17 jun 2016

Apadrina un valenciano: Las derivas separatistas

Tras un larguísimo período histórico llamado -mal llamado- Reconquista de unos 700 años comenzó a fraguarse lo que hoy en día podemos llamar el Reino de España. Fue en realidad este período de siete siglos no una necesidad religiosa de arrebatar tierras y haciendas a sus moradores sino la de ocupar propiedades agrícolas y ganaderas por la expansión demográfica que se iba dando en las poblaciones del norte peninsular. Pudiera ser que D. Pelayo algo ayudase, pero esto lo dejo al criterio de mi entendido lector. 

Fue Isabel I la que comenzó dicho proyecto con su especial y personal ambición de extender la cultura y religión  de Castilla al resto de territorios peninsulares. Pronto contó con la colaboración de la Corona de Aragón personificada en el Rey Fernando, a la sazón su esposo. Tras innumerables batallas contra el infiel –leña al moro hasta que se aprenda el catecismo- y con el apoyo, a regañadientes, de los judíos hacendados de sus tierras, a los que traicionaría tantas veces como fuese menester, se consiguió la casi unificación de Iberia en un solo reino, gobernado con saña y mano dura por la iluminada cristiana a quien Dios daba toda su complacencia. Y quiso la casualidad que apareciera un extranjero, genovés al parecer, que tras peregrinaciones varias en busca de financiación para sus proyectos ultramarinos diese con el correcto clavo al que agarrarse. Y de aquí a la idea de cristianizar nuevos mundos solo había un paso. Y diese éste. A fines del año de gracia de 1.492 tres naves de la Corona se daban de bruces con unas islas que se encontraban en lo que después se denominaría continente americano o nuevo mundo; nuevo, ¿para quién? Se tomo posesión de aquel vasto continente a sangre, espada y crucifijo en nombre del Reino, y sus habitantes pasaron a ser súbditos. En este imperio no se ponía el sol, dicen que decían los entendidos en geografías varias de la época. Y en estas vicisitudes transcurrieron unos años, tomando posesiones ora en Perú, ora en México, ora en tierras aledañas. Pero como poco dura la alegría en casa del pobre, ya allá por 1.580 comenzó el declive imperial, que no olvidemos, incluía a los Paises Bajos, Nápoles y Sicilia, el Milanesado, etc en Europa. El primero de los territorios ‘ocupados’ en tomar la deriva nacional-independentista fue la actual Holanda, y de entonces a acá la historia de España no es sino la de una continúa desmembración geográfica y política, debido entre otras razones a la pésima gestión administrativa y económica que la metrópoli impartía en sus posesiones. A principios del siglo XIX se independizan las grandes posesiones ultramarinas y a finales del mismo siglo las de extremo oriente. Mas tarde y muy recientemente acudieron al rico panal de la independencia Guinea y el Sahara, si bien la provincia del sur de Marruecos con singularidades propias. Y es a principios del siglo XX cuando en la España patria de todos los españoles comienzan a fraguarse los regionalismos, nacionalismos y separatismos. Y llegamos al siglo presente. ¿Que nos encontramos? Ni mas ni menos que la misma suerte de desafecciones a la Madre Patria que se originó en 1.580. País Vasco y Catalunya, muy en especial esta última, toman el testigo de aquellos antecesores en el camino de la independencia de Castilla. Y es que se repite la historia y en consecuencia obligados estamos a repetirla. La gestión política y administrativa de Madrid hacia ‘provincias’ sigue siendo tan miope como la iniciada por Felipe II. Leña al desafecto al régimen hasta que hable castellano con corrección, dicen que dice un ministro de educación de apellido Wert. Visto lo visto y atentos al comportamiento obtuso de Castilla-Madrid-España hacia estos territorios periféricos, ¿seguimos pensando que la historia se detendrá aquí? Mucho me temo que no, señores capitalinos. Estaremos a la escucha. Texto: @javierginer 

17 may 2016

El ocaso de la opinión pública

Un profesor de Derecho Constitucional subió al autobús de vuelta a casa y se colocó con mucho cuidado en uno de los asientos, ante las advertencias de su hija para que no ocupara otro, en apariencia vacío, pero en el que se había aposentado con sigilo el “señor invisible”.
En las últimas semanas los viajes en transporte público se habían vuelto muy complicados, porque casi siempre los acompañaba ese “caballero inexistente” que  era el más rápido a la hora de escoger los mejores sitios. Mientras su hija intentaba entablar conversación con el “señor invisible” y sacarlo de su tenaz mutismo, el profesor leyó por encima las noticias de un periódico que había quedado abandonado en el suelo del vehículo y se encontró con un artículo donde, de pasada, se mencionaba el hecho de que tres de los grandes diarios nacionales habían cambiado de director en las últimas semanas. Aunque el profesor tenía conocimiento de esa circunstancia, no le había concedido tanta importancia. Ahora, sin embargo, en el texto que tenía delante parecía ponerse en relación esos relevos con la influencia de las grandes empresas y las maniobras del gobierno. En la vida pública española, meditó el profesor, al tiempo que atendía al monólogo de la niña, también existen unos “poderes invisibles” que intervienen, cuando lo consideran conveniente, para “guiar” a la opinión pública, provocando sorprendentes giros en la orientación de los medios periodísticos más conocidos. Una sociedad democrática exige una opinión pública libre, en la que tenga  lugar un verdadero debate de ideas antes de adoptar, en el Parlamento, las decisiones fundamentales. En la actualidad, como ya se advirtió hace tiempo, las votaciones en los órganos legislativos están casi siempre predeterminadas, pero al menos hasta ahora podían someterse a discusión las cuestiones más importantes. En la medida en que esos “poderes invisibles” intervienen de forma cada vez más significativa en la esfera pública se alteran las condiciones de funcionamiento del sistema y la “mano invisible” que pudo emplearse como metáfora de la forma de actuación de la economía capitalista agarra ahora por el cuello a la sociedad civil, amenazando con asfixiarla y provocarle la muerte. La gran “visibilidad” de otros poderes, más  notoria en momentos de tensión y crisis, a veces puede hacer olvidar la presencia de grupos privados que intervienen para alcanzar sus objetivos y no puede ser casual la incorporación a ellos de quienes han ocupado antes las posiciones más relevantes en la esfera pública. La guerra pudo ser vista como la continuación de la política por otros medios para su mayor teórico, Clausewitz, y el beneficio privado parece ser, en muchas ocasiones, el término de una carrera dedicada al “servicio público”. La hija del profesor, harta del silencio del “señor invisible”, empezó a sacar figuritas de su mochila y jugar con ellas. De modo parecido, pensó el profesor, cada vez más las jóvenes generaciones abandonan los medios de comunicación tradicionales y buscan fuentes de información alternativas. La mayoría de sus estudiantes y sus colegas más jóvenes encontraban en la Red lo que el kiosco ya no les proporcionaba: un “relato” creíble de lo que estaba sucediendo y la forma en que afectaba a sus vidas. Frente a la “opinión pública” oficial y que parece encaminada ahora a justificar, tras las próximas elecciones, una “gran coalición”, garante del corrompido sistema de la transición (una vez agotado el “turnismo” -perdón, “bipartidismo”-, no muy alejado, en el fondo, del de la Restauración), se está conformando otra “corriente de opinión” que empieza a abogar por un cambio radical, que puede llegar, si es preciso, a la apertura de un nuevo período constituyente. Si no se puede “reformar” la casa, habrá que buscar otra en la que podamos habitar, antes de que se nos derrumbe encima. Al día siguiente, el profesor, al salir de clase, se encontró con un estudiante que le comentó que su asociación estaba organizando un acto sobre “la guerra mundial”. Al notar la súbita palidez de su interlocutor, el joven aclaró en seguida: “la Primera”. Se aprende muy poco de la Historia, pensó el profesor, ni en España ni en los demás lugares y quien conozca la forma en que estalló, hace cien años, esa estúpida contienda no podrá dejar de encontrar paralelismos con la situación actual. La apelación a la legalidad internacional por parte del Presidente norteamericano tiene escasa legitimidad porque en otras ocasiones su propio Estado ha recurrido a la fuerza sin tener en cuenta las reglas previamente fijadas. La absoluta indeterminación del mundo presente, concluyó el profesor, parece habernos conducido a una “nostalgia de la guerra fría”, en la que los poderes en conflicto eran bien visibles y todos vivíamos instalados en el miedo, a la espera de una catástrofe inminente, por fortuna siempre aplazada. Texto: Fco. Serra. RECOMENDAMOS: Por una guerrilla semiológica, por U. Eco.

2 may 2016

Primaveras árabes (Parte II de II)

En Diciembre de 2010 la población tunecina salió a la calle pidiendo libertades y democracia. Túnez es el mas 'occidentalizado' de los países del norte de áfrica -junto con Marruecos-, con un empresariado turístico destacable, incipiente industria y agricultura competitiva. Pero su presidente Ben Alí, gran aliado de Francia, lo manejaba todo a su antojo y repartía prebendas entre las familias pudientes del país. La crisis económica que comenzó en 2008 había dañado en exceso a las clases trabajadoras y medias, a la burguesía. Para sorpresa de Ben Alí el ejército vio con simpatía las revueltas y tuvo que abandonar el país. Las primaveras árabes habían llegado. USA pronto se subió al carro democrático, pues lo que mas le gusta al Imperio son las elecciones 'libres' en especial cuando pueden dirigir el resultado. La Unión Europea, desconcertada, tardó en reaccionar y llegó tarde a la 'cita', con consecuencias que aún está pagando. 

