12 dic 2013

El fin de la 'HISTORIA'

Desde aquellos tiempos, cuando una visión del mundo se hundía, la reemplazaba otra y, a menudo, la moribunda asistía al nacimiento de la nueva. Con el hundimiento del comunismo nos acercamos, en cambio, a la zona del cero ideológico.
Nunca los intelectuales fueron tan numerosos, ni los sociólogos tan influyentes, ni los científicos estuvieron tan decididos a zafarse de los collares de sus disciplinas, ni los historiadores tan ostensiblemente transformados en gurúes del futuro. Y sin embargo, ni todos juntos son capaces de ofrecernos una nueva Weltanschauung. Se mueren todas nuestras ideologías tradicionales, que postulaban el progreso, el óptimo colectivo y, por lo tanto, el reino del orden. Al mismo tiempo, descubrimos que el mundo físico, la biología, el cosmos y la persona evolucionan según dialécticas de orden y de desorden, incertidumbres e interdeterminaciones. Las ciencias físicas y biológicas se han desembarazado de las clásicas visiones lineales y unívocas; las ciencias humanísticas intentan explicar el caos y la incertidumbre con teorías todavía balbucientes; las ideologías no aparecen por ninguna parte. Por su parte, la muerte del socialismo encarna el final de las filosofías del orden. Se puede decir la muerte del socialismo y no sólo la del comunismo, porque no es solamente un sistema fosilizado el que se hunde, sino también el del marxismo más arcaico, es decir de una concepción frustrada y exclusivamente materialista, que no se produce sin daños colaterales. Con el viejo esquema -la economía es la única infraestructura y todo lo demás (ideas, naciones, culturas y relaciones de fuerza) son simples superestructuras- muere también la economía política de Marx (a pesar de ser uno de los mejores teóricos de la economía de mercado) y todas las ideologías socialistas, es decir todas aquellas ideologías que postulaban que la sociedad tenía capacidad para organizarse por sí misma. El desastre alcanza incluso al mito mismo de la esperanza colectiva. Incluso las socialdemocracias más fuertes se ven privadas de todo substrato teórico, porque su última visión, pasada por el tamiz de la democracia y de las libertades, se refería a una utopía. Ni esperanza ni utopía ni progreso: la mesa está definitivamente vacía. La democracia cristiana no es una filosofía, y una dosificación sutil de altruismo religioso, de generosidad laica y de vago culto a los derechos humanos no será capaz de sustituir a esa escatología socialista. La izquierda no será capaz de llevar adelante una revolución ideológica en ninguna parte. Entonces los analistas se preguntarán: ¿Qué ideología puede dominar de ahora en adelante la acción pública?

Liberalismo y marxismo
Tampoco el liberalismo salió más fortalecido que el socialismo por la desaparición del comunismo. Este le servía de chivo expiatorio y le permitía construirse por reacción y tentados de llevar a su modelo hasta las últimas consecuencias. De ahí el culto a un mercado puro y perfecto que logra su optimización, siempre que domina un país. El fantasma de un orden superior y de una racionalidad última venía exigido por contraposición a la utopía socialista y constituía su anverso absoluto. Paradójicamente, este liberalismo nunca pesó tanto en las decisiones de algunos Gobiernos como en la época en que el marxismo dogmático, comenzaba a vacilar. La lógica de los contrarios hizo que las políticas de Reagan y Thatcher sirviesen de antídoto frente al sovietismo, pero sólo se impusieron en un momento en que el socialismo estaba ya herido de muerte. ¿Cuántas cosas no hemos leído, a este respecto, desde 1989? El fin de la historia, la victoria absoluta del liberalismo, el mercado como el fin último de las sociedades, la desaparición de toda la referencia ideológica concurrente...

Sin embargo, el liberalismo, al perder a su enemigo tradicional, ha perdido a su mejor apoyo. Es evidente que la economía de mercado, como todo el mundo sabe, representa la realidad absoluta de las sociedades: el mercado no es un estado de la cultura -producto de una opción- sino un estado de la naturaleza. Pero hicieron falta décadas, matanzas y todo tipo de dramas para descubrir esta evidencia; sin embargo, una vez dicho esto, también hay que reconocer que el liberalismo está tocado en el ala, porque, desde el momento en que detenta cierta forma de monopolio ideológico, todas las derivadas en relación con lo óptimo le son imputadas. La aparición de bolsas de pobreza de una amplitud tal que amenazan el orden social. La incapacidad para tratar espontáneamente ciertas cuestiones indisolubles, como el empleo. Su ineptitud para hacerse cargo de las necesidades colectivas y la crisis de una economía mundial que ha festejado la victoria absoluta del mercado, dueño también absoluto del noventa por ciento del globo, con la peor recesión que se haya visto desde la guerra. Y lo que es más grave todavía, el arrogante triunfo de los mercados financieros. Un mercado casi infinito, del que no se escapa prácticamente ningún país del mundo. A cada instante, los precios reflejan el equilibrio sin cesar modificado de la oferta y la demanda. Un mercado puro: ningún otro actor ejerce un dominio tan profundo. Un mercado perfecto, porque está abierto a todos los que quieren entrar en él. Pero los resultados no se adecuan a los principios de los teóricos y lo que prevalece no es el orden, sino el desorden. En vez de construir un óptimo, como preconiza la doctrina, los "mercados" producen a veces la dinámica contraria. Desconectados los actores económicos de la realidad –porque menos del cinco por ciento de los intercambios monetarios corresponden a la cobertura de movimientos de mercancías o de servicios, orientados hacia su propio juego– los mercados financieros sólo se mueven por el cebo de las ganancias, lo que sería normal en una economía de mercado si no se tratase de unas ganancias especiales: unas ganancias sin contrapartida económica alguna y que nacen de la simple conjunción, positiva o negativa, entre la opinión de cada operador económico y la opinión, esta sí irresistible, que fabrican todos ellos juntos.

