4 sept 2015

La amenaza iraní (Parte II de II)

Ningún analista serio cree que Irán pueda alguna vez utilizar, o incluso amenazar con utilizar, un arma nuclear en caso de que la tuviera, y así enfrentarse a la destrucción instantánea. Sin embargo, sí que existe una preocupación real de que un arma nuclear pueda caer en manos de los yihadistas, y no gracias a Irán, sino a través de Pakistán, país aliado de los Estados Unidos. En la revista del Instituto Real de Asuntos Internacionales, dos destacados científicos nucleares paquistaníes, Pervez Hoodbhoy y Zia Mian, escribieron que el aumento del temor a que "los militantes incauten armas o materiales nucleares y desaten el terrorismo nuclear [ha originado]...la creación de una fuerza que cuenta con más de 20.000 soldados para proteger las instalaciones nucleares. No obstante, no existen razones para suponer que esta fuerza sea inmune a los problemas asociados con las unidades que custodiaban las instalaciones militares regulares", las cuales han sufrido con frecuencia ataques con la "ayuda de un infiltrado". En resumen, el problema es real, y solo ha sido desplazado a Irán gracias a las fantasías inventadas por otros motivos.
Irán rodeado de bases militares USA
Otra de las preocupaciones sobre la amenaza iraní es su papel como "principal apoyo mundial del terrorismo", que principalmente se refiere a su apoyo a Hezbolá y a Hamás. Estos dos movimientos surgieron de la resistencia a la violencia y a la agresión israelí respaldada por Estados Unidos, que supera infinitamente cualquier cosa atribuida a estos villanos, por no hablar de la práctica habitual de la potencia hegemónica, cuya campaña mundial de asesinatos mediante drones es el mejor ejemplo (y ayuda a fomentar) el terrorismo internacional.
Esos dos villanos, clientes de Irán también, comparten el delito de ganar el voto popular en las únicas elecciones libres del mundo árabe. Hezbolá es culpable de un delito aún más atroz: obligar a Israel a retirar su ocupación del sur de Líbano, que se llevó a cabo en violación de las órdenes del Consejo de Seguridad de la ONU que datan de décadas atrás y que implicaba un régimen ilegal de terror y a veces de extrema violencia. Da igual lo que pienses de Hezbolá, Hamás u otros beneficiarios del apoyo iraní, Irán apenas ocupa un lugar destacado en el apoyo al terrorismo mundial.

Impulsando la inestabilidad

Otra preocupación, expresada en la ONU por la embajadora de Estados Unidos Samantha Power es la "inestabilidad que Irán alimenta más allá de su programa nuclear". Declaró que los EE.UU. seguirán examinando este mal comportamiento. De esta manera, se hacía eco de la declaración que el secretario de Defensa Ashton Carter hizo cuando estuvo en la frontera norte de Israel, en la cual afirmaba que "los EEUU van a seguir ayudando a Israel a contrarrestar la influencia maligna que Irán ejerce" al apoyar a Hezbolá, y que se reservan el derecho a utilizar la fuerza militar contra Irán cuando lo consideren apropiado.
La forma en la que Irán "impulsa la inestabilidad" puede ser considerada especialmente dramática en Irak donde, entre otros delitos, Irán acudió en auxilio de los kurdos que se defendían de la invasión de los militantes del Estado Islámico, o construyó una planta eléctrica de 2.500 millones de dólares en la ciudad portuaria sureña de Basora para intentar que sus habitantes tuvieran el mismo nivel de energía eléctrica que antes de la invasión, en 2003. Sin embargo, lo que no comenta la embajadora Power es que gracias a aquella invasión, cientos de miles de personas murieron y se generaron millones de refugiados, se cometieron actos de tortura bárbaros (los iraquíes compararon la destrucción con la invasión de Mongolia del siglo XIII) abandonando Irak, el país más infeliz del mundo según las encuestas de WIN/Gallup. Mientras tanto, el conflicto sectario se encendió, dividiendo la región en pedazos y sentando las bases para la creación de la monstruosidad que es el EI. Y a todo esto le llaman "estabilización".
Pero a pesar de todo, son solo las acciones vergonzosas de Irán las "impulsan la inestabilidad". Este discurso en ocasiones llega a alcanzar niveles casi surrealistas, como cuando el comentarista liberal James Chance, ex editor de Foreign Affairs, explicó que los Estados Unidos trataban de "desestabilizar a un Gobierno marxista libremente elegido en Chile porque estaban decididos a buscar la estabilidad" bajo la dictadura de Pinochet.
Otros están indignados porque creen que Washington ni siquiera debería negociar con un régimen tan "despreciable" como Irán, con su horrible historial de derechos humanos, y en su lugar nos instan a perseguir "una alianza entre Israel y los Estados sunitas patrocinada por Estados Unidos". Eso escribe Leon Wieseltier, editor colaborador de la venerable revista liberal The Atlantic, que a duras penas puede ocultar su odio visceral hacia todas las cosas iraníes. Con semblante serio, este respetado intelectual liberal recomienda que Arabia Saudí, la cual hace que Irán parezca un paraíso, e Israel, con sus atroces delitos en Gaza y en otros lugares, deberían aliarse para enseñar a ese país lo que es el buen comportamiento. Quizá la recomendación no sea del todo descabellada si tenemos en cuenta el historial de derechos humanos de los regímenes que Estados Unidos ha impuesto y apoyado en todo el mundo.
Si bien el Gobierno iraní es sin duda una amenaza para su propio pueblo, lamentablemente no hay registros en este aspecto, al menos no descendiendo al nivel de los aliados preferidos de E.UU. Eso, no obstante, parece no preocupar a Washington, ni por supuesto, a Tel Aviv o Riad.
También podría ser útil recordar, seguro que los iraníes lo hacen, que desde 1953 no pasa un día sin que los EEUU hagan daño a los iraníes. Después de todo, en cuanto ellos derrocaron al odiado régimen de sha, impuesto por los Estados Unidos, en 1979 Washington declaró su apoyo al líder iraquí Saddam Hussein, que en 1980 lanzó un mortífero ataque en su país. El presidente Reagan fue tan lejos en ese apoyo que llegó a negar el principal delito de Saddam, su ataque de guerra química a la población kurda de Irak, de la que en su lugar culpó a Irán. Cuando Saddam fue juzgado por crímenes bajo los auspicios de Estados Unidos, ese crimen, y otros en los que los EEUU también eran cómplices, fue excluido de los cargos, que fueron restringidos a uno de sus delitos menores, el asesinato de 148 chiitas en 1982, que en realidad era una nota de pie de página de su macabro historial.
Saddam era un amigo de Washington tan valioso que incluso le concedieron un privilegio que antes solo había sido concedido a Israel. En 1987 se le permitió a sus fuerzas atacar con total impunidad a un buque de la marina estadounidense, el USS Stark, matando a 37 tripulantes. (Israel había actuado de manera similar en su ataque de 1967 sobre el USS Liberty). Irán prácticamente reconoció su derrota poco después, cuando los EEUU lanzaron la Operación Mantis Religiosa contra los buques iraníes y las plataformas petroleras en aguas territoriales iraníes. Esa operación culminó cuando el USS Vincennes, sin ninguna amenaza creíble, derribó un avión civil en el espacio aéreo iraní, que provocó la muerte de 290 personas, y la posterior concesión de la distinción Legión del Mérito al comandante del Vincennes por su "conducta excepcionalmente meritoria" y por mantener un "ambiente tranquilo y profesional" durante el periodo en el que el ataque contra el avión tuvo lugar. En referencia a este acontecimiento, el filósofo Thill Raghu, afirma que "¡solo podemos maravillarnos de semejante muestra de excepcionalismo americano!".
Después de que la guerra terminara, los EEUU continuaron apoyando a Saddam Hussein, el principal enemigo de Irán. El presidente George H. W. Bush incluso invitó a ingenieros nucleares iraquíes a los EEUU para recibir una formación avanzada en la producción de armas, una amenaza extremadamente grave para Irán. Las sanciones contra ese país se intensificaron, incluso contra las empresas extranjeras que tenían relaciones comerciales con ellos, y se iniciaron acciones para bloquear sus actividades en el sistema financiero internacional.
En los últimos años, la hostilidad se ha extendido hasta el sabotaje, el asesinato de científicos nucleares (presumiblemente por Israel), y la ciberguerra proclamada abiertamente con orgullo. El Pentágono considera la ciberguerra un acto de guerra, lo que justifica una respuesta militar, al igual que la OTAN, que en septiembre de 2014 afirmó que los ataques cibernéticos pueden desencadenar las obligaciones de defensa colectiva de las potencias de la OTAN, cuando somos el blanco y no los autores.

