esta sociedad materialista a ultranza). Para su desgracia, otra vez, bajo las órdenes de Washington, agentes del FBI, violando la extraterritorialidad de ese país, fueron, personalmente, a aprehenderlo. En este caso, EU defendió los derechos intelectuales de IGT, sin importar que esta empresa tenga como actividad la de crear ludópatas y quitarles su dinero y generar, con ello, un grave problema social.


Nada de sorprender lo que hace EU en otros países, pues en México no sólo agentes del FBI, sino de la DEA operan a sus anchas, empleando embajadas o consulados como sus cuarteles generales, dando, por ejemplo, los “pitazos” de en dónde se encuentra tal o cual narco. Incluso, la cacería - que eso es - de humildes ilegales en nuestro territorio, realizada por supuestas bandas criminales y policías corruptos son medidas dictadas “indirectamente” desde Estados Unidos pues México es también parte de su “seguridad territorial” (ver la interesante cinta “La jaula de oro”, en donde se muestran todas las terribles tribulaciones que los inmigrantes centroamericanos deben de padecer para alcanzar el ya inexistente American Dream). Y, como ya he mencionado, que se hayan hecho “coaliciones” para invadir en dos ocasiones a Irak, que más parecieron cárteles paramilitares que buscaron apoderarse del petróleo de ese país, comandadas por EU, recuerdan las mafiosas operaciones de Luciano y la Coalición Nacional del Crimen. Eso mismo sucedió en Libia, en donde Muamar Kadaffi fue depuesto y asesinado por absurdas acusaciones. Tras su derrocamiento, fue impuesto un “gobierno” títere, manejado por Estados Unidos, al que ha permitido que las petroleras de dicho país operen a sus anchas con las enormes reservas con las que cuenta Libia. Y es lo que está sucediendo en Siria, que Estados Unidos ha pretendido, a través de mercenarios, deponer a Bashar Asad. Eso sucede igualmente en Ucrania, en donde se ha provocado una guerra civil que más tiene que ver con los intereses energéticos de EU que con la “seguridad territorial” de Ucrania contra Rusia, como menciono antes.


También vemos la infame relación belicosa entre Estados Unidos e Israel. Washington nada objeta, ni protesta con la gradual invasión que Israel han hecho de legítimo territorio palestino, sobre el que construyen ilegales asentamientos judíos. Mucho menos durante las varias masacres que militares judíos han hecho contra los palestinos, asesinando a cientos de civiles inocentes, sean hombres, mujeres o niños¿Será, acaso, que Estados Unidos, muy inspirado por el Jefe y su Coalición, quiera convertirse en el moderno Lucky Luciano del mundo? Pareciera eso. Por último, Feder y Joesten apuntan un excelente párrafo que englobaría todo el poder al que pueden llegar las mafias, de todo tipo, hay que decirlo. Sobre cualquier duda que un ciudadano común tuviera en cuanto al poder de la mafia, que dijera, “¿Y qué, eso ni me afecta?”, aquellos señalan, muy correctamente, que “Bueno, si Lucky y Lepke (otro capo) no hubieran exigido tantos tributos a los bancos y a los fabricantes de ropa (a quienes también extorsionaban) y otra docena de industrias, el costo de vida de usted no sería tan alto como ahora es. Si Lucky y Costello, la mafia de Capone, los Jack Dragmas y Bugssy Siegels (más mafiosos) de California, los Adonises y Lansky y los Mafiosos Morados (más mafiosos), quienes trabajaban en Miami como un equipo no hubieran apilado tantas ganancias por apuestas y juego, no habrían podido corromper a sus autoridades elegidas o en funciones”. Y más adelante, irónicos, Feder y Joesten, agregan que “Pero las autoridades Antinarcóticos Federales, le harán creer a usted que si Lucky no hubiera erigido un imperio de tráfico de drogas en la mitad del planeta, miles de sus niños no estarían sufriendo de muerte lenta en este mismo instante”. Aquí, se hace la alusión a que muy buena parte del problema de la actuación casi a sus anchas de capos y bandas criminales, en ese entonces, y en la actualidad, es que tales actividades no se habrían desarrollado - y se seguirán desarrollando, hay que reafirmarlo - sin la corrupta complicidad, justamente, de las mafias en el poder. Y así sigue siendo, si sigue el narcotráfico, es porque, como menciono antes, es un excelente negocio tanto para narcos, como para las mafias en el poder. Si continúan las guerras, es excelente negocio tanto para los traficantes de armas, como para las “respetables” corporaciones que fabrican armasSi megamineras y petroleras siguen depredando recursos y destruyendo el medio ambiente en todo el planeta, es, también, por su tácito contubernio con las mafias en el poder. Si los alimentos se encarecen día a día y hay mil millones de pobres, pues así conviene a las mafiosas corporaciones agroalimentarias. Si aquí la mafia prianista está privatizando energéticos, imponiendo lesivas y regresivas leyes “laborales”, que pueden despedir a alguien con un mensaje de texto o aplicando “reformas educativas”, que no buscan más que crear dóciles autómatas-consumidores, que sólo trabajen mucho y no protesten, se debe a los arreglos gansteriles entre esos mafiosos y corporaciones y barones del dinero, igualmente mafiosos. Y si el capitalismo salvaje, con su estructura mafiosa, concentradora, empobrecedora, destructiva, depredadora… sigue (y seguirá por algún tiempo) operando, se debe a que a esos mafiosos, los modernos Lucianos, “legales” o no, de todo tipo, el uno por ciento, que nos controlan al 99% restante, así conviene. Texto: Adán Salgado Andrade. Ver: 'Parte I'  &  'Parte II'. 