El mercado y sus reglas
De ahí el mito de la especulación. ¡Los especuladores juegan sobre la anticipación que los Gobiernos tendrán sobre sus propias anticipaciones y hacen fortuna con eso! Con el consiguiente riesgo, provocado por este mercado, que es el más puro y perfecto de todos, de desestabilización para las economías que no aguantan este ritmo. Paradójicamente, los anglosajones no quieren admitir en los mercados financieros lo que constituye habitualmente para ellos las señas de identidad del liberalismo: que el mercado y las reglas del Derecho son indisociables, porque el primero sólo funciona eficazmente bajo el control de las segundas. En cambio, cuando se trata de dinero, se niegan a pensar en la más mínima reglamentación a nivel mundial. Los resultados pueden ser devastadores para el liberalismo. ¿Representarán los mercados financieros para el liberalismo lo que el estalinismo encarnó para la ideología socialista? Esta lógica llevada hasta el extremo ejemplifica, con absoluta perversión, la caricatura redistributiva que algún día pagará cara el liberalismo. Todo el mundo sabe que estamos a merced de un accidente financiero muchos más grave que los hemos conocido hasta ahora. Si llegara a producirse, con su cortejo de recesiones en cada país y sus innumerables quiebras, que implicarían la pérdida de confianza de los ahorradores y el paro, los principios liberales serán su primera víctima y no sobrevivirán a los excesos del mercado más emblemático. Pero aun sin llegar a esto, el liberalismo está amenazado por el desencanto. Cada día sus límites aparecen más visibles. Por haberse equivocado y haber pretendido, por mimetismo, ser como el comunismo, un sistema global, se le responsabiliza de todo lo que pasa. ¿La entropía del continente europeo? Es su culpa. ¿Los fenómenos de marginalidad? Su culpa. ¿El desorden internacional? Su incuria. ¿La recesión? Su incapacidad. Si conforme a sus principios originales, el liberalismo se hubiera seguido declarando como el peor sistema explicativo del mundo, habría permanecido al abrigo de estas acusaciones. Es su ambición la que lo pierde: a fuerza de querer servir de salida al comunismo se ha colocado en una situación de debilidad. La caja de herramientas de Adam Smith o de Ricardo no está hecha para explicar el mundo con sus relaciones de fuerza, sus sacudidas históricas y sus conflictos. De esta imprudencia desmesurada nace hoy la decepción. ¡No en vano muchos piensan y dicen ya que tanto el comunismo como el liberalismo están muertos! A menudo, estos enterradores son los mismos que proclamaban, en 1990, con la misma certeza, el triunfo definitivo del capitalismo y del mercado... En realidad, el liberalismo no sirve como sistema global de análisis y, como tal, nunca formará parte del espesor de la historia. Como filosofía del funcionamiento de las sociedades, no tiene futuro. Como ideología del mercado se encontrará con realidades que se le resisten. Si el mercado está en el fondo de la naturaleza de la sociedad, puede funcionar de diversas maneras, desde la más conveniente, bajo el imperio de los principios liberales, hasta la más salvaje, en este caso el modelo ruso de hoy, sin contar con sus variantes estatalistas y autoritarias. Otra ideología de orden que está en sus horas bajas, es la racionalidad de la tecnocracia. La verdad es que jamás pretendió oficialmente un estatus ideológico, pero detrás de esta modestia aparente, ha impregnado las sociedades occidentales, al menos tanto como el liberalismo. El mundo es racional. Todos los problemas tienen solución. Los expertos bien preparados siempre pueden encontrarla. Dotados de un saber así, es lógico que sientan la vocación de dirigir la sociedad... Este es el sofisma que, desde hace décadas, gobierna Occidente. Frente a cuestiones del tipo de las del Oriente Medio, la racionalidad tecnocrática había claudicado desde hacía mucho tiempo. Pues bien, ahora está aprendiendo a capitular en otros terrenos, como ante los cambios inesperados de la opinión pública, ante las reacciones de violencia, ante la resurrección de los fantasmas étnicos y ante otras muchas realidades que le son insoportables. Y de paso ha perdido credibilidad. ¿Quién se atrevería todavía a lanzar profecías sobre el advenimiento de una sociedad técnica y racional, que se regularía simplemente con la inteligencia? Como una ideología binaria que es, se ve condenada por esta razón: porque los nuevos tiempos exigen una ideología de varias dimensiones, con profundidad histórica y que sea capaz de interpretar la complejidad. 
Ciudades para el paroxismo
Privados de nuestras ideologías tradicionales nos arriesgamos a creernos condenados a una nueva barbarie, que nos aparece como el corolario natural del desorden. Esa es la amenaza. Y no sólo vuelven a la superficie las barbaries más clásicas, sino que se añaden otras nuevas: los fallos de la biología, las víctimas de la ciencia, las heridas del medio ambiente, la insoportable forma de vida urbana llevada hasta su paroxismo en muchas ciudades, las nuevas pobrezas... Para los espíritus negativos, el terreno está abonado para un pesimismo sin límites. Y eso no sería grave ni sorprendente si dispusiésemos de una verdadera armadura intelectual e ideológica. Las creencias en el progreso, la convicción de que existe un óptimo, la certeza de avanzar hacia una sociedad mejor regulada son otros tantos antídotos –que hoy no tenemos– contra el desorden. Nuestro tiempo, abandonado a sí mismo, se arriesga a vagar de las decepciones ideológicas a las nuevas barbaries y de las nuevas barbaries a las doctrinas dañinas. Además, para llenar este vacío no basta con la resurrección del nacionalismo, aún bajo su apariencia más respetable. Incluso cuando no es la expresión de una razón instintiva, el nacionalismo no es capaz de dar respuestas y deja multitud de cuestiones sin solucionar... Pasar del internacionalismo optimista al sueño de la nación protectora es una cómoda huída hacia adelante. Dado que las naciones supieron resistir al comunismo, ¿no será que son portadoras de la mayoría de las virtudes? ¿Por qué, entonces, no ver en ellas la comunidad de base, la referencia última, la respuesta natural? Aún a costa de no saber explicar muy bien la relación entre las patrias familiares, regionales, nacionales y europeas, no conviene buscar soluciones en los reflejos del pasado. Antaño, con su comunidad de base y Dios, el individuo estaba armado para afrontar un mundo sin perspectivas de progreso. Desaparecidas estas referencias, el mito del progreso las reemplazó. Condenado a su vez –lo que hace que suene la campana mortuoria de los Tiempos Modernos, con los que se identificaba– es imposible recorrer el camino a la inversa. Dios vuelve en forma de fanatismo y de irracionalidad. Por otra parte, la comunidad de base se pretende el único anclaje posible para el individuo, cuando es incapaz de aprehenderle en toda su diversidad. Inútil buscar, pues, en esta dirección nuevos mitos fundadores, salvo el de llevar la idea de nación hasta sus últimas consecuencias y pasar de un nacionalismo de la razón a un nacionalismo belicoso, añadiendo, de esta forma, nuevos fermentos de desorden al que ya nos amenaza. Y tampoco sirve de nada refugiarse detrás de las "leyes" de la historia. Aunque se trate también de una tentación tan natural como la otra. Si el mundo no está dominado por la idea de progreso y, dado que no puede ser indescifrable -postulado de partida- tienen que existir leyes más o menos ocultas de la historia. Con varias variantes. La primera, la variante determinista, supone que la historia avanza de una forma más bien positiva y, si al progreso se le echa de casa por la puerta, intentará entrar por la ventana. La segunda variante, marcada por el escepticismo, postula el principio de la repetición: la naturaleza humana es intangible y, por lo tanto, las situaciones no cesan de reproducirse y la historia se contenta con registrar esta permanencia, a costa incluso de camuflarla, mintiendo sobre las circunstancias y las personas. La tercera variante, que pretende ser la heredera del indeterminismo triunfante en las ciencias físicas, admite que la historia es, esencialmente aleatoria, que las constantes son menos numerosas que las bifurcaciones, que la incertidumbre domina, y que los hombres no tienen poder sobre ella. Se trata de la resurrección de un mundo intelectual dominado por el lenguaje de las ciencias humanísticas y por el bueno y viejo fatalismo. Por otra parte, las sociedades contemporáneas no facilitan mucho la tarea de los que buscan una nueva ideología. Y es que no pueden escapar al misterio de que las sociedades están hechas para sí mismas, de que son su propia finalidad. Es revelador, en este sentido, el auge de la opinión pública, pero si los sondeos de opinión desaparecieran repentinamente de la escena, ¿qué quedaría de ella? Porque son ellos los que postulan su existencia y una vez planteado este presupuesto, la miden y la valoran. Sin los sondeos, la opinión pública sería inaprensible. Es cierto que, fieles a una maniobra que les ha salido bien desde hace décadas, los medios de comunicación tienden a encarnar a la opinión pública, lo que sin duda es más confortable que confesar abiertamente su deseo de influir sobre ella. Pero no podrían librarse tan fácilmente a ese juego si esas inmensas baterías de cifras no viniesen regularmente a proporcionar la tensión, el pulso y los otros mil parámetros explicativos de la salud del enfermo. La renovación ideológica La opinión ha segregado, evidentemente, sus gurúes, sus oráculos y sus sacerdotes, encargados de afirmar su existencia con tanta mayor seriedad cuanto que de ella depende su sustento. Una vez establecido el mito, las élites no tienen más que capitular: deben ejecutar lo que la opinión desea. Formar un todo con ella, ésa es la máxima fundamental. Llevada hasta el extremo, esta aproximación desemboca en el discurso que afirma que las únicas reformas al alcance del hombre público son las que la opinión pública haya ya aceptado. Esta es otra forma de alcanzar el grado cero de la política. Siguiendo esta filosofía, no queda sitio ni para los pedagogos, ni para los hombres de Estado ni para los hombres de influencia. La opinión pública es. ¿Cuánto hace que no vemos establecerse un postulado con tanta certeza? La economía ya no se permite tales arrogancias, ni la reflexión filosófica, ni siquiera las teologías más modernas. Si la opinión es, no queda otra alternativa que someterse a ella. Convertida en un animal social, la opinión pública no predispone a una renovación ideológica. Y, además, habría que saber de dónde viene, a dónde va, con qué sueña y qué tolera. Medir sus vibraciones no indica ni sus aspiraciones ni sus conflictos internos ni, a pesar de las apariencias, su dinámica. A través de ella, es la misma sociedad la que se convierte en inaprensible. ¿Cuáles son, en efecto, sus resortes, sus pulsiones y sus tensiones? Las encuestas y las estadísticas no nos dicen apenas nada de todo esto. Una sociedad así no facilita el aggiornamento ideológico, porque a fuerza de identificarse con esta pseudo opinión se convierte en un no ser. No será, pues, ella la que, voluntariamente, dé a luz una nueva visión del mundo. Con su tendencia a reducirlo todo al mínimo común denominador, nuestra sociedad empuja hacia los pensamientos débiles, las ideas tranquilizadoras y las filosofías del status quo. A fuerza de practicar esta extraña forma de narcicismo colectivo con el que se identifica el culto a la opinión pública, las sociedades contemporáneas prohíben la desviación, la originalidad y la creatividad. Y ya no tienen ni dioses ni mitos ni símbolos, sólo tienen, en el mejor de los casos, deseos en forma de cifras. Y esto, evidentemente, no fabrica el más dinámico de los seres sociales y tales sociedades presentan también una formidable capacidad de absorción. Tragan los traumatismos, los cambios y las tensiones de todo tipo con una increíble naturalidad. Han desaparecido de ellas los fenómenos de rechazo. En el fondo, no existe ni siquiera una verdadera oposición política. Y es que, al final todo se recupera, se recicla, se reutiliza y se regenera... Si los intelectuales han desaparecido del debate público, no es únicamente por su deseo de expiar sus errores pasados ni por un desinterés repentino sobre la cosa política, sino tal vez porque la sociedad ya no es "pensable", lo que los priva de sus fondos de comercio tradicionales. Hoy, la representación se termina y cae el telón. En fin, pareciera ser que el fin de los Tiempos Modernos no dará lugar al nacimiento de una filiación intelectual, como en la época de las Luces. Los síntomas de una evolución ideológica no aparecen por ninguna parte. No se nota la floración de ideas nuevas que nacen simultáneamente en varios lugares, ni agitación cultural, ni debates contradictorios. No se vislumbra por ningún sitio la cristalización de una nueva cosmovisión, de ningún sistema global coherente. Tenemos, pues, que construirnos una caja de herramientas conceptuales, hecha de material de desecho, pero que nos permita atravesar los períodos de fuerte turbulencia. Veamos cuales podrían ser: El mercado que es un estado inherente a la naturaleza de la sociedad, pero el deber de las élites consiste en convertirlo en un estado inherente a la cultura de la sociedad. Sin normas jurídicas que lo controlen, tanto en las sociedades desarrolladas como en las demás, termina por caer en la ley de la selva, en brazos del más fuerte, al tiempo que fabrica segregación y violencia. Negarlo es una idea contra natura, dado que hace cuerpo con el funcionamiento más primario de las sociedades, tal como lo ha probado el comunismo hasta la saciedad. Pero, al contrario, hay que tener siempre presente que, librado a sí mismo, termina llevando sus propios excesos hasta sus últimas consecuencias. La historia que no se repite mecánicamente, pero, como dicen los físicos, fabrica constantes. Constantes en el comportamiento, constantes en los riesgos y constantes en las actitudes. Conocerlas es uno de los escasos medios que tenemos, no para conjurar las incertidumbres, sino para prepararnos para su llegada. Las crisis no se prevén, pero la comprensión de las que ya se han producido constituye el mejor entrenamiento posible para hacer frente a las nuevas. La realidad porque una parte cada vez mayor de ella e resiste al control de las instituciones y de los Estados tradicionales. Saberlo no significa aceptarlo, sino que obliga a las élites responsables a tener muy presentes los límites de su acción. Y es que tienen que ser plenamente conscientes de que se les escapa un campo cada vez mayor, tanto en el interior de sus fronteras nacionales como en el exterior. Las situaciones inestables, que tienden a degenerar por naturaleza. La entropía no siempre fue una fatalidad. Cuando existían sistemas de poder sólidos e ideologías conquistadoras, incluso podía desaparecer. En cambio, una vez caídas sus vallas protectoras, se convierte en una ley natural. Además, la inestabilidad se agrava sobre todo en la escena internacional. De ahí la imposibilidad de que los responsables lúcidos apuesten por el status quo o por la inactividad. Al contrario, hay que dar pruebas de una energía y de una imaginación desmesuradas para evitar que se desencadene un engranaje fatal. Ni principios culturales, ni económicos… El mundo, que ya no nos va a regalar principios sólidos de cohesión. Ni principios religiosos. Ni principios imperiales, ya que no existe una potencia susceptible de marcar, ella sola, el ritmo al resto del planeta y de hacer plegarse a los demás a su propio modelo. Ni principios ideológicos: la idea de progreso como última ratio no tendrá herederos. Es evidente que el progreso no ha desaparecido, y menos la creencia en él, pero ésa es ya una convicción más entre otras muchas que se ofrecen en el mercado de las ideologías. Ni principios culturales, ya que el modelo americano manipula los símbolos, como si fuese un modelo dominante, pero zonas enteras del mundo, como Asia, todavía se le resisten. Ni principios económicos: las realidades industriales y financieras tienen que cohabitar de nuevo con hechos históricos y dinámicas estratégicas que les impiden determinar, por sí solas, el funcionamiento de nuestras sociedades.¿Cómo actuar teniendo en cuenta la caja de herramientas con la cual contamos? ¿Qué hacer? Transformémoslas en principios que reunidos nos permitan fundamentar una acción en nombre de todos los resortes posibles del alma. Se trataría, en efecto, de principios que no son extraños ni para los que se reclaman partidarios de una esperanza o de una convicción profunda en el progreso de la sociedad ni para los que sólo se mueven por el egoísmo, ni para los que se movilizan únicamente en nombre del pesimismo activo. Tal vez pudiéramos identificarlos con la propuesta de Albert Camus cuando reclamaba "un pensamiento político modesto liberado de todo mesianismo y desembarazado de la nostalgia del paraíso terrestre", en el nombre de un "optimismo relativo" que se parece, a su manera, a nuestro pesimismo activo. En lo que concierne a la misma acción, tendrá que irse modificando al filo del tiempo igual que nuestra visión del mundo, teniendo en cuenta que los principios fundadores se han volatilizado. Asi las cosas, gobernar consistirá, ante todo, en practicar el arte del timonel, es decir dirigir menos a los demás y dirigirse más a uno mismo en medio de una serie de obligaciones y de efectos indirectos. Y es que, como es bien sabido, todo acto termina por escabullirse de las manos de su autor, provocando reacciones imprevisibles, lo que hace imposible que nos sigamos fiando de los viejos métodos de objetivo, proceso y medios. Los efectos perversos dominan cada vez más a los efectos directos, las reacciones sobre las acciones iniciales y los accidentes inesperados sobre los conflictos esperados. Las brújulas han cambiado de dirección, con lo imprevisto en vez del progreso como telón de fondo.Tener autoridad supone tener en cuenta los efectos múltiples, ser capaz de reaccionar a la más mínima señal de alerta y de modificar la trayectoria a las primeras perturbaciones. Y esto no tiene nada que ver con la vieja búsqueda de consenso de antaño. Este, en efecto, postulaba, en cada etapa, un compromiso entre dos fuerzas antagonistas, que, una vez obtenido, era suficiente para mantener la iniciativa. Hoy, las fuerzas antagónicas apenas son discernibles. Un acuerdo entre ellas sería siempre aleatorio y frágil, al tiempo que resultaría inconcebible la inmovilidad que termina siendo siempre el fruto del consenso. Una autoridad demasiado tradicional traería consigo efectos secundarios que serían dramáticamente contrarios a la maniobra. Una tendencia demasiado acentuada en aceptar los feed-back conduciría rápidamente a la impotencia. Lo que resulta es, pues, un arte extraño hecho de firmeza y de flexibilidad, de rigidez y movilidad, en perpetuo movimiento y, al mismo tiempo, inflexible sobre algunos puntos fundamentales. Tiene que hacer suyo un doble imperativo que en los tiempos de las ideologías del orden no era tan necesario: imaginación y gusto por el riesgo. Si bien la acción política clásica está infravalorada, al igual que las filosofías basadas en el progreso, al mismo tiempo, la ambición política parece todavía más indispensable para poder luchar contra los riesgos de la entropía, pero no encuentra base alguna teórica o ideológica, si exceptuamos algunos reflejos de sentido común. Desde este punto de vista, el final de los Tiempos Modernos es una curva difícil de tomar. Multiplica las ilusiones y las huidas hacia adelante mientras exige a los responsables una ascesis permanente. Ascesis relacionada con la imposibilidad de apoyarse sobre una Weltanschauung optimista. Ascesis nacida de la obligación de actuar en nombre de una visión poco motivadora: el pesimismo activo. Ascesis indisociable de un deber moral de las élites que no encuentra su fundamento en ninguna religión revelada. Ascesis acentuada por la conciencia de que un mundo complejo e ingobernable exige no cruzarse de brazos sino intervenir más. Alain Minc, texto escrito en 1994. Ver: Capitalismo y crisis económicas.