"El principal estado paria"

Es justo añadir que ha habido interrupciones de este patrón. El presidente George W. Bush, por ejemplo, ofreció varios regalos significativos a Irán, destruyendo a sus principales enemigos, Saddam Hussein y los talibanes. Él incluso puso a los enemigos iraquíes de Irán bajo su influencia después de la derrota de Estados Unidos, que fue tan grave que Washington tuvo que abandonar sus objetivos declarados oficialmente de establecer bases militares permanentes (" campos permanentes") y asegurar que las empresas estadounidenses tuvieran acceso privilegiado a los inmensos recursos de petróleo de Irak.
¿Tienen los líderes iraníes la intención de desarrollar armas nucleares hoy en día? Podemos decidir por nosotros mismos cómo de creíbles son sus negaciones, pero no cabe duda de que tenían tales intenciones en el pasado. A fin de cuentas, la máxima autoridad afirmó públicamente y comunicó a los periodistas extranjeros que Irán desarrollaría armas nucleares "definitivamente, y antes de lo que se pensaba". El padre del programa de energía nuclear de Irán y ex director de la Organización de Energía Atómica de Irán estaba seguro de que el plan de la directiva era "construir una bomba nuclear". La CIA también informó de que no tenía "ninguna duda" de que Irán desarrollaría armas nucleares si sus países vecinos lo hacían (como lo han hecho).
Todo esto, por supuesto, durante el Gobierno del sha, la "máxima autoridad" que acabamos de citar y en una época en la que los altos funcionarios estadounidenses (Dick Cheney, Donald Rumsfeld y Henry Kissinger, entre otros) le instaban a seguir con sus programas nucleares y presionaban a las universidades para que se adaptaran a estos esfuerzos. Bajo tales presiones, mi propia universidad, el MIT, llegó a un acuerdo con el Sha para admitir estudiantes iraníes en el programa de ingeniería nuclear a cambio de las becas que él ofrecía, con fuertes objeciones de los estudiantes pero con un comparable apoyo docente (en una reunión que sin ninguna duda recordaran bien los profesores más antiguos). Cuando más tarde le preguntaron a Kissinger por qué apoyaba esos programas del Sha pero se opuso a ellos más recientemente, él respondió honestamente que entonces Irán era un aliado.
Dejando de lado los absurdos, ¿cuál es la verdadera amenaza de Irán que inspira tanto miedo y furia? Un lugar natural al que acudir en busca de una respuesta es el servicio de inteligencia estadounidense. Recordemos su análisis que dice que Irán no representa ninguna amenaza militar, que sus doctrinas estratégicas son defensivas, y que sus programas nucleares (por lo que se puede determinar, no tienen como objeto de desarrollar bombas) son "una parte central de su estrategia de disuasión".
¿Quién, entonces, estaría preocupado por una disuasión iraní? La respuesta es simple: los Estados parias que arrasan en la región y no quieren tolerar ningún impedimento para su adicción de la agresión y la violencia. En este sentido, los Estados Unidos están a la cabeza, con Israel y Arabia Saudí haciendo todo lo posible para unirse al club con su invasión a Baréin (para apoyar la destrucción del movimiento de reforma que está cobrando importancia allí) y ahora su ataque homicida en Yemen, acelerando una creciente catástrofe humanitaria en ese país.
Para los Estados Unidos, la caracterización es familiar. Hace quince años, el destacado analista político Samuel Huntington, profesor de Ciencias de Gobierno en Harvard, advirtió en la revista Foreign Affairs que para la mayor parte del mundo los Estados Unidos se "estaban convirtiendo en la superpotencia paria...la mayor amenaza externa para sus sociedades". Poco después, sus palabras fueron repetidas por Robert Jervis, presidente de la Asociación Americana de Ciencias Políticas: "A los ojos de gran parte del mundo, el principal Estado paria es Estados Unidos". Como ya hemos visto, la opinión mundial apoya esta visión por un margen considerable.
Por otra parte, los estadounidenses están orgullosos de su actuación. Eso es lo que muestra la insistencia de la clase política de los EEUU, que se reserva el derecho a recurrir a la fuerza si determina unilateralmente que Irán está violando algún compromiso. Esta política es de hace ya un tiempo, especialmente para los demócratas liberales, y no se limita a Irán. La doctrina Clinton, por ejemplo, confirmó que los Estados Unidos tenían derecho a recurrir al "uso unilateral del poder militar" incluso para garantizar "el acceso sin restricciones a los mercados clave, fuentes de energía, y recursos estratégicos", por no hablar de la supuesta "seguridad" o por "cuestiones humanitarias". La adhesión a diversas versiones de esta doctrina ha sido confirmada en la práctica, como demuestra la realidad.
Estos son algunos de los asuntos críticos que deberían ser el foco de atención en el análisis del acuerdo nuclear de Viena, tanto si sigue vigente o si es saboteado por el Congreso, como puede que ocurra. Texto: Noam Chomsky. Ver: Parte I

31 ago 2015

La amenaza iraní (Parte I de II)

El acuerdo nuclear alcanzado en Viena entre Irán y el P5+1, grupo de países formado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania, ha provocado un gran alivio y optimismo en todo el mundo. La mayor parte del mundo aparentemente comparte la valoración de la Asociación estadounidense de Control de Armas de que "el Plan Global de Acción Conjunta establece una fórmula fuerte y eficaz para bloquear todas las vías por las que Irán podría adquirir material para armas nucleares durante más de una generación, y un sistema de verificación para detectar y disuadir inmediatamente los posibles esfuerzos de Irán para desarrollar en secreto armas nucleares de duración infinita".
Irán rodeado de bases USA
Sin embargo hay sorprendentes excepciones al entusiasmo general: los Estados Unidos y sus aliados regionales más cercanos, Israel y Arabia Saudí. Una consecuencia de esto es que a las empresas estadounidenses, muy a su pesar, se les impida acudir a Teherán junto con sus homólogos europeos. Sectores destacados del poder y de la opinión de Estados Unidos comparten la postura de los dos aliados regionales y se encuentran en un estado de histeria virtual por "la amenaza iraní". Los comentarios sobrios de Estados Unidos, prácticamente de todo el espectro, declaran que ese país es "la mayor amenaza para la paz mundial". Incluso los partidarios del acuerdo son cautelosos, dada la excepcional gravedad de esa amenaza. Después de todo, ¿cómo podemos confiar en los iraníes con su terrible historial de agresiones, violencia, alteraciones y engaños?
La oposición de la clase política es tan fuerte que la opinión pública se ha desplazado rápidamente de un importante apoyo al acuerdo a una división a partes iguales. Los republicanos se oponen casi unánimemente al acuerdo. Las actuales primarias republicanas ilustran las razones esgrimidas. El senador Ted Cruz, considerado uno de los intelectuales entre los candidatos presidenciales, advierte de la posibilidad de que Irán todavía fabrique armas nucleares y de que un día use una para activar un impulso electromagnético que "acabaría con la red eléctrica de toda la costa oriental" de los Estados Unidos, matando a "decenas de millones de estadounidenses".
"La oposición de la clase política es tan fuerte que la opinión pública se ha desplazado rápidamente de un importante apoyo al acuerdo a una división a partes iguales. Los republicanos se oponen casi unánimemente al acuerdo."
Los dos principales candidatos, el ex gobernador de Florida Jeb Bush y el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, están discutiendo si bombardear Irán inmediatamente después de ser elegidos o después de la primera reunión del Gabinete. El único candidato con algo de experiencia en política exterior, Lindsey Graham, describe el acuerdo como "una sentencia de muerte para el Estado de Israel", que sin duda supondrá una sorpresa para los analistas de inteligencia y estrategia israelíes, y que Graham sabe que es un completo disparate, que plantea preguntas inmediatas sobre los motivos reales.
Tenemos que tener en cuenta que hace ya bastante tiempo los republicanos abandonaron la pretensión de funcionar como un partido normal del Congreso. Como el respetado comentarista político conservador Norman Ornstein del American Enterprise Institute observó, los republicanos se han convertido en una "insurgencia radical" que apenas busca participar en la política normal del Congreso.
Desde los tiempos del presidente Ronald Reagan hasta el momento, la dirección del partido ha recaído en los bolsillos de los más ricos y el sector empresarial, que pueden atraer votos mediante la movilización de aquellos sectores de la población que anteriormente no estaban politizados. Entre ellos se encuentran los cristianos evangélicos extremistas -en este momento probablemente una mayoría de los votantes republicanos-, los restos de los antiguos estados esclavistas, los nativistas que están aterrorizados de que "los de fuera" les quiten su cristiano, anglosajón y blanco país, y otros que convierten las primarias republicanas en espectáculos alejados de la corriente principal de la sociedad moderna, aunque no de la corriente principal del país más poderoso de la historia mundial.
La desviación de los estándares mundiales, sin embargo, va mucho más allá de los límites de la insurgencia radical republicana. Al otro lado del espectro existe, por ejemplo, una coincidencia general con la "pragmática" visión del general Martin Dempsey, presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, de que el acuerdo de Viena no "impide que los Estados Unidos ataquen las instalaciones iraníes si las autoridades deciden que está incumpliendo el acuerdo", a pesar de que un ataque militar unilateral es "mucho menos probable" si Irán se comporta.
El que fuera negociador de Clinton y actual negociador de Obama en Oriente Medio, Dennis Ross, defiende que "Irán no debe tener ninguna duda de que verle avanzar hacia un arma desencadenaría el uso de la fuerza", incluso después del vencimiento del acuerdo, cuando Irán sea teoréticamente libre para hacer lo que quiera. De hecho, la existencia de una fecha de vencimiento en quince años es "el mayor problema del acuerdo". También sugiere que los EEUU proporcionarían a Israel bombarderos B-52 especialmente equipados y bombas antibúnker para protegerse antes de que la terrorífica fecha llegue.