23 ago 2014

La estructura mafiosa de los poderes fácticos (II de III)

El caso mexicano

Y si nos referimos ahora a México, la comparación con la corrupción “gubernamental” que ejercían los capos queda a la medida. De por sí, como menciono antes, ya los propios “gobiernos”, son, en sí mismos, simples mafias (por ello, ya no empleo la palabra “gobierno”, pues es, realmente, una disonancia lingüística). Aquí, es tan clara la relación entre la mafia en el poder, conformada por todas las agrupaciones “políticas”, y el llamado “crimen organizado” que está por demás pensar en lo contrario. Por ejemplo, se dice que Felipe Calderón tenía nexos con el cártel de Sinaloa, presidido por el Chapo Guzmán.


Más aún, la así llamada Familia Michoacana, asegura que hizo “donaciones” a la campaña del mismísimo Peña Nieto.
Peña Nieto, además, hay que decirlo, se impuso fraudulentamente a López Obrador, empleando tácticas tales como compra de votos, a cambio de despensas y tarjetas de Soriana. También se emplearon padrones adulterados, intimidaciones (a campesinos, se les amenazó con que si no votaban por el PRI, les quitaban todo tipo de ayuda) y todas las truculentas maquinaciones que esa mafia política desde siempre ha empleado. Pero, además, era vital para las mafias políticas y empresariales que la mafia priísta se hiciera con el poder, pues ya se traían entre manos todas las imposiciones que hemos estado aquí pasivamente presenciando y que, finalmente, sólo significan muy buenos negocios para todo ese conjunto de capos políticos y empresariales. Mencionaba en el capítulo primero que uno de los muy lucrativos negocios para los capos estadounidenses en los años 1930’s era comerciar ilícitamente con el alcohol, pues, al ser ilegal, las ganancias eran altísimas. Lo peor era que se producía más alcohol durante la prohibición, que en tiempos normales, digamos (ver la cinta Lawless, estelarizada por Gary Oldman, basada en hechos verídicos, sobre cómo era la forma en que mucha gente destilaba sus propias bebidas alcohólicas y cómo el “gobierno” corrupto de entonces, exigía una tajada de sus negocios, a cambio de permitirles seguir operando, de lo contrario, “aplicaba la ley”).

Pues aquí, de nuevo, la comparación con lo que sucede actualmente es más que vigente, porque si las drogas ilegales como la cocaína, la heroína, la marihuana (que ya es legal en países como Uruguay o en algunos estados de EU), se legalizaran, bajaría enormemente su precio, tanto, que quizá ya no sería el excelente negocio que es actualmente y que permite, no sólo que los narcos (modernos gánsteres), vivan en la opulencia por las ganancias obtenidas, sino que “respetables” banqueros también participen de tal riqueza al ser simples lava-dólares del narcotráfico. Por ejemplo, se calcula de que más de la mitad del dinero que deja el narcotráfico se lava, justamente por “honorables” instituciones de Wall Street. Y se estima que el narcotráfico es un negocio que está entre los 400,000 y 800,000 millones de dólares anuales, así que, no queda duda que deben de seguir siendo ilegales las drogas, muy a conveniencia, sobre todo, de Estados Unidos, beneficiado doblemente, tanto por el lavado de dólares, así como porque la llamada “guerra contra las drogas”, también le deja muy buenas ganancias.
Otro muy buen negocio que le daba excelentes dividendos a Luciano era el juego y las apuestas. Controlaba casinos, carreras de caballos, apuestas de poca monta (numbers trade, que eran como una suerte de loterías locales e ilegales, que se guiaban por las terminaciones de la lotería “legal”. Participaban obreros y gente de escasos recursos), máquinas tragamonedas… y así. También las peleas de boxeo eran muy lucrativas. En esta actividad, incluso, Luciano era dueño de boxeadores, muchas veces de ambos contendientes, con tal de no perder nada.
Y eso también se puede comparar con la actualidad, pues hasta en los llamados “eventos deportivos” hay muchas veces trampas y arreglos “por debajo del agua”, con tal de que gane tal o cual deportista o equipo, así como las apuestas que se hacen a su favor.
Particularmente sobre las apuestas, señalan los autores que “Cualquier empresa que pudiera hacerse con el dinero de los tontos, se convertía en un excelente negocio. Un reporte oficial reciente estima el ingreso, tan sólo de las máquinas tragamonedas en dos mil millones de dólares, de los cuales cuatrocientos millones son para pagar protección. Los records de Frank Erickson (un gánster de las apuestas de entonces), muestran que él tenía cuentas bancarias por treinta millones de dólares, tras haber operado doce años. Las cuentas bancarias de Dutch Schultz (otro gánster, quien operaba en el Harlem), ascendían a veinte millones de dólares”.
También los juegos y casinos, esos negocios para arrebatarles el dinero a los tontos, como bien se referían Feder y Joesten a ellos, siguen vigentes en todo el mundo, sin importar, además, el problema social que la ludopatía, el incontrolable deseo de seguir y seguir apostando, ocasiona, pues los ludópatas pierden frecuentemente todo su capital.