En enero de 2011 algo similar sucedió en Egipto y Mubarak, tras gigantescos intentos de permanecer en el poder cedió éste a los militares -¿A que ya les suena esta musica?- y èstos prometieron elecciones. Se celebraron estas con un resultado contrario al deseado por los milicos y USA -quien ya empezaba a tirar del carro primaveral-. Gana pues un -no deseado- musulmán, Morsi, y a los pocos meses es sentenciado, por un tribunal, a muerte; ¿a que les suena esta otra canción? Unos de los primeros presidentes, sinó el primero, elegido democraticamente en un país musulmán y 'ya ves como acabó'. 

USA ya controlaba el cotarro y la UE, desconcertada, daba el visto bueno: 'Si Señor'. 

En 2011 le toca el turno a la 'primaverita' libia. Levantamientos 'populares', represión, muerte de Gadafi -a la sazón aliado de la Unión Europea- que no de USA, y por fin lo mas deseado: guerra civil. EE.UU ya consigue controlar toda la desestabilizacíon arabe-magrebí a las puertas de Europa.
Hay movimientos-levantamientos populares con sus consabidas represiones, según el 'turno', y 'elecciones' en: Argelia, Turquía, Yemen, Omán, Bahrein, Jordania, Mauritania, Sudán, etc en los que no entraremos. 
Y llegamos a Siria donde la CIA ve el premio gordo. Capas de población media y trabajadora descontenta; el caldo de cultivo. Además Siria es enemiga de Israel y aliada de Rusia. Pero es fronteriza con Jordania e Iraq. Al-Asad, presidente de Siria no está dispuesto a dimitir y cuenta con el apoyo de Rusia y China. A estas horas del día Europa ya no toca pito y solo hace seguidismo del Pentágono y del ala dura del Departamento de Estado norteamericano. Y Rusia tiene bases marítimas en Siria. Duro de roer este régimen, los USA se lanzan a crear oposición 'democrática' interna, mas tarde a armar grupos de resistentes y 'luchadores por la libertad'... Pero la frontera con Iraq es permeable y de allí parten a Siria grupos armados y formados por Israel y Arabia Saudí, con la aquiescencia de la U.E. y los EE.UU, para derrocar un régimen que no muestra signos de debilidad. Los grupos armados van creciendo a la vez que se independizan del patrocinador; acude Al-Queda a la rica miel del caos total y surge el EI en Siria importado de Iraq y formado, en origen, por Arabia Saudí. Siria al igual que Iraq ya está dividida en tres territorios. 
La brutalidad del 'amigo independizado', léase: EI & Al-Q asustan a occidente y deciden hacer algo para frenarlo, que no eliminarlo; de esta forma todos los días atacan Siria e Iraq desde Arabia Saudí, Israel y Turquía tropas y fuerzas aéreas de los mas diversos ejércitos; ¿resultado?: ninguno.
Así que nos encontramos con una explosiva desestabilización a las puertas de Europa, en el norte de África y en Oriente Medio y Próximo sin posibles salidas pacíficas y pactadas a corto y medio plazo. Los flujos migratorios a Europa se incrementarán en los próximos diez años. Los grupos armados campan a sus anchas por grandes regiones de los países del sur y este mediterráneo, los 'lobos solitarios' enemigos de occidente y formados y armados en Iraq y Siria regresan a sus países europeos a dar 'caña al cruzado hasta que se aprenda de memoria el Corán'; guerras civiles en Siria, Iraq, Libia... 
Pero claro, es el precio que se paga por el innecesario -hoy día- seguidismo a USA en política exterior por parte de la Unión Europea. Texto: @Javier Giner. Ver: ParteI

1 may 2016

Primaveras árabes (Parte I de II)

En 1979 el regimen dictatorial y pro norteamericano del Sha Reza Pahlevi de Persia, Irán, cayó tras una revolución popular, llegando al poder el Ayatolah Jomeini, exiliado en París. A la CIA se le había ido de las manos su gran aliado, junto con Arabia Saudí, en oriente próximo. El 4 de Noviembre era asaltada la embajada norteamericana por milicias radicales musulmanas; tomaron unos 60 rehenes y el cautiverio duró 444 días, hasta enero de 1.981. Meses después Iraq, con un Sadam Hussein al frente, aterrorizado por el radicalismo integrista musulmán del nuevo líder espiritual persa,  atacaba Irán con el fuerte apoyo militar de los EE.UU. y económico de Kuwait.
Tras años de guerra, y devastados ambos países se firmó la paz en 1.988. El petróleo barato se iba a acabar y el Gobierno USA lo sabía, siendo además el mayor consumidor del oro negro del mundo. El destrozo del hasta ahora estable tablero político-económico de oriente próximo había comenzado. Kuwait demandó a Sadam la devolución de los préstamos, algo que Iraq no podía, arruinado, acometer. Además, la política de producción de petróleo de ambos países era contraopuesta: Iraq quería poco petróleo en el mercado internacional y caro y Kuwait lo contrario. Iraq acusó a Kuwait de 'robarle' petróleo por el subsuelo. Rotas las conversaciones, el 2 de Agosto de 1.990 Iraq invade a su pequeño vecino y pocos días después integra a éste en su territorio como una provincia más. En 1.991 una 'coalición' de países aliados ataca Iraq en la llamada operación tormenta del desierto; en realidad el peso de la operación lo llevó el Pentágono USA. Cuando se dio por finiquitada la operación, Iraq era un país en ruinas, sometido a todo tipo de 'castigos' por parte de los vencedores occidentales y de sus vecinos productores de petróleo. El mundo árabe, es decir: el pueblo de los diferentes países musulmanes del mundo empezaron a clamar contra las atrocidades que se estaban cometiendo contra la población civil, embargos de todo tipo, y que se habían producido durante la desigual contienda militar. Ni que decir tiene que Israel se las tenía tiesas con los oprimidos vecinos palestinos día tras día. 


La fiesta desestabilizadora iba en aumento. 

Mientras tanto a principios de 1989 el ejército soviético salía de Afganistán donde había librado una cruenta guerra de 11 años y dejando a la URSS quebrada economicamente y al país árabe hecho añicos. USA y la CIA habían derrotado al ogro, la URSS/Rusia, y lo celebraban con algarabías sin fin; además tenían otro aliado en la zona: Bin Laden, comandante de un ejercito de yihadistas-muyaidines radicales formados militarmente y con una fuerte carga ideológica en el pensar: Occidente era Satán, y aquí no distinguían entre regímenes militares o políticos. Habían nacido los anti cruzados. 
La 'cosa' marchaba. Iraq en ruinas, Afganistán convertido en un reino de 'taifas' y tribus armadas hasta los dientes, pero 'aliados' de occidente, Palestina sometida, e Israel haciendo trabajos sucios para la CIA en el Mediterráneo magrebí... a escasos kilómetros de las costas europeas.
Pero los aliados de antaño se habían hecho mayores y se habían independizado de 'Occidente'. Los grandes aliados de USA Arabia Saudí y Paquistán habían reconocido oficialmente al régimen radical afgano. El monstruo ya andaba solo. Financiado y armado, un país sin Estado, era como gallina sin cabeza y Bin Laden era el 'profeta'. 
Y en estas que llegó el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York perpetrado por agentes formados en occidente, musulmanes y al servicio de la causa justa contra el 'infiel'. 
El Gobierno USA quedó paralizado. La carita de G. W. Bush al enterarse del hecho es un poema. Había que responder al ataque de los enemigos del pueblo americano y su forma de vida, pero: ¿quien era el enemigo? Y sobre todo: ¿Donde hallarlo? Decidieron que podía estar, vamos a ver... ¿en Afganistán? 'Si, nos vale'. Y allá que se lanzó USA a la invasión de un inexistente país sin Estado; y llamaron a la cosa: 'Operación Libertad Duradera'. 'Cosa' que aún está por finiquitar. 
Y mientras tanto y hasta el día de hoy en Iraq la fiesta de la destrucción y guerra civil continua sin visos de solución. USA ha creado su gigantesca embajada y construidas varias bases militares totalmente aisladas de la población y con autonomía total independiente del 'Estado' Iraquí. 
Mientras tanto seguía aumentando el descontento de las poblaciones árabes y o musulmanas del mundo por el proceder de occidente contra los pueblos afganos, iraquíes, palestinos, saudíes... Y a la vez los Estados Unidos de América iban aumentando sus reservas y o producciones de petróleo y gas con la finalidad de independizarse de las importaciones de terceros países y sus vaivenes económicos, políticos y militares. Algo que no le sucedía a su gran aliado la Unión Europea, que depende de Rusia -de nuevo gran enemigo de los USA-, del norte de África y de oriente medio y próximo para su suministro de energía de origen fósil. 
Por otra parte ya se había sometido a Gadafi en Libia, en Argelia se daba por finalizada la guerra civil y con Irán se templaban gaitas para sellar acuerdos políticos y económicos. Así pues el Mediterráneo magrebí y árabe se apaciguaba; algo de sumo interés para la Unión Europea. Texto: @JavierGiner. Ver: PARTE 2

30 abr 2016

Guerras mediáticas (Parte II de II)

La información ha sido manipulada por los monopolios de Medios de Prensa.