"La mayor amenaza"

Los detractores del acuerdo nuclear dicen que no va lo suficientemente lejos. Algunos partidarios están de acuerdo, y sostienen que "para que el acuerdo de Viena sea significante, todo Oriente Medio debe deshacerse de las armas de destrucción masiva". El autor de estas palabras, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Javad Zarif, añadió que "Irán, con su capacidad nacional y como actual presidente del Movimiento de Países No Alineados (que incluye los Gobiernos de la gran mayoría de la población mundial), está dispuesto a trabajar con la comunidad internacional para alcanzar estos objetivos, aun siendo plenamente consciente de que por el camino probablemente se encontrará muchos obstáculos planteados por los escépticos de la paz y de la diplomacia". Añade que Irán ha firmado un "acuerdo nuclear histórico", y que ahora es el turno de Israel, "la resistencia".
Israel es una de las tres potencias nucleares, junto con la India y Pakistán, cuyos programas de armas han sido instigados por los Estados Unidos y que se niegan a firmar el Tratado de No Proliferación (TNP). 
Zarif estaba refiriéndose a la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación que tiene lugar cada cinco años, que resultó un fracaso en abril, cuando los EE.UU. (junto con Canadá y Reino Unido) una vez más bloquearon los esfuerzos para avanzar hacia una zona libre de armas de destrucción masiva en Oriente Medio. Esos esfuerzos han sido dirigidos por Egipto y otros países árabes durante veinte años. Como Jayantha Dhanapala y Sergio Duarte, figuras destacadas en la promoción de estos esfuerzos opinaron en ¿Tiene futuro el TNP?, un artículo en la revista de la Asociación de Control de Armas: "La exitosa adopción en 1995 de la resolución sobre el establecimiento de una zona libre de armas de destrucción masiva (ADM) en Oriente Medio fue el elemento principal de un paquete que permitió la prórroga indefinida del TNP". El TNP, a su vez, es el tratado más importante de control de armas. Si se cumple, podría acabar con la lacra de las armas nucleares.
En repetidas ocasiones, la aplicación de la resolución ha sido bloqueada por los EEUU, las más recientes en 2010 por el presidente Obama, y nuevamente en 2015, como Dhanapala y Duarte señalan, "en nombre de un Estado que no forma parte del TNP y que se cree que es único de la región que posee armas nucleares", en una referencia educada y discreta a Israel. Esperan que este fracaso "no sea el golpe de gracia" de los dos objetivos que el TNP tiene desde hace muchos años: acelerar el proceso de desarme nuclear y el establecimiento en Oriente Medio de una zona libre de armas de destrucción masiva.
Un Oriente Medio libre de armas nucleares sería una forma directa de abordar cualquiera de las amenazas que supuestamente plantea Irán. Pero hay mucho en juego en el continuo sabotaje de estos acuerdos, y tiene que ver con el objetivo de proteger al cliente israelí. A fin de cuentas, este no es el único caso en el que las oportunidades de acabar con la supuesta amenaza iraní han sido minadas por Washington, planteando más preguntas sobre qué es exactamente lo que en realidad está en juego.
Para tratar este asunto, es instructivo examinar tanto las suposiciones tácitas de la situación como las preguntas que rara vez hacemos. Veamos algunas de estas suposiciones, empezando por la más grave: que
 Irán es la mayor amenaza para la paz mundial.
En los EEUU existe el cliché entre los altos funcionarios y los comentaristas de que Irán es la mayor amenaza para la paz mundial. Pero también hay un mundo fuera de los Estados Unidos, y aunque sus puntos de vista no llegan a ser hegemónicos, puede que tengan cierto interés: según las agencias de sondeo occidentales (WIN/Gallup International), el premio de la mayor amenaza se lo llevan los Estados Unidos. El resto del mundo considera a los Estados Unidos la amenaza más grave para la paz mundial, con un amplio margen. En segundo lugar, muy por debajo, está Pakistán, y su clasificación probablemente esté inflada por los votos de la India. Irán ocupa el tercer lugar, detrás de estos dos, junto con China, Israel, Corea del Norte y Afganistán. Según las agencias de sondeo occidentales (WIN/Gallup International), el premio de la mayor amenaza a la paz mundial se lo llevan los Estados Unidos, 
"El principal apoyo mundial del terrorismo"
Esta situación nos lleva a la siguiente pregunta obvia: ¿cuál es realmente la amenaza iraní? ¿Por qué, por ejemplo, Israel y Arabia Saudí tiemblan de miedo por este país? Cualquiera que sea la amenaza, difícilmente puede ser militar. Hace años, el servicio de inteligencia de los EEUU informó al Congreso de que Irán tenía gastos militares muy bajos para los estándares de la región y que sus doctrinas estratégicas son defensivas, es decir, están diseñadas para disuadir de las agresiones. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos también han comunicado que no tienen pruebas de que Irán realmente esté llevando a cabo un programa de armas nucleares y que "el programa nuclear de Irán y su disposición de mantener abierta la posibilidad de desarrollar armas nucleares son una parte central de su estrategia de disuasión".
Según el análisis del SIPRI sobre los armamentos mundiales, los Estados Unidos lideran, como de costumbre, y por mucho, el ranking de gastos militares. China ocupa el segundo lugar, con un tercio de los gastos de Estados Unidos. Muy por debajo se encuentran Rusia y Arabia Saudí, que no obstante están muy por encima de cualquier país occidental europeo. Irán apenas es mencionado en dicha clasificación. Todos los detalles del estudio fueron revelados en el informe de abril del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), que "considera concluyente que todos los países del Golfo Arábigo tienen una abrumadora ventaja sobre Irán, tanto en el gasto militar como en el acceso a armas modernas".
El gasto militar de Irán, por ejemplo, es una pequeña parte del de Arabia Saudí, e incluso mucho menor que el gasto de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). En total, los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Baréin, Kuwait, Omán, Arabia Saudí, y los Emiratos Árabes Unidos) superan el gasto de Irán en armas en ocho veces, un desequilibrio que se remonta décadas atrás. El informe del CSIS añade que "los países del Golfo Arábigo han adquirido y siguen adquiriendo algunas de las armas más avanzadas y eficaces del mundo, mientras que Irán se ha visto obligado a vivir en el pasado, contando a menudo con sistemas originalmente distribuidos en los tiempos de sha". En otras palabras, están prácticamente obsoletos. Si lo comparamos con Israel, el desequilibrio es incluso mayor, pues estos poseen el armamento más avanzado de los EEUU y una base militar virtual en alta mar para la superpotencia mundial, también tiene un gran stock de armas nucleares.
Para estar seguros, Israel se enfrenta a la amenaza existencial de las declaraciones iraníes: el líder supremo Alí Jamenei y el ex presidente Mahmud Ahmadineyad, como todo el mundo sabe, amenazaron con destruir Israel. Pero lo cierto es que no ha pasado nada. Ahmadineyad también predijo, por ejemplo, que "bajo la gracia de Dios [el régimen sionista] será borrado del mapa", que en el fondo no significa sino que él esperaba que algún día el régimen cambiara. Pero todo eso se queda corto corto si lo comparamos con los llamamientos directos, tanto de Washington como de Tel Aviv, al cambio de régimen en Irán, por no hablar de las medidas adoptadas para procurar dicho cambio. Estas, por supuesto, se remontan al cambio de régimen real que tuvo lugar en 1953, cuando los EEUU y el Reino Unido organizaron un golpe militar para derrocar el Gobierno parlamentario de Irán e instaurar la dictadura del sha, quién procedió a acumular uno de los peores historiales de derechos humanos del planeta.
Estos crímenes seguramente resulten conocidos para los lectores de los informes de Amnistía Internacional y otras organizaciones de derechos humanos, pero no a los lectores de la prensa estadounidense, que ha dedicado mucho espacio a las violaciones iraníes de derechos humanos, pero solo a partir de 1979 cuando el régimen del sha fue derrocado. (Para comprobar los datos sobre esto, lean The U.S. Press and Iran, un estudio minuciosamente documentado por Mansour Farhang y William Dorman).
Nada de esto se aparta mucho de la norma. Como bien es sabido, los Estados Unidos tienen el título de campeón del mundo a la hora de promover cambios de régimen, e Israel tampoco se queda atrás. La más destructiva de sus invasiones, la de Líbano en 1982, tenía como principal objetivo el cambio de régimen en aquel país, así como asegurarse el control sobre los territorios ocupados. Los pretextos esgrimidos eran poco consistentes y, de hecho, se derrumbaron todos a la vez. Pero eso no es algo inusual ni lejano de la naturaleza de las sociedades, y se ha visto en lugares y momentos bien diferentes, desde la Declaración de la Independencia, que hablaba sobre "los despiadados indios salvajes" hasta la defensa que hacía Hitler de la necesidad que tenía Alemania de defenderse del "terror salvaje" de los polacos. Texto: Noam Chomsky. Ver: PARTE 2




30 ago 2015

Derecha, elecciones y democracia

América latina ha sido el escenario privilegiado de ofensivas de la derecha porque es la región del mundo donde la derecha ha quedado más desplazada. Ha perdido sucesivas elecciones en los países con gobiernos progresistas y pasó a apelar a intentos de desestabilización política valiéndose de su elemento más fuerte: el monopolio privado de los medios de comunicación. 