En algunos países, justo como EU (en dónde más), el juego es legal. Pero en otros, como aquí, en México, aunque no son “legales” del todo los “casinos”, se les tolera, claro, siempre y cuando los dueños paguen sus dádivas a la mafia en el poder en turno. Por ejemplo, los casinos que operaba Jorge Rojas Cardona, “tolerados” desde el mafioso calderonismo, fueron clausurados por la actual mafia priísta por no estar “regularizados”. Justo en conversación que tuve con un empleado de uno de los cerrados casinos, me comentó que la razón fue que tal empresario “no le quiso entrar con la cuota exigida por los priístas” y por eso le clausuraron sus 26 casas de apuestas. En contraste, casinos operados por una empresa española, como la empresa Codere (propiedad de la familia Martínez Sampedro) continúan operando como si nada. Dicha empresa tiene “permisos” para operar 65 centros de apuestas “remotas”, como Sports Books y Yak, Jakpot y Royal Yak. Además presume de poseer 94 salas de “entretenimiento” que en conjunto “representan 19751 terminales de juego”.
Con el ejemplo anterior, también podemos ver las complicidades mafiosas, entre los gánsteres que controlan a México y los mafiosos casinos españoles. No sólo eso, sino que decenas de empresas, también españolas, dominan buena parte de las actividades económicas del país, tales como Repsol o Iberdrola, que van avanzando en el domino de los sectores energético y eléctrico, en total contubernio con las sucesivas mafias en el poder, sean priístas o panistas, las únicas que hasta ahora han dominado a este saqueado país. Esto ha conllevado a una suerte de neoconquista española.


También Luciano le entró a la prostitución. En principio, lo dudó, pues consideraba que sólo los mafiosos más ruines y de poca monta podían explotar a una mujer, pero cuando sus negocios de apuestas comenzaron a ser golpeados por las “autoridades”, buscó una alternativa que le permitiera que no mermaran sus ingresos. Esa fue, justo, la prostitución. Y fue tan eficiente, que para 1935 no había una sola prostituta, ni un solo burdel, ni un solo proxeneta que operara por su cuenta, pues todos debían de pagar una “cuota semanal”. Y eran tan rígidos en sus extorsiones hacia los burdeles que, de no cumplir con los “pagos”, los pistoleros llegaban, destruían el local, golpeaban a propietaria y prostitutas y lo cerraban.
Eso, lo de la irrupción y destrucción de negocios de todo tipo, recordaría otro hecho que sucede en el país, como, por ejemplo, el de las bandas criminales que se presentan en muchos estados del país, como en el estado de México, en el municipio de Netzahualcóyotl, a “vender” protección, incluso con el contubernio de la policía local y comerciante que no lo haga se arriesga a que su local sea incendiado y a él lo maten.
En cuanto al control de la prostitución por Luciano, en toda esa cadena de extorsiones que se impuso, las prostitutas eran las más explotadas, pues de ganar, muchas de ellas, hasta cuatrocientos dólares por semana (trabajaban hasta doce horas diarias y tenían entre 20 y 30 clientes por día, a los que se les cobraba dos dólares por cabeza), pero, por tantas extorsiones y “pagos” - desde la dueña del burdel, la “cuota” de la mafia, comidas, alojamiento… -, apenas si les quedaban 50 dólares. Y las que vivían con algún “amante” estafador, debían de darle esos 50 dólares o eran golpeadas.
Actualmente, existen ejemplos recientes de explotación sexual por parte de “respetables funcionarios”, como el del proxeneta Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, que trabajaba como “dirigente” capitalino del PRI.
O el caso del así llamado “gober precioso”, quien consintió las actividades de una red de pederastia operada por Kamel Nacif. El “gober” sigue como si nada.


