8 feb 2015

Hay que ser Charlie Hebdo?

¿Por qué el atentado el 7 de enero?, ¿cuáles fueron las razones políticas por la que Charlie Hebdo fue blanco de los militantes de Al Qaida? Charlie Hebdo, ¿es solamente una revista satírica de línea anticlerical como se autodenomina? ¿Cuál era su papel frente a la fobia anti musulmana que vive Europa desde hace más de una década? ¿Es independiente frente a las guerras sangrientas en las que participa Francia a la cola de los Estados Unidos? ¿Es de izquierda esta revista como han dicho algunos? ¿Qué rol cumplió este semanario en la campaña electoral que propulsó a François Hollande a la presidencia de Francia?


Aquí las respuestas:

Charlie Hebdo y las guerras imperialistas

El atentado comandado por Al Qaida contra Charlie Hebdo hay que analizarlo en el marco de las guerras imperialistas que después de varias décadas llevan adelante las potencias occidentales contra los países árabes y musulmanes en medio Oriente y África. De la misma forma que se defiende la libertad de expresión de cualquier acción represiva que provenga del Estado o de grupos subversivos, hay que repudiar la crueldad de las potencias occidentales en sus guerras por el petróleo.
Si se revisa con atención la trayectoria de Charlie Hebdo se puede ver que la línea satírica de esta revista no estaba al margen de las guerras imperialistas. De ahí que cualquier cualquier reflexión sobre el atentado al periódico Charlie Hebdo tiene que estar conectado a las actuales guerras neocoloniales en medio oriente y áfrica. Estas guerras “no declaradas” en Irak, Libia, Afganistán, Siria, Palestina, Gaza, Nigeria, República Centroafricana, Mali, Sudán del Sur, y otros países han dejado solo el año 2013 más de 120 mil muertos, sin contar millones de refugiados. (International Institute for Strategic Studies). Estas guerras son encabezadas por los Estados Unidos y en la que cual participan los países de la Unión Europea.
Los hechos ocurridos el 7 de enero en Paris reflejan fundamentalmente el desarrollo y la agudización del conflicto creado por las guerras neocoloniales en los países árabes y musulmanes. Si los imperios están guiados por el fin supremo de la dominación y los grandes beneficios del petróleo, los pueblos atacados se aferran a dogmas, ideologías, religiones que en el terreno de la confrontación, y al margen de su veracidad como camino justo de libertad y de antiimperialismo, se convierten en fundamento espiritual de un pueblo, que hasta el momento carece de una ideología materialista, no clerical, que le otorgue fuerza estratégica para su liberación definitiva del imperialismo y de la esclavitud capitalista.
Si el acto mismo de la acción contra Charlie Hebdo puede considerarse un acto terrorista, no se puede decir lo mismo si esta acción hace parte de una respuesta violenta contra la propia violencia y brutalidad que han creado las potencias occidentales en las guerras de Medio Oriente y África. Este fenómeno está inserto en la causa efecto de un hecho en desarrollo como lo testimonia a su manera uno de los atacantes islámicos el 7 de enero antes de ser abatido por la policía (2).
De otro lado las guerras son hechos violentos que en su desarrollo envuelven, no solamente los combatientes que se alinean en ejércitos diferentes, sino también a la totalidad de la población civil. Por ello, señalaba Clausewitz que la esencia de la guerra se caracteriza por una “ascensión de los extremos”, cada “uno de los adversarios empuja a actuar al otro. Occidente tiene la primacía de los extremos en esta guerra. Solo en la guerra contra Irak, la coalición, de la que hace parte Francia, ha dejado desde el inicio en 2003 hasta el 2014, más de un millón de muertos. En Libia, desde el inicio del conflicto en el 2011 hasta ahora el 2015, los aliados han eliminado 120 mil musulmanes y no musulmanes de este país.
¿Quiénes son los terroristas en esta guerra? Acaso no es terrorismo extremo cuando las tropas de la coalición occidental matan niños, mujeres, ancianos, y eliminan pueblos enteros. ¿Y el millón de muertos en Irak?, ¿eso no es terrorismo?. Es terrorismo secuestrar, torturas y asesinar prisioneros acusados de ser “terroristas”. Las guerras imperialistas por el petróleo, está envuelta en un fenómeno de desarrollo vertiginoso de los extremos, la peor parte la llevan los pueblos de Medio Oriente y África.
Los países occidentales no solo han militarizado la vida civil en los países invadidos, también han reforzado sus sistemas y organizaciones represivas al interior de las metrópolis imperialistas. Guantánamo (Cuba), un centro de tortura, es solo una muestra de la infraestructura de represión instalado por Norteamérica para llevar adelante la guerra contra los países árabes y musulmanes. La CIA y los servicios de inteligencia europeos actúan fuera de la ley. Secuestran y asesinan impunemente prisioneros acusados de “terroristas”. Han instalado cárceles clandestinas en diferentes partes de Europa y otros continentes. No respetan ninguna ley internacional y han institucionalizado el sacrificio y la tortura de prisioneros.

Izquierda y derecha se unen contra el “terrorismo”

Con el atentado del 7 de enero se repite un poco los hechos del ataque a las torres gemelas en Nueva York el 11 de setiembre del 2001. Si el gobierno norteamericano aprovechó este hecho para unificar sus clases políticas y justificar las guerras por el petróleo, los europeos hacen lo mismo. Seguido al atentado a Charlie Hebdo, los gobiernos europeos han encontrado un pretexto, para luchar “unitariamente” contra los musulmanes que resisten la invasión a sus países.
De esta manera en Europa, junto con entregar la acción represiva a la policía y al ejército, las clases políticas cerraron filas contra el “terrorismo islámico”. Derecha, extrema derecha (fascista), y la izquierda convocaron a defender la democracia contra el amenazante “terrorismo” de Al Qaida.
Pierre Laurent, secretario general del Partido Comunista de Francia, dijo que la “Republica había sido atacada al corazón”. Por su parte Jean-Luc Mélenchon, líder del Partido de Izquierda, dijo con odio: ''el nombre de los criminales es conocido, cobardes, asesinos, matan sin defensa, lo nuestro debe ser tristeza y respuesta republicana”. Aymeric Chauprade, consejero de Marine Le Pen, la lideresa de la derecha nazi de Francia, dijo "la Francia está en guerra contra los musulmanes”. Peter Mertens, presidente del Partido del Trabajo de Bélgica (PTB), comparó a Charlie Hebdo con la “poesía de Pablo Neruda”, ''esos son los cobardes que disparan con la kalashnikov sobre las sátiras y las caricaturas”.“Pero la poesía no está muerta”, señalo y para finalizar dijo: yo estoy profundamente afectado por el horror de la masacre a la redacción de Charlie Hebdo.
Así de esta manera, para la izquierda y la derecha europea, Charlie Hebdo se ha convertido en símbolo del martirologio de la libertad de expresión y de la prensa independiente. Pero ni la izquierda, tan expresiva en el caso del atentado a esta revista, no ha dicho absolutamente nada frente a la masacre de cientos de periodistas en los países árabes y musulmanes ocupados por las potencias imperialistas. En Irak, en un periodo de solo de 8 años (2003-2011) fueron asesinados 365 periodistas. Esta matanza, dice la Unión de periodistas de Irak, se efectuó en el marco de la guerra de agresión impuesta por una coalición de potencias encabezadas por los Estados Unidos.
Inmediatamente después del 7 de enero, la Unión Europea convocó a los ministros de relaciones exteriores para activar medidas internacionales “antiterroristas”. En Francia, y otros países se lanzó una cacería de los “terroristas” islámicos. En Bélgica, donde se acaba de instalar un gobierno cuya mitad de ministros provienen de la extrema derecha, la policía mató a dos supuestos terroristas islámicos.
Por su parte François Hollande, considerado el presidente francés más impopular y detestado de los gobiernos de este país después de la segunda guerra mundial, utilizó el atentado y las victimas de Charlie Hebdo para mejorar destroza su posición política que según una encuesta, antes del atentado del 7 de enero, era repudiado por casi el 90% de la población.
Hollande, con cerca de 4 millones de trabajadores desocupados en su haber, y una crisis que ha hecho de este país una potencia en ruinas rápidamente se montó en la ola sentimental y de temor que género este atentado en el seno de la población. Con la complicidad de la prensa, convirtió este hecho dramático en una fiesta carnavalesca.
El gobierno Francés, junto con llamar a una “movilización general contra el terrorismo, convocó a una manifestación oficial (11 de enero). Más de 3 millones de personas se congregaron en París y otras ciudades. Bajo el inocente slogan “Yo soy Charlie” (Je suis Charlie), la población repudió el atentado sin ninguna reflexión en torno a las causas políticas de carácter internacional que han originado este atentado que causó la muerte de 17 personas.
Esta manifestación congregó dos tipos de público: La gran mayoría, personas sin ninguna conciencia política, o los “carneros” como los denominó el famoso cantante francés M. Pokora (1). Los segundos, fueron los bandidos que gobiernan los estados de Europa, Israel, y otros. Ahí estuvieron presentes los responsables de sangrientas guerras en Medio Oriente, África y otras partes del Mundo. Fueron parte de la marcha “Republicana” la canciller alemana Angela Merkel, el primer ministro británico David Cameron, el ultra reaccionario Mariano Rajoy (España), el italiano, Matteo Renzi, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, Martin Schulz (UE), Donald Tusk (UE) y otros sátrapas del capitalismo internacional. La nota fuerte en la marcha fue el abrazo entre François Hollande y el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu, quien es conocido como el “exterminador” del pueblo de palestino.