Cuando llegan las elecciones, la derecha se juega por entero intentando ganar, como fueron los casos recientes de Ecuador, Bolivia, Brasil, Uruguay, y como ocurre actualmente en Argentina y en Venezuela. Acumulando nuevas derrotas, la derecha pasa a poner en práctica planes de desestabilización política, como son los casos actuales en Brasil, Ecuador y Bolivia.
La oposición brasileña ha intentado, hasta donde pudo, cuestionar la reelección de Dilma Rousseff, haciendo que el primer año de su segundo mandato sea un período de crisis, de amenazas de ingobernabilidad y de resistencia de parte del gobierno y del movimiento popular. Hasta que esa operación se agota, pero el gobierno sale de ella debilitado, presionado por las fuerzas de centroderecha hacia un pacto conservador a cambio de la recuperación de la gobernabilidad.
En Bolivia, una región –Potosí– constituyó un comité cívico y, con una plataforma de reivindicaciones locales, hizo una huelga regional y organizó una marcha belicosa hacia la capital. El gobierno alega que ha concedido las principales reivindicaciones, pero los huelguistas lo niegan, aunque finalmente suspenden su movida, con amenazas de retomarla.
En Ecuador, dos medidas tributarias que el gobierno envió al Congreso, que recaen sobre el dos por ciento más rico de la población, llevaron a que la oposición –sumándose, una vez más, sectores de la ultraizquierda con la derecha– desatara una reacción amplia y violenta, que algunos llamaron un “levantamiento” en contra del gobierno. Apoyada en sectores minoritarios del movimiento indígena y sindical, se chocaron con grandes movilizaciones populares de apoyo al gobierno de Rafael Correa.
Pero no es sólo en América latina que se da esa contraofensiva. Como Grecia y España aparecían como países en donde surge una nueva izquierda en Europa, con el agotamiento de los partidos tradicionales, reducidos todos a la política de austeridad, ahí también la derecha retomó su ofensiva. Syriza y Podemos han pasado a cuestionar la austeridad y a capitalizar el descontento generalizado de la población.
En Grecia, la derecha tuvo que actuar más duramente, porque era inminente el riesgo de que un gobierno cuestionará concretamente a la austeridad. La Unión Europea ha actuado con toda su brutalidad para derrotar y humillar al nuevo gobierno griego e intenta demostrar a toda Europa que fuera de la austeridad no habría vida posible.
Esa línea de acción tiene los ojos puestos en el resto de Europa, pero especialmente sobre España, donde Podemos se apoyaba en la experiencia griega como vía posible de superación de la austeridad. Contra el ascenso de Podemos se ha desatado una estrategia combinada en varios planos. En primer lugar, los medios han fabricado mecanismos de rechazo de la nueva organización, mezclando denuncias sobre el comportamiento de algunos de sus dirigentes y organizando una nueva agrupación de centroderecha –Ciudadanos–, para que dispute con Podemos los efectos del desgaste del bipartidismo, con Podemos volviéndose el blanco principal de la actuación de los dos partidos tradicionales –PP y PSOE–, ambos en pánico, actuando juntos para poner limites a la ascenso de Podemos.
El fracaso del intento de Syriza de romper con la austeridad vino a completar la operación de contención de Podemos y de mantener la bipolaridad española, condición indispensable para el mantenimiento de la austeridad. El PP juega su suerte a la posibilidad de incorporar a Ciudadanos a una alianza que le permita seguir gobernando, como si nada hubiera pasado en España. Caso contrario, tendría que apelar al abrazo de ahogado con el PSOE, reabriendo caminos para que Podemos vuelva a cuestionar la bipolaridad con todavía mas fuerza.
Todo lo que se hace en Grecia y en España representa el capítulo europeo de la contraofensiva conservadora global, que tiene en América latina su epicentro, porque es en esa región que el modelo neoliberal es más fuertemente cuestionado. Frente a la fragilidad del modelo neoliberal, la derecha reacciona con intentos de desestabilización de gobiernos que ponen en jaque a su modelo, pero también con bloqueos a las nuevas posibilidades de construcción de alternativas. Pero al no presentar propuestas renovadoras de su modelo, la contraofensiva de la derecha a escala global revela su corto aliento. Texto: Emir Sader. Ver también: Oligarquía vs democracia

26 ago 2015

Podemos y el economista de cabecera

Desde que nació Podemos y se vislumbró que se ponían seriamente en cuestión las políticas que provocaron la crisis y que han convertido a España en el país donde más crece la desigualdad, los ataques a quienes defendemos alternativas económicas han arreciado.
El común denominador de todos ellos es que una eventual victoria electoral de Podemos y sus aliados llevaría consigo todo tipo de males porque sus propuestas económicas son peligrosas y descabelladas.

Como es lógico, los economistas tienen un lugar privilegiado en esa batalla y los medios conceden un lugar destacado a los que están dispuestos o lanzar dardos contra Podemos.
Uno de los economistas que se presta con más ahínco a esa cruzada es José Carlos Díez. Le tengo simpatía personal y lo considero una persona inteligente y comprometida. Al menos, tiene la valentía de dar la cara y de defender sus ideas sin ningún tipo de tapujos. Pero, como me gusta decir la verdad, he de reconocer que me defrauda muy a menudo. Una vez reconoció en TV que para criticar mis libros no tenía que leerlos. Otra, se prestó a criticarme tras el plasma sin dar la cara frente a mí, lo que no fue muy valiente que digamos, y en varias ocasiones ha hecho observaciones por las que se suspendería a un alumno de segundo de Económicas.
Hace poco ha vuelto de nuevo a la carga en el diario con un artículo titulado Ley de Gresham en el que critica la propuesta de Barcelona en Común  y Compromís dirigida a crear una moneda local. Se publicó en 'El País', claro.
En la línea arriba mencionada de vincular cualquier tipo de propuesta alternativa con el caos, en su artículo afirma que la creación de esas monedas “tendría un impacto muy negativo en el exterior y nos afectaría a todos los españoles” y que “por el bien de los barceloneses, valencianos y españoles esperemos que estas monedas no entren en vigor”.
Los argumentos (si es que se pueden llamar así) que utiliza Díez para asustar con esa propuesta son tan malos y equivocados que creo que solo caben dos posibilidades: o escribe sin saber lo que dice o conscientemente manipula hechos y saberes para sembrar animadversión hacia la gente que defiende o vota lo que a él no le gusta.
Por un lado, Díez comete graves errores en relación con la naturaleza y puesta en marcha de estas monedas. Por ejemplo:
– Introduce en el mismo saco conceptos monetarios diferentes y que, por tanto, tienen experiencias y efectos muy distintos. No matiza las grandes diferencias que existen entre las monedas sociales respaldadas en moneda legal y las que se basan en el crédito mutuo. Confunde incluso la naturaleza material de la moneda de la que habla al calificarla como metálica. Y tampoco tiene en cuenta las diferencias que hay entre el dinero metálico (hoy prácticamente inexistente), el dinero convencional actual (bancario o financiero sin respaldo alguno), el dinero respaldado por bienes o el basado en sistemas que pueden ser muy diferentes como por ejemplo las criptomonedas. Sin saber exactamente de qué tipo sería la moneda barcelonesa, no se pueden sacar las conclusiones que saca Díez.
– Pasa por alto que hoy día funcionan en el mundo más de 4.000 experiencias de monedas o sistema monetarios alternativos al del dinero convencional en casi 40 países. Tampoco menciona Díez que hay experiencias (muy exitosas) de monedas locales, como las que podrían poner en marcha Barcelona en Común o Compromís, en ciudades como Bristol, Nantes, Toulouse, Nápoles e incluso la muy exitosa promovida por el Banco Palmas en Fortaleza (Brasil). Y al achacar la propuesta y sus males a Podemos muestra también un enorme desconocimiento, o mala fe, puesto que confunde a la gente al mezclar las monedas sociales con las monedas paralelas (Tax Anticipated Notes) que están siendo recomendadas a Grecia para que las utilice como hizo Arnold Schwarzenegger en 2010 en California, cuando era Gobernador del Partido Republicano).
– José Carlos Díez se refiere a la propuesta de Barcelona en Común y Compromís como si fuera una ocurrencia más de Podemos y así oculta o desconoce que este tipo de propuestas tienen su origen en la teoría del dinero libre de Silvio Gesell, un economista alemán a quien John Maynard Keynes dedicó tres páginas en su obra cumbre “Teoría General de la Ocupación, el interés y el dinero” y en la que dejó escrito que “el porvenir aprenderá más de Gesell que de Marx”, mencionando también su idea del dinero sellado (conocido también como oxidación del dinero), y que recibió la aprobación nada menos que del profesor Irvin Fisher”, uno de los más grandes economistas norteamericanos.
– En esa línea, Díez también parece desconocer, u ocultarle a sus lectores, que las propuestas de creación y puesta en marcha de nuevos tipos de sistemas monetarios y, en concreto, de emisión de monedas alternativas, tiene tras de sí docenas de obras teóricas escritas por académicos reconocidos en todo el mundo y que trabajan en muchas de las universidades y centros de investigación más importantes del planeta.
– También falsea Díez la realidad cuando afirma que estas propuestas son “experimentos monetarios que siempre han acabado en desastre”. Si de verdad fuese así, si esa afirmación tan tajante de Díez fuese cierta: ¿habría reconocido la Asamblea francesa la posibilidad de crear “monedas locales complementarias” en su reciente Ley de Economía Social y Solidaria? Lamento decirlo así pero esa opinión de Díez es una falsedad impropia de una persona seria y rigurosa.
En el plano de la teoría económica que tiene que ver con la circulación de monedas complementarias, locales, sociales, etc. el artículo de José Carlos Díez también contiene o se basa en errores de bulto. Los más importantes son los siguientes:
– Las monedas alternativas (sea del tipo concreto que sean) como la que se propone emitir Barcelona en Común no se emiten con el propósito de monetizar el déficit. Y, en la mayoría de los casos, ni siquiera podrían monetizarlo al tener pleno respaldo en bienes o al basarse en crédito mutuo.
– Cuando se habla de este tipo de “monedas” (complementarias, locales, sociales…) no se hace referencia a las piezas metálicas y a los billetes (por extensión). Por tanto, su creación no implica una doble circulación metálica, como dice Díez.
– Lo interesante de estas monedas y lo que Díez no ha entendido en absoluto es que no es verdad que “compitan” con el euro, en nuestro caso (y que entonces nunca serían preferidas a este, en su opinión) sino que lo “complementan”. Es decir, que llegan a donde no llega el euro.
– Por las razones anteriores, a la circulación de este tipo de “monedas” no le es de aplicación la ley de Gresham. Es más, lo que indica la experiencia es que, precisamente porque llegan a donde no llega el euro (es decir al bolsillo donde no hay euros o donde hay euros insuficientes) lo que ocurre es que son especialmente bien deseadas, hasta el punto de que los comerciantes incluso hacen descuentos si se paga con ellas (justo porque gracias a ellas pueden tener un ingreso adicional que de otro modo no tendrían).
– Para colmo, Díez se equivoca cuando dice que según la Ley de Gresham “la moneda buena es preferida a la mala”. Es justo lo contrario. Lo que Sir Thomas Gresham dijo en el siglo XVI es que la moneda  de menor valor intrínseco tiende a desplazar a la de mayor valor. Es al revés de lo que dice Díez: según Gresham, es la moneda mala la que desplaza a la buena.
– Díez cae en un error muy propio de los economistas que desconocen la naturaleza real del dinero y dice que la circulación de mayor cantidad de moneda crea inflación per se.
Como dicen Juan J. R. Calaza y Juan Güell (Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es) al referirse a una moneda complementaria nacional pero con un criterio perfectamente extensivo a las locales, este tipo de moneda no es inflacionista “puesto que por definición es aquella que permite una transacción sin la cual no se realizaría”.
También es falso el juicio de Díez porque la creación de dinero no siempre crea inflación. En Estados Unidos, se creó en 2008 más dinero (817.904. millones de dólares) que el que se creó en los sesenta y tres años anteriores (desde 1945 a 2008, 821.585 millones de dólares) y de enero de 2008 a septiembre de 2014 se creó 3,91 veces más que desde 1945 a 2008. Si fuese cierta la tesis de Díez debería haberse provocado una inflación gigantesca.
No fue así porque para que un incremento de los medios de pago cree inflación a) deben llegar a la economía; b) deben gastarse en bienes y servicios y c) debe haber oferta insuficiente e imposibilidad de aumentarla.
La idea de las monedas complementarias es, precisamente, contribuir a que pueda realizarse oferta real y potencial que ahora no se realiza. Por tanto, no solo no crean inflación sino que, por el contrario, contribuyen a eliminar el paro y dinamizar los recursos infrautilizados.
También parece mentira que Díez desconozca que es materialmente imposible que medios de pago plenamente respaldados generan inflación. Sobre todo, cuando se trata, como en la mayoría de las llamadas monedas sociales, de sistemas basados en el crédito mutuo en donde los saldos negativos se compensan con los positivos.
Y más sorprendente aún es que Díez no se percate de que lo que realmente crea inflación es el dinero que los bancos crean ex nihilo, es decir, de la nada, como decía el Premio Nobel de Economía Maurice Allais, y los intereses que lleva consigo.
– Por último, José Carlos Díez parece no estar al tanto, u oculta que lo está, de propuestas más recientes de creación de monedas complementarias que se están haciendo en ámbitos tan poco sospechosos como el Banco Central Europeo o el Instituto Veblen y que son defendidas por economistas de todas las tendencias ideológicas. Incluso el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, ha reconocido que se plantea la creación de una moneda complementaria en Grecia. Es verdad que la casuística (como ya he dicho más arriba) es variada y que se trata de propuestas que comportan problemas importantes que hay que resolver (¿cuál no?) pero basta saber de ellas para deducir que propuestas como las de Barcelona en Común o Compromís no son, como dice Díez, una locura de extremistas peligrosos. Le recomiendo leer, por ejemplo, Parallel currencies for the eurozone. An outline and an attempt at systemisation, de Ludwig Schuster, con más de 40 referencias bibliográficas adicionales, o A parallel currency for Greece: Part I y Part II, de Biagio Bossone, Marco Cattaneo, o The economics of parallel currencies, de  Jérémie Cohen-Setton.
En definitiva, bien sea por error, por desconocimiento o por cualquier otra razón que no me atrevo a aventurar, lo cierto es que José Carlos Díez vuelve a confundir a sus lectores. Una cosa es que cada uno tengamos ideas diferentes y las expongamos para tratar de influir en la sociedad y otra lanzar cruzadas sin miramientos, como hace desde hace tiempo este economista, contra todos los que no piensan como él. Y, sobre todo, hacerlo con soberbia y descalificación a diestro y siniestro.
No hace falta que diga a los lectores de este artículo que las televisiones y demás medios que convocan a menudo a José Carlos Díez para que exponga ideas como las que he criticado no me van a llamar a mí para que pueda rebatírselas en directo y cara a cara. Por tanto, solicito que divulguen al máximo este artículo y todos los que le lleguen criticando las propuestas neoliberales.Texto: J. Torres L. Ver también: La ola Podemos