Y no sólo eso, sino que muchas de las sexoservidoras deben de pagar “cuotas” a corruptos policías con tal de seguir realizando su actividadAsí que el espíritu de Lucky Luciano también allí está más que presente. Quizá una de las aportaciones más importantes de Luciano sea la de haber organizado en la ya mencionada Coalición Nacional del Crimen a tanto mafioso que operaba por su cuenta. “Miren, no se trata de que me meta en sus negocios, nada de eso, sino que nos organicemos, que formemos un coalición, una organización para ayudarnos, para tomar decisiones. Así, si yo necesito ayuda de ustedes, me la piden, si ustedes me necesitan, con gusto les ayudo, y así, pero sus negocios son intocables, siguen igual y hasta pueden prosperar”, señalan Feder y Joesten que fue la manera en que Luciano les explicó cómo debían de organizarse en el futuro si deseaban sobrevivir, sobre todo porque los golpes por parte de las “autoridades” a sus negocios cada vez eran más frecuentes. Agregan en otro párrafo que “Dejemos que todos los jefes se sienten en un panel, una sociedad de Directores, para manejar las cosas. Ningún sacrificio tendría que hacer ninguno de los jefes, todos tendrían el mismo nivel de autoridad. La sociedad podría arbitrar las disputas internas, establecer políticas y gobernar en cualquier cosa que requiriera una negociación interna de todas las corporaciones mafiosas”.
Vaya, pues los mafiosos adoptando un organigrama empresarial. O ¿será lo contrario? Todas las empresas, justo cuando se desarrollan, llegan a una estructura similar, en donde el o los directores determinan las políticas a seguir de la compañía, sean legales o no. Incluso, toman decisiones muchas veces lesivas para la empresa y los accionistas, pero muy buenas para ellos. Tómese el caso de la empresa Enron, que por malos, mafiosos manejos de su director (CEO) Kenneth Lay, se fue a la ruina.
O lo que hizo Bernard Madoff, que llevó a perder sus capitales a miles de inversionistas. Se calcula que unos $68,000 millones de dólares fue la cantidad defraudada. Lo que hizo Madoff se considera como el mayor fraude financiero en la historia de EU. Claro, pues, finalmente, ese país se jacta de ser el que cuenta con las mayor actividad financiera mundial, o sea, que viven muchos estadounidenses del capital parásito, el que es capaz, incluso, de destruir las economías de países enteros, con tal de obtener altas ganancias. Esos “operadores financieros” son hasta considerados héroes (un muy buen ejemplo cinematográfico de uno de tales “héroes” es la cinta “El lobo de Wall Street”, dirigida por Martin Scorsese basada en la vida de Jordan Belfort, un tramposo corredor de bolsa que hizo su “riqueza” justamente con fraudes y trampas de todo tipo).

Incluso, podríamos hablar de cárteles petroleros, un oligopolio de empresas, sobre todo las angloestadounidenses (British Petroleum, Shell, Exxon), que se apoderan de las reservas de crudo de los países que les permiten hacerlo (como aquí la mafia priísta ya lo hizo) y que, además de rapiñarlas, destruyen el medio ambiente y acaban con la economía de tales países (justo como aquí ya sucede).
Hablando de las imposiciones energéticas que la prianmafia ha hecho ya, a todas luces se ve la relación gansteril que aquélla sostiene con las depredadoras petroleras, sobre todo anglosajonas, pues el permitir que exploten libremente ya el petróleo, sobre todo el de las llamadas “aguas profundas”, así como que se practique el peligroso y contaminante método del fracking para explotar gas natural de esquisto, muestra los enormes intereses que hay detrás de ello, no sólo por las abultadas ganancias que tales, mafiosas empresas generarán, sino porque el control de lo que nos queda de petróleo y otros energéticos es vital para la “seguridad energética” de EU y hasta de Europa. Justo detrás de la guerra civil en Ucrania, hay fuertes intereses estadounidenses por controlar el gas natural de dicho país. Como, supuestamente, EU ya aumentó considerablemente su producción de gas natural gracias al contaminante y destructivo fracking (lo cual no le importa), al “sancionar” a Rusia, sobre todo en sus exportaciones de ese importante energético, EU pretende quedarse con ese lucrativo mercado, del que Europa es la que más importa gas natural. Por ello tantas tensiones creadas en Ucrania, pues tienen, finalmente una mafiosa finalidad.
También la permisividad que se les está concediendo a las megaminas en nuestro país (y en todo el mundo), las que ya controlan, depredan y destruyen una cuarta parte de nuestro territorio, es evidencia de una complicidad mafiosaO tomemos a la mafiosa empresa Oceanografía S.A., que a pesar de evidencias de corrupción, fraudes y malos manejos, fue “rescatada” y podrá seguir operando.
Los ejemplos de empresas mafiosas operadas por directores o accionistas igualmente mafiosos, siguen (aquí, las mafias telecomunicacionales de Televisa, TV Azteca y el emporio Slim, deberían, en todo caso, seguir el modelo Luciano, con tal de que sus “batallas legales” llegaran a buen arreglo). Así que cabría preguntar, ¿quién le copió a quién las mafiosas prácticas empresariales?
Sobre su vida personal, Luciano era un tanto reservado. No gustaba de beber, contrario a lo que pudiera pensarse, comía y vestía muy bien, como ya se ha mencionado, y, en su vida amorosa, gustaba de relacionarse, sobre todo, con algunas “coristas”, no tan famosas. Eso sí, nunca fue particularmente fiel a nadie.
Y llegamos a otra coincidencia con mafiosos que dicen llamarse “presidentes”. Por ejemplo, los amoríos de Bill Clinton con Mónica Lewinsky. O Nicolas Sarkozy, casado por segunda vez con una famosa modelo y cantante, Carla Bruni. Más recientemente, el muy famoso ex gobernator, el señor Arnold Swachssenger, a quien su esposa, María Shriver (nieta de John F. Kennedy), le pidiera el divorcio porque aquel le fue infiel con una de las trabajadoras domésticas, la señora M. Patricia Baena, con quien tuvo un hijo hace quince años. Y no vamos lejos, los amores de EPN ya hasta merecieron un libro, lo que da cuenta no sólo de lo mafiosos, sino lo frívolos que son los capos que nos controlan. Texto: A. S. Andrade. Pronto: 3ª y última parte. Ver también: Parte I  &  Parte III