Las guerras y la población de Europa

La población europea ignora que sus gobiernos, sus estados, sus ejércitos, solos o en coalición con otros occidentales, llevan fuera de sus fronteras sanguinarias guerras para apoderarse de las riquezas de los países agredidos. Para la mayoría de los ciudadanos europeos, sus países son ejemplos de paz, solidaridad y de respeto de los derechos humanos. Algo así como el prototipo de santidad universal. Ha contribuido a reforzar aún más esta idea, el hecho que la Unión Europea recibió en año 2012 el Premio Nobel de la Paz, por su “contribución de la paz, la reconciliación, de la democracia y los derechos humanos”.
La guerra entre occidente y los musulmanes, de la cual es parte Francia, no es de ninguna manera una lucha entre democracia y tiranía religiosa. Es sobre todo una guerra imperialista por el petróleo y las riquezas de Irak, Siria, Afganistan, Libia, Mali, y otros países. Las principales transnacionales petroleras como, la petrolera inglesa British Petroleum (BP), la Royal Dutch Shell (petrolera anglo-holandesa), Total (petrolera francesa), y otras que recibieron grandes concesiones en Irak y otros países hacen grandes beneficios en corto tiempo, y como señaló el 2005 Thierry Desmarest, el patrón de la empresa Total: “Ahora nosotros hacemos cada 15 días los beneficios que en 1995 necesitábamos un año para hacerlo”. (Le Soir, 12/02/2011). Gracias a estas guerras, solo la transnacional inglesa British Petroleum (BP) acumuló el 2011 la fabulosa suma de 80 mil millones de dólares de beneficios netos (Fuente: Joan Condijts, Le Soir, 12 de febrero 2011).
Lo que el ciudadano europeo conoce de las guerras que encabezan sus gobiernos proviene de la televisión y los medios de comunicación oficiales. Reciben enlatados como si se tratara de una serie filmada en algún estudio cinematográfico. Los malos, los perversos, los fanáticos son los musulmanes. Si los musulmanes, radicales o no, se defienden de la agresión militar occidental, son presentados como fanáticos, demenciales y terroristas. . Los buenos, los héroes, son las tropas militares norteamericanas, de la OTAN y de los países de la Unión Europea, que van a Irak, Afganistán, Libia, Mali, Siria, y otros países, para “salvar a la población”, para “instaurar la democracia”, y “defender los derechos humanos”.
La mayoría de la población europea está más interesada en lo que hace con su culo Carla Bruni (ex primera dame de Francia) o la joven francesa Nabilla que acaba de salir de prisión por haber apuñalado a su amante de turno, que en los acontecimientos políticos de su país. Francia es un caso especial, y de haber sido uno de los pueblos más prestigiosos de la historia, se ha convertido en un país hundido en la corrupción política, en crisis social y económica. En este país la extrema derecha más recalcitrante (fascista y racista) se abre camino para llegar al poder gracias al fracaso de los llamados partido liberales y aquellos que se hacen llamar de izquierda y socialistas.
La Francia actual es apenas una vulgar caricatura de la Francia de la revolución francesa de 1789 y de la Comuna de Paris en 1871. Esta Francia gobernada por una burguesía decadente, ignorante, y mafiosa nada tiene que enseñar al mundo exterior. Si la Francia del siglo XVII y XVIII es de los grandes filósofos, revolucionarios, artistas, poetas y escritores, ahora es de Nicolás Sarkozy, François Hollande o Le Pen los que con su conducta de los bajos fondos, sirven de ejemplo político y moral de una población que carece de la más elemental reflexión política.

Charlie Hebdo y la Guerra Santa

Hace algunos días, la analista alemana Souad Mekhennet(*), investigadora y experta en terrorismo declaró que las caricaturas sobre el Islam de Charlie Hebdo son parecidos a las caricaturas que los alemanes nazis hacían de los judíos en los años '30 y '40. Sus declaraciones fueron el domingo 11 de enero 2015 durante el programa de Günther Jauch en la principal cadena de televisión pública de Alemania. La conclusión de la experta fue el resultado de una investigación entre judíos que sobrevivieron a la segunda guerra mundial.
El anticlericalismo de Charlie Hebdo es bastante discutible. Tiene la misma contextura de la que manejan las potencias occidentales. La línea anti religión de esta revista, como lo han dicho sus propios directivos, se mide entre religión mesurada y religión no mesurada. Entre Islam bueno e Islam malo. Entre mesurados y fanáticos. Entre musulmanes colaboradores con occidente y musulmanes que resisten (terroristas). Este anticlericalismo se expresa en las caricaturas que publica esta revista sobre el profeta Mohamed. Estas tienen el distintivo político ultra reaccionario que se propaga desde los aparatos de desinformación de los estados occidentales. De la boca del profeta (en la caricatura) salen los peores agravios contra los musulmanes radicales.
Para Charlie Hebdo y los gobiernos occidentales, una corriente religiosa, ya sea islámica, católica o cualquier otra, es “mesurada” cuando colabora con los enemigos de sus propios pueblos. Por ejemplo en Irak, los islámicos chiitas son “mesurados” en tanto son aliados de Estados Unidos y occidente. En el lenguaje occidental, este es un caso de islamismo moderado, pero sin embargo los chiitas de Irán que no colaboran y que resisten una posible invasión de los Estados Unidos y la coalición occidental, son calificados de “islamismo fanático, no moderado.
Si en su momento los sunitas de Irak que encabezaba Sadam Hussein se convirtieron en enemigos de Estados Unidos no lo fue tanto los sunitas del grupo Estado Islámico (EI) que colaboró con los invasores de este país para derrocar al gobierno de Hessein. Como anota el historiador Robert Freeman sobre este grupo (EI) : “lo más importante es “entender que el Estado Islámico fue creado por los norteamericanos". El objetivo inicial de los norteamericanos, al crear este grupo ligado a Al Qaeda, dice Freeman, fue desestabilizar al gobierno sunita de Sadam en Irak, ante de la guerra. Posteriormente Estados Unidos utilizó este grupo para intentar derrocar al gobierno de Bashar al Assad en Siria.
Que el grupo Estado Islámico haya volteado sus fusiles contra sus antiguos patrones muestra con claridad como las potencias dividen y sacan provecho de los movimientos religiosos en Medio Oriente y África. Esta división, o estigmatización, no es tanto por el dogma que practican, ni siquiera por su fundamentalismo religioso, sino más bien por la utilidad y beneficio que sacan del grupo religioso.
En setiembre del 2012, Stéphane Charbonnier, el director de Charlie Hebdo, y una de las víctimas del atentado de enero, señalaba que: “había que continuar burlándose de la religión musulmana hasta que el Islam sea MODERADO como el catolicismo”. Un poco después (noviembre del 2013 Charbonnier decía que ''la religión musulmana es una bandera impuesta a innumerables pueblos del planeta”. En la misma entrevista el director de Charlie Hebdo, admite que las burlas contra el profeta de los musulmanes resultaba buen negocio. Así según Charbonnier, las “caricaturas sobre el profeta Mohamed doblaban el tiraje y las ventas subían entre 60 y 70 mil ejemplares” cuando el tiraje normal de esta revista no pasaba de 30 mil ejemplares por semana. (Declaraciones a Le Monde, setiembre 2012).

¿Charlie Hebdo de izquierda?

En cualquier sociedad dividida en clases sociales, y sobre todo en el sistema capitalista, ningún medio de comunicación puede actuar al margen de la lucha y los intereses de las clases de una sociedad determinada. La prensa híbrida no existe. Cualquiera sea el espacio social que ocupe el medio de comunicación, ya sea científico, humorístico, satírico, de futbol, o cualquier otro género, siempre estará imbuido de una posición intelectual de clases.
En este sentido el concepto político y periodístico de los fundadores de Charlie Hebdo nunca fue más allá de los intereses políticos de las élites dirigentes del Estado Francés y de los grupos de poder. El año 2006, cuando la guerra imperialista contra Irak estaba al rojo vivo Philippe Val, director de la redacción de Charlie Hebdo desde 1992 2009, publicaba una convocatoria, para felicidad de las tropas americanas en Irak, para “resistir al totalitarismo religioso” Musulman. Un poco después Philippe Val vuelve a la carga, en el 2011, para decir que: “el musulmán solo tiene un cuarto de cerebro”.
Según Philippe Val: “después de haber vivido el fascismo, el nazismo y el estalinismo el mundo hace frente a una nueva amenaza global de tipo totalitario: El Islam. Como todos los totalitarismos el islamismo se nutre del miedo y de la frustración”. Nosotros los escritores, periodistas, intelectuales llamamos a la resistencia al totalitarismo religioso: (Marzo del 2006). Val, fue militante anarquista, pero de ahí derivó hacia el grupo de derecha de Nicolás Sarkozy. Eso le valió que en el 2009 diera un salto hacia la dirección de France Inter una cadena de radio de propiedad del Estado francés.
El plantel directivo de Charlie Hebdo, incluyendo las tres víctimas del atentado, no han sido tan independientes en lo que respecta la llegada al poder del “socialista” François Hollande. Patrick Pelloux, uno de los sobrevivientes del ataque a esta revista, ha sido un compañero de ruta electoral del actual presidente Francés en 2012. Polloux había formado un grupo político llamado Nouvelle Donne (New Deal o nuevo acuerdo) para llamar al voto por el candidato “socialista”. Mediapart, un diario francés dijo (10 de diciembre del 2013) que el “partido” donde aparecía como líder Patrick Pelloux había sido una mediocre operación electoralista piloteada por las manos del Elysée.

El atentado islámico y el gran negocio de Charlie Hebdo

Charlie Hebdo, con solo 30 mil ejemplares por edición (semanal) estaba casi en bancarrota económica hasta antes de los atentados del 7 de enero donde murieron 17 personas. Las deudas de esta revista al 2012 eran de más de un millón de euros, mientras que su efectivo en caja no pasaba de 25 euros. Frente a esta calamidad financiera ni la derecha ni la izquierda venían en su ayuda.
Pero la ''suerte'' de Charlie Hebdo cambió completamente. Una semana después de este ataque mortal esta revista humorística imprimió 3 millones ejemplares que se agotaron desde las primeras horas de la mañana del miércoles 14 de enero. Inmediatamente a ello se anunció imprimir 2 millones más para los próximos días. Negocios son negocios dijeron desde el gobierno francés, que publicitó y financió al 100% esta edición. Charlie Hebdo para esta edición ''pos ataque'' fue traducida a por lo menos 5 lenguas, entre ellas el inglés, español, turco y árabe. François Hollande y sus ministros se tomaron fotos y salieron en la televisión exhibiendo su Charlie Hebdo en la mano.
Notas:
1) M. Pokora, al mismo tiempo que expresó su solidaridad con las víctimas del atentado dijo que los “yo no soy Charlie” me hacen reír”. Agregando que jamás ha comprado la revista satírica con la cual no comparte “sus valores”. Refiriéndose a la marcha Republicana convocada por Hollande dijo que no lo tomen como “carnero que sigue con ojos cerrados el rebaño”, y que no está de acuerdo con aquello que esperaron el ataque a la revista para hablar de valores. (Le Parisien, 14-01-2015)
2) Causa y efecto. Amedy Coulibaly, de 24 años, actuó en solidaridad con los 2 atacantes de Charlie Hebdo en París. Primero acribillo a balazos a un policía, a quien mato. Después entró en una tienda de productos Hypercasher donde tomo varios rehenes y se atrincheró. Antes de caer abatido por los policías habló con uno de los rehenes. La conversación fue grabada. Ahí señaló: Amedy Coulibaly hace alusión al Estado Islámico, al velo de las mujeres musulmanas, a Bachar al-Assad en Siria; a la coalición occidental presentes en Mali, en Irak o en Afganistán. “Cada vez más ellos tratan de hacerles creer que los musulmanes son los terroristas. Yo nací en Francia, si ellos (las potencias occidentales) no hubieran atacado allá (los países árabes musulmanes), yo no estaría aquí”. (Le Monde, 10 enero 2015).
En la misma conversación Amedy Coulibaly señaló entre otras cosas: los bombardeo del ejército de 50 mil hombres de la coalición (OTAN, Estados Unidos y Europa) contra los países árabes y musulmán. “¿Porqué hacen eso?”, dice él; y menciona el norte de Mali, Siria; y pide “detener los ataques al Estado Islámico (EI) y que paren de arrancar los velos de nuestras mujeres; y que detengan la represión y encarcelamiento injustamente de nuestros hermanos”. Amedy Coulibaly. Conversación grabada por uno de los rehenes. Publicado por Le Monde).
*) Souad Mekhennet de 37 años y nacida en Frankfurt, escribe en diferentes medios de comunicación de Alemania y de otros países; entre ellos el Frankfurter Allgemeine Zeitung, en el Frankfurter Rundschau. Anteriormente escribió en el Washington Post. Texto: Luis Arce Borja. Ver: 'Europa tras Charlie Hebdo'.