20 ago 2015

Europa tras la derrota griega

El pasado 8 de junio tuve el honor de acompañar al entonces ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, a un encuentro privado en Berlín con el ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble. La reunión empezó con un gesto de buen humor cuando el señor Schäuble ofreció a su colega un puñado de Euros de chocolate: “para sus nervios”. Yanis los compartió con los circunstantes, y dos semanas después tuve un segundo honor, que fue ofrecer mi moneda de chocolate a un tercer (ex)ministro de finanzas, el profesor Giuseppe Guarino, decano de constitucionalistas y autor de un impactante librito (La verdad sobre Europa y el Euro), sobre los Tratados europeos y el Euro.

La tesis del profesor Guarino reza como sigue:

“El 1 de enero de 1999 se perpetró un golpe de estado contra los Estados miembros de la UE, contra sus ciudadanos y contra la propia UE. El ‘golpe’ no se dio por medio de la fuerza, sino con astucia fraudulenta… por medio de la Regulación 1466/97… El papel asignado por el Tratado (Artículos 102ª, 103 y 104c) al objetivo de crecimiento perseguible por la actividad política de los Estados miembros… es eliminado y substituido por un resultado, a saber: equilibrio presupuestario a medio plazo.”

Consecuencia directa de ello:

“Las instituciones democráticas contempladas por el orden constitucional de cada país no sirven ya a propósito ninguno. Los partidos políticos no pueden ya ejercer la menor influencia. Las huelgas y los cierres patronales dejan de tener el menor efecto. Las manifestaciones violentas causan daño adicional, pero dejan intactas las predeterminadas directrices políticas.”
Esas palabras fueron escritas en 2013. ¿Puede alguien dudar hoy de su exactitud y de su perfecta aplicabilidad al caso griego?
 Es verdad que los gobiernos griegos anteriores a 2010 gobernaron pésimamente, que entraron en el Euro bajo falsas premisas y que luego ocultaron el déficit y la deuda del país. Nadie discute eso. Pero obsérvese que cuando llegó la austeridad, el FMI y los acreedores europeos impusieron a Grecia un programa dictado por las doctrinas del equilibrio presupuestario y la reducción de la deuda que incluía: a) profundos recortes en el empleo y en los salarios públicos; b) una drástica reducción de las pensiones; c) una reducción del salario mínimo y la eliminación de derechos laborales básicos; d) drásticos y regresivos aumentos de impuestos; y e) liquidación privatizadora de activos públicos. 