10 dic 2013

Una Constitución en la encrucijada

Los años transcurridos, cuando acaban en cero, o cuando acaban en cinco, llaman al recuerdo, a la conmemoración. Convocan la memoria, la evocación del tiempo transcurrido, el camino andado, el momento que fue y el que está por venir. Pueden convertirse en un jetztzeit, al más puro estilo Walter Benjamin.
 Un tiempo del ahora, que rompe el curso continuo de los acontecimientos, cargado de energía y dispuesto a dar un salto hacia el futuro. Pueden convertirse, que nadie se ofenda (que anda el personal muy crispado), en momentos revolucionarios, cargados de transformaciones profundas. 35 años de Constitución Española, no son una cifra tan redonda como 25, o 50, pero bien podrían constituir un tiempo-ahora, como me recordaba recientemente Jesús Montero, al comentar un artículo mío sobre Camus y rememorar los 25 años transcurridos desde la Huelga general del 14-D.
 Y sin embargo, atenazados como estamos por una crisis económica, de empleo, política y social, nadie parece excesivamente interesado en conmemorar la Constitución. Como si pensáramos que hacerlo puede aún empeorar la ya irrespirable situación. 
El país parece entregado a la autoinmolación en aras de satisfacer a los más ancestrales demonios, que nos han devorado, cada cierto tiempo, a lo largo de nuestra historia, obligándonos a largos, duros y costosos procesos de renacimiento y reconstrucción, emergiendo de las cenizas.
 
La eterna derechona inclemente, que transigió a regañadientes con el advenimiento de un régimen constitucional, ha encontrado en la crisis, la coartada perfecta para desmontar la igualdad  aún incipiente e imperfecta que, con tanta persistencia y sacrificio, hemos ido construyendo. Vuelve por sus fueros el nacionalcatolicismo a las escuelas y se extinguen las becas y ayudas a los estudios. Vuelve Torquemada a perseguir el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, sobre su embarazo. Vuelven a expoliar los recursos de todos, para ponerlos a los pies del dios mercado, al servicio de los intereses privados. Vuelven nuestros mayores a la indigencia y la soledad.
 Vuelve la justicia a ser de pago. Vuelven los jóvenes, más preparados que nunca, a hacer las maletas y emigrar al extranjero. Y los que se quedan, serán la primera generación que viva peor que la anterior, desde hace muchas décadas. Porque de eso se trata. La precariedad, la temporalidad, lo efímero, la inseguridad como forma de vida y horizonte de futuro. La modernidad de diseño que nos deparan. 
Vuelve la criminalización de la protesta. Vuelve la hipocresía del empresario “buen salvaje”, que explota hasta el hastío a sus trabajadores y recoge alimentos para los mismos trabajadores que acaba de despedir, ahora convertidos en pobres que aguardan en la cola de la beneficencia. Vuelven las organizaciones de caridad, que no de justicia, que suplen temporal y precariamente, el hueco dejado por unos servicios públicos debilitados. Vuelven los ataques al sindicalismo. Si un despacho de abogados negocia un ERE en nombre de la empresa y cobra sus abultados honorarios, estamos ante profesionales. Si los abogados y economistas del sindicato intervienen y cobran un pequeño porcentaje que nada tiene que ver con los costes de los despachos “profesionales”, están robando a todos los ciudadanos. Si la editora de El Mundo, o de La Razón, o de ABC, organizan cursos para altos ejecutivos, a 3000, a 6000 euros, y los bonifican con recursos de todos los trabajadores extraidos de la Fundación Tripartita, y obtienen cuantiosas subvenciones y tapan sus agujeros financieros sangrando a Ministerios, a Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, Universidades, el silencio es absoluto. Si los sindicatos organizan cursos, mucho más modestos, pero más pegados a las necesidades formativas de los trabajadores, de las personas paradas y del común de los mortales, son ladrones y ocupan portadas en esos mismos periódicos. El silencio es absoluto, entre otras cosas porque perro no come perro. Entre otras cosas, porque una corte de tertulianos bien pagados y alimentados, viven de despotricar, contra los sindicatos y contra la izquierda, en las tertulias de las mismas televisiones que propiedad de esos mismos grupos editores de los periódicos. Televisiones que les han sido concedidas por amigos bien situados en la política. Amigos que tendrán su puesto asegurado en los consejos de administración, cuando decidan utilizar la puerta giratoria que conecta la política con la empresa. Y no quiero decir, con todo esto, que los sindicatos y la izquierda, hayamos hecho todo bien en este país. La burbuja inmobiliaria, que trajo la ley del suelo del inefable Aznar, era mucho más que una burbuja de especulación inmobiliaria. Era especulación bancaria, Era fijar precios a la carta. Era con IVA o sin IVA. Era tener derechos sin deberes. Era depredar el territorio, las costas, los espacios protegidos. Era envilecer a las personas. Era espejismo de crecimiento sin fin. Era pelotazo infinito. Era consumo descabellado. Era vivir a crédito. Decía mi padre, que vivió y murió en la pobreza, 'Que no me pongan donde haya'. A lo largo de la ultima década y media, todo parecían oportunidades y el que no las aprovechaba, podía pasar por tonto. También habrá habido sindicalistas que han picado ese anzuelo. No conozco, sin embargo, nadie que se haya hecho rico y haya amasado fortunas en el sindicato. Pero si alguno ha incurrido en ilegalidades, merece pagarlo. Estoy seguro de que cuando echemos cuentas de la locura que vivió este país y las consecuencias que trajo consigo, podremos comprobar que los sindicalistas aportaron una ínfima parte de esa locura. Quienes hoy deterioran lo público, la sanidad pública, la enseñanza pública, los servicios sociales, las pensiones. Quienes hoy atacan a los partidos políticos, a los sindicatos, a las instituciones públicas, degradando su credibilidad, preparan el asalto al Estado, para apropiarse de lo que es de todos, en beneficio de intereses privados. Sin control alguno, sin testigos. Con todo, la Constitución que construyeron quienes hace 35 años asumieron la responsabilidad de acabar con una dictadura, en un momento de crisis económica mundial que devoraba empleos, salarios, empresas, tiene poco que ver con la corrupción, con la destrucción de derechos laborales y sociales, con el paro, con las tensiones políticas, con el robo de lo que es de todos para ponerlo a los pies de los mercaderes,con la fractura social que se está generando. Más bien al contrario, releer la Constitución, que comienza definiéndonos como un Estado Social y Democrático de Derecho, puede ayudarnos a tomar conciencia de ese tiempo-ahora que nos toca vivir. Un tiempo que rompe la secuencia de los últimos 35 años y nos sitúa ante el despeñadero, o ante la voluntad de negociar un nuevo contrato social que asegure los derechos sociales y de ciudadanía, sin los cuales no hay país, no hay patria, no hay futuro. Hoy, la Constitución es nuestra última esperanza.Javier López, Presidente del Ateneo 1º de Mayo.