Europa tras Charlie Hebdo

Europa se sacude entre el terror impuesto por los asesinatos en París y la esperanza que anida en las manifestaciones masivas y en las nuevas formaciones políticas progresistas surgidas de la crisis en Grecia y en España.
Con el trasfondo de una crisis económica que no cede y que puede sumirla en el estancamiento de larga duración, la vieja Europa se revuelve entre el terror impuesto por los asesinatos de París y la esperanza que anida en las manifestaciones masivas y en las nuevas formaciones políticas surgidas de la crisis en Grecia y en España.
El filósofo italiano Antonio Gramsci acuñó en su tiempo el aforismo "pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad" que ha sido interpretado de diversas formas y maneras. Tal vez por los vericuetos de esta ecuación analítica transiten hoy los pensamientos de muchos ciudadanos europeos.

El aberrante atentado ocurrido en París hace algunos días y el surgimiento, a medida que la crisis se profundiza, de tendencias nazi-fascistas en numerosos países de la eurozona, promueven una sensación de impotencia frente a la irracionalidad de los fundamentalismos. Por el contrario es desde el seno de las sociedades en las que la crisis más daño social produjo -Grecia, España- donde se han podido construir coaliciones políticas de izquierda -Syriza, Podemos- que se plantean romper con el círculo de crisis, ajuste y más crisis, planteando otra salida y la recreación del futuro. Terror y esperanza compiten en la coyuntura europea.

El terror globalizado

El atentado a la redacción de Charlie Hebdo y la ocupación de un local de comidas judío con toma de rehenes incluida, es apenas una aparición puntual y bárbara de un proceso mucho más profundo. Como lo revelan los acontecimientos recientes en las zonas ocupadas por el Estado Islámico (ISIS) en Siria e Irak o por otros grupos en Pakistán y en Nigeria, tan bárbaros como el de París.
Estos atentados terminan favoreciendo a las potencias imperialistas y a las tendencias derechistas y de extrema derecha, contra los árabes, los musulmanes oprimidos, las minorías étnicas y promoviendo la implantación de mayores medidas de contralor social. El horizonte europeo es el de Estados Unidos después del 11S (Patriot Act). Se sabe, pero conviene reiterarlo, que le dan aire a la hipocresía de los principales líderes de las grandes potencias. La mayoría de ellos verdaderos terroristas de Estado, que promueven guerras y solo critican la violencia cuando ocurre en sus territorios y, como en el caso de los franceses, llamar a la unidad nacional con la cual buscan tapar los problemas internos.
Más aun, han vuelto a poner en primer plano la reaccionaria idea del "choque de las civilizaciones", ligada al "fin de la historia" y a la globalización. En estas concepciones, derivadas del fin de la bipolaridad, los conflictos ya no serían por cuestiones económicas, por zonas de influencia o por la confrontación de clases, sino de nuevo tipo: culturales, étnicas y religiosas, encarnadas por bandas y tribus, que se enfrentan por razones de sobrevivencia y también por quién lidera y hegemoniza. Se habla entonces en Europa de guerra, pero si esta se vuelca contra "los pobres, las minorías étnicas y los musulmanes" estaríamos, como dice el historiador Enzo Traverzo, ante "el retorno de lo reprimido".

Se trata de comprender

No para justificar lo injustificable, pero sí para comprenderlo, es necesario revisitar, aunque más no fuera someramente, los orígenes de esta barbarie, algo que en general los medios hegemónicos buscan ignorar. Hay que ubicarse en los años '70 del siglo pasado en Afganistán, cuando para contrarrestar a un gobierno de corte reformista y laico, los Estados Unidos dieron apoyo a sectores opositores cuyo centro era estar contra las reformas económicas y políticas y sobre todo contra el laicismo, cobraron fuerza entonces los talibanes, finalmente Al-Qaeda. Como se sabe el ISIS tiene su origen en Irak, resultado de la invasión norteamericana del 2003, el bloqueo posterior y luego la nueva ofensiva imperialista y la guerra en Siria. En ambos casos los Estados Unidos -como antes lo habían hecho en Afganistán- apoyaron y armaron a los grupos fundamentalistas. El resultado es que los Estados de Irak y Siria están hoy al borde de la disolución. En el mundo musulmán no hay en esta coyuntura liderazgos claros, sino mucho
s centros y, además, el petróleo. El ISIS busca ocupar ese vacío estatal.
Pero no hay que olvidar la intervención colonial y las atrocidades de Francia en Argelia -la guerra de independencia costó la vida a un millón de musulmanes árabes, casi el 10 por ciento de la población de entonces-. Un conflicto que aun está latente en ambas sociedades. Aquellas viejas prácticas coloniales de alguna manera se reproducen hoy en los millones de árabes y africanos que viven en Francia, sometidos a la discriminación, el racismo y la segregación social y económica. No es ocioso recordar que buena parte de la fuerza de trabajo francesa deviene de aquella inmigración forzada. Aún cuando un alto porcentaje son nacidos allí siguen siendo considerados como inmigrantes y ellos se sienten ciudadanos de segunda.
Es esta compleja realidad, que no pareciera tener solución a la vista, la que alimenta el odio y los fundamentalismos.

La esperanza

Atravesada por viejos fantasmas, sumergida en un entramado de crisis económica irresuelta, de movimientos democráticos auto-organizados, de nacionalismos y xenofobias varias, Europa siente cuestionar, por derecha e izquierda, el orden político instituido.
No se trata solo de los tradicionales partidos conservadores, es la propia socialdemocracia la que no puede presentarse ya como alternativa a las políticas en curso, no puede diferenciarse de las que imponen la derecha y el capital financiero, muestra así su agotamiento y la falta de proyecto político propio. Esta situación alimenta tensiones políticas y se verifica el ascenso de formaciones de derecha extrema -el Frente Nacional en Francia, Amanecer Dorado en Grecia- y de una izquierda que cuestiona el régimen establecido -Syriza en Grecia, Podemos en España-. Si los primeros alimentan la sensación de terror, los segundos renuevan la esperanza.
Años de aplicación de los planes de austeridad de la Troika (BCE, CE y FMI) hundieron en la miseria a miles de familias y robaron el futuro a las jóvenes generaciones españolas y griegas. Pero estos pueblos no se dejaron vencer por el desaliento. Cientos de manifestaciones, huelgas generales, estados asamblearios, emprendimientos autogestivos, mecanismos de solidaridad social y tantas otras formas de resistencia, de las que América latina conoce muy bien, pavimentaron el camino hasta llegar a las coaliciones izquierdistas que hoy conmueven sistemas políticos tan anquilosados como deslegitimados y a partidos políticos tradicionales corroídos por la corrupción y el burocratismo. Coaliciones que, aunque no se presentan como alternativas al capitalismo, luchan por reformas que éste hoy no acepta ni puede dar.
Las elecciones griegas del este domingo 25 pueden ser un momento bisagra que impacte en el conjunto del escenario europeo. Está planteada la posibilidad de un triunfo de Syriza que desplace a los responsables políticos del saqueo y la capitulación y forme un nuevo gobierno. En España Podemos, expresión política de los indignados, avanza por senderos similares. Ambas fuerzas encabezan los sondeos -entre el 20, el 30 por ciento o tal vez más de intención de voto- y pueden abrir un nuevo curso para esas sociedades y para la izquierda anticapitalista europea.
El papel a jugar por los anticapitalistas en estas coaliciones es decisivo, ya que no se trata solo de conjurar la crisis del capital sino también de cuestionar el orden capitalista como tal. Texto: Eduardo Lucita. Ver: ''¿Todos somos Charlie Hebdo?''

Charlie Hebdo y choque de civilizaciones

Cuando en el año 1883 la erupción del volcán Krakatoa, en Indonesia –a la sazón colonia holandesa– produjo un maremoto con tremendas olas de 40 metros de altura que provocaron la muerte de 40.000 habitantes, un diario en Ámsterdam tituló la noticia: “Desastre en lejanas tierras. Mueren ocho holandeses y algunos lugareños”. ¡Qué racismo!, podríamos decir hoy escandalizados. Lo cierto es que la historia no ha cambiado mucho 130 años después.
Ya estamos tan habituados a Hollywood y montajes hollywoodenses, que vemos el mundo en términos de “buenos” y “malos”, de “muchachitos” justicieros (siempre blancos, defensores de la “democracia y el estilo de vida occidental y cristiano”, “triunfadores” por antonomasia) que castigan a “bandidos” (los cuales, casualmente, son siempre indios, negros, y desde hace un tiempo musulmanes). Tanto se nos metieron estos esquemas en la cabeza –¡nos los han metido!, habría que aclarar– que interpretamos todo lo que pasa a nuestro alrededor según esa clave. Para el caso, remedando aquel racismo de la tragedia del volcán Krakatoa, los recientes hechos de París nos lo dejan ver de un modo vergonzoso.