 La conexión de ese programa con el crecimiento y la recuperación en Grecia era de todo punto fraudulenta. Superando dudas internas, el FMI hizo público un pronóstico, según el cual el programa costaría a Grecia una recesión de sólo un 5% del PIB, con una duración de dos años y plena recuperación para 2012. El caso es que la economía griega colapsó bajo esa presión, se contrajo más de un 25% y, cinco años después, no hay recuperación a la vista. De modo que Grecia ha perdido todo un año de producto anual y ha asistido a la práctica aniquilación de sus más importantes instituciones sociales. A finales de 2014 se hallaba en deflación por sobreendeudamiento, no en recuperación.
El fracaso del programa de los acreedores se llevó por delante en Grecia a tres primeros ministros: George Papandreu, Lucas Papademos y Antonio Samaras. También se llevó por delante todo el orden político, hasta entonces dominado por Nueva Democracia y el PASOK. Y así, en enero de 2015, el pueblo griego eligió a un nuevo gobierno, una coalición izquierda-derecha entre dos partidos que nunca antes habían tocado poder, SYRIZA y ANEL, y que sólo tenían en común el compromiso de cambiar de políticas en Grecia, dentro del Euro y dentro de Europa.
El nuevo gobierno no solicitó más ayuda financiera. El gobierno siempre entendió que el país tenía que vivir con sus propios medios para avanzar. Aceptó elementos importantes del programa previo en lo tocante a impuestos y administración pública. Lo que pidió, principalmente, es respeto por unos derechos laborales garantizados en todos los demás países europeos, protección de los pensionistas con bajos ingresos, una gestión razonable de la privatización y un alivio de la destructiva austeridad y de las deudas insostenibles.
¿Y cuál fue la respuesta? Los acreedores europeos y el FMI recibieron las propuestas griegas con hostilidad, obstrucción y rechazo. Los gobiernos de Finlandia, los Estados bálticos y Eslovaquia, por razones ideológicas. Los de España, Portugal e Irlanda, por miedo a los efectos sobre su política interna. Italia, Francia y la Comisión expresaron simpatía, pero hicieron menos que poco. El ministro Schäuble concretó las opciones: o bien Grecia se adhería plenamente al programa previo, o bien abandonaba el Euro y tal vez la Unión Europea.
Desde el comienzo mismo, esa posición se sostenía con amenazas. A finales de enero, el Presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, de visita en Atenas, amenazó a Grecia con la destrucción de su sistema bancario. El 4 de febrero, el BCE revocaba una dispensa que permitía a los bancos griegos descontar deuda pública, lo que provocó un lento pánico bancario que culminó a finales de junio. Entretanto, Grecia hizo pagos por un monto de 3 mil quinientos millones de Euros como signo de buena voluntad. Cuando el gobierno griego, frustrado y batido, recurrió al referéndum, los acreedores tomaron represalias cerrando los bancos e imponiendo controles de capitales. Cuando el pueblo griego se mantuvo firme y dijo “No”, las represalias aumentaron y en julio el gobierno estaba ya de rodillas.
Desde entonces, en tres ocasiones –la última, el pasado 13 de agosto— se ha obligado al Parlamento griego a aprobar paquetes legislativos dictados desde Bruselas y Berlín. La legislación incrementa regresivamente los impuestos a las ventas mientras que elimina la retención de impuestos a las transferencias exteriores de capital. Recorta pensiones –en algunos casos, por debajo de los 100 euros al mes— y sienta las bases para ulteriores recortes venideros. Sienta las bases para la profundización en los recortes en curso en el sector público, en la sanidad, en la educación y en los salarios, así como para la liquidación de numerosas empresas privadas, para una nueva oleada de desahucios y para la privatización a cualquier precio –durante 30 años— de los activos públicos restantes, incluido suelo propiedad del Estado griego. Arrebata a los griegos áreas clave de la responsabilidad pública, incluidas las estadísticas presupuestarias y la recaudación fiscal, para ponerlas bajo la autoridad de los acreedores. Entrando en el detalle de la estructura de la economía griega, la lista de los cambios impuestos es muy larga. 
Los Tratados europeos dicen que la Unión Europea se funda en el principio de la democracia representativa. Hay incluso un “principio de subsidiariedad” que sostiene que las decisiones deben tomarse en los niveles de gobierno más próximos posible a los afectados. Pero dentro de la Eurozona eso se ha invertido ahora. Grecia es una colonia: sus díscolos ciudadanos han sido desposeídos, y la plaza será “modernizada” contra su voluntad. Quienes no puedan soportarlo, no tienen otra opción que la de irse o rebelarse de nuevo; y quienes no hagan ni una cosa ni otra, probablemente recaerán en la profunda depresión psicológica que prevalecía antes de que el ascenso de SYRIZA insuflara efímeras esperanzas en el país.
Para las fuerzas progresistas del resto de Europa, y especialmente para las más jóvenes, estos hechos significan un difícil desafío. Las esperanzas de un cambio negociado dentro del euro han sido sometidas a prueba con resultados brutales. La existencia de una dictadura tecnocrática en la Eurozona es ahora un hecho obvio para todo el mundo. Los votantes del siguiente país que se rebele contra el control asfixiante de las políticas de la Eurozona tomarán nota. Que Grecia fuera obligada a explorar los medios para salir, pesará en las experiencias futuras, porque con un mejor conocimiento y una planificación de las contingencias –planificación que se hará ahora habitual y más o menos explícita para cualquier movimiento de oposición que contemple seriamente la posibilidad de llegar al poder—, el coste de hacer esa transición, aparentemente prohibitivo para los griegos esta pasada primavera, bajará.
En lo inmediato, la derrota griega ha debilitado a la fuerza ascendente en el siguiente país que va a celebrar elecciones: el joven partido español anti-austeridad y pro-europeo Podemos. Pero el efecto en Irlanda, menos atrapada en el Euro, podría ser diferente. Irlanda comercia con el Reino Unido y con los EEUU, y no tiene los mismos vínculos emocionales con Europa que España o Grecia. Y luego el escenario se desplazará a Italia, aún en recesión y políticamente volátil, y a Francia, que cuenta ya con un fuerte partido anti-Euro en la derecha, el Frente Nacional de Marine LePen.
Esas consecuencias políticas mantendrán en tensión al Euro, lo que se agravará con el fracaso en curso del régimen neoliberal. Parece, así pues, probable que, en algún momento, en algún país, el Euro se rompa. La decisión de iniciar una ruptura podría venir tanto de la izquierda como de la derecha. En cualquier caso, tal decisión se llevará por delante, como pasó en Grecia, las estructuras políticas previas. Una ruptura, de ir mal, podría incluso empeorar las cosas. Qué vaya a ocurrir con la Unión Europea, es cosa que nadie puede siquiera conjeturar.
La propuesta del profesor Guarino es tratar de salvar a Europa –es decir, a la Unión Europea— derogando las ilegítimas regulaciones que ahora la estrangulan. Refundar la Unión conforme a la letra y el espíritu de los Tratados que fueron usurpados en 1999. Esos tratados dejaban firmemente sentada la prioridad del crecimiento económico y del principio de una soberanía democrática tan valedera para países dentro como fuera del Euro. Principios que no tienen la menor aplicación práctica dentro de la actual Eurozona.
¿Es posible reformar el Euro? El caso griego convencerá a muchos de que no. Y si la alternativa son salidas desordenadas e incontroladas precipitadas por países sometidos a tensiones extremas y a convulsiones políticas, entonces tal vez lo sabio sería preparar un nuevo sistema, un sistema que pueda, llegado el momento, substituir el Euro por un esquema multidivisa más flexible pero todavía controlado. Y no se trata de ninguna idea extravagante. Después de todo, el patrón oro que colapsó en 1933 fue substituido en 1944 por un sistema así, concebido en Bretton Woods. De lo que se trata es de tener el trabajo hecho, antes de la irrupción del caos. Texto: James K. Galbraith. Traducción: A. Domenech. Ver también: Capitalismo contra movimientos sociales.


16 ago 2015

Europa social

Cuando el primer ministro Harold Wilson anunció la voluntad de su Gobierno de negociar el ingreso de Gran Bretaña en la entonces Comunidad Europea aseguró que estaba convencido de que el balance final de esa incorporación sería muy positivo para su país desde el punto de vista económico. Pero añadió: “El argumento político es aún más fuerte”. ¿Es eso aún cierto? ¿Existe por encima de todo en Europa un argumento político que implique la Unión? Mejor aún, ¿ese argumento político a favor de la Unión incluye un modelo de sociedad, el modelo europeo de sociedad solidaria y de progreso?
Los argumentos políticos han sido siempre los más fuertes o, por lo menos, los más esgrimidos, para la ampliación y la integración europea. Por orden de importancia, siempre se colocó en primer lugar el logro de una comunidad europea pacífica, capaz de cooperar, en lugar de enfrentar y competir deslealmente, como había sucedido a lo largo de muchos y violentos siglos, hasta culminar en las dos guerras mundiales.

El segundo argumento fue siempre el convencimiento de que la Unión aumentaría el poder y la influencia de Europa en el mundo, con su propio modelo de sociedad, distinto al norteamericano y al soviético. Un modelo de sociedad que proporcionaría a sus ciudadanos cotas razonables de prosperidad y de seguridad, que solo podrían ser garantizadas si se mantenía, precisamente, ese poder y esa influencia.
Así nació también la idea de una moneda única, el proyecto más importante de esa Unión, porque implicaba la mayor cesión de soberanía hecha hasta entonces por los Estados nacionales. Los papeles oficiales y los dirigentes que impulsaron aquel ambicioso plan siempre hablaron del euro como el instrumento “capaz de ofrecer más prosperidad y trabajo a los europeos”. La moneda no vería la luz para favorecer sólo un mercado único, un propósito demasiado limitado, sino para reforzar las señas de identidad de esa sociedad. Para lograr poder, influencia, prosperidad y trabajo.
Trece años después de la aparición física del euro, el 1 de enero de 2002, no se puede decir que el argumento haya triunfado y que los ciudadanos perciban una Unión Europea más homogénea, capaz de ofrecer más prosperidad y trabajo. Más bien, esa idea está quedando hecha trizas en una parte importante de la Unión, y no se trata solamente de Grecia y otros países del sur.
Ese es un grave problema, quizás el principal problema al que se enfrenta la idea de Europa, el proyecto de unidad europea, desde su fundación: la sospecha de que la creación del euro se hizo desde el primer momento de una manera defectuosa, porque se puso en pie una moneda nada flexible que solo podría sobrevivir con una extraordinaria flexibilización del mercado laboral europeo, un movimiento que se tendría que implantar muy rápidamente y pasando casi por encima de los parlamentos nacionales.
La moneda única, se podría pensar, no solo suponía ceder la soberanía monetaria de los países miembros en un órgano común, el Banco Central Europeo, sino que limitaba la capacidad democrática de esas sociedades en muchos y fundamentales aspectos de su vida política. Otmar Issing, el miembro del Consejo de Dirección del Bundesbank que pasó directamente a ser el primer Economista en Jefe del BCE, adelantó muy bien la situación en una conferencia que pronunció en Fráncfort, en 1999. Issing se preguntaba si era posible una unión monetaria a largo plazo sin unión política. “Los peligros son fáciles de identificar. El más evidente, la actual falta de flexibilidad del mercado del trabajo”, respondía. Esa rigidez laboral, unida a los incentivos “mal orientados” que proporciona la Seguridad Social y el Estado de Bienestar, sería incompatible con la moneda única. La política monetaria de la Unión no podrá luchar contra el paro. Por eso, escribió, negro sobre blanco, Otmar Issing: "Los llamamientos a una Europa social van en una mala dirección”. La Europa social solo podría poner en peligro la moneda única.
La pregunta sigue siendo la misma. ¿Es eso cierto? ¿Tenía razón Issing? ¿Es incompatible el euro con la exigencia de una Europa social? Se equivocarían mucho los dirigentes europeos si pensaran que no existe ninguna urgencia en dar respuesta a esa pregunta. Leer también: Hablando de democracia