9 dic 2013

Dos constituciones, ¿dos españas?

La situación económica ha puesto de manifiesto una profunda crisis institucional que cuestiona las bases del sistema político nacido con la Constitución de 1978. En un momento en que agentes y entidades al servicio del mercado campan a sus anchas en el espacio público, la ciudadanía se siente más desamparada que nunca. Máxime cuando vuelve la mirada hacia la norma fundamental del sistema jurídico, la Constitución, y no encuentra allí instrumentos que defiendan los derechos fundamentales o la participación ciudadana en los asuntos públicos.
La crisis no ha hecho sino agravar los déficits estructurales del sistema constitucional español desde la Transición, un sistema que sentó las bases para la sociedad desigualitaria, individualista, machista, poco participativa y nada sostenible en la que hoy vivimos. En este contexto resulta imprescindible volver la mirada hacia la experiencia republicana y su Constitución, la primera experiencia democrática en la España del siglo XX. No para rememorar un pasado que nunca volverá, sino como prueba de que es posible articular un sistema jurídico-político basado en los valores de compromiso democrático, libertad, responsabilidad y justicia social.

Ruptura vs reforma

1931.La República nace con la vocación de transformar radicalmente la realidad de la España que se encontraron y construir una sociedad moderna identificada con la democracia, la libertad, los derechos humanos y la justicia social. Los republicanos eran conscientes de que ello exigía un cambio radical de actitudes, comportamientos y prácticas ciudadanas y utilizaron la Constitución como instrumento desde el que llevar a cabo esta labor. 1978: La Constitución nació como un texto de transición. Bajo el escaparate de una democracia formalmente representativa en el marco de una economía capitalista, su articulado permitió que conservaran sus privilegios quienes durante la dictadura controlaron los resortes de los poderes políticos, económicos y mediáticos.

Democracia vs genética

1931. La creencia de la República en la democracia y en la voluntad ciudadana se manifiesta ya desde la elección del jefe del Estado –el presidente de la República–, sometida al principio de soberanía popular que preside de inicio a fin el texto republicano. 1978: Una Constitución que se reclama democrática y basada en el principio de soberanía nacional, pero que después somete la jefatura del Estado a las leyes de la genética. Deja al margen de la voluntad popular una cuestión tan importante y simbólica como la elección del jefe del Estado. El desprecio a la democracia es tan grande que el rey ni siquiera ha llegado a jurar nunca la Constitución (y sí, por dos veces, las leyes fundamentales franquistas).

Parlamento vs gobierno

1931.La República recogió los cánones principales del parlamentarismo que se había desarrollado en la Europa de entre guerras. Su texto constitucional dejó bien claro la preeminencia del poder legislativo, en cuanto expresión de la voluntad general, frente a las atribuciones del poder ejecutivo o gobierno. Se concebía el parlamento como centro de la vida política y como instancia de control del gobierno.
1978: Bajo la excusa de terminar con los “excesos” del parlamentarismo, la Constitución configuró una democracia de baja intensidad en la que despreció los mecanismos parlamentarios efectivos de control del gobierno, limitó la moción de censura y redujo a su mínima expresión la iniciativa legislativa popular. Consolida un gobierno fuerte frente a un parlamento débil.

Participación vs representación

1931. La República extendió la democracia mucho más allá de los estrechos márgenes de los partidos políticos. Se constitucionalizó por primera vez en España el referéndum legislativo, que permitía al pueblo decidir sobre las leyes votadas en el parlamento. Se apostó por el jurado como mecanismo de participación ciudadana en la administración de justicia. 1978: Se rechazó incluir en el texto constitucional aquellas medidas que avanzaban hacia la democracia directa, auténtico temor de los constituyentes. Se consolidó un sistema electoral tendente al bipartidismo, y se estableció un sistema de reparto de cargos institucionales (Defensor del Pueblo, magistrados del Tribunal Constitucional, etc.) para los dos partidos mayoritarios.

Laicidad vs confesionalidad

1931. La República constitucionalizó un Estado laico, que enmarcara la cuestión religiosa a la esfera privada y que terminara con el poder que la Iglesia católica -reaccionaria y antidemocrática- había mantenido durante épocas pasadas. Las confesiones religiosas pasaron a tener el estatuto de asociaciones, limitadas exclusivamente a las actividades relacionadas con el culto, y se las obligó a cumplir las normas tributarias del país y ajustarse al principio de autofinanciación.
1978: Tras ser la jerarquía de la Iglesia católica uno de los pilares básicos de la dictadura, la Constitución nacida de la transición consagró el principio de aconfesionalidad del Estado. Fue esta una fórmula pensada para que la Iglesia católica pudiera tener una relación preferente con los poderes públicos, como se manifiesta en el hecho de que el Estado –es decir, todos, católicos y no católicos– financie sus actividades. La Constitución mantiene los privilegios económicos, fiscales y jurídicos de la Iglesia católica.

Derechos vs retórica

1931. La República planteó un amplio catálogo de derechos, extendiéndolo a ámbitos históricamente privados, como el matrimonio, la educación, la familia, el trabajo o la economía. Prueba de esta vocación de ampliar derechos fue la cuestión de la igualdad de género. Se instauró el voto femenino, el matrimonio civil con plena igualdad de derechos y deberes de los cónyuges o el divorcio, entre otras medidas tendentes a romper con la sociedad patriarcal. 1978: Los constituyentes fueron incapaces de garantizar algo más que un catálogo de derechos liberales. Derechos sociales como el trabajo o la vivienda se incorporaron en el texto como meros principios rectores de la política social y económica, sin posibilidad de ser demandados ante los tribunales. Tales derechos quedan subordinados a la proclamación constitucional de la “economía de libre mercado”, eufemismo bajo el que calificar al sistema capitalista.

Educación pública vs educación concertada

1931 Se garantiza el carácter obligatorio de la educación básica, pública y gratuita. A raíz de esta proclamación constitucional, se llevó a cabo el mayor esfuerzo económico en este ámbito por parte del Estado de la historia de España. Se constitucionalizó la laicidad de la enseñanza, prohibiendo su ejercicio a las órdenes religiosas. 1978 Se reconoce el derecho a la educación. Junto a ello se estableció un subterfugio para que el Estado, detrayendo fondos público para financiar a la educación privada: los colegios concertados. Es la derrota del modelo de enseñanza pública y laica de raíz republicana frente al poder de la Iglesia católica, que además ha mantenido que se imparta la asignatura de religión también en los colegios públicos.

Una diferencia esencial: un instrumento de futuro vs un arma para blindar el pasado

1931: La Constitución republicana es un instrumento de futuro en la medida en que demuestra cómo es posible articular una propuesta de cambio radical de la sociedad en términos progresistas. Debemos releerla y aprender de su texto y espíritu a la hora de conseguir la necesaria hegemonía social, cultural y política que requiere enfrentarnos a un futuro proceso constituyente. 1978: Bajo las palabras de la Constitución resuenan todavía demasiados ecos franquistas. Su silencio respecto al pasado republicano es una buena prueba de que la sombra del franquismo influyó en su articulado. Hoy, no es un instrumento útil desde el que construir la sociedad igualitaria y democrática que necesitamos. Rafael Escudero. Recomendado: UNA CONSTITUCIÓN EN LA ENCRUCIJADA