De ningún modo se puede aplaudir la muerte violenta de nadie, la de los caricaturistas, la del policía rematado en el piso, la de tanta gente que muere a diario por causas prevenibles. Pero levantar estas repulsas universales tan ¿hollywoodenses? por los muertos franceses –tan respetables como cualquiera, por supuesto– como mínimo abre ciertas sospechas.
Ya se escribió hasta la saciedad sobre el ataque al semanario francés Charlie Hebdo. Un texto más sobre el asunto seguramente no aporta nada nuevo (por el contrario: más bien puede contribuir a aumentar ese hartazgo). Pero casi como un acto de militancia me pareció necesario –aunque sea tardío– decir ¡basta! a tanta manipulación mediática.
Este manipulado proceder, que ya se nos hizo tan habitual, de dividir maniqueamente el mundo entre buenos y malos, impide entender la complejidad de los procesos en juego, obnubila la mirada crítica sobre la realidad. En otros términos: estupidiza.
Hollywood y toda la parafernalia comunicacional que sigue esa línea (que es muy buena parte de lo que consumimos a diario como “información”) nos ha anestesiado, convirtiéndonos en máquinas tragadoras de imágenes prediseñadas. Desde hace aproximadamente más de dos décadas toda esa industria mediática ha venido haciendo del mundo musulmán un enemigo público de la “racionalidad” occidental. El asunto no es azaroso. Unos años después de iniciada esa campaña de preparación, un catedrático estadounidense –Samuel Huntington–, no sin cierto aire pomposo nos alertó del “choque de civilizaciones” que se está viviendo.
Ahora bien: lo curioso es que ese “monstruoso” enemigo que acecha a Occidente, ese impreciso y siempre mal definido “fundamentalismo islámico” que pareciera ser una nueva plaga bíblica, siempre listos para devorarnos, debe ser abordado antes que nos ataque. De ahí que nace la estrategia de guerras preventivas. Dicho de otro modo: “le hacemos la guerra nosotros (los buenos) antes que ellos (los malos) nos la hagan”. El esquema es simple, demasiado simple. Más aún: atrozmente simple, puesto que se repite el modelo de las películas hollywoodenses: soldados occidentales “buenos” castigando a los musulmanes “malos”.
Pero lo más curioso –¡y atroz!– es que justamente los países de donde proviene esa supuesta amenaza… tienen sus subsuelos cargados de petróleo. Curiosa coincidencia, ¿verdad?
Como los medios audiovisuales cada vez más deciden nuestras vidas, nuestra forma de pensar, las ideas que nos hacemos del mundo, el bombardeo de estos días nos mostró a tres “fundamentalistas musulmanes” (los hermanos Kouachi y Mohammed Mehra) cometiendo “actos atroces” (tan atroces como comete cualquier soldado occidental, blanco y educado, cuando masacra musulmanes, negros o indios en algún “remoto rincón del mundo”, según dijera en alguna oportunidad del presidente de Estados Unidos que empezó con lo de las guerras preventivas).
Pero ya que estamos hablando de curiosidades, valga decir, citando al diario estadounidense “McClatchy” que esos “asesinos” fueron reclutados en su momento por el francés David Drugeon, miembro de los servicios de inteligencia del país galo, y ligado al grupo Al Qaeda. ¿Otra curiosidad? Por supuesto, el gobierno francés lo negó. ¿Algo así como Osama bin Laden, el peor “malo” de la película inventado por la CIA?
No pretendemos con este breve texto desarrollar una exhaustiva investigación sobre al asunto. Mucho menos, denunciar abiertamente que ahí hubo un execrable montaje, en relación al cual podríamos aportar pruebas convincentes. Quizá alguien ya se encargará de hacer, así como se hizo con las Torres Gemelas de New York. Pero como de manipulación de sentimientos se trata (¿guerra de cuarta generación la llamaron?), ese odio que se ha intentado crear contra el Islam… ¡no me lo como!
Si es cierto que todos somos Charlie (como el hebdomadario), también todos somos los miles y miles de niños muertos por las bombas asesinas de la OTAN y las potencias occidentales, con Washington a la cabeza, en los más de 20 frentes de guerra abiertos en el mundo ¿para defender la democracia? Y también todos somos los diez mil niños muertos diariamente por hambre, y todos somos los miles de damnificados por las inmorales deudas externas de los países que pagan a los acreedores del Consenso de Washington, y todos somos los que viven en favelas, y todos somos los que mueren de diarrea por no tener acceso a agua potable. Ninguna de esas víctimas se merecía morir, como seguramente tampoco lo merecían los 12 asesinados de la revista parisina. ¿O acaso alguien se lo merece? ¿Tal vez esos “malos de la película” retenidos en Abu Ghraib, o en Guantánamo? ¿Tal vez sí lo merecían los 108.000 desaparecidos de las guerras sucias en América Latina?
Como dijo Thierry Meyssan: “No es en El Cairo, en Riad ni en Kabul donde se predica el «choque de civilizaciones» sino en Washington y en Tel Aviv”. El petróleo robado por las compañías occidentales lo deja ver. Y si no se ve clarito, es porque este oro es demasiado… negro. Texto: Marcelo Colussi. Ver: Charlie Hebdo, medios y periodistas.

7 feb 2015

Hablando de democracia (Parte II de II)

¿No es que los movimientos económicos los regula el mercado? Si es así, son muchas las preguntas que se abren y quedan sin respuesta: ¿quién y cómo decide los flujos de oferta y demanda, los porcentajes de desocupación que hay, la acumulación de riqueza y la multiplicación de la pobreza? Si es el mercado ¿qué decidimos con la rutina electoral de cada cierto tiempo? ¿Quién ha salido de la pobreza asistiendo puntual a los comicios? ¿Quién decide las políticas de las grandes corporaciones mundiales que fijan la marcha económica de la población planetaria? ¿Alguien votó por ello? ¿Quién decidió, a través de qué proceso de elección popular se estableció que todos tenemos que consumir, por ejemplo, un refresco como Coca-Cola y no otro, agua potable o un refresco local hecho con hierbas naturales? ¿Hubo algún plebiscito, referéndum o proceso eleccionario para decidir las políticas comunicacionales de los grandes monopolios de la información, aquellos que moldean nuestro punto de vista día a día, minuto a minuto, los que imponen lo que se debe pensar y lo que no? ¿Se consultó a la población planetaria para formar un infame Consejo de Seguridad en el seno de la Organización de Naciones Unidas con derecho a veto formado sólo por cinco Estados? ¿Por medio de qué elecciones populares se deciden las guerras? ¿Hubo alguna consulta democrática para decidir la catástrofe medioambiental que produjo la voracidad del gran capital? ¿Algún ciudadano del mundo votó para terminar con los bosques, con la capa de ozono, para secar fuentes de agua dulce? ¿Quién eligió, y por medio de qué mecanismo, lo que tenemos que consumir para divertirnos? –léase: películas de Hollywood o videojuegos, cada vez más extendidos… ¡y violentos!–. ¿Quién es el que decide sobre quién puede tener armas nucleares y quién no: la gente con su voto? Y todos los llamados “grupos vulnerables” (minorías étnicas, discapacitados, homosexuales, seropositivos, niñez en riesgo, discriminados por el motivo que sea) ¿qué participación real tienen en el ejercicio del poder? ¿Algún negro eligió democráticamente ser pobre? ¿Alguna mujer decidió ser condenada a trabajar más que un varón y a ganar menos?
Es decir, si se profundiza la estructura íntima de los sistemas políticos, siguen surgiendo las preguntas: ¿a quién representan los representantes del pueblo en las democracias formales? Los políticos profesionales de las democracias parlamentarias, ¿representan a los pobres, a los excluidos, a las mujeres hechas a un lado, a los indigentes, a los desesperados de toda laya que pueblan la Tierra? ¿Por qué hay tan pocas mujeres, o indígenas, e negros en los cargos electivos de cualquier país?
Las decisiones que marcan el destino del mundo –la economía, la guerra, los modelos culturales dominantes– jamás se toman democráticamente. Luego de decididas por unos pocos –la citada observación de Valéry es más que oportuna entonces– se busca “evitar que la gente tome parte en los asuntos que le conciernen” pero haciendo creer que participa, que decide. En buena medida, hasta ahora eso es la política. Tal como dijo alguna vez el escritor argentino Jorge Luis Borges: al menos hasta ahora, tal como la conocemos, “la democracia es una ficción estadística”.
Ahora bien: esto abre una serie de reflexiones que es muy importante desarrollar.
La idea respecto a que “la masa es estúpida y no piensa” es, como mínimo, muy sencilla. Sin dudas, tal como se ha venido dando la organización de todas las sociedades de clases, la minoría en el poder supo manipular a las grandes masas. Pero eso no significa que la gente sea intrínsecamente tonta; menos aún, que merezca ser tratada como tonta. No hay ninguna duda –la historia y la experiencia lo enseñan– que la psicología de las masas presenta características peculiares que no pueden entenderse desde el punto de vista de lo individual. Puestos en masas, transformados en hombre-masa, todos desaparecemos como sujeto para constituirnos en un colectivo y seguir la corriente; y es cierto que, en tanto colectivo, en tanto grupo indiferenciado, no hay razonamiento crítico. Pero esto no invalida la posibilidad de reflexión, y mucho menos, no autoriza a la manipulación de la masa. ¿En nombre de qué, con qué derecho una elite puede manipular a una gran mayoría? No se puede ser tan superficial, tan falto de rigor científico y decir que “a la gente le gusta eso” Más que superficial, eso escamotea la verdad –por no decir que es totalmente cuestionable en términos éticos–.
Como formulación de ciencia social explicar algo en función de una presunta “estupidez” connatural es restringido: la gente podrá ser “tonta” (ahí está Homer Simpson como su ícono), pero hay límites a la tontera. Si fuéramos tan tontos y prefiriésemos “naturalmente” nuestra condición de esclavos, seguiríamos bajo el látigo del amo esclavista. ¡Pero hay Espartacos! Por todos lados en la historia han surgido Espartacos, y siguen surgiendo. Y cada vez más las poblaciones (esas masas manipulables a las que se intenta conformar con el pan y circo –ayer gladiadores, hoy Hollywood, fútbol y telenovelas–), cada vez más van abriendo los ojos, despertando, exigiendo derechos, dando saltos hacia delante, aunque también sigan consumiendo los que se les ordena y pensando lo que las usinas mediáticas informan. Cada vez más la historia nos muestra poblaciones que se rebelan y protestan, alzan la voz, participan en su vida política.
La democracia formal, la democracia representativa de los parlamentos modernos con su división de tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), no termina de ser en su plenitud el gobierno del pueblo. En realidad, más allá de la declamación formal, resta mucho para ser verdaderamente un ejercicio de poder horizontal de todos, una democracia deliberativa.
El mejoramiento de las condiciones económico-sociales es un factor de gran importancia para el progreso de las sociedades; pero eso no es todo: la población tiene que tomar parte activa en los asuntos que le conciernen, involucrarse, sentir que la toma de decisiones le es algo propio. La equidad, la justicia, la democracia definitiva, es el avance en todos los aspectos: los económicos y también los políticos.
La democracia, si se queda sólo en lo formal, es vacía, no es democracia. Es el gobierno de los grandes grupos económicos secundados por los políticos de profesión y por todo el andamiaje cultural y militar que permite seguir con la misma estructura, dándose el lujo incluso de jugar a la participación de la gente en las decisiones. Pero la gente no decide. La población, la gran masa, es consumidora (hay que atenderla bien para que siga comprando), o electorado (hay que atenderlo bien para que me sigan votando).
O también puede ser televidente, y ya es sabido lo que ello implica: ¿decide algún usuario de los medios masivos de comunicación, más allá de cuestionables programas “participativos” (¡los reality shows!, por ejemplo), decide algo de lo que consume? Si ese ciudadano consumidor que vota cada tantos años protesta demasiado… es considerado un “subversivo”; entonces ahí están los aparatos de control. Pero nunca participa en las decisiones básicas de su vida, aunque viva en democracias formales donde nunca hay golpes de Estado.
Es real que en algunos lugares del planeta esas democracias representativas dan resultado, pues ahí nadie pasa hambre y tiene cuotas más o menos altas de beneficios. Pero para mantener esas “democracias occidentales”, el 80 % de la población mundial pasa grandes sufrimientos. O democracia para todos, o si no hay algo que no funciona. No puede haber democracia sólo para un 20 %; eso no es poder para todos. La misma idea de democracia incluye a la totalidad, no sólo a fragmentos, a sectores.
El sistema político democrático, para ser tal, debe incluir realmente a la totalidad de la población en la toma de decisiones: democracia deliberativa, democracia participativa. Si no, no termina de ser genuinamente el “gobierno del pueblo”. Sin la participación ciudadana genuina no hay ciudadanía; hay actos eleccionarios cada cierto tiempo, pero no democracia. Texto: Marcelo Colussi. (Parte II de II). Ver: 'Parte I'.