Mitificación de las identidades

Estamos viviendo años complejos. Son muchas las guerras y los enfrentamientos que se están consumando en este mismo instante, y la mayor parte de ellos son dictados por un "delirio" identitario. En la sociedad contemporánea hay un exceso de identidad, hay una manipulación, una instrumentalización del factor cultura, como dice Anselle: ''La adoración de una perspectiva cultural, encaminada a legitimar la realidad social naciente''.
Asistimos cada vez más a fantasmales llamamientos a los orígenes y a la pureza (fundamentalismos religiosos o políticos) que son en realidad proyecciones hacia atrás de necesidades actuales; el pasado utilizado, manipulado en función de las necesidades actuales.
A menudo, a través de la violencia se inventa la identidad, violencia entendida no solo como acto de fuerza física sino también como imposición o clasificación a través de la acción política basada en una relación asimétrica de fuerzas.
Las élites dominantes crean, modelan y utilizan categorías como tradición, etnicidad y cultura para perseguir determinados objetivos políticos. Existen formas de identidad inducidas desde arriba y otras que nacen desde abajo, pero mucho más frecuentemente son inducidas por las clases dominantes. La recuperación de las tradiciones o su invención por parte de las élites sirven para justificar su liderazgo; deben crear su campo de dominio, ya sea una etnia, un pueblo o una nación. Las identidades colectivas no se crean con un acto administrativo, por lo que es preciso establecer una zona de influencia cultural que haga partícipes a las comunidades implicadas.
En el mundo de la globalización parece que el miedo a ser iguales a los demás nos crea muchas identidades cerradas, culturas encerradas en recintos impenetrables. Este tipo de sociedad se convierte en un único y gran gueto social en el que las diversas comunidades étnicas que lo habitan, independientemente de su riqueza, son hostiles entre sí, por lo que se generan conflictos internos.
Todo esto parecerá en contradicción con un análisis adecuado del mundo contemporáneo, donde los universos locales se articulan con referencia a estructuras abiertas a la realidad global, producen formas de imaginación que se fundan en la relación entre contextos diversos y no solo en referencia al contexto ligado a una única dimensión territorial. Y es también en los mundos "nuevos" creados por la imaginación donde los individuos reformulan su propia identidad y su propia cultura. La imaginación consiste en representar realidades que son experimentadas no solo personalmente, sino también por los demás; cotidianamente esto consiste en pensarse en conjunción con otros sujetos poseedores del mismo tipo de imaginario. De este contexto nacen entidades nuevas, comunidades imaginadas. El hecho de que debamos tener en consideración la dimensión del imaginario significa que no podemos limitarnos más a análisis que tienen como referencia territorios bien definidos.
La creación de identidades culturales ya no se construye solamente con personas que habitan el mismo territorio; la gente circula cada vez más en el mundo globalizado con sus propios significados, los significados con el tiempo encuentran la manera de circular incluso sin quien les había hecho emigrar, y los territorios dejan de ser los contadores privilegiados de las culturas. Se crea una imagen de cultura que no proporciona por descontado un vínculo con territorios y poblaciones particulares, sino que prevé como punto de partida un mundo más abierto, interconectado. La desterritorialización constituye una de las fuerzas más potentes del mundo contemporáneo, en cuanto que coincide con la expulsión y la dispersión de masas de individuos que elaboran concepciones particulares de su existencia y sentimientos de pertenencia y de exclusión tanto ante la nueva vivienda como ante la patria originaria, por lo que el imaginario de individuos y grupos ya no hace referencia a un lugar, a un territorio como punto de anclaje de la propia experiencia e identidad.
Por otro lado, el nacimiento en estos últimos años de grupos identitarios variados, fundamentalistas, cerrados y fuertemente ligados al vínculo territorial, parecería una respuesta al fenómeno del mestizaje cultural, en cuanto que estos grupos viven un desarraigo, asisten a una pérdida de identidad y por ello agudizan su deseo de identificarse.
Se convierte en una auténtica obsesión: encontrar el origen puro del grupo de pertenencia, una lucha de territorio e identidad contra lo inevitable, la compleja y maravillosa hibridación cultural y el mestizaje. Texto: Andrea Staid. Ver: Así piensa...

31 jul 2015

Goldman Sachs y Grecia

El banco de inversión Goldman Sachs ganó millones de dólares por ayudar a ocultar la verdadera magnitud de la deuda exterior griega-que elevó a casi el doble de su tamaño-. Del mismo modo, ciudades y Estados de los EE.UU. se vieron obligados a recortar los servicios esenciales, ya que estuvieron vinculados a operaciones similares. 
La crisis de la deuda griega pone de relieve una vez más el poder de persuasión y la depredación de Wall Street, una realidad que permanece invisible en la mayoría de los informes sobre la crisis en todo el mundo.
La crisis se agravó hace años por una operación de Goldman Sachs, ideada por el actual director ejecutivo del banco, Lloyd Blankfein. Junto con su equipo, Blankfein ayudó a Grecia ocultar el verdadero tamaño de su deuda y en el proceso se convirtió prácticamente en el doble de tamaño. Así como ocurrió con la crisis subprime y los préstamos abusivos, en Estados Unidos, que llevó a la crítica situación actual de muchas ciudades de Estados Unidos,  Wall Street tuvo un papel importante en la crisis griega, aunque poco reconocido.
En 2001 Grecia buscó la manera de enmascarar sus problemas financieros crecientes. El Tratado de Maastricht exigía que todos los miembros de la zona euro mostraran mejoras en las cuentas públicas, pero Grecia iba en la dirección opuesta. Así que Goldman Sachs llegó a su rescate, ofreciendo un préstamo secreto de 2,8 millones de euros, disfrazado como un swap de divisas -una operación complicada en la que la deuda de Grecia en moneda extranjera se convirtió en bonos de moneda local, utilizando un tipo de cambio ficticio-. 

Como resultado, alrededor del 2% de la deuda de Grecia mágicamente desapareció de sus cuentas nacionales. Christoforos Sardelis, entonces jefe de la Agencia de Gestión de la Deuda Pública de Grecia, más tarde describió el acuerdo sobre el negocio en Bloomberg como “una historia muy atractiva entre dos pecadores”. Para los servicios, Goldman recibió la suma colosal de 600 millones de euros (793 millones de dólares), de acuerdo con Spyros Papanicolaou, quien reemplazó a Sardelis en 2005. Esto representó casi el 12% de los ingresos de la unidad gigantesca de comercio y del principal de Inversión de Goldman en 2001. que, por cierto, rompió récord de ventas ese año.
Así, el acuerdo se agrió. Después de los ataques del 11 de septiembre, los rendimientos de los bonos cayeron, lo que resultó en una gran pérdida para Grecia debido a la fórmula utilizada por Goldman para calcular el pago de la deuda del país para el canje. En 2005 Grecia tenía de deuda casi el doble de la que incluía el acuerdo, por lo que el monto de la deuda no declarada pasó de 2.8 mil millones a 5.1 mil millones de euros. En 2005, se reestructuró el acuerdo y la deuda fija quedó en 5,1 millones. Tal vez no por casualidad, Mario Draghi, ahora presidente del Banco Central Europeo y un actor clave en el actual drama griego, era entonces el director de la división internacional de Goldman.
Grecia no fue el único pecado. En 2008, las normas contables de la Unión Europea permitían a los miembros girar sus deudas a través de las denominadas tasas de no mercado de intercambio de divisas, estimulados por Goldman y otros bancos de Wall Street. A finales de 1990, JPMorgan permitió  a Italia ocultar su moneda de intercambio de deuda a un tipo de cambio favorable, lo que socavó a Italia para hacer los pagos futuros que no aparecían en las cuentas nacionales como obligaciones futuras.
Pero fue Grecia la que quedó en peor situación, y Goldman fue el mayor facilitador. Sin lugar a dudas el país sufre por tantos años de corrupción y de evasión fiscal de sus élites. Pero Goldman no era un espectador inocente: incrementó su beneficio por el comercio mayorista  con Grecia, al igual que gran parte del mercado mundial. Otros bancos de Wall Street siguieron su ejemplo. Cuando la burbuja estalló,  la especulación dejó a la economía mundial al borde del desastre.
Incluso con la economía mundial recuperándose de los excesos de Wall Street, Goldman ofreció a Grecia otro dispositivo. A principios de noviembre de 2009, tres meses antes de la crisis de deuda del país, un equipo de Goldman propone un instrumento financiero que prolongaría la deuda del sistema de salud en Grecia durante muchos años. Esta vez, sin embargo, Grecia no aceptó.
Como sabemos, Wall Street fue rescatado por los contribuyentes estadounidenses. En los años siguientes, los bancos volvieron a ser rentables y pagaron sus préstamos de rescate. Las acciones bancarias se dispararon. En noviembre de 2008 una acción de Goldman se valía  $ 53; hoy en día el valor es de más de $ 200. Los ejecutivos de Goldman y otros bancos de Wall Street habían recibido enormes bonificaciones. Sólo el año pasado, Blankfein, ahora director ejecutivo de Goldman, ganó US $ 24 mil millones. Mientras tanto, el pueblo de Grecia lucha por comprar medicinas y alimentos. Hay situaciones similares en los EE.UU. a partir de los préstamos abusivos realizados por Goldman, otros grandes bancos y empresas financieras que eran aliados en los años previos al estallido de la burbuja. Hoy en día, mientras que los banqueros disfrutan de sus vacaciones en los Hamptons, millones de estadounidenses siguen sufriendo las consecuencias de la crisis financiera, habiendo perdido sus empleos, ahorros e incluso sus hogares.
Del mismo modo las ciudades y los estados se han visto obligados a recortar los servicios esenciales porque están atrapados en operaciones similares, negociadas por los mismos bancos de Wall Street. Muchas de estas operaciones implican swaps como los realizados entre Goldman y el gobierno griego. Del mismo modo que lo hicieron con el gobierno griego, Goldman y otros bancos aseguraron a los municipios que la mejor tasa de tipo de cambio sería obtener préstamos más baratos que negociar con cuotas fijas tradicionales -mientras que por otro lado, minimizaban los riesgos empresariales-. Cuando las tasas de interés swaps se derrumbaron y terminó costando mucho más, Goldman y otros bancos se negaron a negociar con los municipios, que tuvieron que pagar fuertes multas para poder liquidar los contratos.
Hace tres años, el Departamento de Agua de Detroit tuvo que pagar a Goldman y otros bancos multas por un total de 547 millones de dólares para poner fin a los swaps de tasas de interés desfavorable. Hoy en día, el 40% de las facturas de agua de Detroit todavía se destinan al pago de la multa. Residentes de Detroit cuya agua fue cortada porque no podían pagar no tienen idea de que los responsables de la situación son los Goldman y otros grandes bancos. Del mismo modo el sistema educativo en Chicago -cuyo presupuesto ya ha sido recortado hasta los huesos- debe pagar más de $ 200 millones en multas por el cierre de operaciones de Wall Street que obligó a las escuelas de Chicago a pagar 36 millones de dólares swaps de tipos de interés al año.
Una operación que implicaba swaps de tasas de interés que Goldman había negociado con Oakland, California, hace más de diez años terminó costando a la ciudad alrededor de $ 4 millones al año, pero el banco se negó a dar por terminado el acuerdo si Oakland no pagaba $16 millones  -lo que condujo a los legisladores locales a aprobar una resolución para boicotear a Goldman-. Cuando en una reunión de accionistas  a Blankfein se le preguntó sobre el caso explicó que romper un contrato válido iba en contra de los intereses de los accionistas.
Goldman Sachs y otros bancos gigantes de Wall Street están extremadamente calificados para vender  operaciones complejas, exagerando sus beneficios y minimizando los costos y riesgos. Eso es lo grande las mordidas de las tasas. Cuando un cliente tiene problemas -este cliente es un inversor americano, una ciudad de Estados Unidos o Grecia – Goldman esquiva y se esconde detrás de las formalidades legales y los intereses de los accionistas.
Los prestatarios que tienen problemas rara vez quedan sin culpa, por supuesto: por el gasto excesivo en el que fueron ingenuos o estúpidos como para ser embarcados en la  canoa de Goldman. Grecia había puesto en marcha sus propios problemas, los que ya tenían muchos propietarios y municipios estadounidenses.
Pero en todos los casos, Goldman Sachs sabía muy bien lo que estaba haciendo.  Sabían de los riesgos y los costos de las operaciones propuestas que  ellos hicieron aceptar seductoramente como reales. “Es una cuestión de moralidad”, dijo el socio en la reunión de Goldman en la que se discutió la situación de Oakland. Ver: G. S. & friends