3 dic 2013

Crisis, deuda y déficit

Noticias de un día cualquiera. El partido del gobierno en España rechaza el Impuesto a Transacciones Financieras; impone una ley de régimen local que suprime servicios municipales imprescindibles para millones de ciudadanos. La ministra de Sanidad contrata a un corrupto imputado para implantar la gestión privada en hospitales del ministerio. Privatizan el agua.
Las 35 mayores empresas de España pagan 500 millones de euros menos en impuestos aunque el año anterior ganaron más. El Gobierno aprueba un regalo de 30.000 millones a la banca. El Gobierno justifica que los bancos no den crédito, porque han de velar por la solvencia de sus clientes. Los pensionistas perderán 33.000 millones en 8 años. Más vueltas de tuerca en la aplicación de la reforma laboral. El FMI amenaza con más “ajustes significativos” para reducir la deuda... Sin olvidar la reducción presupuestaria, los recortes en educación, el aumento del paro, de la precariedad, la pobreza y la desigualdad... El remate es la nueva ley de seguridad ciudadana. Muchas protestas sociales serán tratadas como delitos.Louis Brandeis, juez de la Corte Suprema de Estados Unidos, lo dejó muy claro: “Podemos tener democracia o riqueza concentrada en pocas manos, pero ambas cosas no”. Banca, corporaciones, grandes fortunas y Gobierno han elegido la riqueza para la minoría. Para ellos. Lo logran saqueando a la ciudadanía. Y con represión para impedir la respuesta cívica, la acción de los trabajadores. Por eso las concentraciones frente al Congreso,. los escraches junto a viviendas de políticos o grabar y difundir imágenes de policías en acción serán castigados con multas de hasta 600.000 euros. Y con penas de prisión de hasta cuatro años. Sorprendente, porque según Gonzalo Moliner, presidente del Tribunal Supremo, los escraches son “un ejemplo de libertad de manifestación”. Pero a esta gente no les importan las libertades: son obstáculos a derribar.
Como afirma el magistrado Joaquim Bosch, portavoz de Jueces para la Democracia, “para el Gobierno del PP el ciudadano que protesta es el enemigo”. Y para Margarita Robles, magistrada del Tribunal Supremo, ésta ley prosigue la vulneración de derechos propia de este Gobierno. Además, esgrimir seguridad es un burdo pretexto, porque “en España no hay problema de seguridad”, afirma Robles. La criminalidad ha disminuido regularmente sin cesar en los últimos años. España tiene uno de los índices de criminalidad más bajos de la Unión Europea, según datos del propio Ministerio de Interior. Y, si hablamos de protestas sociales, hay confrontación con la policía en otros países (Grecia, Italia), pero no en España. El movimiento ciudadano es pacífico y pacífica es la desobediencia civil. Incluso la policía critica esa ley. José María Benito del Sindicato Unificado de Policía denuncia que, simulando amparar a los policías, la nueva norma sólo protege a “la casta política”. Por eso criminaliza protestas frente a sus domicilios o manifestaciones frente al Congreso. Y la Coordinadora de ONG de Desarrollo expresa su preocupación por una normativa que considera “delito de integración en organización criminal” convocar una concentración de protesta por Internet en la que pudieran producirse incidentes violentos al margen de la intención y voluntad de quien convoca. El colmo es considerar “delito de atentado contra la autoridad” la resistencia activa pacífica. Ésta gente encarcelaría al mismísimo Gandhi. Tienen una lógica totalitaria impecable. Saquear y la consiguiente represión de la ciudadanía que reacciona contra el pillaje. Como bien expone Carlos Martínez, de ATTAC Andalucía, “estamos ya en una pre-dictadura real y no somos conscientes de la gravedad de la situación. Se ataca el derecho de huelga, las libertades de expresión y manifestación y se prepara una ley represiva que permitan al poder y a los poderosos recortar, privatizar y despedir masivamente, acallando la protesta y oposición ciudadanas”..Ante el rechazo social a la ley de seguridad, el Gobierno dice ahora que es solo un borrador y Rajoy ha ordenado “suavizarla”. Es posible pararla, si la ciudadanía se mueve. Y una reflexión de Luther King para aclarar dónde estamos: “Nunca olviden que todo lo que hizo Hitler en Alemania era legal”. Porque lo irrenunciable es la legitimidad de la que este gobierno no conserva ni gota. ¿Podemos frenar esa ley franquista y también el saqueo? Como afirma Mandela, “siempre parece imposible hasta que se logra”. Xavier Caño Tamayo es periodista y escritor.


30 nov 2013

La Banca contra España

Lo que ocurre en España no es otra cosa que el desarrollo de una nueva estafa por parte de la banca, otro colosal engaño al que los partidos políticos mayoritarios no le hacen frente porque son esclavos materiales de los bancos y de las grandes empresas que los financian.La primera mentira se refiere a la cuantía de las ayudas que los españoles hemos dado y seguimos dando a la banca. No es verdad que hayan sido de unos 60.000 millones de euros.Si se suman la ayudas a la capitalización (unos 60.000 millones de euros), los avales (110.000 millones), los esquemas de protección de activos (28.000), la adquisición de activos (72.000) y otras ayudas de liquidez (unos 5.000 millones) la ayuda total sería de unos 275.000 millones de euros. Es falso que la situación de la banca española esté saneada, lo cierto es que está quebrada prácticamente en su totalidad.
Los grandes banqueros impusieron a los gobiernos de Zapatero y Rajoy una estrategia inteligente para resolver su situación: dejar al descubierto la insolvencia de las cajas mientras se seguía ayudando a los bancos privados. Con la excusa de la politización y mala gestión de las cajas ha sido fácil acabar con ellas para que los bancos privados terminen quedándose con el mercado que dejarían libres como forma de salir del hoyo en el que se encuentran. Pero ni con las ayudas millonarias que han recibido, se puede seguir ocultando la situación real de la banca española si no es a base de las mentiras que el señor Botín y sus acólitos se empeñan en difundir. La realidad de la banca española es que su patrimonio neto disminuye y que su deuda es gigantesca a pesar de las ayudas que ha recibido y de que se le está permitiendo que tome aire sin cesar dándole liquidez prácticamente gratis y sin límite desde el Banco Central Europeo para que haga el negocio del siglo comprando a buen precio deuda pública.
Esta realidad escandalosa se oculta y disimula con la complicidad y ayuda de las autoridades que permiten que se realicen todo tipo de trampas y manipulaciones contables. Empezaron nada más estallar la crisis cuando se permitió a los bancos que valorasen sus activos a precios de adquisición y no de mercado y han seguido con triquiñuelas para ocultar las pérdidas reales y hacer que se generen beneficios donde nos los hay. Bien por la vía de no contabilizar el riesgo de la deuda pública, bien haciendo pasar como capital unos 50.000 millones de euros de los llamados activos fiscales, una especie de “deuda” con Hacienda que se supone que puede recuperarse con los beneficios que se obtengan en el futuro y que además permite que los bancos se ahorren millones de euros en impuestos o que incluso apenas los paguen. Mientras que los beneficios de los grandes bancos ha aumentado un 80% en el primer semestre de este año, gracias a todas las ayudas anteriores, el crédito que han concedido ha disminuido en 44.800 millones de euros, y a pesar de que los depósitos han aumentado en un 9% en ese periodo. Es un robo y una traición: la banca ha implantado una auténtica creditocracia que mantiene cautivos a los grandes partidos, a los medios de comunicación y a los grandes focos que generan opinión pública. Así consiguen los banqueros mentir sobre la situación patrimonial de sus bancos y obligar a que se le sigan dando ayudas multimillonarias que no usan para dar financiación a las empresas y familias sino para aumentar beneficios a pesar de que están quebrados. O se salva a la banca quebrada que va a hundir cada día más a la economía española y a todos los españoles o se acaba con ella y se salva a las empresas y a las personas. Es preciso crear una banca de servicio público, obligada a financiar correctamente a empresas y consumidores, ajena a la inversión especulativa y bajo un férreo control técnico y social que impida lo que ha ocurrido en España con los bancos privados o con las cajas de ahorros que emularon su forma de actuar al ponerse al servicio de intereses particulares o de los partidos. Texto: J. Torres López. Ver: Una deuda impagable

25 nov 2013

Contradicciones en Europa y el euro

La crisis desencadenada en Estados Unidos en los años 2007-2008 alcanzó con fuerza a los países de la Unión Europea en 2008, provocando graves perturbaciones en la Eurozona a partir de 2010 |1|. Los bancos de los países europeos más fuertes se encuentran en el origen del contagio de Europa, puesto que habían realizado inversiones masivas en productos financieros estructurados. Dicho esto, es importante explicar por qué esta crisis afecta más duramente a la Unión Europea, y en particular a la zona euro, que a Estados Unidos.Entre los 28 países de la Unión Europea, 18 de ellos tienen una moneda común, el euro |2|. La UE cuenta con una población de unos 500 millones de habitantes |3|, o sea, casi la mitad de la de China, de África o de la India; dos tercios de la latinoamericana, y un 50 % más que la estadounidense.Se observa una gran desigualdad entre los Estados de la Unión Europea: los países industrializados y más fuertes de la UE son Alemania, el Reino Unido, Francia, los Países Bajos, Italia, Bélgica y Austria; hay once países que provienen de la antigua Europa del Este (tres repúblicas bálticas —Estonia, Letonia y Lituania—, Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Hungría, Bulgaria y Rumania que formaban parte del bloque soviético; Croacia y Eslovenia, que constituían una parte de Yugoslavia); y luego están los países fuertemente afectados por la crisis del euro: Grecia, Portugal, España, Irlanda y Chipre. 

Una disparidad salarial de la que se benefician las grandes empresas privadas
La disparidad salarial es enorme: el salario mínimo legal en Bulgaria (156 euros de salario bruto mensual en 2013) es entre 8 y 9 veces inferior al de países como Francia, Bélgica y los Países Bajos |4|. Pero la desigualdad salarial puede ser también muy grande dentro de un mismo país de la UE. Por ejemplo, en Alemania 7,5 millones de trabajadores se deben contentar con un salario mensual de 400 euros, cuando es normal que sea de más de 1.200 euros (en Alemania no existe un salario mínimo legal nacional).Esta disparidad permite a las grandes empresas europeas ser muy competitivas, en particular las empresas industriales alemanas que trasladan una parte de su producción para que la realicen obreros y obreras de países como Bulgaria, Rumania y otros de Europa central y del Este. Luego se retornan las piezas a Alemania para su ensamblaje y el acabado del producto final. Por último, esos productos, cuyo coste salarial fue comprimido al máximo, se exportan a países de la Unión Europea o al mercado mundial. Hay que subrayar que en el interior de la UE no se pagan tasas de importación/exportación. 