6 feb 2015

Hablando de democracia (Parte I de II)

Si estudiamos las formas de organización política que ha tomado cualquiera de las sociedades donde encontramos grupos sociales enfrentados, lo que también se conoce como “clases sociales”, desde que existe registro histórico de ello (a partir de las sociedades agrarias sedentarias en adelante, hace unos diez mil años), vemos que siempre es una pequeña élite la que guía los destinos del colectivo. Fuera de una organización social de iguales, de pares donde todos los miembros de la comunidad serían iguales, el estudio de toda forma de estructura social que encontramos a través de la historia nos confronta con dirigentes y dirigidos. Y siempre, invariablemente, los primeros son una minoría, y los segundos una amplia mayoría.
Democracia activa
¿Cómo ha sido posible, y sigue siéndolo, que unos pocos sojuzguen a una mayoría? Apelar a una explicación biologista con reminiscencias de Darwin donde “los más aptos” se impondrían, lleva implícita una valoración cuestionable: ¿podría la historia explicarse sólo por la idea de “triunfadores” (los mejores, los más aptos) versus “perdedores” (los más débiles, los menos aptos). Si nos quedáramos con esa pretendida explicación, se estaría avalando la idea de “superiores” e “inferiores” (Pero, ¿acaso hay ciudadanos “mejores” y "peores" entonces?).
¿Estamos ante la necesidad de un conductor, de un gran padre todopoderoso que conduce a la masa? ¿Vericuetos de nuestra humana condición donde los más fuertes (los más osados, los más aprovechados) siempre se las ingenian para sojuzgar al colectivo? ¿Mediocridad de la masa? El debate está abierto, y por cierto es muy complejo.
Es evidente y totalmente constatable en la observación desapasionada de la historia de la humanidad que, al menos hasta ahora, en esta sangrienta dinámica de lucha de grupos enfrentados que ya lleva varios milenios, son siempre minorías las que ejercen el poder sobre grandes mayorías. Ante eso surgen inmediatamente las preguntas: ¿qué hay de la democracia, del “gobierno del pueblo”? ¿Es posible? ¿Cómo?
En el vocabulario político actual “democracia” es, sin lugar a dudas, la palabra más utilizada. En su nombre puede hacerse cualquier cosa (invadir un país, por ejemplo, o torturar, o mentir descaradamente, o llegar a dar un golpe de Estado); es un término elástico, engañoso en cierta forma. Pero lo que menos sucede, lo que más remotamente alejado de la realidad se da como experiencia constatable, es precisamente un ejercicio democrático, es decir: un genuino y verdadero “gobierno del pueblo”. Como vemos, entonces, esto de la democracia es algo muy complejo, complicado, enrevesado. Es, en otros términos, sinónimo de la reflexión sobre el poder y el ejercicio de la política. Para ser cautos no podríamos, en términos rigurosos, ponderarla como “lo bueno” sin más, contrapuesta –maniqueamente, por supuesto– a “lo malo”. Siendo prudentes en esta afirmación puede citarse a un erudito en estos estudios, Norberto Bobbio, que con objetividad dirá que “el problema de la democracia, de sus características y de su prestigio (o de la falta de prestigio) es, como se ve, tan antiguo como la propia reflexión sobre las cosas de la política, y ha sido repropuesto y reformulado en todas las épocas”.
Democracia formal
Es obvio que si democracia se opone a autoritarismo, la vida en regímenes dictatoriales torna la cotidianeidad mucho más dura. En ese sentido, sin ningún lugar a dudas vivir bajo una dictadura donde no existen garantías constitucionales mínimas, donde cualquiera puede ser secuestrado por las fuerzas de seguridad del Estado, torturado, asesinado con la más completa impunidad, es un atropello flagrante, un calvario. Las penurias económicas son terribles; pero por supuesto una dictadura antidemocrática es peor: morirse de hambre, aunque sea escandaloso, no es lo mismo que morir en una cárcel clandestina de una dictadura.
En ese sentido no está de más recordar una muy pormenorizada investigación desarrollada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el 2004 en países de América Latina donde se destacaba que el 54.7% de la población estudiada apoyaría de buen grado un gobierno dictatorial si eso le resolviera los problemas de índole económica. Aunque eso conllevó la consternación de más de algún politólogo, incluido el por ese entonces Secretario General de Naciones Unidas, el ghanés Kofi Annan (“la solución para sus problemas no radica en una vuelta al autoritarismo sino en una sólida y profundamente enraizada democracia”), ello debe abrir un debate genuino sobre el porqué la gente lo expresa así. Democracia formal sin soluciones económica no sirve; pero la inversa, si faltan las libertades civiles mínimas, tampoco es el camino.
Los primeros desarrollos del socialismo construido durante el siglo XX (Rusia, China, Cuba) comenzaron a intentar equilibrar las injusticias económicas; pero en cuanto al ejercicio del poder popular la cuestión sigue siendo una asignatura pendiente. Se avanzó en eso, sin dudas, al menos en la intención (la Revolución Cultural china, o los asambleas populares cubanas, son interesantes experiencias). Pero aún estamos lejos de poder indicar una democracia popular de base efectiva en el campo socialista. Por otro lado, con su involución hacia fines de siglo, la sobrevivencia de lo que no arrastró la marea de destrucción de todo ese campo (Cuba resistió y sigue de pie) se centró en eso: la supervivencia ("período especial" se dijo en la isla en los años '90), y el tema de la democracia de base, del poder popular no fue el principal punto de agenda. ¿Se puede hablar hoy de poder popular en China? ¿Qué quedó de la “dictadura del proletariado” en los países de Europa del Este?
En las democracias no socialistas, la pregunta en torno al verdadero y genuino “gobierno del pueblo” también sigue siendo una pregunta abierta. Desde el triunfo de las burguesías modernas sobre los regímenes feudales en Europa, o de la consolidación de las colonias americanas de Gran Bretaña como Estados Unidos de América con su empuje descomunal, la construcción del mundo moderno, de las “democracias industriales o democracias de libre mercado” –como suele llamárselas– sigue obedeciendo más que nada a una lógica donde unos pocos factores de poder (básicamente económico) son los que controlan; el gobierno de las mayorías, el verdadero y genuino poder de las mayorías, sigue siendo también una asignatura pendiente. Quien manda, fundamentalmente, es el mercado. No hay dudas que fue un paso adelante en relación con el absolutismo monárquico; pero de ahí a gobierno del pueblo dista una gran distancia.
Tal como agudamente lo destacó Paul Valéry: “la política es el arte de evitar que la gente tome parte en los asuntos que le conciernen”. Dicho en otros términos: los factores de poder no ceden nunca en su dominación, en su posición de sojuzgamiento del sojuzgado. La democracia que se construyó con la inauguración del mundo burgués moderno (donde Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña marcaron el rumbo) se asienta en la dominación de los grandes propietarios industriales. El pueblo gobierna sólo a través de sus representantes. Pero, ¿a quién representan los gobernantes? ¿Gobierna el pueblo?
En la forma de Estado democrático parlamentario moderno, el surgido hacia fines del siglo XVIII, se supone que los ciudadanos eligen a sus representantes por medio del voto, y cada cierto tiempo estos gobernantes son reemplazados por otros. La sociedad, entonces, se gobernaría a partir de la decisión de las grandes masas soberanas. Pero a decir verdad los verdaderos factores de poder nunca son elegidos por la población. Texto: Marcelo Colussi. Parte I de II. Ver: PARTE II

5 feb 2015

Charlie Hebdo: Hipocresía global

Tras el sangriento atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo en París, los medios de comunicación globalizados despliegan una campaña mediática bien organizada alabando la libertad de expresión, sin embargo, ellos no ignoran que este derecho universal es desde hace tiempo privilegio de una minoría poderosa.
En un reciente artículo, el periodista Renán Vega Cantor explica que en el mundo de la civilización occidental "dibujar contra los musulmanes es libertad de expresión mientras que dibujar sobre los judíos es antisemitismo inmediatamente censurado".

A la vez, la prensa globalizada cierra los ojos a lo que está pasando en los países alineados incondicionalmente con Occidente, esto a pesar de sus regímenes dictatoriales que muestran un completo irrespeto a los derechos humanos y en especial a la libertad de opinión, expresión y pensamiento. El caso del bloguero saudita Raif Badawi da escalofríos.
Él fue detenido el 2008 por apostasía o abandono de la religión. Cinco años después fue sentenciado a 600 latigazos y siete años de cárcel. Después de que su abogado y cuñado Waleed Abu al-Khair presentaran la apelación, la condena a Raif Badawi ha sido cambiada de siete a 10 años de cárcel, los latigazos aumentaron a mil y la multa que tiene que abonar es de 225.000 euros. Las autoridades judiciales tampoco se olvidaron del abogado Waleed Abu al-Khair y lo han sentenciado a 15 años de prisión por cargos de deslealtad al rey Abdulá, desacato a la autoridad y asociación ilícita.
Ante el silencio del mundo y los medios que se rasgan las vestiduras por el caso de Charlie Hebdo, Raif Badawi recibió 50 latigazos frente a la mezquita de Jafali. Según la sentencia, este castigo se aplicará una vez a la semana cada viernes durante 20 semanas. La culpa de este bloguero consiste en promocionar un foro virtual en forma de un debate político sobre la nueva ley antiterrorista. Esta ley incluye como acto terrorista "cualquier disturbio del orden público, perturbar la seguridad de la sociedad o poner en peligro la seguridad nacional".
Lo lamentable es que los medios de comunicación globalizados, que denuncian diariamente la "violación de los derechos humanos" en los países no alineados con los Estados Unidos y la Unión Europea, como Siria e Irán, no percibieron 1.000 latigazos como un desafío al derecho internacional.
Arabia Saudita ratificó la Convención Contra la Tortura y los latigazos son un método de tortura. De acuerdo al Artículo 20 de la Convención, el Comité Contra la Tortura tiene el derecho de hacer "ex oficio investigación" y puede condenar a Arabia Saudita. Sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) parece que no está apurada en presionar a las autoridades locales para detener esta práctica en el país. Lo mismo pasó con la Asociación de Derechos Políticos y Civiles Saudí (ACPRA) en el 2009 cuando las autoridades detuvieron y juzgaron a 11 activistas de los derechos humanos. Uno de ellos, Muhammed al-Qahtani es considerado por la revista norteamericana Foreign Policy como "uno de los 100 pensadores globales".
Por supuesto, Washington, Bruselas y la ONU simplemente ignoraron estos casos y nunca condenaron la práctica de decapitación, apedreamiento, fragelamiento, amputación etc. aplicados en Arabia Saudita. En 2013 fueron decapitadas 78 personas en un acto público y 87 el año pasado. Pero quién en los Estados Unidos o en la Unión Europea se atrevería a denunciar esta práctica saudita si este país constituye, junto con Israel, el pilar de la política exterior norteamericana en el Medio Oriente. Su tarea fue bien definida por Washington y consiste en destruir el "eje del mal shiita" en la región: Damasco-Beirut-Teherán. Por supuesto todo esto se está tratando de cumplir Arabia Saudita bajo el pretexto de "instaurar la democracia y libertad" en Siria, Líbano e Irán como igual lo hizo en Afganistán, Irak y Yemen.
Lo muhajidines, los talibanes, los de Al Qaeda y ahora los del Estado Islámico de Irak y Siria (EIIS) habían sido financiados y armados por Arabia Saudita y entrenados por Israel, Turquía, Estados Unidos y otros miembros de la OTAN. El rol de Arabia Saudita fue vital en el aumento de los grupos yihadistas de 28 (48.000 hombres armados) en 2007 a 49 en 2014, lo que supone unos 100.000 hombres armados llamados ahora terroristas pues antes los medios globalizados los llamaban "patriotas", "guerrilleros", "combatientes por la libertad". En diciembre de 2009, Hillary Clinton escribió en un cable que posteriormente fue divulgado por WikiLeaks que "Arabia Saudita era principal financista de Al Qaeda, Talibán y otros grupos terroristas".
Todos estos terroristas al servicio de Washington y Bruselas han matado millones de personas inocentes, han decapitado decenas de periodistas pero jamás han sido denunciados por la prensa globalizada pues ambos participan en lo que se llama "la guerra energética" para asegurar la hegemonía energética norteamericana. No hay que olvidar que la guerra en Afganistán, que se inició en octubre de 2001, tenía el propósito de asegurar la presencia de EE.UU. en la región vital para el transporte del petróleo y gas desde Asia Central a los mercados globales.
La guerra contra Irak (marzo 2003) estaba destinada lograr el control de Washington sobre las reservas del oro negro de Irak y las del Golfo Pérsico. La actual guerra contra Siria está orientada hacia el debilitamiento de Irán y el poder chiita en la región. Arabia Saudita es necesaria para asegurar los intereses de Washington financiando a los terroristas del EIIS contra los cuales están aparentemente luchando los norteamericanos y sus aliados de la OTAN.
Entonces, la supresión de la libertad de expresión y la violación flagrante de los derechos humanos en Arabia Saudita pasan desapercibidas en este contexto en el Occidente y ni siquiera interesan a las Naciones Unidas. Los manipuladores de la prensa globalizada vienen destruyendo desde hace más de cinco años la institución de los periodistas de investigación para hacer el contenido de la información, ofrecida al público mundial, más homogéneo y orientado hacia el proyecto de la globalización política. Como se sabe el proceso de la globalización económica ya está en su fase final y sus consecuencias se sienten en todos los rincones del mundo.
La globalización política requiere una cuidadosa y bien camuflada restricción de la libertad de expresión en el seno de los globalizadores. Precisamente de esto habla Noam Chomsky cuando declara que "la libertad de expresión en Francia es un engaño y un fraude". Lo mismo se repite en Gran Bretaña donde, según revelación de Edward Snowden, su agencia de seguridad nacional: Government Communications Headquarters (GCHQ) parecida a la NSA norteamericana puso en su lista de los terroristas, hackers y otras personas peligrosas para la seguridad nacional a los periodistas de investigación.
No perdonaron ni siquiera a los medios de comunicación que participan en el proceso de globalización política como Reuters, Washington Post, The New York Times, NBC, Le Mond, The Sun, El País y muchos otros. Todo esto significa el inicio de la etapa de depuración dentro del sistema de información de los mismos globalizadores. Frente a todo esto la libertad de expresión, pensamiento y opinión se convierte en un vacío juego de palabras. Hace más de un siglo, el escritor ruso Iván Turguénev (1818-1883) dijo pensativo que "cuando desaparezcan personas como Don Quijote, el libro de la historia cerrará su última página. No habrá más que leer en él". Texto: Vicky Peláez. Ver: Charlie H. y el fascismo