21 ago 2014

La estructura mafiosa de los poderes fácticos (I de III)

En 1954, los periodistas estadounidenses Sid Feder y Joachim Joesten publicaron el libro “The Luciano Story” (La historia de Luciano). Esta obra fue la secuela de otro también muy exitoso libro “Murder Inc.” (Crimen S.A, escrito por Feder y Burton Turkus), en donde los autores analizaban la forma en que la mafia operaba en los Estados Unidos, la cual estaba tan bien estructurada, que hasta formó una organización que dichos autores dieron en llamar, irónicamente, la Coalición Nacional del Crimen (National Crime Syndicate) o La comisión, como los capos la bautizaron. Uno de los directores que, justamente, dio pie para la organización de la criminal “coalición”, fue Lucky Luciano, quien pasara a la historia como uno de los gánsteres que desafió a las leyes estadounidenses en muchos rubros, siendo muy difícil su captura, pues siempre la “falta de pruebas” que lo ligaran directamente con sus ilegales actividades, eran la causa de que, durante treinta años, se condujera como un hombre libre por las calles neoyorquinas.


Precisamente su figura llegó a ser tan importante por el control que ejerció dentro del mundo de la criminalidad, ilegales negocios, extorsiones, prostitución… que por ello, Feder y Joesten decidieron escribir una especie de biografía de Luciano, enfatizando su vida como capo, más que la que llevó como un “hombre común”, que no lo fue, como veremos (el libro que analizo es de 1956, publicado por la editorial Popular Library de Nueva York).
Particularmente es interesante el análisis que se hace en el libro de la figura de Luciano, pues muchas de sus tácticas y actividades mafiosas tienen tanta actualidad que, al leer sus páginas, no deja de sorprender la similitud con que los actuales poderes fácticos económico y político, no sólo nacionales, sino planetarios, se conducen, muy al estilo de la Coalición Nacional del Crimen. En nuestros días, los llamados “gobiernos”, no son más que mafias que concentran el poder y que junto con los, igualmente mafiosos, barones del dinero y corporaciones, imponen medidas lesivas para los ciudadanos de un país, pero que son altamente lucrativas para sus intereses y sus mezquinos negocios. No les importa dañar a personas o medio ambiente, con tal de satisfacer a sus anchas sus egoístas pretensiones.

Justo como, en su momento, hiciera Luciano.

Los orígenes de quien sus socios criminales llamaban, con toda razón, “El Jefe” (The Boss), son increíbles. Luciano, nació en 1897 en Italia, en Sicilia, entre montañosa orografía, en la que pululaban la miseria y los bandidos. Ya el capitalismo salvaje y su historia de estragos, tenían sumida en el desempleo y la pobreza (como siempre ha sido), a tres cuartas partes de la población europea (y así sigue estando, no sólo Europa, sino todo el planeta, más ahora, en medio de otra profunda crisis). Italianos, franceses, ingleses, polacos, austriacos… y muchas otras nacionalidades, veían la migración a los Estados Unidos como su única salvación y hacia dicho país se iban, en la búsqueda de una vida mejor, en lugar de la tristeza y sufrimientos que dejaban en su tierra natal. El padre de Luciano, Antonio, un sobreexplotado minero de azufre, decidió hurgar mejor suerte en la tierra prometida. Reunió los ahorros de toda su vida y, cuando Luciano tenía nueve años, a principios de 1907, desembarcaron en Nueva York.


Estados Unidos (EU) atraía no sólo a europeos, sino a muchos otros inmigrantes de todo el mundo, pues debido a su notable crecimiento industrial, había ido desplazando a las industrias locales de otros países, como Inglaterra, por ejemplo, lo que había ido debilitando sus respectivas economías y por tal motivo, el ejército de pobres desempleados había crecido bastante y debido a eso se iban allá, a que el causante de sus problemas, les diera una vida mejor (justo, en estos momentos, el éxodo de centroamericanos y mexicanos, por ejemplo, a EU, debe de comprenderse como una consecuencia de la desindustrialización provocada por el capitalismo salvaje estadounidense, el cual, en su afán expansionista, ha acabado o mermado considerablemente a la industria y economía locales (Irónicamente, en la actualidad, EU también está en proceso de desindustrialización.
Sin embargo, no fue un lugar paradisiaco el que hallaron Luciano y su familia en Nueva York, sino una pocilga urbana, en donde en hacinadas vecindades verticales, familias de diez debían de acomodarse en cuartuchos que eran para cuatro personas originalmente y en donde bastaba asomarse a la “ventana” de tal ingente habitación para mirar el otro cuarto, ver a mujeres amamantando o a parejas copulando.
A pesar de su origen humilde, The Boss logró sortear cuanto obstáculo se interpuso en su criminal camino. Tuvo un muy breve intento de convertirse en respetable ciudadano, cuando entró a trabajar a una fábrica de sombreros, laborando diez horas diarias, seis días a la semana, ganando apenas siete dólares, pero cuando la primera vez que apostó, obtuvo en menos de dos horas 244 dólares, se olvidó de la respetabilidad e inició su carrera gansteril. Luego, a los 14 años, comenzó a distribuir droga para hampones locales. De allí, tuvo un obligado ingreso a la cárcel, que era vital para cualquier hampón que deseara, verdaderamente, graduarse como criminal de las grandes ligas. Y, así, siguiendo con sus “triunfos”, le fueron llegando distintos ilícitos giros. Uno de ellos, la llamada prohibición, una absurda medida para evitar la venta y distribución de bebidas alcohólicas (que se instituyó, entre 1920 y 1933, por los niveles tan altos de alcoholismo a los que se había llegado en EU) y que al volverse ilegales, constituyeron un excelente negocio para distintos grupos de capos, los que no sólo destilaban bebidas etílicas, sino que lo distribuían en cantinas y cabarets, obviamente que a precios mucho más elevados que si tanto alcohol hubiera sido legal. Justo lo que pasa ahora con las “guerra contra las drogas”, emprendida, principalmente, por EU, como veremos más adelante.