En la primera parte de nuestro trabajo, advertíamos sobre las campañas tendenciosas de los medios privados de prensa, los cuales volvían invisibles los logros de las naciones del tercer mundo. Esta estrategia no es casual, ha sido aplicada sistemáticamente por los grandes monopolios de la información. Pero también advertíamos que esta visión capitalista se aplica a las leyes del mercado mundial, donde de manera hegemónica se monopoliza la producción mundial de alimentos, de materias primas, de los recursos naturales tales como el petróleo, los minerales, el agua, la energía, buscando los Estados Unidos, la Comunidad Económica Europea (CEE), ser el epicentro del modelo unipolar del Mundo. Toda esta estrategia de dominación y control, se aplica de manera imperialista, pero ¿Por qué? Caracterizamos este concepto porque el capital monopólico actúa como el gendarme del mundo, hoy lo vemos aplicando sanciones a Venezuela y a varios países de América Latina y el resto del mundo, como Rusia, Siria, Irán.
Es por eso que se habla de la lucha contra el poder hegemónico, que no es una propuesta fuera de la realidad política y social del mundo. Ha sido parte de la crisis en Estados Unidos y Europa, donde millones de estadounidenses y europeos, han sentido los efectos de los ajustes económicos desarrollados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), artífice de las dictaduras militares en la décadas del 60 al 90 en Latinoamérica, para aplicar los paquetes de ajustes, que derivaron en la peor crisis económica continental. Pero los medios privados esconden la verdad, asumen la defensa del modelo capitalista en crisis, atacan de manera despiadada a las naciones en vías de desarrollo, porque cualquier modelo alterno al modelo neoliberal significa comunismo, como se acusa a Venezuela de ser satélite de Cuba, tratando de desfigurar la solidaridad y el intercambio en estas naciones y los avances en la integración nuestra región y el mundo.

El poder del monopolio sobre la prensa nacional e internacional del mundo

En un artículo publicado de nuestra autoría, informábamos citando a Ernesto Carmona "que diez mega corporaciones poseen o controlan los grandes medios de información de Estados Unidos: tanto prensa, radio y televisión. Esa decena de imperios controla, además, el vasto negocio del entretenimiento y la cultura de masas, que abarca el mundo editorial, música, cine, producción y distribución de contenidos de televisión, salas de teatro, Internet y parques tipo Disneyworld, no sólo en el país del norte sino en América Latina y el resto del mundo".
Además señalaba que Carmona "En Estados Unidos la información fue suplantada lisa y llanamente por la propaganda corporativa. Dejó de existir el "derecho a la información", garantizado por la Primera Enmienda de la Constitución. A lo que agregaba que “Los ciudadanos estadounidenses perdieron su derecho a la información veraz y oportuna sin darse cuenta y sin que hayan sido formalmente derogados. Las frecuencias para las señales de radio y televisión constituyen un bien público, de toda la sociedad, pero su control pasó a manos de unos pocos mega-imperios mediáticos”.
Estas citas publicadas del periodista chileno, nos hacen percibir que los hechos objetivos han dejado al descubierto que la desinformación o las constantes noticias manipuladas violan los principios del periodismo, se apartan de la ética profesional, transformándose estos comunicadores en verdaderos mercenarios de la desinformación. Esta actitud del capitalismo nos muestra que las nuevas tecnologías no son para el desarrollo o el bienestar de los seres humanos, son para repetir a gran escala los beneficios de una sociedad consumista, donde se depredan lo recursos del mundo, beneficiando a solo el 20 por ciento de los intereses privados, condenado al 80 por ciento de los seres humanos, a suertes diversas, repartiendo las migajas que quedan de la explotación mundial de este sistema.

Las grandes mayorías de seres humanos son manipulados mediáticamente

La verdad del capitalismo no es darle un equilibrio a la humanidad, por el contrario busca crear un modelo fantasioso de bienestar y de falsos éxitos personales, buscando crear una imagen de grandes oportunidades económicas y profesionales. Pero la pobreza mundial, el analfabetismo, los millones de desocupados, tanto como las fiebres endémicas, como la gran crisis ambiental, ponen al descubierto la falsedad del paraíso estadounidense.
Esta realidad ha sido mostrada en los informes de la ONU, UNESCO, CEPAL, entre otros organismos internacionales, pero estas investigaciones o informes, son mediatizados por los grandes monopolios de prensa, que bajo la égida de Estados Unidos y la CCE ocultan la verdad, para hacer una cortina de humo, a los verdaderos intereses de las naciones industrializadas, que solo buscan el control de las riquezas del mundo y que para lograrlo no tienen escrúpulos en invadir naciones, aplicar su estrategia de “golpes suaves”, así como boicots a las mercancías de las naciones emergentes.
Para estos países capitalistas “desarrollados” que muestran una grave crisis, es de suma importancia el control de las “masas”, a través de sus grandes industrias de “entretenimiento”, para crear una conciencia subjetiva sobre la verdad. Para ello aplican el modelo del consumismo, que va desde los productos de alimentos, a los electrodomésticos, vehículos, ropa, hasta una imagen de la sociedad de Estados Unidos como la tierra de oportunidades, donde en realidad hay un 20% pobreza crítica y un 50% de pobreza, desempleo, inseguridad social, etc. Es decir, nos venden un paquete de mentiras con un envoltorio de lujo.
Hoy nuestras sociedades latinoamericanas son bombardeadas por este modelo capitalista de consumismo, que deriva en crear un modelo individualista de forma de vida. Hace que nuestros ciudadanos compitan entre ellos, nos muestran a la clase media como modelo para las mayorías, creando de esa manera no solo una brecha con los ricos, sino marginando al pueblo que son la mayoría, a un nivel de clase inferior. Esta realidad clasista se muestra en los calificativos a los pobres de nuestra región, en Chile “rotos”, en Venezuela “pata en el suelo”, o “tierrudos”, en Bolivia “cholos”, para poner algunos ejemplos. Pero estas caracterizaciones o estratificaciones sociales, son parte de la verdadera sociedad capitalista, que antepone las ganancias y el capital, a las mayorías de los pueblos del mundo. Texto: Diego Olivera. Ver: 'Parte I'. 

29 abr 2016

Guerras mediáticas (Parte I de II)

El propósito de los medios masivos, no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino mas bien darle forma a la opinión pública, de acuerdo a la agenda del poder corporativo dominante: Noam Chomsky


El siglo XXI abrió el camino a muchos cambios en América Latina y en el Mundo. Se han desarrollado propuestas y acuerdos sobre la multilateralidad mundial y en ese sentido nos parece importante señalar que el surgimiento del denominado grupo BRICS, formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, constituye el grupo de países más adelantados entre los Estados con economías emergentes. Pero estas cinco naciones que pertenecen además al G20 tienen en común una gran población, grandes extensiones de territorio, una elevada cantidad de recursos naturales y una fuerte presencia en la economía internacional, con crecimientos importantes de sus PIB; todo lo que los hacen especialmente atractivos como destinos de inversión.
Estos cinco países reúnen al 43 por ciento de la población mundial y acumulan el 25 por ciento de la riqueza, generando el 56 por ciento del crecimiento económico registrado en el mundo en los últimos años. El comercio entre los países del grupo crece a un ritmo del 28 por ciento anual y es ya de unos 230.000 millones de dólares, con vistas a llegar a 500.000 millones en 2015.
Pero ¿por qué abrimos nuestro trabajo con una visión sobre la realidad continental y mundial? Para demostrar como los medios privados de prensa no cubrieron estos eventos tan importantes, en algunos casos como en Venezuela o España, los usaron para mostrar matrices mediáticas, hablando de que esta nación y Latinoamérica están postradas a los créditos con China y Rusia, dándo una visión derrotista, impulsada por los voceros de la Casa Blanca de Estados Unidos. Es bueno señalar que a nivel mundial, estas informaciones se globalizan, creando una falsa apología de la verdad objetiva, porque solo interesa la visión de las grandes trasnacionales, que crean una falsa realidad continental, negando los acuerdos entre las naciones, así como los avances reconocidos por el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CEPAL y la ONU.

El fenómeno de la globalización y sus efectos en la desinformación

Nos parece importante volver a analizar en este trabajo el fenómeno de la globalización y la concentración de los medios en manos privadas, lo que ha devenido en una nueva forma tendenciosa y dirigida de la información mundial. Al igual que se hacen campañas para vender un producto en el mercado, con el uso del marketing en las campañas de publicidad, se hace igual con la información, armando en cada campaña de desinformación un objetivo mediático, que será multiplicado a nivel regional o mundial. Cuando hablamos de la información objetiva, nos surge la pregunta como definimos ese concepto, allí entra la parte subjetiva, que condiciona el tratamiento de la noticia o el comunicado que vamos a difundir. Las tendencias mundiales y regionales están condicionadas por intereses privados en la defensa de un modelo capitalista, lo que pasa a ser la base de su línea editorial. Sobre estos conceptos, trabajan las agencias de prensa y los medios impresos.
Ante esta realidad nos parece importante citar al presidente de Ecuador, Rafael Correa, que durante la instalación de la Cumbre para un Periodismo Responsable en los Nuevos Tiempos (CUPRE), que se desarrollo en Guayaquil, el mandatario ecuatoriano señaló que “Estas empresas privadas actúan como un verdadero cartel”. A lo que agregó "Son actores políticos, pero no toleran respuestas políticas. La prensa cuando difama o calumnia a nuestro gobierno es libertad de expresión, pero si algún presidente osa contestarle, es atentado contra la libertad de expresión".
De la misma forma Correa resaltó que “En América Latina los medios de comunicación privados han estado en contra de los gobiernos progresistas, estas empresas de información gozan de mayores niveles de impunidad porque, han tenido la habilidad de identificar sus negocios con la libertad de expresión”. A lo que agregó que “no existe un ejército que pueda invadir al mundo, pero la desinformación de la prensa sí lo puede hacer". Por último el presidente Correa puntualizó que “en 1985 se trató de aprobar en el entonces Congreso Nacional de Ecuador una ley de comunicaciones, para prohibir la publicidad de cigarrillos y alcohol, pero la arremetida de los medios fue impresionante".