4 feb 2015

La 'Guerra mediática' y el 'Golpe Suave'. (Parte II de II)

El “Golpe Suave”

El término “Golpe Suave”, correspondiente a una nueva estrategia de “acción no violenta” para derrocar gobiernos adversos al Imperio e interrumpir procesos de amplia participación popular, fue acuñado por el politólogo y escritor norteamericano GENE SHARP en su texto 'De la Dictadura a la Democracia', a finales del siglo XX. Esta estrategia es diferente al golpe de Estado tradicional, que implica un levantamiento de las Fuerzas Armadas constitucionales o de un sector importante de ellas para destituir por la fuerza al Presidente de la República. Pero, en su proceso, pueden incluir asonadas parciales de algún sector de las Fuerzas Armadas.

De acuerdo con Sharp, la estrategia del “golpe suave” puede ejecutarse a través de cinco etapas jerarquizadas o realizadas de manera simultánea. Éstas han sido sintetizadas por la agencia Russia Today (RT) y el internacionalista WALTER GOOBAR, de la siguiente manera:
1ª. Ablandamiento, empleando la Guerra de Cuarta Generación: desarrollo de matrices de opinión centradas en déficit reales o potenciales, cabalgamiento de los conflictos y promoción del descontento, promoción de factores de malestar, entre los que se destacan: desabastecimiento, criminalidad, manipulación del dólar, lockout patronal y otros, denuncias de corrupción, promoción de intrigas sectarias y fractura de la unidad.
2ª. Deslegitimación: manipulación de los prejuicios anticomunistas, impulso de campañas publicitarias en defensa de la libertad de prensa, derechos humanos y libertades públicas, acusaciones de totalitarismo y pensamiento único, fractura ético-política.
3ª. Calentamiento de la calle: cabalgamiento de los conflictos y fomento de la movilización de calle, elaboración de una plataforma de lucha que globalicen las demandas políticas y sociales, generalización de todo tipo de protestas, exponiendo fallas y errores gubernamentales, organización de manifestaciones, trancas y tomas de instituciones públicas que radicalicen la confrontación.
4ª. Combinación de diversas formas de lucha: organización de marchas y tomas de instituciones emblemáticas, con el objeto de coparlas y convertirlas en plataforma publicitaria, desarrollo de operaciones de guerra psicológica y acciones de grupos opositores armados para justificar medidas represivas y crear un clima de ingobernabilidad, impulso de campaña de rumores entre fuerzas militares y tratar de desmoralizar a los organismos de seguridad.
5ª. Forzar la renuncia del Presidente de turno, mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle. Paralelamente, se prepara el terreno para lograr el aislamiento internacional del país, provocar una guerra civil y una intervención militar extranjera. En esta quinta etapa, también se contempla la posibilidad de “destitución constitucional” del Presidente, por parte del Parlamento, acudiendo a cualquier argucia jurídica o a la “deslegitimación” del mandatario.
En tales procesos, resulta evidente la participación de “los combatientes” por la “libertad”, la “democracia” y los “derechos humanos”: La CIA, la DEA, el FBI, la NSA, el Departamento de Estado USA, la USAID (agencia norteamericana internacional para el “desarrollo”), expertos en numerosos golpes de Estado cruentos o incruentos, durante muchos años, y el mundo que ellos dirigen sigue peor, menos libre, menos democrático y más violador de los derechos humanos.

Algunos ejemplos concretos actuales

Como antecedentes significativos, tenemos la “guerra de baja intensidad” llevada a cabo contra Cuba y Nicaragua, por la CIA. Contra la primera, después del fracaso norteamericano de la invasión a Bahía de Cochinos (abril de 1961), mediante la serie de sabotajes económicos, los ataques clandestinos biológicos, la constante publicidad que sataniza el socialismo presentándolo como creador de miseria y esclavitud, el bloqueo económico de más de cinco décadas, el patrocinio de grupos internos “disidentes” que han realizado actividades conspirativas, numerosos planes de atentados (fallidos todos ellos) contra su máximo líder Fidel Castro, para intentar generar desconcierto y desmoralización en la población cubana, la guerra cibernética (“ZunZuneo”) contra “el régimen de los hermanos Castro”, el cual es presentado como “dictatorial” y “torturador”. WAYNE MADSEN, periodista norteamericano, ex-trabajador de la NSA y experto en “teorías de la conspiración”, declaró para el canal venezolano Telesur que “con el ZunZuneo, el gobierno de Estados Unidos pretendía promover la ‘primavera cubana’ y que la población iniciara manifestaciones públicas contra el gobierno de Cuba”. Todos estos planes y acciones desestabilizadoras han fracasado, por la unidad entre el gobierno y el pueblo de la isla caribeña.
Contra Nicaragua, después del triunfo de la Revolución Sandinista (julio 1979), a través de acciones armadas y de sabotaje realizadas por grupos entrenados por el Gobierno norteamericano durante los años 80, llamados “los contras”, que originaron pobreza, destrucción y desespero en la población nicaragüense. Además, se llevó a cabo un embargo económico contra la patria de Sandino. Esto condujo a la derrota electoral del Frente Sandinista, en 1990, ante la derechista Unión Nacional Opositora, patrocinada por Estados Unidos, quienes desarrollaron, entre otras tácticas, una fuerte guerra psicológica, centrada en que si ganaba el Frente Sandinista continuaría la guerra y el embargo, lo que originaría más pobreza y daños al pueblo de ese país centroamericano. Por esta razón, buena parte de este pueblo votó por la Unión Nacional Opositora. Estas elecciones fueron presentadas como “libres, limpias y sin coerciones” por parte del Gobierno y los principales medios norteamericanos. El Frente Sandinista volvió a recuperar el poder mediante elecciones democráticas, en la primera década del siglo XXI.
La estrategia golpista, basada en el citado texto de Sharp, se ejecutó con éxito en el derrocamiento del presidente Slobodan Milosevic, en Serbia, en 2000; del presidente georgiano Eduard Shevarnadze, en noviembre de 2003; en la “destitución” del presidente de Ucrania Viktor Yanukovych, en febrero de 2014.
En América Latina, la estrategia del “golpe suave” se ha registrado en cinco casos. Ha triunfado en Honduras (2009) y Paraguay (2012), mediante “destitución” parlamentaria del Presidente de la República. Ha fracasado en Venezuela (2002 y 2014), Bolivia (2008 y 2012) y Ecuador (2010), aunque ha hecho mucho daño, sobre todo en la patria de Bolívar, donde, en realidad, en abril de 2002, se dio un Golpe Militar completo, más que “suave”, sólo que la unión cívico-militar democrática y popular recuperó el poder en pocas horas.