Así, Luciano llegó a acumular una fortuna para su tiempo, llegando a obtener ingresos calculados, conservadoramente hablando, entre 500 mil a un millón de dólares de entonces (entre seis y medio y trece millones en la actualidad) y, lo mejor, ¡sin pagar impuestos, a menos que fuera realmente necesario! The Boss se daba una vida de verdadero rey, viajando en lujosos autos, Cadillacs, sobre todo, viviendo en lujosas suites, en costosos hoteles o edificios ubicados en barrios de prestigio, vistiendo elegantes trajes de lana inglesa de 250 dólares cada uno y camisas de seda de 25 dólares, comiendo en caros restaurantes de comida italiana… ¡ah¡, porque, eso, sí, nunca renegó de su origen italiano y gustó, siempre que podía, de ingerir alimentos italianos.
Es aquí donde comienzan las coincidencias con The Boss y “prestigiosos” personajes de la actualidad (y no precisamente narcotraficantes), quienes se jactan de su “origen humilde o modesto” y alardean que, a pesar de ello, son magnates. Ahí estarían, por ejemplo, un George Soros, un Carlos Slim o un Chris Gardner (en cuya supuesta vida se inspiró la cinta “En busca de la felicidad”).


Y si, además, hablamos de los privilegios de los que gozan estos personajes y los negocios que los han hecho millonarios, es indudable la comparación con Luciano, sobre todo porque evadía impuestos y, en eso, decenas de empresas y de tales millonarios son expertos en hacerlo, pagando muy poco o nada, llegando al cinismo de que ¡se les debe de regresar impuestos.
Hablando de los “logros” de Luciano, Feder y Joesten son bastante agudos, pues presentan todos los ámbitos en los que se desenvolvió The Boss. Justo, uno de ellos, es la inmersión en la política que tuvo Luciano. Señalan aquéllos que “Tómese como un hecho que tanto demócratas, republicanos o independientes, todos eran infiltrados por el criminal inframundo”. Por ejemplo, en una elección “demócrata” local, en el neoyorquino distrito de Tammany, Luciano ejerció y tenía tanta influencia, que logró imponer a uno de sus amigos, Albert C. Marinelli, también de mafiosas actividades. El contendiente, Harry C. Perry fue amenazado por dos matones, quienes llegaron a su despacho días antes de la elección y colocaron sobre su escritorio dos sendas pistolas, amenazándolo con que “Usted tiene esposa e hijos, ¿no? ¿Le gustaría verlos flotando en el río, sólo porque usted quiere ganar? Pues recuerde que Marinelli debe de ganar, ok?”. Al día siguiente, Perry renunció.
Acerca de ello, Feder y Joesten señalan que “Más insidiosa que todo ha sido la corrupción gubernamental. En esto, la Mafia se especializó. Tan terrible y poderosa ha sido la malévola invasión que alcaldes, gobernadores y representantes nacionales han sido involucrados. Las pistas conducen justo a la Avenida Pensilvania, precisamente en la entrada del edificio blanco que se muestra como el símbolo de la Democracia”.
De hecho, fue gracias a una especie de cónclave gansteril, el cual se decidió por dar su apoyo a los candidatos demócratas por la presidencia, en 1932, Franklin D. Roosevelt y Al Smith, que el primero fue, finalmente, electo. Vaya si son agudos los tenaces periodistas en sus señalamientos, pues si eso sucedía entonces, en los años 1930’s, justo en la actualidad se sigue dando la influencia de “grupos de poder” (ahora, ya no les llaman mafias, pero actúan justamente como tales) durante las campañas “presidenciales”, quienes hacen “donativos” ya sea a demócratas o a republicanos, con tal de que sus mezquinos intereses sigan intactos, a pesar de las “leyes” existentes o las que estén por venir. Texto: Adán S. Andrade. Ver Parte II.


19 ago 2014

La deuda. ¿Que hacer?