Concentración de medios privados aliena la conciencia de la sociedad humana

Hemos mostrado de manera somera los efectos de la manipulación mediática, pero nos parece importante analizar los efectos nocivos que generan estas campañas de los medios en la conciencia individual y colectiva del ser humano, que es bombardeado con informaciones manipuladas, las famosas y peligrosas campañas de los “golpes suaves” en naciones del todo el mundo, lo que ha marcado una peligrosa tendencia de masificar la mentira. Esta realidad no es nueva, ha sido usada en toda la historia por los gobiernos imperialistas, la más conocida es la Alemania Hitleriana, donde la capacidad de este gobierno fascista logro manipular a las masas, creando una sugestión colectiva del alemán como raza superior, generando una guerra mundial, con más de 20 millones de muertos.
De la misma manera Estados Unidos ha manejado a los medios, para crear en los norteamericanos, tanto como en Europa (sus socios de la OTAN), agresiones, e invasiones bajo el concepto de que defienden sus intereses. Pero la realidad es que solo defienden el control del mundo y para lograr esta falsa verdad, utilizan sus satélites, el Monopolio y control de la televisiones, las agencias de prensa, las radios, para crear sus falsos positivos, desvirtuando la violencia y la agresión de acuerdo a sus intereses.

El gobierno del presidente Barak Obama, hace caso omiso a las respuestas de los pueblos, es ciego, sordo y mudo ante la masacre del pueblo palestino, no busca la paz, niega el derecho a la autodeterminación de los pueblos, a un pueblo que vive y sufre en la Franja de Gaza, como en un ghetto, similar a los campos de exterminio. Ante esta agresión y masacre los judíos sobrevivientes de los crímenes Nazis, en una carta firmada por 40 sobrevivientes del genocidio y casi 300 parientes de víctimas del holocausto. al igual que los intelectuales, pensantes e ilustres judíos todos ellos, han rechazado y condenado los crímenes del sionismo en Palestina y ahora en Gaza. Israel y el sionismo no pueden seguir hipotecando el judaísmo para sus intereses militares e imperialistas, metiendo al "saco" de sus atrocidades a todos los judíos. Muchos gritan: ¡No en mi nombre!
Este ejemplo nos muestra como el derecho internacional, está en manos del monopolio de medios de prensa. La mayoría de los ciudadanos de clase media y alta son los portavoces de una sociedad de consumo, son manipulados por las informaciones, se crea la falsa hipótesis que la sociedad estadounidense, es el paraíso de la felicidad, pero se niega la verdad visual de una sociedad en crisis, con un modelo endeudado por su carácter recesivo, que a través de la especulación y las burbujas financieras ha llevado a millones de desocupados, a miles de ciudadanos sin vivienda por no pagar sus hipotecas.
Pero esta realidad no se ve en CNN, ABC, Reuters, AP, AFP, El País -de España-, El Universal y El Nacional -de Venezuela-, citando alguno de los multiplicadores de falsos positivos. El ciudadano común, el trabajador, el empleado, son bombardeados por mentiras, que solo los alejan de su futuro, de tener una vida digna. Pero es tan fuerte la contaminación de estos medios masivos, que la desinformación trabaja nuestro cerebro, aloja en nuestro subconsciente una realidad distorsionada. Muchos sectores sociales viven una carrera consumista, queremos imitar la opulencia del despilfarro, adquirimos los productos de las publicidades.
No logramos despegar nuestra conciencia, de una sociedad de mercado, somos esclavos de las novedades, del marketing, somos presas de una información, que daña nuestra conciencia con mercancías sin control, que dañan hasta nuestra salud, porque compramos alimentos y medicinas sin controles sanitarios, con efectos nocivos como los energizantes, anabólicos, buscamos comprar carros (autos) para toda la familia.
Somos prisioneros de campañas inescrupulosas de los medios masivos de prensa, que solo buscan el valor de la publicidad y el dominio de nuestra conciencia. Esta es una de las tareas mercantilistas de los medios, junto a las campañas de guerra sucia, de apoyo a cualquier acción de Estados Unidos y la OTAN, no existe ni responsabilidad ni ética, no importa la verdad, solo el capital y el periodismo mercenario. Texto: Diego Olivera. Ver: 'Parte II'.

12 abr 2016

La solución fascista en el liberalismo contemporáneo

Que Estados Unidos y la Unión Europea hayan apoyado a grupos fascistas en Ucrania para efectuar un golpe de Estado no es algo que deba sorprendernos. La “solución fascista” forma parte de la naturaleza del capitalismo dominado por los monopolios, del imperialismo, y se manifiesta cuando en medio de graves crisis económicas y sociales por la aplicación de políticas neoliberales el sistema capitalista en su conjunto queda atascado, sin perspectivas de recuperación a menos de cambios radicales, inaceptables para una clase dominante que no le repugna ser “aprendiz de brujo” y está dispuesta a utilizar o a dejarse utilizar por los fascistas para desviar hacia sus intereses la inevitable explosión social, como fue el caso en los años 30 del siglo pasado y lo es actualmente.
El objetivo básico de la burguesía que construyó el capitalismo industrial nacido en el siglo XIX siempre fue el de instaurar un capitalismo puro, de mantener a los trabajadores y a gran parte de la sociedad en la miseria para poder acumular el máximo de riquezas y poderes. Así fue la historia del capital en toda Europa, comenzando por Gran Bretaña, donde la brutalidad de ese imperio colonial se manifestó tanto en las matanzas de cientos de miles o millones de civiles en varios continentes que resistieron a ser dominados para alimentar el comercio de esclavos, ¿lo recuerdan?, o para ser sometidos a la explotación colonial, pero también en las guerras para ampliar o mantener el imperio mientras en las ciudades fabriles inglesas se sumía en la más abyecta miseria a la clase trabajadora (¿Hay que releer a Dickens?). Esto es válido para la historia del capitalismo y del imperialismo estadounidense, japonés, etcétera. Todo se ha hecho en las últimas décadas, en la era del neoliberalismo triunfante, para borrar de la historia y del pensamiento de las clases trabajadoras y de los pueblos las largas, duras y frecuentes luchas de los trabajadores, las reivindicaciones laborales y sociales formuladas por los socialistas (los de antes, no los de ahora), anarquistas, cristianos y comunistas, y de los grupos sociales esclarecidos de la pequeña burguesía y hasta de la burguesía que con ánimos de fraternidad, solidaridad y justicia buscaron limitar la brutal explotación y obtuvieron, a partir de la primera mitad del siglo XIX en Europa y en Estados Unidos, las primeras mejoras en las terribles condiciones de trabajo, de salario y vivienda. Esta larga introducción busca recordar que lo que puso frenos a la constante tendencia del capital a destruir las sociedades que él mismo construía para poder desarrollar sus mercados internos –un aspecto esencial para la reproducción del capital y las posibilidades de alcanzar los mercados externos para obtener rentas-, fue la lucha de las clases trabajadoras a nivel nacional e internacional. El efímero período histórico, las tres décadas de van de 1945 a 1975, en que el capitalismo industrial significó progresos económicos y sociales para la clase trabajadora, principalmente en los países del capitalismo avanzado, fue el resultado de: a) la victoria de la Unión Soviética ante el nazismo y su desarrollo social y económico, que la ubicó como alternativa al sistema capitalista; b) en Estados Unidos la acumulación de fuerzas sindicales radicalizadas por la Gran Depresión, con movimientos sociales y políticos progresistas que lograron obtener cambios y progresos sociales y económicos. Esta correlación de fuerzas a nivel internacional (la Unión Soviética, un “campo socialista” en Europa Central y del Este, fuertes movimientos sindicales y políticos dirigidos por socialistas y comunistas en Europa Occidental, la Revolución China) también permitió que comenzara la descolonización en África, Asia y el Oriente Medio. En definitiva, la breve era del Estado benefactor o los “treinta años gloriosos”, así como la era de la descolonización, fueron victorias arrancadas a las clases capitalistas del imperialismo de turno y de sus aliados gracias a una extraordinaria (y breve) correlación de fuerzas a nivel de las luchas de clases a nivel nacional e internacional. 

Fascismo antes, fascismo ahora

El fascismo está levantando su cabeza en todos los países del sistema capitalista avanzado, y también en su periferia cercana, como en el caso europeo. De ahí la importancia de explorar las razones por las que, cuando las fases de liberalismo a ultranza provocan graves crisis económicas, sociales y políticas que debilitan o alcanzan a destruir las bases sobre las cuales se asientan y se construyen las sociedades, surgen estos movimientos fascistas. Tal fue el caso en Italia y en un elevado número de países europeos, entre ellos Alemania y Japón, entre los años 20 y 30 del siglo pasado. 
No faltan en Ucrania los ingredientes económicos, políticos, ideológicos y sociales para explicar el surgimiento de los violentos grupos de choque fascistas, neonazis o ultranacionalistas. Pero ese país no es un caso único, ya que existen situaciones similares en casi todos los países europeos que hace poco más de dos décadas fueron empujados a pasar sin transición del socialismo (cargado de deficiencias que en parte explican su derrumbe) a un neoliberalismo radical diseñado por el imperialismo estadounidense y sus aliados europeos, la llamada “terapia de choque” ejecutada por el Fondo Monetario Internacional (FMI).  Todo el peso de esta radical y brutal “terapia de choque” recayó sobre las sociedades, desestabilizándolas, atomizándolas por la disminución o desaparición de las instituciones que contribuían a mantener o crear los lazos sociales, como consecuencia del desempleo y la exclusión económica y social. En concreto, han sido y siguen siendo las mujeres, los hombres, los niños y los ancianos de esos países las victimas principales de estas políticas, porque quedaron totalmente desamparados ante el planificado derrumbe económico y la disminución o privatización de los programas y servicios estatales.