El caso de Venezuela

Los enemigos de la Revolución Bolivariana y, por consiguiente, de la democracia popular, como lo señala el analista venezolano RAMÓN LOBO, “han llegado a la desfachatez de reproducir leyes falsas para inducir al venezolano para que salga a defender la propiedad privada de su bodega, carnicería, casa o cualquier otro bien personal; en verdad, lo que buscan es la defensa de los medios de producción de la oligarquía. El elemento de la propiedad privada lo enlazan con la falacia de la pérdida de los padres de la patria potestad, elementos falsos puesto que en ningún momento estos derechos están en discusión. Es una especie de sexto poder que intenta legalizarse a través de la mentira y del engaño, lamentablemente una parte de la población ha sido presa fácil de estos mensajes distorsionadores; producto de una guerra que no cuenta con armas, pero sí con el propagandismo perverso orientado desde el imperio, donde inclusive ni el Presidente de USA Barack Obama se ha salvado, de las acciones agitadoras de la cadena Fox News”. Esta guerra psicológica tuvo sus efectos, porque originó temor en importantes sectores de la población venezolana y produjo la pérdida electoral chavista en el referendo de reforma constitucional de 2007.
Frente a los hechos de violencia desatados por la oposición en Venezuela, desde el 12 de febrero de 2014, que planean el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro, o su renuncia, los medios de comunicación internacionales, incluyendo los colombianos, han presentado tales hechos como “protestas pacíficas”, realizadas principalmente por “estudiantes”, y que la violencia es desatada por el gobierno venezolano con la “fuerte represión” y la “violación” a los derechos humanos a través de la Guardia Nacional y grupos de civiles armados y patrocinados por el gobierno, contra los manifestantes: Cadenas de televisión, como CNN, NTN24, Caracol, RCN. Periódicos, como: El Nuevo Herald (Miami), El País (España); El Nacional y el Universal (Venezuela); El Tiempo, El Espectador, las revistas Semana y Dinero (Colombia). Radioemisoras, como: Caracol, RCN, la W, Blu Radio (Colombia). Estos medios, representantes de la “libertad de expresión” ocultan los terribles y continuos atentados contra la vida, la economía, la salud, la educación, la cultura, la infraestructura eléctrica (con el propósito de destruir el país), por parte de las bandas armadas de mercenarios pagados desde el exterior y por los grupos poderosos en Venezuela; muy pocos son realmente estudiantes y ciudadanos venezolanos que participan en ellas. Ocultan, también, los significativos logros de la Revolución Bolivariana, en sus 15 años (a pesar de las dificultades y los sabotajes), en alimentación, educación, salud, vivienda, cultura y bienestar general para el conjunto de la población; lo ocultan para que otros pueblos latinoamericanos no conozcan estos avances y no les exijan a sus respectivos gobiernos tales reivindicaciones, y para que no intenten los mismos pueblos realizar transformaciones revolucionarias.
Como señala el director del periódico  colombiano 'PARÉNTESIS', LUIS ALFONSO MENA, “actos como incendiar jardines infantiles, atentar contra escuelas y liceos, quemar quince universidades, destruir los bienes públicos, envenenar acueductos, incinerar más de tres mil hectáreas de parques naturales y talar más de cinco mil árboles, secuestrar con barricadas y violencia a sus propios vecinos, amenazar y torturar a quienes los critican, tender toda clase de trampas en calles y avenidas para matar chavistas, asesinar con francotiradores a seis guardias nacionales, usar explosivos contra abastos, medios de transporte, puestos de salud y centrales eléctricas, etc. no son procedimientos de una protesta "pacífica". Todos esos actos protagonizados por la oposición venezolana y muchos más son simplemente terrorismo… ¿Por qué para Caracol, El Tiempo, El Espectador, El País, Semana, etc, estos crímenes atroces, evidentes, no existen? El deber de un medio de comunicación ético es decir la verdad. Esa es la misión del periodismo honesto. Lo demás es simplemente confabulación con el crimen, complicidad con el terrorismo”.
Lo curioso es que la guerra psicológica y mediática en general contra el pueblo y la revolución venezolana ha hecho mella también en las mentes de algunos intelectuales, aún de izquierda, en varios países latinoamericanos, quienes repiten las falacias de la publicidad imperial, o pronostican, mediante sus dogmáticos y estrechos esquemas denominados “marxista-leninistas”, el “fracaso” de la revolución bolivariana, porque ésta, según ellos, no está aplicando los principios del “socialismo puro”, inmaculado, que sólo existe en sus cerebros celestiales.

¿Cómo afrontar la guerra mediática?

Afrontar la guerra mediática, de las características analizadas anteriormente no es tarea fácil, pero no imposible. Requiere un arduo trabajo, constante, organizado, comunitario, creando y desarrollando medios de comunicación alternativos, locales, regionales, nacionales e internacionales. Ello debe conducir a promover una educación política y cultural masiva y crítica, y una ética de la comunicación pública, lo que implica un compromiso para construir la democracia desde abajo, la veracidad y la responsabilidad social, como lo analiza Robert White. Todo esto es más factible cuando existen gobiernos progresistas que apoyan tales labores, pero requiere ingentes esfuerzos en los países donde no existen dichos gobiernos.
Lo anterior también quiere decir que, a través de medios alternativos, se debe implementar una educación liberadora contra la opresión, que enfrente culturalmente “la cultura de la dominación”, como lo expone Paulo Freire: “En el primer momento, mediante el cambio de percepción del mundo del opresor por parte de los oprimidos y, en el segundo, por la expulsión de los mitos creados y desarrollados en la estructura opresora, que se mantienen como aspectos míticos, en la nueva estructura que surge de la transformación revolucionaria”.
Educación liberadora y desarrollo de medios alternativos significa: No pensar con la mente del opresor, de los dueños de los grandes medios de comunicación. Pensar y actuar con sentido comunitario, solidario, cooperativo, de amplia participación democrática. Mantener una actitud investigativa y crítica; tener en cuenta los múltiples aspectos, factores, causas de un problema o situación. Denunciar, resueltamente, cuando hay una clara violación a los derechos humanos, por parte de algún gobierno u otra organización, o la práctica de formas ilegales, corruptas y violentas de ejercer el poder. Apoyar gobiernos realmente democráticos y ser copartícipes en la construcción de formas democráticas sociales y populares. Ser veraces, objetivos e imparciales en la presentación de los hechos. Abrir espacios al pensamiento crítico, al debate público serio sobre temáticas de importancia en lo económico, político, social, cultural, ambiental, relaciones internacionales, integración regional, sobre todo latinoamericana, la democracia participativa, el desarrollo concreto de medios alternativos de comunicación y comunitarios, la soberanía nacional, la soberanía alimentaria, el trato o convenios con el capital extranjero, el desarrollo minero-energético y el medio ambiente. Aclarar el verdadero sentido de libertad de expresión, libertad de prensa, el deber y el derecho a la información veraz de los acontecimientos. No hacer eco de las calumnias y desmentirlas a tiempo. Utilizar y democratizar las diversas tecnologías comunicacionales, para difundir informaciones verídicas, educativas y orientadoras, desechando la violencia y promoviendo una cultura de paz con justicia social.
Todo lo anterior, implica mantener en alto una profunda ética del periodismo y de la comunicación en general. Como dijo el Nobel colombiano de literatura GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, “la ética debe acompañar al periodismo como el zumbido al moscardón”, tema sobre el que insistía en los talleres de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, FNPI, iniciada por el Gabo el 18 de marzo de 1995, en Cartagena de Indias. En la FNPI se resalta la “ética periodística y de los peligros de hacer depender el éxito de los medios de la chiva o primicia”, en palabras de su director Jaime Abello Banfi.
Es necesario contribuir en la organización comunitaria que implemente la televisión, las emisoras, la prensa escrita, la prensa digital, las redes sociales, independientes y críticas. En esto han habido avances importantes en América Latina y en otras partes del mundo, como lo analiza el especialista boliviano en comunicación para el desarrollo ALFONSO GUMUCIO DAGRON: Varios sectores populares “desarrollaron sus propias herramientas de comunicación porque no tenían posibilidad de acceso a los medios masivos de difusión del Estado o del sector privado. Para conquistar un espacio público para sus voces, crearon estaciones radiales comunitarias, boletines populares, grupos de teatro de la calle y, en ocasiones, canales locales de televisión… desarrollo de la capacidad autónoma y colectiva de adoptar la comunicación como herramienta que contribuye al fortalecimiento organizativo comunitario”.
No se trata de que un grupo comunicativo comunitario se quede sólo en su localidad, donde, en verdad, puede practicar la democracia en concreto, dar cabida a manifestaciones culturales específicas, poner de presente las necesidades y problemas particulares. Para contrarrestar la guerra mediática, deben incluirse en los medios alternativos de comunicación, programas, temas, otras comunidades locales o regionales, que hagan ver que está enfrentándose a un enemigo mediático poderoso, al cual puede desenmascarársele y desmentir sus falsas versiones sobre muchos acontecimientos. Y, como lo propone la investigadora colombiana en comunicación, AMPARO CADAVID, tales medios alternativos deben relacionarse y vincularse con movimientos sociales, “que cada día cobran más espacio y aumentan su impacto en la construcción de una América Latina como la sueñan y desean la mayoría de sus pobladores”. Texto: Enrique Alfonso Rico Cifuentes, filósofo y politólogo colombiano. Autor del libro Elogio de la Sabia Sencillez . Ver: 'PARTE I'.

3 feb 2015

La 'Guerra Mediática' y el 'Golpe Suave'. (Parte I de II)

Sobre diversos acontecimientos actuales recibimos un constante bombardeo a través de los poderosos medios de comunicación nacionales e internacionales, los cuales nos presentan una sola versión de los hechos, muchas veces parcializada o tergiversada, con la que se nutre mentalmente a la mayoría de la población. Ésta “no tiene tiempo” o no le interesa investigar otras versiones sobre tales asuntos y toman aquélla como la única verdad, que repiten casi de manera mecánica y emocional, sin ningún tipo de análisis. Así se crean, lo que llaman algunos analistas, sólidas matrices de opinión (o en lenguaje coloquial: fuertes prejuicios) y profundos amores u odios respecto a personajes, países o modelos económicos, sentimientos que se cierran con enormes cadenas, impidiendo, de manera furibunda, la entrada de cualquier otra versión.

Dicho bombardeo mediático no es casual o consecuencia del capricho o error de un medio de comunicación. Corresponde a una estrategia, no sólo de tales medios, sino también de las grandes empresas transnacionales, que son sus reales propietarios, y de los respectivos gobiernos que las apoyan. Todos ellos consideran que son los únicos dueños del mundo, de la “democracia”, de la “libertad de expresión” y de la “verdad”, y no toleran que ningún otro poder, gobierno o país, adversos a sus intereses, puedan surgir, manifestarse o construir un modelo diferente de desarrollo. Por lo tanto trazan y ejecutan planes para combatirlos mediante operaciones de guerra psicológica, sabotajes económicos o acciones de desestabilización interna, para que se conviertan en naciones o regiones “ingobernables”, “violadoras” de los derechos humanos, y que exigen destitución “legal”, “constitucional”, de un gobernante, o una “intervención humanitaria” de fuerzas extranjeras (ONU, OTAN, Estados Unidos, Francia, Inglaterra...) para “salvar” a ese país de las garras de la “dictadura” en que vive.
Dentro de estos planes se encuentra lo que se ha llamado, en los últimos tiempos la guerra mediática, la cual forma parte de la nueva estrategia de los imperios, para hegemonizar su poder en todo el bloque terráqueo, con el propósito de producir un mínimo de resistencia de sus oponentes o la desaparición de ella. También, presentaremos algunas pautas para tratar de contrarrestar la guerra mediática, mediante estrategias comunicacionales democráticas y comunitarias. Es lo que intentaremos analizar someramente en este breve ensayo que, seguramente, será incompleto y planteará nuevos interrogantes.

Guerra de cuarta generación

La guerra mediática es parte integrante de lo que algunos teóricos contemporáneos de la guerra llaman “guerra de cuarta generación”. Ésta es una “denominación dentro de la doctrina militar estadounidense que comprende a la Guerra de guerrillas, la Guerra asimétrica, la Guerra de baja intensidad, la Guerra Sucia, el Terrorismo de Estado u operaciones similares y encubiertas, la Guerra popular, la Guerra civil, el Terrorismo y el Contraterrorismo, además de la Propaganda, en combinación con estrategias no convencionales de combate que incluyen la Cibernética, la Población civil y la Política. En este tipo de guerras no hay enfrentamiento entre ejércitos regulares ni necesariamente entre Estados, sinó entre un estado y grupos violentos o mayormente entre grupos violentos de naturaleza política, económica, religiosa o étnica… El término se originó en 1989 cuando William Lind y cuatro oficiales del Ejército y del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos titularon un documento: "El rostro cambiante de la guerra: hacia la cuarta generación". Ese año, el documento se publicó simultáneamente en la edición de octubre del Military Review y la Marine Corps Gazette. Está relacionada con la Guerra asimétrica y la Guerra Contraterrorista”.
Es decir, la guerra mediática está en coordinación con los otros componentes de la guerra de cuarta generación, señalados en el párrafo anterior. Aunque su énfasis está en la guerra psicológica y la propaganda calumniosa contra el considerado enemigo, se combina con las acciones desestabilizadoras de orden económico y político, la violencia de grupos armados antigubernamentales (generalmente mercenarios extranjeros, que utilizan también mercenarios nacionales) como antesala de la intervención masiva extranjera. Se busca, entonces, que la mayoría de la población nacional e internacional acepte como “necesaria” dicha intervención para “salvar” al país, “rescatar” la democracia, las “libertades” individuales y los “derechos humanos”. Lo que se pretende, en verdad, es apropiarse de los recursos naturales, del “capital” humano y demás bienes del país invadido, y someterlo a la órbita de los imperios.