Para analizar las posibles soluciones al problema de la deuda, hay que remitirse en primer lugar a los ejemplos de la historia, que demuestran que, sobre todo las grandes potencias, nunca o casi nunca han pagado sus deudas. Decía Keynes (Keynes, John Maynard, Defaults by foreing governments, 1924): “...los incumplimientos por gobiernos extranjeros de su deuda externa son tan numerosos y ciertamente tan cercanos a ser universales que es más fácil tratar sobre ellos nombrando a aquéllos que no han incurrido en incumplimiento, que aquéllos que lo han hecho. Además de aquellos países que incurrieron técnicamente en incumplimiento, existen algunos otros que pidieron prestado en el exterior en su propia moneda y permitieron que esa moneda se depreciara hasta menos de la mitad de su valor nominal y en algunos casos a una fracción infinitesimal. Entre los países que actuaron así cabe citar a Bélgica, Francia, Italia y Alemania”.
Galbraith (Galbraith, John Kenneth, Voyage dans le temps économique, ed. Seuil, cap. IV, 1995) cita varios ejemplos de deudas externas (sobre todo de los países llamados desarrollados) que nunca fueron pagadas.
Sergio Bitar, en el prólogo a un libro de Gonzalo Biggs ( Biggs, Gonzalo, La crisis de la deuda latinoamericana frente a los precedentes históricos. Grupo Editor Latinoamericano, Colección Estudios Internacionales, Buenos Aires, 1987) cita a Andrew Mellon, que fué Secretario del Tesoro de los Estados Unidos a fines de los años 1920, quien dijo: “La insistencia en el cumplimiento de un convenio que supere la capacidad de pago de una nación le serviría de justificación para negarse a cualquier arreglo. Nadie puede hacer lo imposible… quienes insisten en cláusulas imposibles están propiciando en última instancia el repudio completo de la deuda”. Esto lo decía Mellon para justificar la firma de 15 convenios para reprogramar las deudas de guerra de los países europeos con Estados Unidos. Pese a esta reprogramación, Alemania y otros países europeos suspendieron más adelante el pago de las deudas de guerra con Estados Unidos.
En su libro, Biggs cita numerosos precedentes históricos de países que no han pagado sus deudas externas, entre ellos los Estados Confederados del Sur después de la Guerra de Secesión. Dicha deuda fue anulada mediante la Enmienda XIV de la Constitución de los Estados Unidos, del 16 de junio de 1866, que dice : “…ni los Estados Unidos, ni ninguno de los Estados reconocerán o pagarán deuda u obligación alguna que se haya contraído para ayudar a una insurrección o rebelión contra los Estados Unidos…; estas deudas, obligaciones y reclamaciones serán consideradas ilegales y nulas”. (Biggs, págs. 101 y 102).
Dice Biggs que si los países latinoamericanos recibieran un trato similar al de Alemania y otros países europeos después de la primera guerra mundial (que finalmente no pagaron sus deudas) la deuda latinoamericana debería reducirse en más del 50 por ciento y prorrogar los plazos de vencimiento de la misma hasta después del año 2050 (Biggs, pág. 171). El profesor José Antonio Alonso, en un artículo publicado en el diario español “El País” del 17 de abril de 2001, después de indicar el elevado costo económico y social de la deuda de los países en desarrollo, señala que después de la Segunda Guerra Mundial se fijó como cuota máxima para el pago de la deuda alemana el 4,6% de sus exportaciones, con el objeto de “no dislocar la economía” y “no drenar indebidamente sus recursos”. Es decir que Alemania, después de haber provocado la hecatombe humana más grande de la historia, recibió mejor trato que el que reciben actualmente los países deudores pobres. Biggs dice que la experiencia histórica muestra que en todas las crisis financieras internacionales, los acreedores o sus gobiernos debieron asumir una parte importante de las pérdidas resultantes de sus préstamos o inversiones y que la única excepción a esta regla ha sido la latinoamericana (pág. 28). Podría agregarse que actualmente la excepción alcanza no sólo a los países latinoamericanos sino a todos los países deudores pobres.
Desde el punto de vista jurídico, se ha reconocido el derecho de un gobierno constitucional a desconocer las deudas contraídaspor un gobierno dictatorial anterior, con fundamento en la mala fe del acreedor (que prestó sabiendo el destino ajeno al interés público del préstamo) y en la falta de representatividad del deudor. El general Tinoco había asumido el poder mediante un golpe de Estado en Costa Rica en 1917 y su gobierno contrajo una deuda con el Royal Bank of Canada. Dicha deuda fue desconocida por el gobierno constitucional posterior. En 1923, el juez Taft de la Corte Suprema de los Estados Unidos, que actuó como juez-árbitro entre el Royal Bank y el Gobierno de Costa Rica, rechazó la demanda de reembolso de la deuda, con los fundamentos mencionados. Ya hemos visto que se contrajeron deudas simuladas y que durante largos periodos los intereses cobrados fueron usurarios, hechos que entran en la esfera delictiva . Además, los intereses no cobrados se incorporaron al capital adeudado, de manera que se devengaron intereses sobre los intereses (anatocismo), lo que está prohibido en las legislaciones de muchos países. Es decir que jurídicamente se puede considerar que la deuda es globalmente ilegítima y su pago no exigible. También en el plano jurídico cabe hacer valer el principio “rebus sic stantibus”, es decir el derecho a no cumplir una obligación cuando las condiciones de la misma han cambiado de manera tal que su cumplimiento resulta de una onerosidad extrema e invocar el enriquecimiento sin causa de los acreedores (derecho de reclamar la devolución y obligación de devolver lo que se ha percibido sin derecho).