Muerte del liberalismo económico y la “solución fascista”

Pero los ingredientes para la “solución fascista” están también muy presentes en los países de la Unión Europea (UE) y de la Zona Euro, ya que en prácticamente todos ellos se constata un visible ascenso de fuerzas políticas de ultra derecha que por su contenido ideológico y sus programas políticos pueden ser consideradas como formando parte de la “nebulosa neo fascista”, al punto que por la vía electoral han llegado a los parlamentos e incluso a coaliciones de gobierno, y cuya representación actual en el Parlamento de la UE puede aumentar significativamente en las elecciones previstas para finales de mayo próximo.
Pero entender el momento actual, porque desentraña “la solución fascista” como la salida del capital ante “la muerte del liberalismo económico”, es muy útil referirse el húngaro Karl Polanyi, estudioso de las ciencias sociales y la historia de la economía, autor de varios escritos durante los años 30 y 40, en pleno ascenso del fascismo, y en 1944 de su libro “La Grande Transformation” (Gallimard, 1983). La visión de Polanyi importa porque actualmente, como hace casi un siglo, estamos ahora en plena “muerte del liberalismo económico”, o sea cuando finalmente llega el momento “en que el sistema económico y el sistema político estarían el uno y el otro amenazados de parálisis total. La población tendría miedo, y el papel dirigente recaería por fuerza en aquellos que ofrecen una salida fácil, no importa cuál fuese el precio final. Los tiempos estaban maduros para la solución fascista” (1). En el capítulo “La historia en el engranaje del cambio social”, Polanyi escribe que “si jamás un movimiento político respondió a las necesidades de una situación objetiva, en lugar de ser la consecuencia de causas fortuitas, ese bien fue el fascismo. Al mismo tiempo, el carácter destructor de la solución fascista era evidente (porque) proponía una manera de escapar a la situación institucional sin salida que era, en lo esencial, la misma en un gran número de países, y sin embargo, ensayar ese remedio era diseminar por doquier una enfermedad mortal. Así mueren las civilizaciones”. Seguidamente apunta que se puede describir la solución fascista al impasse en el cual se metió el capitalismo “como una reforma de la economía de mercado realizada a costa de la extirpación de todas las instituciones democráticas, a la vez en el terreno de las relaciones industriales y en el campo político. El sistema económico que corría el riesgo de un rompimiento debería así recuperar vida, mientras que las poblaciones serían ellas mismas sometidas a una re-educación destinada a desnaturalizar al individuo y a convertirlo en incapaz  de funcionar como unidad responsable del cuerpo político” (Pág. 305). Polanyi añade que “la aparición de un movimiento de este tipo en los países industriales del mundo, e incluso en cierto número de países poco industrializados, no debería haber sido jamás atribuida a causas locales, a mentalidades nacionales o a herencias históricas, como los contemporáneos lo hicieron con mucha constancia”, subrayando que el fascismo tenía poco que ver con la primera Guerra Mundial o el Tratado de Versalles, y que hizo su aparición tanto en países vencidos como entre los vencedores, en países de “raza” aria como no aria, en naciones de tradición católica como protestante, en países de culturas antiguas o modernas, y que en realidad “no existía ningún tipo de herencia -de tradición religiosa, cultural o nacional- que hacía un país invulnerable al fascismo, una vez reunidas las condiciones para su aparición” (Págs. 305-306)

¿Cuáles son las condiciones que permiten la aparición del fascismo?

Polanyi, que vivió y analizó esa época, escribe que era sorprendente el ver cuán poca relación existía entre la fuerza material y numérica de los fascistas y su eficacia política: “aunque tuviera la habitud de ser seguido por las masas, no era el número de sus adherentes lo que atestaba su fuerza potencial, sino más bien la influencia de las personas de alto grado de las cuales los dirigentes fascistas habían conquistado los favores: ellos podían contar con su influencia sobre la comunidad para protegerlos contra las consecuencias de una revuelta abortada, lo que descartaba los riesgos de revolución”. Un país que se aproximaba de la fase fascista presentaba ciertos síntomas, y entre ellos no necesariamente figuraba la existencia de un movimiento propiamente fascista. Pero Polanyi subraya que eran perceptibles otros signos al menos tan importantes: “la difusión de filosofías irracionales, de una estética racial, de una demagogia anticapitalista, de opiniones heterodoxas sobre la moneda, críticas al sistema de partidos, una denigración general del “régimen”, no importa cual fuera el nombre dado a la organización democrática existente”. Y recuerda que Adolf Hitler fue catapultado al poder “por el clan feudal que rodeaba al presidente Hindenburg, así como Benito Mussolini y Primo de Rivera fueron instalados en sus puestos por sus soberanos respectivos. Por lo tanto Hitler podía apoyarse en un vasto movimiento; Mussolini, en uno pequeño; Primo de Rivera no tenía apoyo alguno. En todos los casos no hubo una verdadera revolución contra la autoridad constituida; la táctica fascista era invariablemente la de un simulacro de rebelión que tenía el acuerdo tácito de las autoridades, las cuales pretendían haber sido desbordadas por la fuerza” (Pág. 307). Desde los años 30, según Polanyi, el fascismo era una posibilidad política siempre lista para ser usada, una reacción casi inmediata en todas las comunidades industriales. Y más adelante señala que no existía un criterio general del fascismo, que tampoco poseía una doctrina en el sentido ordinario del término: “Empero, todas esas formas organizadas presentaban un rasgo definitivo, la brusquedad con la cual aparecían y desaparecían para estallar con violencia después de un período indefinido de latencia. Todo eso concurre a la imagen de una fuerza social en la cual las fases de crecimiento y declive siguen la situación objetiva. Eso que nosotros hemos llamado, para ser breves, una “situación fascista”, no era otra cosa que la ocasión típica de victorias fascistas fáciles y totales. De golpe, las formidables organizaciones sindicales y políticas de los trabajadores y de otros abnegados partidarios de la libertad constitucional se dispersaban y los minúsculos grupos fascistas barrían lo que hasta entonces había parecido una fuerza irresistible de los gobiernos, de los partidos, de los sindicatos democráticos. Si una ‘situación revolucionaria’ se caracteriza por la desintegración psicológica y moral de todas las fuerzas de resistencia, al punto que un puñado de rebeldes armados sumariamente son capaces de tomar por la fuerza las ciudadelas consideradas como inconquistables de la reacción, entonces la ‘situación fascista’ es totalmente paralela, a no ser que, en ese caso, son los bastiones de la democracia y de las libertades constitucionales que fueron arrasados; sus defensas eran de una insuficiencia también espectacular”. En Prusia, en julio de 1932, -continúa el intelectual húngaro-, el gobierno legal socialdemócrata, atrincherado en la sede del poder legítimo, capitula ante la simple amenaza de violencia inconstitucional proferida por Her von Papen. Unos seis meses más tarde, Hitler toma pacíficamente posesión del poder, de donde él lanza rápidamente un ataque revolucionario de destrucción global contra las instituciones de la República de Weimar y los partidos constitucionales. Imaginar que es la potencia del movimiento lo que creó situaciones como éstas, es pasar al lado de la lección primordial de las últimas décadas” (Pág. 308). Más adelante Polanyi destaca que en su lucha por el poder político, el fascismo se otorga completa libertad para “descuidar o utilizar las cuestiones locales, a su voluntad. Su objetivo trasciende el marco político y económico; es social. Él pone una religión política al servicio de un proceso de degeneración. En su período de ascenso, no excluye de su orquesta que muy raras emociones; pero, una vez vencedor, él no deja subir a su carro de la victoria que un muy pequeño número de motivaciones, motivaciones muy características.  Si no hacemos una neta distinción entre su seudo-intolerancia en la ruta hacia el poder y su verdadera intolerancia cuando están en el poder, no hay mucha esperanza de poder comprender la diferencia sutil, pero decisiva, que existe entre el simulacro de nacionalismo de ciertos movimientos fascistas en el curso de la revolución y el no-nacionalismo específicamente imperialista que abrazaron después de la revolución” (Pág. 331). Es así que la “solución fascista” parece ser una consecuencia inevitable del atascamiento del “sistema de mercado” en los ocasos imperiales. En el ocaso imperial británico, que ocurre con la primera Guerra Mundial, entra en crisis el sistema de mercado, el laissez-faire, y como nos recuerda Polanyi “el papel jugado por el fascismo estuvo determinado por un único factor, el estado del sistema de mercado. En el curso del período 1917-1923, los gobiernos pidieron ocasionalmente la ayuda de los fascistas para restablecer la ley y el orden: no era necesario nada más para hacer funcionar el sistema de mercado. El fascismo se mantuvo embrionario. En el curso del período 1924-1929, cuando el restablecimiento del sistema de mercado parecía asegurado, el fascismo se borra totalmente en tanto que fuerza política (salvo en Italia, como Polanyi señala más adelante). Después de 1930, la economía de mercado entra en crisis, y en crisis general. En pocos años el fascismo deviene una potencia mundial” (Pág. 312).