Guerra psicológica

Como parte esencial de la guerra mediática, la guerra psicológica se desarrolla, principalmente, a través de los grandes medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales. Éstos tienen gran preponderancia en el mundo contemporáneo. Como lo expresa el especialista en comunicación JESÚS MARTÍN-BARBERO, “el proceso de comunicación se produce entre un emisor omnipotente y un receptor pasivo”, y los medios de comunicación “constituyen el eje de la industria cultural ya que es en ellos donde las mayorías son conformadas culturalmente”. Por la transnacionalización de la economía capitalista y el desarrollo tecnológico, “las tecnologías de comunicación tienen un papel no sólo difusor sino constitutivo en la redefinición del Estado y la remodelación de las identidades” y, por consiguiente, de las matrices de opinión y de la uniformidad cultural que se pretende imponer.
En cuanto a la guerra psicológica como tal, ésta es definida, por el filósofo y militar soviético DMITRI VOLKOGONOV, como el conjunto de acciones, del imperialismo y sus agentes, en cuanto a desinformaciones, amenazas, mentiras, con el fin de crear pánico psicológico y manipular la conciencia de personas y pueblos, frente a un adversario, para que éste dé pasos que debiliten su potencia espiritual y material. Es una “agresión contra la capacidad de razonamiento del ser humano”  y “siembra en la conciencia social enemistad, desconfianza y exasperación”. Se apoya en la creencia de que “la mayoría de la gente se guía sólo por las emociones y los impulsos”, como lo afirma el filólogo y politólogo norteamericano NOAM CHOMSKY.
Ya en 1944, el mando hitleriano, según Volkogonov, “afirmaba que la parte más vulnerable del hombre es su psicología, el aspecto sensitivo. Por eso se pueden lograr mayores éxitos dirigiéndose a los sentimientos y no a la conciencia en general”. El político nazi JOSEPH PAUL GOEBBELS (1897-1945), Ministro de Propaganda y “Educación Popular” (1933-1945), lanzó la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. Goebbels expresó otros principios de su táctica de “propaganda”: “Principio de la exageración y desfiguración: Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. Principio de la vulgarización: Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar. Principio de la verosimilitud: Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentaria. Principio de la silenciación: Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contra programando con la ayuda de medios de comunicación afines”.
Una propaganda similar a la de Goebbels y sus amigos ya la habían lanzado antes representantes de la “democracia liberal”: la Administración Wilson (Estados Unidos, 1916) y el gobierno británico de la época, para despertar en sus pueblos el odio a los alemanes e inducirlos a la Primera Guerra Mundial y transformarlos, así, de pacifistas en belicistas. “Fue una lección que aprendieron Hitler y muchos otros y que todavía se sigue”; lo expresa Chomsky.
Tales principios son aplicados, con frecuencia y al pie de la letra, por parte de numerosos líderes actuales de la “democracia” y la “libertad de expresión”, para quienes es propio del “mundo libre”, de la “libertad de prensa”, el manipular y engañar a la opinión pública. De esta forma, se resaltan, se maximizan y se repiten constantemente los errores, por pequeños que sean, de los adversarios de los poderes tradicionales, y se minimizan u ocultan sus aciertos o valores positivos, así éstos sean significativos. Así mismo, se utilizan y se divulgan masivamente imágenes y estadísticas falseadas de dirigentes o gobiernos que están realizando esfuerzos auténticos de construcción de una verdadera democracia popular, presentándolos como “populistas”, “dictadores”, “corruptos”, “asesinos”, “torturadores”, porque ellos, en verdad, representan peligros reales para los dueños del mundo y su política de libre saqueo del planeta Tierra.
HERBERT SCHILLER, profesor de la Universidad de California, en su libro 'Manipulación de la conciencia' señala que “únicamente mediante el fenómeno psicológico Occidente puede intentar el manejo de la conciencia de naciones y pueblos”. En la obra 'Pedagogía del Oprimido' (1968), el pedagogo brasileño PAULO FREIRE (1921-1997) señala que las élites dominantes utilizan como medio de conquista, para la manipulación de las mentes de las masas oprimidas, “una propaganda bien organizada, o por lemas, cuyos vehículos son siempre denominados ‘medios de comunicación de masas’, entendiendo por comunicación el depósito de este contenido enajenante en ellos”. Se lanza tal propaganda con el fin de dividir a las masas y hacer que éstas piensen como los opresores, y así no se rebelen y puedan seguir siendo manipuladas.
El profesor YRNE GIL en su artículo “Estamos viviendo una guerra de Cuarta Generación”, manifiesta: “Un ejército invisible se está apoderando de su mente, de su conducta y de sus emociones. Su voluntad está siendo tomada por fuerzas de ocupación invisible sin que usted sospeche nada. Las batallas ya no se desarrollan en espacios lejanos, sino en su propia cabeza. Ya no se trata de una guerra por conquista de territorios, sino de una guerra por conquista de cerebros, donde usted es el blanco principal”. En el mismo sentido, Chomsky afirma que “la imagen del mundo que se presenta al público tiene muy poco que ver con la realidad. La verdad del asunto se encuentra enterrada bajo un cúmulo de mentiras”.
Vemos, entonces, cómo la guerra psicológica es un poderoso instrumento que han utilizado gobiernos y grandes medios de comunicación masiva para imponer sus criterios, infundir miedos, suscitar odios, inducir a actitudes inhumanas, hacer pensar a las multitudes como piensan los dueños del poder y así defiendan enérgicamente los intereses de éstos.

Guerra ideológica

La guerra psicológica está acompañada de una guerra ideológica que busca desprestigiar al enemigo mediante el bombardeo de ideas o imágenes negativas y repulsivas acerca de él. Para el capitalismo internacional y sus poderes mediáticos, el enemigo principal, hoy en día, no son el narcotráfico o el terrorismo (de los cuales son promotores directa o indirectamente), sino el socialismo en general, o los intentos de construcción socialista en varios países llamados “emergentes”, sobre todo en América Latina. Por eso, desatan una intensa y continua guerra mediática, psicológica e ideológica, contra cualquier régimen que intente construir un modelo diferente al capitalismo. De ahí que es necesario desacreditar al sistema socialista como tal, no mediante la confrontación de ideas, sino con la propaganda falsa de sus postulados, manifestaciones y aplicaciones.
Entonces, falseando el sentido original del socialismo y las prácticas auténticas socialistas, se divulga, a menudo, con la finalidad de infundirles miedo a los pueblos en general, que dicho sistema: Trae miseria, reparte pobreza, no riqueza. Es enemigo de la propiedad privada y le quita a la gente su vivienda y demás bienes, “todo es del Estado, hasta los hijos”. Elimina la libertad y los derechos individuales; los individuos no tienen poder de decisión, deben hacer lo que imponga el Estado y su clase burocrática (“nuevos ricos”). Desaparece la libertad de expresión, de prensa y de pensamiento; se establece el totalitarismo, el pensamiento único socialista y la dictadura de la nueva clase dominante. Por lo tanto, socialismo y democracia son opuestos; se presenta la democracia sólo como democracia representativa (posibilidad de elegir gobernantes y representantes) y no se habla (o se habla a medias) de democracia participativa, popular, protagónica, poder popular, pues éstos últimos son “ideas comunistas”, diabólicas. Es decir, la palabra “comunista” equivale a satánico, demoníaco, y esto se ha inyectado en el cerebro de mucha gente y permanece allí invariable.
Además, se argumenta que “el socialismo fracasó” en la Unión Soviética, Europa Oriental, China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba y, ahora, en Venezuela. Es un “sistema fallido”, imposible de llevar a cabo porque va “contra la naturaleza humana”, la cual conlleva, de por sí, los valores capitalistas, individualistas y el derecho sagrado de propiedad privada sobre los medios de producción. Por ejemplo, se dice que en Venezuela, en concreto, el socialismo está sumido en una “profunda crisis” (idea que repiten constantemente, con argumentos débiles, los poderosos medios de comunicación) y se ocultan o se tergiversan premeditadamente los logros democráticos y populares, de bienestar general de la población, de los últimos 15 años.
Por otra parte, “la ideología norteamericana del consumo se extrema por todo el mundo”, lo que busca, además de las ganancias para las grandes empresas, hacer creer que la felicidad está en consumir lo máximo posible, y esto va en contravía de la ideología socialista. La “naturaleza humana” es individualista, competitiva, invariable, (a lo sumo “filantrópica”), contraria a la cooperación y la solidaridad, que son valores socialistas. Así pues, es imposible que surja y se consolide un sistema diferente al capitalismo y a su derecho sagrado a la propiedad privada en todos los escenarios. Además, se fabrican encuestas amañadas en las que se dice que los pueblos bajo el capitalismo son “felices” porque son “libres”, así sufran pobreza, desempleo y discriminación, como se presenta en el caso colombiano.
El sacerdote, filósofo, antropólogo y comunicador norteamericano ROBERT WHITE, afirma que todo gran medio de comunicación está prácticamente teñido por una “falsa ideología y poco es dicho o hecho para corregirlo. Los medios, en términos generales, aceptan las enormes y crecientes injusticias de nuestro mundo prácticamente sin ningún comentario. Las ideologías de este tipo tienden a ser ‘naturalizadas’ por puntos de vista culturales mundiales. Se supone simplemente que ésta es la forma natural del hombre, y no hay posibilidad de cambiarla. En los peores casos, la naturalización está reforzada por una sacralización, es decir, que ésta es la voluntad de Dios”. Se plantea, entonces, que “el sistema de capitalismo internacional es el mejor sistema de economía política”. Por lo tanto, el socialismo debe ser eliminado o reducido a una simple palabra inofensiva, como los llamados partidos “socialistas” de la Europa contemporánea, que son igualmente neoliberales que los partidos tradicionales.
Resumiendo, toda ideología y todo sistema opuestos al capitalismo deben ser condenados, combatidos y quemados en la hoguera de la santa inquisición del arrogante y fraudulento capitalismo financiero y militarista (que está acabando con la humanidad y el planeta Tierra, en nombre de “la democracia” y “la libertad”), utilizando sus poderosos y “veraces” medios de comunicación, cada vez en manos de más pocas y poderosas corporaciones internacionales. Ésta es la “democracia” y la “libertad de expresión y de prensa” que defienden los dueños del poder mundial. Texto: E. A. Rico Cifuentes. Ver: ''PARTE II''.