Disparidades reforzadas entre países
La negativa de la UE a desarrollar unas verdaderas políticas comunes para ayudar a los nuevos miembros en la reducción de su desventaja con respecto a los países europeos más fuertes, contribuyó a reforzar unas disparidades estructurales perjudiciales en el proceso de integración. Los tratados europeos fueron concebidos para servir a los intereses de las grandes empresas privadas, que aprovechan la desigualdad de las economías de la Unión para aumentar sus beneficios y reforzar su competitividad.El presupuesto de la Unión Europea es minúsculo, ya que es el uno por ciento (1%) de su producto interior bruto, mientras que el presupuesto normal de un país industrializado representa el 45 o el 50 %, o más, de su PIB. Es el caso del presupuesto federal de Estados Unidos, administrado por Barack Obama, o el de Bélgica, Españao Francia |5|. Para dar una idea de hasta qué punto el presupuesto gestionado por la Comisión Europea es irrisorio baste decir que es comparable al de Bélgica, que tiene 10 millones de habitantes, o sea, una quincuagésima parte de la población de la Unión Europea. Se debe señalar que la política agrícola común representa cerca del 50 % del presupuesto de la UE.
La crisis no fue provocada por la competencia exterior
La crisis no se debe a la competencia de China, Corea del Sur, Brasil, la India o de otras economías de países en desarrollo.En el curso de los últimos diez años, Alemania (así como los Países Bajos y Austria) se lanzó a una política neomercantilista: logró aumentar sus exportaciones especialmente en el interior de la Unión Europea y de la eurozona, reduciendo los salarios de sus propios trabajadores |6|. Ganó así competitividad con respecto a sus socios, y especialmente frente a países como Grecia, España, Portugal, Italia (que participan de la Eurozona) e incluso Rumania o Hungría. Éstos vieron como se instalaba o se profundizaba su déficit comercial con respecto a Alemania y a otros países del Centro.
El euro como camisa de fuerza
Cuando se implantó el euro, la moneda alemana fue subvaluada (a pedido de Alemania) y, en cambio, las monedas de los países más débiles fueron sobrevaluadas. Esto hizo más competitivas las exportaciones alemanas en el mercado de los otros países europeos, y los más débiles de entre ellos resultaron particularmente afectados (Grecia, Portugal, España, países de Europa Central y del Este…)En general, el endeudamiento de los países de la periferia de la Unión Europea se debe esencialmente al comportamiento del sector privado (la banca, las empresas de construcción inmobiliaria, el resto de la industria y el comercio). Incapaces de competir con las economías más fuertes, los sectores privados se endeudaron con los bancos del Centro (Alemania, Francia, Países Bajos, Bélgica, Austria, Luxemburgo…) y también con agentes internos, habiéndose financiarizado ampliamente la economía de estos países después de la adopción del euro. El consumo experimentó un boom en los países periféricos, y en algunos de ellos (por ejemplo España) se desarrolló una burbuja inmobiliaria que finalmente estalló. Además, los gobiernos de estos países acudieron en auxilio de sus bancos, lo que provocó un fuerte aumento de la deuda pública.Evidentemente, los países que integran la Eurozona no pueden devaluar sus monedas porque adoptaron el euro. Estados como Grecia, Portugal o España se encuentran así en un brete a causa de su pertenencia a la Eurozona. Las autoridades europeas y sus gobiernos nacionales aplican entonces lo que se denomina una devaluación interna: imponen la reducción de los salarios en gran beneficio de los dueños y directivos de las grandes empresas privadas. La devaluación interna es por consiguiente sinónimo de reducción de salarios, y se utiliza para aumentar la competitividad. Sin embargo, se comprueba su muy poca eficacia para recuperar el crecimiento económico, ya que las políticas de austeridad y de represión salarial se aplican en todos los países. En cambio, los dueños de las empresas están satisfechos pues hacía mucho tiempo que deseaban reducir radicalmente los salarios. Desde este punto de vista, la crisis de la Eurozona, que se agudizó a partir de los años 2010-2011, constituye una ganga para la patronal. El salario mínimo legal ha sido fuertemente reducido en Grecia, Irlanda y otros países.
El mercado único de capitales y la moneda única
Mientras que la crisis surgió en Estados Unidos en 2007, el impacto que tuvo en la Unión Europea fue mucho más violento que en las instituciones políticas y monetarias estadounidenses. De hecho, la crisis que sacude la zona euro no es sorprendente puesto que es un avatar de los dos principios que rigen esta zona: el mercado único de capitales y la moneda única. En una perspectiva más amplia, la crisis es la consecuencia de las lógicas que dominan la integración europea: la preeminencia que se da a los intereses de las grandes empresas industriales y financieras privadas, la importante promoción de los intereses privados, el desarrollo de la competencia, en el interior del espacio europeo, de economías y productores con fuerzas totalmente desiguales, la voluntad de retirar de los servicios públicos un número creciente de sectores, el desarrollo de la competencia entre asalariados que implica el rechazo a la unificación, utilizando los estándares más altos, de los sistemas de seguridad social y de la normativa laboral, para ampliar la protección de los trabajadores. Todo esto persigue un objetivo preciso, el de favorecer la acumulación máxima de beneficios privados, especialmente al poner a disposición del Capital una mano de obra lo más maleable y precaria posible.
El monopolio del crédito a los Estados está reservado a los bancos privados
Frente a esta explicación, podríamos replicar que estas lógicas dominan también ampliamente la economía de Estados Unidos. Por lo tanto, también se debe tener en cuenta otros factores: mientras que las necesidades de crédito de los gobiernos de los países desarrollados, entre los cuales el de Estado Unidos, se pueden satisfacer mediante su Banco Central —en particular por la intermediación de la creación de moneda— los países miembros de la Eurozona han renunciado a esta posibilidad. De acuerdo a sus estatutos, el Banco Central Europeo tiene la prohibición de financiar directamente a los Estados. Además, en virtud del Tratado de Lisboa, la solidaridad financiera entre los Estados miembros esta formalmente prohibida. Según su artículo 125, los Estados deben asumir en solitario sus compromisos financieros, y ni la Unión Europea ni los otros Estados pueden responsabilizarse de ellos |7|. El artículo 101 del tratado de Maastricht |8|, retomado integralmente por el Tratado de Lisboa |9|, agrega: «Le está prohibido al BCE y a los bancos centrales europeos de los Estados miembros […] conceder descubiertos o cualquier otro tipo de crédito a las instituciones u órganos de la Comunidad, a las administraciones centrales, a las autoridades regionales, a otras autoridades públicas.»La UE se coloca por lo tanto voluntariamente al servicio de los mercados financieros ya que, en tiempos normales, los gobiernos de los países de la Eurozona dependen totalmente del sector privado para su financiación.Los inversores institucionales (bancos, fondos de pensiones, aseguradoras) y los hedge funds se precipitaron sobre Grecia en 2010, que era el eslabón más débil de la cadena europea de endeudamiento, antes de atacar Irlanda, Portugal, España e Italia. Actuando de esa manera, esos inversores realizaron grandes beneficios ya que obtuvieron de esos países una remuneración importante por los tipos de interés que exigieron a los poderes públicos para refinanciar sus deudas. Entre estos inversores institucionales (los zinzins), se encuentran los bancos privados que consiguieron máximos beneficios al poder financiarse directamente por medio del BCE, obteniendo préstamos al 1 % de interés |10|, mientras estos mismos bancos prestan a Grecia, a tres meses, con un tipo de interés del 4 o 5 %. Al lanzar sus ataques sobre los eslabones más débiles, los bancos y otros zinzins estaban también convencidos de que el BCE y la Comisión Europea deberían, de una u otra manera, ir en ayuda de los Estados víctimas de la especulación, prestándoles los capitales que les permitiera proseguir con los reembolsos. Y no se equivocaron. En colaboración con el FMI, la Comisión Europea cedió y otorgó préstamos, por medio de los fondos europeos de estabilidad financiera (FEEF) y del mecanismo europeo de estabilidad (MEDE), a algunos Estados miembros de la Eurozona (Grecia |11|, Irlanda, Portugal y Chipre) para que puedan prioritariamente pagar sus deudas a los bancos privados de los países más fuertes de la UE. Por consiguiente, la UE no respetó la letra del artículo 125 del Tratado de Lisboa citado anteriormente. Pero sí que respetó el espíritu neoliberal de ese Tratado: en efecto, el FEEF y el MEDE toman prestado de los mercados financieros el dinero que a su vez prestan a los Estados. Además, exigen unas condiciones draconianas para conceder esos préstamos: privatizaciones, reducciones de salarios y de pensiones, despidos en los servicios públicos, reducción de los gastos públicos en general, y sociales en particular.Un pequeño recordatorio: mientras que los reglamentos de la UE no permiten que el BCE preste a los Estados de la UE, la situación es muy diferente en Estados Unidos donde la Reserva Federal presta una media de 40.000 millones de dólares por mes a la administración de Obama mediante la compra de bonos del tesoro (lo que representa 480.000 millones de dólares por año). Asimismo, en el Reino Unido, que no forma parte de la Eurozona, el Banco de Inglaterra presta masivamente al gobierno británico. Las reglas aplicadas en la zona euro vuelven la crisis mucho más grave que en Estados Unidos o en el Reino Unido.
Políticas que profundizan la crisis