El corporativismo como solución al impasse del capitalismo en los años 30

A partir de los primeros años de la década de 1930 el fascismo y su política corporativista pasaron a ser “la” solución capitalista al derrumbe de la sociedad de mercado en Alemania, Italia y luego en otros países europeos, al punto que esta “solución” que salvaba el capitalismo industrial despertó mucho interés en los círculos de poder político de otra buena cantidad de países, incluyendo a figuras políticas en Gran Bretaña y EE.UU. En definitiva, extirpando la democracia y la libertad de todas las instituciones políticas, industriales y sociales el fascismo permitió la continuidad del capitalismo industrial basado en la explotación del trabajo asalariado, y en Alemania, Italia y Japón liberó las fuerzas de la expansión imperial, de la conquista de países y regiones enteras. El fascismo fue imperialista, racista, anticomunista y brutal a más no poder, pero en lo económico su corporativismo basado en un concordato entre el Estado, las grandes industrias, los bancos y los sindicatos bajo control fascista, durante un muy breve lapso de tiempo creó empleos y alejó de las masas que podían ver una alternativa en el socialismo el temor al desempleo y a la miseria. El desarrollo de las infraestructuras, el aumento de la producción militar y de todos los sectores destinados a concretar los planes de guerra para una expansión imperial desarrolló la capacidad industrial y enriqueció a los grandes capitalistas. Las grandes fortunas que los capitalistas amasaron con el desarrollo económico y las industrias de la maquinaria de guerra de Alemania, Italia, Japón (y en Francia bajo el régimen pro-nazi del Mariscal Petain) están ahí, más poderosas que nunca porque en su mayor parte no fueron tocadas. Ilustraciones: Josep Renau. Texto: Alberto Rabilotta. Notas: 1.- Citas del libro de Karl Polanyi, 'La Grande Transformación', de ediciones Gallimard, 1983, traducidas al español por el autor del artículo. La primera corresponde a la página 304. En las siguientes citas el número de la página figura al final de cada párrafo citado.



20 mar 2016

Guerra por poderes (Parte II de II)

Reflexiones teóricas sobre la construcción del imperio en América Latina

La construcción del imperio estadounidense en América Latina es un proceso cíclico que refleja los cambios estructurales registrados en el poder político y la reestructuración de la economía mundial: fuerzas y factores que "ignoran" el estado imperial y la tendencia del capital a acumularse. La acumulación y expansión del capital no dependen simplemente de las fuerzas impersonales "del mercado", pues las relaciones sociales bajo las cuales funciona el "mercado" operan dentro de los límites de la lucha de clase.
La pieza central de las acciones del estado imperial, a saber, las largas guerras territoriales en Oriente Medio, están ausentes en América Latina. Lo que mueve la política del estado imperial estadounidense es la búsqueda de recursos (agro-mineros), fuerza de trabajo (empleados por cuenta propia con bajos ingresos) y mercados (tamaño y poder adquisitivo de 600 millones de consumidores). Detrás de la expansión imperial se hallan los intereses económicos de las multinacionales.
Aún cuando en este caso se hubiera podido sacar partido de una posición geoestratégica ventajosa –el Caribe, América Central y América del Sur están situados más cerca de Estados Unidos– predominan los objetivos económicos, no los militares.
Sin embargo, la facción militarista-sionista del estado imperial ignora estos motivos económicos tradicionales y deliberadamente opta por actuar teniendo en cuenta otras prioridades: el control de las zonas productoras de petróleo, la destrucción de las naciones o los movimientos islámicos, o simplemente acabar con los adversarios antiimperialistas. La facción militarista-sionista consideró que los "beneficios" para Israel, su supremacía militar en Oriente Medio, eran más importantes que asegurar la supremacía económica de Estados Unidos en América Latina. Este hecho se observa claramente si analizamos las prioridades imperiales en función de los recursos estatales utilizados para fines políticos.
Incluso si tenemos en cuenta el objetivo de la "seguridad nacional" y lo interpretamos en su sentido más amplio de garantizar la seguridad de los territorios nacionales del imperio, el ataque militar estadounidense a países islámicos impulsado por la ideología islamofóbica concomitante, los asesinatos masivos y el desarraigo de millones de musulmanes resultantes han producido el efecto contrario: terrorismo recíproco. Las "guerras totales" de Estados Unidos contra civiles han provocado ataques islamistas contra ciudadanos occidentales.
Los países latinoamericanos a los que apunta el imperialismo económico son menos beligerantes que los países de Oriente Medio que están en la mira de los militaristas estadounidenses. Un análisis coste/beneficio demostraría el carácter absolutamente "irracional" de la estrategia militarista. Sin embargo, si tenemos en cuenta la composición y los intereses concretos que mueven individualmente a los responsables de las políticas del estado imperial, vemos que existe algo así como una perversa "racionalidad". Los militaristas defienden la "racionalidad" de costosas e interminables guerras esgrimiendo las ventajas de adueñarse de "las puertas al petróleo" mientras que los sionistas esgrimen el mayor poder regional alcanzado por Israel.
Si bien durante más de un siglo América Latina fue un objetivo prioritario de la conquista económica imperial, en el siglo XXI ha perdido su primacía a favor de Oriente Medio.

La desaparición de la URSS y la conversión de China al capitalismo

El mayor impulso hacia la exitosa expansión imperial de Estados Unidos no se lo dieron las guerras por poderes ni las invasiones militares. Más bien, el imperio estadounidense logró su mayor crecimiento y conquista con la ayuda de líderes políticos clientelistas, organizaciones y estados vasallos en la ex URSS, Europa del Este, los estados bálticos, los Balcanes y el Cáucaso. La estrategia de penetración política y financiación a gran escala y a largo plazo que llevaron a cabo Estados Unidos y la Unión Europea contribuyó de manera exitosa al derrumbe de los regímenes colectivistas la URSS y a la aparición de estados vasallos. Estos pronto estarían a disposición de la OTAN y serían incorporados a la Unión Europea. Bonn se anexionó Alemania Oriental y dominó los mercados de Polonia, la República Checa y otros estados de Europa Central. Los banqueros de Estados Unidos y Londres colaboraron con los mafiosos oligarcas ruso-israelíes en actividades conjuntas para llevar a cabo el expolio de recursos, industrias, bienes inmuebles y fondos de pensiones. La Unión Europea explotó a decenas de millones de científicos, ingenieros y trabajadores altamente cualificados importándolos, o bien despojándolos de los derechos laborales y las prestaciones del estado de bienestar y sirviéndose de ellos como mano de obra barata en sus propios países.
El "imperialismo por invitación" avalado por el régimen vasallo de Yeltsin se apropió muy fácilmente de la riqueza rusa. Las fuerzas militares del Pacto de Varsovia entraron a formar parte de una legión extranjera en las guerras imperiales de Estados Unidos en Afganistán, Iraq y Siria. Sus instalaciones militares fueron convertidas en bases militares y emplazamientos de misiles para cercar a Rusia.
La conquista imperial estadounidense del Este creó un "mundo unipolar", en el cual los responsables de la toma de decisiones y estrategas de Washington creyeron que, como potencia mundial suprema, podrían intervenir impunemente.
El alcance y la profundidad del imperio mundial estadounidense se ampliaron con la incorporación de China al capitalismo y la invitación de su gobierno a las multinacionales de Estados Unidos y la Unión Europea a entrar y explotar la mano de obra barata del país. La expansión global del imperio estadounidense reforzó la sensación de poder ilimitado, alentando a sus gobernantes a ejercer dicho poder contra cualquier adversario o competidor.
Entre 1990 y 2000, Estados Unidos llevó sus bases militares hasta la frontera de Rusia. Las multinacionales estadounidenses fortalecieron su posición en China e la ex Indochina. Los regímenes clientelistas de Estados Unidos en América Latina desmantelaron sus economías nacionales, privatizando y desnacionalizando más de cinco mil empresas públicas de sectores estratégicos lucrativas. Todos los sectores se vieron afectados: recursos naturales, transportes, telecomunicaciones y finanzas.
A lo largo de los años noventa Estados Unidos siguió expandiéndose mediante la estrategia de la penetración política y la fuerza militar. El presidente George H. W. Bush emprendió una guerra contra Iraq. Clinton bombardeó Yugoslavia, y Alemania y la Unión Europea se unieron a Estados Unidos para dividir Yugoslavia en "mini-estados".