28 jul 2015

Minsky o el secreto de las crisis financieras

El economista estadounidense Hyman Minsky, quien falleció en 1996, creció durante los años de la Gran Depresión, un evento que moldeó su forma de pensar y lo impulsó a indagar sobre sus causas, y reflexionar sobre cómo se podría evitar que se repitiera. La vida de Minsky transcurrió a los márgenes de la economía, pero sus ideas ganaron popularidad repentinamente con la crisis financiera de 2007/8. Para muchos, su obra ofrecía una de las explicaciones más plausibles de por qué había ocurrido. La demanda de sus libros, agotados desde hace años, se disparó de golpe. Copias de sus textos cambiaron de manos por cientos de dólares, un valor bastante aceptable para libros interminables con títulos como "Estabilizando una economía inestable". Importantes personajes de la banca, entre los que figuran Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos y Mervyn King, exjefe del Banco de Inglaterra, lo citan a menudo. Y el premio Nobel de Economía Paul Krugman bautizó una charla de alto perfil sobre la crisis financiera como "La noche que releyeron a Minsky". ¿Qué tienen sus ideas que volvieron a capturar la imaginación de los economistas actuales? A continuación, les presentamos cinco de sus ideas.

La estabilidad es desestabilizante

La principal idea de Minsky es tan simple que para explicarla hacen falta sólo cuatro palabras: la estabilidad es desestabilizante. La mayoría de los macroeconomistas trabajan con lo que llaman "modelos de equilibrio". La idea es que una economía de mercado moderna es, fundamentalmente, estable. Eso no quiere decir que nada nunca cambie, sino que crece de forma estable. Para que se produzca una crisis económica o un boom repentino tiene que ocurrir una suerte de shock externo, ya sea un aumento en los precios del petróleo, una guerra o la invención de internet. Minsky no estaba de acuerdo con este postulado. Él creía que el sistema mismo puede provocar sacudones por su propia dinámica interna. Él pensaba que, durante períodos de estabilidad económica, los bancos, las firmas y otros agentes económicos se volvían complacientes. Estos asumen que los buenos tiempos están allí para quedarse y comienzan a asumir mayores riesgos para aumentar sus beneficios. Por esta razón, las semillas de la próxima crisis se plantan en las épocas de bonanza.

Tres etapas de la deuda

Minsky tiene una teoría -"la hipótesis de la inestabilidad financiera"- que sostiene que los préstamos atraviesan tres etapas diferentes. Las llamó cobertura, especulativa, y Ponzi, en referencia al estafador italiano Carlo Ponzi. En la primera etapa, poco después de una crisis, los bancos y los prestatarios son cautelosos. Los préstamos son por montos modestos y el prestatario puede devolver el préstamo inicial y los intereses. Con el aumento de la confianza, los bancos comienzan a ofrecer préstamos de los que el solicitante sólo puede pagar los intereses. Por lo general, el prestatario ofrece un bien como garantía cuyo valor está en ascenso. Finalmente, cuando la crisis anterior es ya un recuerdo del pasado, llegamos al estadio final. En este punto, los bancos hacen préstamos a firmas o personas que no pueden pagar ni el dinero inicial ni los intereses. Todo esto se hace con la creencia que los precios de los bienes aumentarán. La forma más fácil de entender esta situación es compararla con una hipoteca típica. Una operación de cobertura es equivalente a una hipoteca común, en la que uno paga intereses y capital, una operación especulativa es como una hipoteca en la que uno sólo paga los intereses y una operación Ponzi es algo aún más allá. Es como pedir una hipoteca, no hacer ningún pago por varios años y cruzar los dedos para que el valor de la casa suba lo suficiente como para que su venta cubra los pagos del préstamo inicial y los pagos que no se hicieron. Este modelo es una descripción bastante acertada de la clase de préstamos que condujo a la crisis financiera.

Momentos Minsky

El "momento Minsky" es un término acuñado por economistas que describe el momento en el que el castillo de naipes se desploma. Las operaciones Ponzi se basan en el aumento del valor de los bienes y cuando este empieza eventualmente a caer, los prestatarios y los bancos se dan cuenta de que hay deudas en el sistema que nunca podrán recuperarse. La gente se apresura a vender bienes lo cual provoca una caída aún mayor en los precios. Es como cuando el personaje de una caricatura se cae por un precipicio. Sigue corriendo por un rato creyendo que están sobre una superficie sólida. Pero, de repente, se da cuenta de que algo pasa -el momento Minsky-, mira hacia abajo y no ve más que vacío. De inmediato se desploma hacia el suelo. Esa fue la crisis de 2008.

Temas financieros

Hasta hace relativamente poco, la mayoría de los macroeconomistas no estaban muy interesados en los detalles más sutiles de los sistemas bancarios y financieros. Los veían como un intermediario que transfería el dinero de los que ahorraban a los que pedían prestado. Algo así como la mayoría de la gente que no está interesada en los detalles de los caños y demás estructuras mientras les funcione la ducha. Mientras haya agua caliente y el agua no falte, no hay necesidad de entender la minucia de su funcionamiento. Para Minsky, los bancos no eran simplemente caños sino más bien algo así como un motor. Es decir, no solo intermediarios para mover el dinero a través de un sistema sino instituciones interesadas en generar ganancias con un incentivo para prestar. Esta es la parte del mecanismo que hace que las economías sean inestables.

Mejor las palabras que las matemáticas y los modelos

Desde la II Guerra Mundial, la teoría económica se ha vuelto más matemática, basándose en modelos formales que explican cómo funciona. Para hacer un modelo hace falta hacer ciertas presuposiciones complejas, y los críticos argumentan que a medida que los modelos y las matemáticas se hacen más complejos, las conjeturas sobre las que se sustentan, se divorcian cada vez más de la realidad. Los modelos terminan volviéndose un fin en sí mismos.
Si bien se formó en matemáticas, Minsky prefería lo que los economistas llaman una aproximación narrativa. Se inclinaba por expresar sus ideas con palabras. Muchos de los grandes, desde Adam Smith a John Maynard Keynes o Friedrich Hayek, trabajaban así. Mientras que las matemáticas son más precisas, las palabras le permiten a uno expresar ideas complejas que son difíciles de modelar. Nos referimos a ideas como la incertidumbre, la irracionalidad y la exuberancia. Los seguidores de Minsky dicen que esto contribuyó a crear una visión de la economía mucho más realista que otras teorías económicas. Texto: Duncan Weldon. Ver: La crisis...