Desde 2010, las políticas aplicadas por la CE y los gobiernos nacionales sólo han profundizado la crisis y esto es particularmente cierto en los países más débiles de la Eurozona. Al comprimirse la demanda pública y la demanda privada, los recursos del crecimiento económico se redujeron, en la práctica, a la nada. La política de los dirigentes europeos no es un fracaso desde el punto de vista de los patronos. Los dirigentes europeos de los países más fuertes y la patronal de las grandes empresas se felicitan de la existencia de una zona económica, comercial y política común donde las transnacionales europeas y las economías del Centro de la zona euro sacan provecho de la debacle de la Periferia para reforzar la ratio de rentabilidad de las empresas, y obtener logros, en términos de competitividad, en relación a sus competidores estadounidenses y chinos. Su objetivo, en el estadio actual de la crisis, no es el de relanzar el crecimiento y reducir las asimetrías entre las economías fuertes y débiles de la UE. Por otro lado consideran que la debacle del Sur se traducirá en oportunidades para privatizaciones masivas de empresas y de bienes públicos a precio de saldo. La intervención de la Troika y la complicidad activa de los gobiernos de la Periferia los ayudan. El gran Capital de los países periféricos es favorable a estas políticas ya que cuenta con obtener una parte del pastel que codiciaba desde hace años. Las privatizaciones de Grecia y de Portugal prefiguran lo que le llegará a España e Italia, donde los bienes públicos que se podrían adquirir son mucho más importantes, vista la talla de esas economías.Considerar que la política de los dirigentes europeos es un fracaso porque el crecimiento económico no ha vuelto, es una gran equivocación en el criterio de análisis utilizado. Efectivamente, los objetivos perseguidos por la dirección del BCE, por la Comisión Europea, por los gobiernos de las economías más fuertes de la UE, por las direcciones de los bancos y de otras grandes empresas privadas, no es ni la vuelta rápida al crecimiento ni la reducción de las asimetrías en el seno de la Eurozona y de la UE, que conseguiría un conjunto más coherente, donde sería posible el retorno de la prosperidad.Sobre todo no se debe olvidar un factor fundamental: la capacidad de los gobernantes, que se pusieron dócilmente al servicio de los intereses de las grandes empresas privadas, para actuar de acuerdo con lo que éstas quieren o para gestionar una situación de crisis. El estrecho lazo entre los gobiernos y el gran Capital ya ni siquiera se disimula. A la cabeza de varios gobiernos, colocados en puestos ministeriales importantes y en la presidencia del BCE, encontramos hombres provenientes directamente de las grandes finanzas, comenzando por el banco de negocios Goldman Sachs. Algunos políticos de primera fila son recompensados por un puesto en un gran banco o en una gran empresa una vez que cumplieron con sus buenos oficios para con el gran Capital. No es nuevo pero es más evidente y habitual que en el transcurso de los últimos 50 años. Se puede hablar de verdaderos y transparentes vasos comunicantes.
Los efectos sociales de la crisis
Lo que están viviendo actualmente los trabajadores y las personas que reciben ayudas de los servicios sociales en Grecia, Portugal, Irlanda y España fue impuesto a los trabajadores de los países en desarrollo durante la crisis de la deuda de los años 1980-1990. En el transcurso de la década de los 80, la ofensiva también había afectado a los trabajadores de América del Norte a partir de la presidencia de Ronald Reagan, de Gran Bretaña bajo la férula de Margaret Thatcher—la Dama de hierro—, y los de sus émulos del viejo continente. Los trabajadores del ex bloque del Este también estuvieron sometidos durante los años 90 a las brutales políticas impuestas por sus gobiernos y el FMI. A continuación, y ciertamente de una manera mucho menos brutal que la que afectó a los pueblos del Tercer Mundo (desde los más pobres hasta las llamadas economías emergentes), la ofensiva tomó como objetivo a los trabajadores de Alemania a partir de 2003-2005. Los nefastos efectos para una significativa parte de la población alemana se sienten incluso ahora, aunque el éxito de las exportaciones alemanas |12| limite la cantidad de desempleados y que una parte de esa clase obrera no sufra directamente las consecuencias.Durante los años 2012 y 2013, la crisis se agravó en Grecia, Irlanda, Portugal y España debido a las políticas de austeridad brutal aplicadas por gobiernos cómplices de las exigencias de la Troika. En Grecia, la caída acumulada del PIB desde el comienzo de la crisis alcanza el 25 %. El poder adquisitivo de una gran mayoría de la población se redujo de un 30 a un 50 %. El desempleo y la pobreza literalmente explotaron. Mientras que en marzo de 2012, todos los grandes medios de comunicación se alinearon con el discurso oficial que afirmaba que la deuda había sido reducida a la mitad |13|, la realidad era bien distinta: la deuda pública griega que representaba el 130 % del PBI en 2009 y el 157 % en 2012, después de la anulación parcial de la deuda, alcanzó una nueva cumbre en 2013: el 175 %. La tasa de desempleo que era del 12,6 % en 2010 se eleva en 2013 al 27 % (siendo del 50 % para los jóvenes de menos de 25 años). En Portugal, las medidas de austeridad son tan violentas y la degradación económica es tan grave que un millón de portugueses se manifestaron espontáneamente el 15 de septiembre de 2012, cifra que sólo se había alcanzado el 1 de mayo de 1974 para festejar la victoria de la Revolución de los claveles. El fracaso de la política de austeridad provocó una crisis gubernamental. En Irlanda, de la que los medios de comunicación hablan mucho menos, el desempleo alcanzó proporciones enormes y produjo el éxodo de 182.900 jóvenes de entre 15 a 29 años, que abandonaron el país después del estallido de la crisis de 2008. Un tercio de los jóvenes que tenían un empleo antes de la crisis, ahora se encuentra desempleado. El rescate bancario representó hasta ahora más del 40 % del PIB (cerca de 70.000 millones de euros sobre un PIB de 156.000 millones de euros en 2011). El retroceso de la actividad económica llegó a un 20 % desde 2008. El gobierno de Dublín reiteró que suprimiría 37.500 puestos de trabajo en el sector público hasta 2015. En España la tasa de desempleo alcanza el 50 % entre los jóvenes. Desde el comienzo de la crisis, 350.000 familias fueron expulsadas de sus viviendas debido a los impagos hipotecarios. En 2012, el número de familias en las que todos sus miembros estaban desempleados aumentó en 300.000 para alcanzar un total de 1,7 millones, o sea el 10 % de todas las familias de España. La situación se degrada de manera continua en los países del ex bloque del Este miembros de la UE, comenzando por los que se adhirieron a la Eurozona.
Una Europa de los pueblos y de la solidaridad internacional
Únicamente mediante poderosas movilizaciones populares se podrá acabar con la estrategia de las clases dominantes. Es imprescindible que los movimientos populares construyan una estrategia continental. En todos lados, el pago de la deuda pública es el pretexto invocado por los gobernantes para justificar políticas que atacan los derechos económicos y sociales de una aplastante mayoría de la población. Si los movimientos sociales y, entre ellos, los sindicatos quieren afrontar victoriosamente esta devastadora ofensiva, es necesario atacar la cuestión de la deuda pública de forma radical con el fin de sacarle al poder su argumento principal. La anulación de la parte ilegítima de la deuda pública, el abandono de las políticas de austeridad, la imposición masiva al gran capital, la expropiación de los bancos para integrarlos en un servicio público del ahorro y del crédito, la reducción del tiempo de trabajo, el fin de las privatizaciones y el refuerzo de los servicios públicos son medidas esenciales de un programa alternativo a la gestión capitalista de la crisis |14|.Su implantación puede comenzar paulatinamente, país a país, pero el proceso no se podrá detener en las fronteras nacionales. Se necesitará una auténtica constituyente de los pueblos de Europa con el fin de abrogar una serie de tratados europeos y hacer nacer una federación donde la garantía de los derechos humanos en todas sus dimensiones será el principal objetivo. Simultáneamente, será necesario practicar una política de ruptura con el modelo productivista consumista con el objetivo de respetar la naturaleza y sus límites. Surgirá, en el curso de este proceso, una Europa de los pueblos que debe recomenzar de cero sus relaciones con el resto del mundo, restituyendo a las poblaciones de otros continentes, víctimas de siglos de expolio y de dominación europea, lo que se les debe. Eric Toussaint. Traducción de G. Piñero y R. Quiroz.
Notas:
|1| Este texto proviene de la conferencia pronunciada por Eric Toussaint el 31 de octubre de 2013 en la Facultad de Etnología de la Universidad de Port au Prince (Haití) sobre el tema de la crisis del euro. El autor agradece a Michel Charles las notas tomadas, que alentaron la redacción de este texto.
|2| La zona euro fue creada en 1999 por once Estados: Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal. Más tarde se incorporaron Grecia en 2001, Eslovenia en 2007, Chipre y Malta en 2008, Eslovaquia en 2009, Estonia en 2011 y Letonia lo hará el 1 de enero de 2014.
|3| http://fr.wikipedia.org/wiki/D%C3%A...
|4| Véase http://epp.eurostat.ec.europa.eu/st... con datos hasta 2013
Ver también: http://www.inegalites.fr/spip.php?a..., que contiene datos que lamentablemente sólo llegan a 2011.
|5| Ver http://epp.eurostat.ec.europa.eu/tg...
|6| Véase Eric Toussaint, «Le couperet sur les acquis sociaux: l’exemple allemand», http://cadtm.org/IMG/pdf/06.pdf
|7| Artículo 125 del Tratado de Lisboa (2009): «La Unión no asumirá ni responderá de los compromisos de los Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de los Estados miembros, sin perjuicio de las garantías financieras mutuas para la realización conjunta de proyectos específicos. Los Estados miembros no asumirán ni responderán de los compromisos de los Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de otro Estado miembro, sin perjuicio de las garantías financieras mutuas para la realización conjunta de proyectos específicos.» (El subrayado es nuestro).
|8| Se trata del Tratado constituyente de la Comunidad Europea
|9| Artículo 123 del Tratado sobre el funcionamiento de la Unión Europea.
|10| Desde mayo de 2013, el tipo de interés al que el BCE presta a los bancos se redujo al 0,5 %. Luego, el 7 de noviembre de 2013, Mari Draghi anunció la caída del tipo de interés de los préstamos del BCE al 0,25 %. Hay que agregar que el BCE suavizó sus exigencias de calidad (calificación) de los títulos aportados por los bancos como garantía para obtener liquidez. En efecto, el umbral mínimo de calificación de los títulos admitidos por el BCE está suprimido «¡hasta nueva orden!»
|11| En el caso de Grecia hay además prestamos bilaterales otorgados por países de la eurozona.
|12| Alemania tuvo un crecimiento económico debido a sus exportaciones mientras que la mayoría de sus socios de la UE y, en particular, de la Eurozona sufren duramente la crisis. Visto que en toda la UE se asiste a un descenso de la demanda de las familias descrita antes, a la que se agrega una reducción de la demanda pública, las salidas para las exportaciones alemanas se reducen claramente. El efecto bumerán sobre la economía alemana ya se está produciendo.
|13| El CADTM denunció desde el comienzo la maniobra de propaganda de la Troika y del gobierno griego. Véase «Le CADTM dénonce la campagne de désinformation sur la dette grecque et le plan de sauvetage des créanciers privés », http://cadtm.org/Le-CADTM-denonce-l..., publicado el 10 de marzo de 2012. Véase también Christina Laskaradis «La Grèce a déjà fait défaut aux conditions des créanciers; leur crainte est de voir celle-ci imposer ses propres conditions», http://cadtm.org/La-Grece-a-deja-fa... , publicado el 31 de mayo de 2012.
|14| Para tener un desarrollo de estas propuestas véase: Damien Millet, Éric Toussaint: «Europa: ¿Qué programa de urgencia frente a la crisis? http://cadtm.org/Europa-Que-program..., 22 de junio de 2012. Véase también: Thomas Coutrot, Patrick Saurin y Éric Toussaint: ''Anular la deuda o gravar al capital: ¿Por qué elegir?'' 