El crucial año 2000: la cima y el declive del imperio

El rápido y amplio proceso de expansión imperial, entre 1989 y 1999, las conquistas fáciles y el expolio concomitante crearon las condiciones para el declive del imperio de Estados Unidos.
El saqueo y empobrecimiento de Rusia condujo a la aparición de un nuevo liderazgo bajo el presidente Putin, que estaba decidido a reconstruir el estado y la economía y poner fin al vasallaje.
El liderazgo chino aprovechó su dependencia del capital y la tecnología de Occidente para crear una poderosa economía exportadora e impulsar el crecimiento de un dinámico complejo industrial nacional público-privado. Los centros financieros imperiales que habían florecido al calor de una regulación excesivamente laxa quebraron. Los cimientos domésticos del imperio se estremecieron. La máquina de guerra imperial tuvo que competir con el sector financiero por las partidas presupuestarias y los subsidios federales.
El crecimiento fácil condujo a la expansión excesiva del imperio. Las zonas de conflicto se multiplicaron en todo el mundo, reflejo del resentimiento y la hostilidad ante la destrucción provocada por los bombardeos y las invasiones. Los gobernantes clientelistas, estrechos colaboradores del imperio, vieron debilitado su poder. El imperio mundial superó la capacidad de Estados Unidos para controlar satisfactoriamente a sus nuevos estados vasallos. Los puestos avanzados coloniales reclamaron nuevos envíos de tropas y armas y nuevas inyecciones de dinero, en un momento en el que contrarrestar las tensiones internas exigía el recorte y el repliegue.
Todas las conquistas recientes –fuera de Europa– fueron muy costosas. La sensación de invencibilidad e impunidad llevó a los diseñadores del imperio a sobrestimar su capacidad de expandirse, de mantener el control y de contener la inevitable resistencia antiimperialista.
Las crisis y el colapso de los estados vasallos neoliberales en América Latina se aceleraron. Las revueltas antiimperialistas se extendieron desde Venezuela (1999) hasta Argentina (2001), Ecuador (2000-2005) y Bolivia (2003-2005). Surgieron regímenes de centro-izquierda en Brasil, Uruguay y Honduras. Los movimientos de masas conformados por comunidades indígenas y mineras tomaron un nuevo impulso en las zonas rurales. Los planes imperiales que se habían elaborado para garantizar la integración centrada en Estados Unidos fueron rechazados. En su lugar proliferaron múltiples acuerdos regionales que excluían a Estados Unidos: ALBA, UNASUR, CELAC. La rebelión interna de América Latina coincidió con el ascenso económico de China. Un prolongado auge de las materias primas debilitó seriamente la supremacía imperial estadounidense. Estados Unidos tenía pocos aliados locales en América Latina y compromisos excesivamente ambiciosos para controlar Oriente Medio, el sur de Asia y el norte de África.
Washington perdió su mayoría automática en América Latina: su apoyo a los golpes de Estado en Honduras y Paraguay, su intervención en Venezuela (2001) y el embargo contra de Cuba fueron repudiados por todos los gobiernos, incluso por los aliados conservadores.
Washington se dio cuenta de que resultaba mucho menos sencillo defender un imperio global que establecerlo. Los estrategas imperiales en Washington vieron las guerras de Oriente Medio a través del prisma de las prioridades militares israelíes, ignorando los intereses económicos globales de las multinacionales.
Los estrategas militares imperiales sobrestimaron la capacidad militar de vasallos y clientes, a los que Estados Unidos preparó muy mal para gobernar en países con movimientos armados de resistencia nacional. Aumentaron las guerras, las invasiones y las ocupaciones militares. A Iraq y Afganistán se sumaron Yemen, Somalia, Libia, Siria y Paquistán. Los gastos del estado imperial estadounidense excedieron con mucho cualquier transferencia de riqueza desde los países ocupados.
Cientos de miles de millones de dólares del Tesoro estadounidense fueron saqueados por una enorme burocracia mercenaria civil y militar.
El papel central de las guerras de conquista destrozó la infraestructura institucional y las bases económicas necesarias para que las multinacionales pudieran instalarse y ganar dinero.
Aferrado a las ideas estratégicas militares de imperio, el liderazgo militar-político del estado imperial diseñó una ideología global para justificar y fundamentar una política de guerra permanente y múltiple. La doctrina de la "guerra al terror" justificó la guerra en todas partes y en ninguna. La doctrina era "elástica", se podía adaptar a cada zona de conflicto e invitaba a nuevos compromisos militares: Afganistán, Libia, Irán y el Líbano fueron designados como zonas de guerra. La "doctrina del terror", de alcance global, ofreció una justificación para múltiples guerras y para la destrucción (no explotación) masiva de sociedades y recursos económicos. Sobre todo, la "guerra contra el terrorismo" justificó la tortura (Abu Ghraib), los campos de concentración (Guantánamo) y los objetivos civiles (vía drones) en cualquier parte. Las tropas fueron retiradas y enviadas de nuevo a Afganistán e Iraq a medida que aumentaba la resistencia. Miles de efectivos de las fuerzas especiales estuvieron en activo en montones de países, sembrando el caos y la muerte.
Además, el violento desarraigo, la degradación y la estigmatización de pueblos islámicos enteros propagó la violencia en los centros imperiales de París, Nueva York, Londres, Madrid y Copenhague. La globalización del terror del estado imperial se tradujo en terror individual.
 El terror imperial dio lugar al terror al interior de los estados: el primero de forma sostenida, abarcando civilizaciones enteras, conducido y justificado por representantes políticos electos y autoridades militares. El segundo mediante un grupo transversal de "internacionalistas" que inmediatamente se identificaron con las víctimas del terror del estado imperial.

El imperialismo contemporáneo: perspectivas presentes y futuras

Para entender el futuro del imperialismo estadounidense es importante resumir y evaluar la experiencia y las políticas del último cuarto de siglo.
Entre 1990 y 2015 observamos un declive económico, político e incluso militar en la construcción del imperio estadounidense en la mayoría de regiones del mundo, aunque el proceso no es lineal y probablemente tampoco irreversible.
A pesar de que en Washington se ha hablado mucho de la necesidad de reconfigurar las prioridades imperiales para tener en cuenta los intereses económicos de las multinacionales, se ha conseguido muy poco... La estrategia de Obama de "bascular hacia Asia" se ha concretado en nuevos acuerdos militares con Japón, Australia y Filipinas alrededor de China, y refleja la incapacidad de diseñar acuerdos de libre comercio que excluyan a este país. Entre tanto, Estados Unidos ha reanudado la guerra y ha vuelto a entrar en Iraq y Afganistán, además de haber iniciado nuevas guerras en Siria y Ucrania. Está claro que la primacía de la facción militarista sigue siendo el factor determinante en el diseño de las políticas del estado imperial.
El motor militar imperial es aún más evidente en la intervención estadounidense en apoyo del golpe de Estado en Ucrania y la decisión subsiguiente de financiar y armar a la junta de Kiev. La ofensiva imperial en Ucrania y los planes para incorporarla a la Unión Europea y la OTAN constituyen una flagrante agresión militar: la extensión de las bases, las instalaciones y las maniobras militares estadounidenses hasta la frontera de Rusia, junto con la imposición de sanciones económicas, han perjudicado duramente el comercio y las inversiones estadounidenses en Rusia. La construcción del imperio estadounidense sigue dando prioridad a la expansión militar incluso a costa de los intereses económicos imperiales occidentales en Europa.
El bombardeo de Libia por parte de Estados Unidos y la Unión Europea arruinó el floreciente comercio y los acuerdos de inversión entre las multinacionales imperiales del petróleo y el gas y el gobierno de Gadafi... Los ataques aéreos de la OTAN destrozaron la economía, la sociedad y el orden político, convirtiendo Libia en un territorio invadido por clanes enfrentados, bandas, terroristas y la violencia armada.
Durante el último medio siglo, el liderazgo político y las estrategias del estado imperial han cambiado drásticamente. En el periodo que va de 1975 hasta 1990 las multinacionales tuvieron un papel central marcando la dirección de la política del estado imperial: aprovechando los mercados asiáticos, negociando la apertura del mercado con China, promoviendo y apoyando gobiernos neoliberales militares y civiles en América Latina, e instalando y financiando gobiernos pro-capitalistas en Rusia, Europa del Este, los Balcanes y los estados bálticos. Incluso en los casos donde el estado imperial recurrió a la intervención militar, Yugoslavia e Iraq, los bombardeos crearon oportunidades económicas favorables para las multinacionales estadounidenses. El gobierno de Bush padre favoreció los intereses petroleros de Estados Unidos mediante el programa "petróleo por alimentos" acordado con Sadam Husein en Iraq.
Por su parte, Clinton promovió gobiernos de libre comercio en los mini-estados resultantes de la división de la Yugoslavia socialista.
No obstante, el liderazgo y las políticas del estado imperial cambiaron radicalmente desde finales de los noventa en adelante. El estado imperial del presidente Clinton estaba formado por antiguos representantes de las multinacionales, banqueros de Wall Street y conocidos militaristas y sionistas recién ascendidos.
El resultado fue una política híbrida con la que el estado imperial promovió de manera activa las oportunidades de las multinacionales bajo los regímenes neoliberales de los países ex comunistas de Europa y de América Latina, y amplió los lazos de éstas con China y Vietnam, mientras llevaba a cabo devastadoras intervenciones militares en Somalia, Yugoslavia e Iraq.
El "equilibrio de fuerzas" dentro del estado imperialista cambió drásticamente, inclinándose a favor de la facción militarista-sionista, a partir del 11 de septiembre de 2001: el ataque terrorista de origen dudoso en Nueva York y Washington sirvieron para afianzar a los militaristas que estaban al mando del enorme aparato del estado imperial. Como consecuencia del 11 de septiembre la facción militarista-sionista del estado imperial subordinó los intereses de las multinacionales a su estrategia de guerras totales. Esto, a su vez, llevó a la invasión, ocupación y destrucción de la infraestructura civil de Iraq y Afganistán (en lugar de aprovecharla para la expansión de las multinacionales). El régimen colonial de Estados Unidos desmanteló el estado iraquí (en lugar de reorganizarlo en función de las necesidades de las multinacionales). El asesinato y la migración forzosa de millones de profesionales cualificados, administradores y miembros del ejército y de la policía paralizaron cualquier recuperación económica (en lugar de emplearlos al servicio del estado colonial y las multinacionales.)
La enorme influencia militarista-sionista en el estado imperial introdujo importantes cambios en la política, la orientación, las prioridades y el modus operandi del imperialismo estadounidense. La ideología de la "guerra global al terror" sustituyó a la doctrina de las multinacionales a favor de la "globalización económica".
Las guerras perpetuas (los "terroristas" no estaban circunscritos a determinados lugares ni momentos) reemplazaron a las guerras limitadas y a las intervenciones para abrir mercados o instalar regímenes favorables a las políticas neoliberales que beneficiaran a las multinacionales estadounidenses.
Las guerras en Oriente Medio, el sur de Asia y el norte de África –contra países islámicos que se oponían a la expansión colonial de Israel en Palestina, Siria, el Líbano y el resto– pasaron a ocupar el centro de la actividad del estado imperial, desplazando a la estrategia para explotar las oportunidades económicas en Asia, América Latina y los países ex comunistas de Europa del Este.
La nueva concepción militarista de la construcción del imperio supuso gastos billonarios y no tuvo en cuenta ni se preocupó por las ganancias del capital privado. En cambio, bajo la hegemonía de las multinacionales, el estado imperial intervino para garantizar concesiones de petróleo, gas y minerales en América Latina y Oriente Medio, y las ganancias de las multinacionales compensaron de sobra los gastos de la conquista militar. La configuración militarista del estado imperial permitió el saqueo del Tesoro estadounidense para financiar sus ocupaciones, gastando enormes sumas en un ejército de colaboradores coloniales corruptos, en los "contratistas militares" privados, y en funcionarios militares estadounidenses responsables de adquisiciones .
Anteriormente la expansión de las multinacionales en el exterior había generado beneficios para el Tesoro de Estados Unidos por el pago de impuestos directos y mediante los ingresos procedentes del comercio y la transformación de materias primas.
En la última década y media los mayores y más estables beneficios de las multinacionales se han producido en zonas y países donde la participación del estado imperial militarizado ha sido mínima: China, América Latina y Europa. Donde menos beneficios han obtenido y más han perdido las multinacionales ha sido en las regiones donde la implicación del estado imperial ha sido mayor.
Las "zonas de guerra" que se extienden desde Libia hasta Somalia, el Líbano, Siria, Iraq, Ucrania, Irán, Afganistán y Paquistán son las regiones donde las multinacionales imperiales han sufrido un mayor deterioro y abandono.
Los principales "beneficiarios" de las actuales políticas del estado imperial son los contratistas militares privados y el complejo militar-industrial-securitario estadounidense. En el exterior, los beneficiarios del estado incluyen a Israel y Arabia Saudita. Por otro lado, los gobernantes clientelistas jordanos, egipcios, iraquíes, afganos y paquistaníes han guardado decenas de miles de millones en cuentas off-shore.
Entre los beneficiarios "no estatales" se encuentran los ejércitos mercenarios por poderes. En Siria, Iraq, Libia, Somalia y Ucrania también se han visto favorecidos decenas de miles de colaboradores en las autodenominadas organizaciones "no gubernamentales".