Dice Biggs: “La iniciativa para exigir la revisión sustancial de las negociaciones…corresponde a los países deudores y no puede suponerse que, para ello, éstos habrán de contar necesariamente con el apoyo o comprensión de las demás partes. Pero el temor a la antagonización no puede justificar la prolongación e intensificación de un gravamen irreversible sobre la seguridad y el bienestar de las actuales y futuras generaciones latinoamericanas” (págs. 33 y 34).
Bitar, en el prólogo al libro de Biggs, señala que: “ Una extracción de recursos tan cuantiosos de las naciones pobres por las naciones ricas, obedece en definitiva a las condiciones de poder. Pero al final tiene un límite: la capacidad de pago del deudor. Y este concepto depende de una decisión nacional: lo que es esencial para el pueblo y para invertir no está disponible para transferirlo al exterior” (pág. 18). Pero la capacidad de negociación con los acreedores de los gobiernos de los países deudores en defensa de los intereses de sus propios pueblos parece ser nula, pues se comportan como meros ejecutores de las políticas dictadas desde los centros del poder mundial. Cuando las autoridades de un Estado, sin tener en cuenta los precedentes históricos prácticamente invariables, la ilegitimidad de la deuda actual y que lo que “es esencial para el pueblo y para invertir no está disponible para transferirlo al exterior”, no sólo no negocian firmemente con los acreedores amenazándolos con repudiar totalmente la deuda, sino que acatan sumisamente sus exigencias, pueden ser imputados del crimen de traición, tanto los funcionarios gubernamentales que así actúen como los parlamentarios que consientan, por acción u omisión, tal actuación.
Las bases jurídicas para tal imputación existen en general en las legislaciones nacionales. Por ejemplo, según el Código Penal argentino, comete traición quien “ejecutare un hecho dirigido a someter total o parcialmente la nación al dominio extranjero o a menoscabar su independencia o integridad” y la Constitución argentina califica de “infames traidores a la patria” a quienes “formulen, consienten o firmen” actos por los que “la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna" (artículo 29).
Pero mientras los pueblos afectados no impongan la negociación con actos masivos de rebeldía contra los sucesivos ajustes y sacrificios, esta situación no tiene miras de cambiar. Esto también lo saben los acreedores, pues estiman que pueden seguir expoliando a los pueblos de los países deudores mientras la paciencia de dichos pueblos no se haya agotado. En efecto, la Heritage Foundation, en el caso de México, afirmó en junio de 1987 que la circunstancia de que el gobierno de ese país hubiera eliminado los subsidios al consumo, aumentado drásticamente los impuestos y reducido en un 50 por ciento los salarios reales, “sin una rebelión masiva” de su población, indicaría que el gobierno aún tendría espacio para profundizar esa política y realizar, también sin obstáculos, la reforma y privatización completa del aparato económico del Estado (The Heritage Foundation. “Deja vu on Policy Failure: The new $ 14 billion Mexican debt bailout”.
Desde el punto de vista económico-financiero, si se hiciera un estudio actuarial descontando las deudas ficticias, los intereses usurarios, los intereses de los intereses, los gastos y comisiones desproporcionados y la fuga de capitales, se llegaría a la conclusión de que la deuda ha sido totalmente pagada y probablemente se vería que los presuntos deudores son en realidad acreedores. Un documento del 25 de junio de 2001 de Jubileo Sur, dice que en 1980 los países del sur debían 567 mil millones de dólares, que desde entonces se han pagado 3 billones 450 mil millones, es decir seis veces el monto de la deuda de 1980 y que sin embargo se deben actualmente algo más de dos billones, es decir tres veces y media más que en 1980. Finalmente desde un punto de vista ético habría que poner la presunta deuda en un platillo de la balanza y en el otro platillo la deuda social, ecológica e histórica que los acreedores tienen con los presuntos deudores. Es decir poner en ese platillo el enorme daño social causado con las políticas de ajuste, el daño ecológico provocado con industrias contaminantes, con los desechos tóxicos transportados a los países del Tercer Mundo, con la devastación de los bosques y la deuda histórica contraída con los presuntos deudores durante siglos de despojo de sus riquezas y recursos humanos. Puede afirmarse que la deuda externa de los países del tercer mundo es jurídica, económica y financieramente inexistente y éticamente insostenible y que su subsistencia forma parte del sistema mundial dominante caracterizado por la hegemonía del capital financiero parasitario que funciona como una bomba aspirante del trabajo y el ahorro de los pueblos de todo el mundo, siendo los más afectados los países pobres y dentro de ellos, los sectores más desfavorecidos de la población. Dice Biggs: “El costo de mantener la vigencia de estas obligaciones a través de su constante ajuste y reprogramación proporciona una especie de renta perpetua a los acreedores y, al mismo tiempo, representa un drenaje permanente para la economía de los países deudores” (Biggs, pág. 24). Texto: A. Teitelbaum