El análisis coste-beneficio o la construcción del imperio bajo la protección del estado imperial militarista-sionista

Una década y media es tiempo suficiente para evaluar los resultados del dominio militarista-sionista en el estado imperial.
Estados Unidos y sus aliados de Europa Occidental, sobre todo Alemania, lograron expandir su imperio en Europa Oriental, los Balcanes y las regiones del Báltico sin disparar un solo tiro. Estos países fueron convertidos en estados vasallos de la Unión Europea, sus mercados conquistados y sus industrias desnacionalizadas. Sus fuerzas armadas fueron contratadas como mercenarios de la OTAN. Alemania Occidental se anexó Alemania Oriental. La mano de obra cualificada barata, los inmigrantes y desempleados, aumentaron los beneficios de las multinacionales de la Unión Europea y Estados Unidos. Rusia fue temporalmente reducida a estado vasallo entre 1991 y 2001. El nivel de vida descendió vertiginosamente y se redujeron los programas del estado de bienestar. Aumentó la tasa de mortalidad. Las desigualdades de clase se ampliaron. Los millonarios y los mil millonarios se apropiaron de los recursos públicos y participaron con las multinacionales imperiales en el saqueo de la economía. Los líderes y partidos socialistas y comunistas fueron reprimidos o cooptados. En cambio, la expansión militar imperial en lo que va del siglo XXI está siendo un fracaso muy costoso. La "guerra en Afganistán" resultó una sangría de vidas y de dinero y provocó una ignominiosa retirada. Lo que quedó fue un débil gobierno títere y un ejército mercenario poco fiable. Ha sido la guerra más larga de la historia de Estados Unidos y uno de sus mayores fracasos. Al final, los movimientos de resistencia nacionalistas-islamistas –los llamados "talibanes" y los grupos de resistencia antiimperialistas etno-religiosos y nacionalistas aliados– dominan las zonas rurales, atacan continuamente las ciudades y se preparan para tomar el poder.
La guerra de Iraq, la invasión y los diez años de ocupación por parte del estado imperial diezmaron la economía del país. La ocupación fomentó la guerra etno-religiosa. Oficiales baazistas y militares profesionales se unieron a los islamistas-nacionalistas y formaron un poderoso movimiento de resistencia (EIIL) que derrotó al ejército mercenario chiita apoyado por el imperio durante la segunda década de la guerra. El estado imperial se vio forzado a volver a entrar y participar directamente en una larga guerra. El coste de la guerra se disparó hasta más de un billón de dólares. Se obstaculizó la explotación del petróleo y el Tesoro de Estados Unidos vertió decenas de miles de millones de dólares para sostener una "guerra sin fin".
El estado imperial estadounidense y la Unión Europea, junto con Arabia Saudita y Turquía, financiaron milicias mercenarias islámicas para invadir Siria y derrocar al régimen secular, nacionalista y anti-sionista de Bachar al Assad. La guerra imperial abrió la puerta para que las fuerzas islámicas-baazistas –EIIL– se extendieran hasta Siria. Los kurdos y otros grupos armados les arrebataron territorio y fragmentaron el país. Después de casi cinco años de guerra y crecientes costes militares, las multinacionales de Estados Unidos y la Unión Europea se han quedado fuera del mercado sirio.
El apoyo estadounidense a la agresión israelí contra el Líbano ha hecho que aumente el poder de la resistencia armada antiimperialista de Hezbolá. El Líbano, Siria e Irán constituyen en este momento una alternativa seria al eje de Estados Unidos, la Unión Europea, Arabia Saudita e Israel.
La política estadounidense de sanciones a Irán no ha logrado debilitar el régimen nacionalista y, en cambio, ha cercenado las oportunidades económicas de todas las grandes multinacionales del petróleo y el gas de Estados Unidos y la Unión Europea, así como las de los exportadores de artículos de fabricación estadounidense. China ha ocupado su lugar.
La invasión de Libia por parte de Estados Unidos y la Unión Europea destruyó la economía y supuso la pérdida de miles de millones de dólares en inversiones de las multinacionales y la interrupción de las exportaciones.
La toma del poder por el estado imperial estadounidense mediante un golpe de Estado por poderes en Kiev provocó una poderosa rebelión antiimperialista dirigida por milicias armadas en el Este (Donetsk y Lugansk) y la aniquilación de la economía ucraniana.
En resumen, el control militar-sionista del estado imperial ha conducido a largas y costosas guerras imposibles de ganar que han debilitado los mercados y los proyectos de inversión de las multinacionales estadounidenses. El militarismo ha reducido la presencia económica imperial y ha provocado movimientos de resistencia antiimperialistas cada vez más amplios, a la vez que ha aumentado la lista de países inviables, inestables y caóticos que escapan al control imperial.
El imperialismo económico ha seguido obteniendo beneficios en partes de Europa, Asia, América Latina y África a pesar de las guerras imperiales y las sanciones económicas que el enormemente militarizado estado imperial ha llevado a cabo en otros lugares.
Sin embargo, la toma del poder en Ucrania por los militaristas estadounidenses y las sanciones a Rusia han erosionado el lucrativo comercio y las inversiones de la Unión Europea en Rusia. Bajo la tutela del FMI, la Unión Europea y Estados Unidos, Ucrania se ha convertido en una economía fuertemente endeudada, al borde de la quiebra, dirigida por cleptócratas totalmente dependientes de los préstamos del extranjero y la intervención militar.
Al priorizar las sanciones y el conflicto con Rusia, Irán y Siria, el estado imperial militarizado no ha conseguido profundizar y ampliar sus lazos económicos con Asia, América Latina y África. La conquista política y económica de Europa del Este y partes de la URSS ha perdido importancia. Las guerras perpetuas perdidas en Oriente Medio, el norte de África y el Cáucaso han mermado la capacidad del estado imperial para llevar adelante la construcción del imperio en Asia y América Latina.
La pérdida de riqueza, los costes internos de las guerras perpetuas, ha erosionado las bases electorales de la construcción del imperio. Solamente un cambio radical en la composición del estado imperial y una reorientación de sus prioridades para situar la expansión económica en el centro de las mismas podrían impedir el actual declive del imperio. El peligro está en que si el estado imperialista sionista militarista sigue interviniendo en guerras perdidas puede subir la apuesta y deslizarse hacia una confrontación nuclear: ¡un imperio entre cenizas nucleares! Texto: J. Petras. Ver: OTAN busca enemigo