24 nov 2013

El mito del crecimiento económico (3 de 3)

3.Nuevas vías para una nueva Europa                 
3.1. Lo primero, cambiar de vía. 

“Para ir hacia la metamorfosis, es preciso cambiar de vía (…) ¿Cómo?. Todo empieza siempre con una iniciativa, una innovación, un nuevo mensaje inconformista y marginal, que muchas veces sus contemporáneos no perciben (…) En nuestra época debería fraguarse un replanteamiento, más profundo, incluso, que el del Renacimiento. Hay que repensarlo todo. Debemos volver a empezar. De hecho, todo ha empezado ya, pero sin que lo advirtamos. Estamos en el estadio de unos preliminares modestos, invisibles, marginales y dispersos. Ya existen, en todos los continentes y en todas las naciones, una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales que avanzan en el sentido de la regeneración económica, social, política, cognitiva, educativa, étnica o existencial. Pero todo lo que debería estar relacionado se encuentra disperso, separado, compartimentado. Estas iniciativas no están relacionadas entre sí, ninguna administración las tiene censadas, ningún partido toma nota de ellas. Pero son la cantera del futuro. Se trata de reconocerlas, de censarlas, de cotejarlas, de incluirlas en un repertorio, para abrir, así, una pluralidad de caminos reformadores. Son vías múltiples que, desarrollándose conjuntamente, podrán conjugarse para formar la nueva Vía, que descompondrá la que estamos siguiendo y nos dirigirá hacia la metamorfosis, todavía invisible e inconcebible. La salvación ha empezado por la base” (Morin, 2011, 33-34).A lo largo y ancho del mundo existen experiencias transformadoras que atacan a la raíz del capitalismo salvaje que lo envuelve todo. Cada una de ellas marca sus tiempos, por lo que no cabe esperar una explosión de todas ellas a la vez. Hay que empezar a vivir y organizarse de otra manera más cooperativa, comenzar la transformación y estar preparados ante un cambio brusco que pudiera precipitarse en medio del colapso social y ambiental hacia el que nos dirigimos.¿Es posible afrontar una “transición ordenada” desde el actual desorden económico internacional hacia un nuevo marco de relaciones humanas basado en la cooperación entre los diferentes pueblos y comunidades de la Tierra? Es preciso intentarlo, desde ya. Aún a sabiendas de que el impulso de dicha transición no cabe esperarla de la mano de las actuales megaestructuras estatales y empresariales, que hoy por hoy forman el tándem perfecto para seguir apuntalando el capitalismo del shock y de la rapiña. Toca afrontar un cambio de civilización, y la UE puede apostar por él o aferrarse a la desesperanza que actualmente todo lo envuelve.
3.2. La regeneración del pensamiento político y de la democracia
Europa sigue viviendo, Consejo tras Consejo, en la creencia de que no hay alternativas a sus dogmas neoliberales, economicistas y elitistas. Como mucho, llega a reconocer a rebufo del FMI que su política frente a la actual crisis es inhumana y que no sirve para impulsar la recuperación económica y social, pero a la hora de tomar decisiones no hace lo más mínimo por experimentar otras soluciones, y se obceca en posturas inmovilistas. 

No le vendría mal a la Unión Europea leer a Edgar Morin (2011, 44-45) cuando señala que:“La clase política se contenta con informes de expertos, estadísticas y sondeos. Ya no tiene un pensamiento. Ya no tiene cultura (…) Ignora las ciencias humanas. Ignora los métodos que serían aptos para concebir y tratar la complejidad del mundo, para vincular lo local con lo global, lo particular con lo general. Privada del pensamiento, la política va a remolque de la economía (…) Ésta cree resolver los problemas políticos y humanos mediante la competencia, la desregularización, el crecimiento, el aumento del PIB y, en caso de crisis, el rigor, es decir, los sacrificios impuestos a los pueblos. Y al igual que la lechuza huye del sol, la clase política rehúye cualquier pensamiento que pueda iluminar los cambios del bien común”.Planteando la interrogante disyuntiva entre “¿Democracia y capitalismo?”, Boaventura de Sousa Santos (2013) afirma que “El capitalismo sólo se siente seguro si es gobernado por quien tiene capital o se identifica con sus necesidades, mientras que la democracia, por el contrario, es el Gobierno de las mayorías que ni tienen capital ni razones para identificarse con las necesidades del capitalismo. El conflicto es distributivo: un pulso entre la acumulación y concentración de la riqueza por parte de los capitalistas y la reivindicación de la redistribución de la riqueza por parte de los trabajadores y sus familias. La burguesía ha tenido siempre pavor a que las mayorías pobres tomasen el poder y ha usado el poder político que las revoluciones del siglo XIX le otorgaron para impedir que eso ocurriese. Ha concebido la democracia liberal como el modo de garantizar eso mismo a través de medidas que pudieran cambiar en el tiempo, pero manteniendo el objetivo”.Así, corresponde a la UE reinventarse, sustituyendo los actuales principios de centralización, jerarquía y especialización por los de descentralización, horizontalidad y globalidad. Ello permitiría otorgar el poder a la ciudadanía que lo ejercería de abajo hacia arriba, partiendo de las comunidades locales como núcleo fundamental de organización social, política y económica, que en su actividad diaria puede relacionarse en condiciones de igualdad con otras instancias territoriales más amplias. Algo en todo caso muy distinto al actual esquema de arriba abajo que prima en las relaciones entre la UE y el resto de administraciones públicas. Hay una frase en el argot político que simboliza a la perfección unas relaciones políticas marcadas por la jerarquía y la dependencia: “Esta política que aplicamos nos viene impuesta por Bruselas”. Así, una administración pública (la UE) que debiera relacionarse en un plano de igualdad con las restantes, aparece la mayoría de las veces como una suerte de oráculo que marca el camino a seguir, frente al cual no cabe el debate argumentado de ideas. Aquí es cuando los famosos “hombres/mujeres de negro” de la troika se convierten en simples brazos ejecutores del gran capital, que como apisonadoras son capaces incluso de desmontar un referéndum popular (máxima expresión de la soberanía del pueblo) cuando un país de la periferia de la zona euro se plantea llevarlo a cabo para conocer la opinión de sus ciudadanos/as respecto a las políticas más convenientes a aplicar. 

3.3. Europa no es el ombligo del mundo: de la Vieja Europa a la Madre-Tierra
Europa ha sido la cuna de la democracia y del humanismo, pero también del capitalismo imperialista que esclaviza a sus propios ciudadanos/as y a los de otros pueblos. El futuro, o será de esperanza para toda la humanidad, o será de angustia y precariedad tanto para opresores como para oprimidos….“La política de la humanidad implicaría superar la idea de desarrollo, incluso de desarrollo sostenible (que hemos comentado anteriormente), y, en consecuencia, rechazar la idea de subdesarrollo. Calificamos de subdesarrolladas a unas culturas que poseen conocimientos, técnicas (médicas, por ejemplo), sabidurías y artes de vivir a menudo ausentes o desaparecidos entre nosotros; entrañan riquezas culturales, incluyendo sus religiones de bellas mitologías, que, en algunos casos, no participan de los fanatismos de las grandes religiones monoteístas, sino que preservan la continuidad de los linajes a través del culto a los antepasados, mantienen una ética comunitaria y una relación de integración con la naturaleza y el cosmos. No se trata aquí de idealizar las sociedades tradicionales, que tienen sus carencias, su cerrazón, sus injusticias y sus autoritarismos. Hay que considerar sus ambivalencias, y, por lo tanto, ver también sus cualidades. Por otro lado, debemos tener en cuenta todas las contradicciones del desarrollo y promover los aspectos positivos de la occidentalización (los derechos del hombre y de la mujer, las autonomías individuales, la cultura humanista, la democracia). Estos elementos positivos pueden y deben fecundar una política de la humanidad” (Morin, 2011, 48).Europa sólo puede entablar relaciones de cooperación y apoyo mutuo con el resto de los pueblos del mundo partiendo del respeto absoluto a sus diferencias y a la conservación de los recursos naturales de sus territorios. Todo lo contrario de los conflictos bélicos en los que últimamente se ha embarcado la UE (Afganistán, Irak, Libia, Mali), cuyo objetivo último no era la liberación de la opresión de ciertos pueblos, sino más bien hacerse con el control de recursos energéticos estratégicos. Así, convengo con Arthur M. Okun (1975, 119-120) en que “los derechos y poderes que el dinero no debería comprar deben ser protegidos con regulaciones y sanciones específicas (...) Una sociedad capitalista democrática se esforzará por buscar mejores métodos para trazar los límites entre el dominio de los derechos y el dominio de los dólares”
3.4. Europa debe dejar de ser un territorio subdesarrollado
En el curso 1989-1990 los profesores Tomás Carpi y Jordán Galduf me impartieron la asignatura Política Económica de los Países Subdesarrollados en la Universitat de València. Seguíamos el manual de Michael Todaro (El desarrollo económico del Tercer Mundo) y el ensayo de Raúl Prebisch (Capitalismo periférico). Aprendí que las dos últimas décadas del siglo XX fueron de retroceso en los ámbitos social y político para buena parte de los países empobrecidos del mundo. De la mano del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se habían aplicado en muchos de estos países políticas de ajuste que los habían atenazado y hundido en el agujero negro de la pobreza y la dependencia. En definitiva, que el capitalismo no es un sistema que introduzca paulatinamente a los diferentes pueblos de la Tierra en las vías de la prosperidad y la democracia. Más bien al contrario, cabe hablar de un esquema centro-periferia, de manera que los países empobrecidos y “atrasados” se insertan en él bajo relaciones de dependencia y dominación por parte del gran capital transnacional.Hace casi un cuarto de siglo, el FMI campaba a sus anchas por los territorios más débiles del planeta, obligándoles a tomar una medicina (las políticas de ajuste) que les condenaban a la postración. Desde entonces, algunos países de América Latina se han sacudido ese yugo, y han emprendido aventuras con otros compañeros de viaje. Más ahora, el FMI ha aterrizado en Europa, y junto al Banco Central Europeo y la Comisión Europea, dictan a los gobiernos las políticas a aplicar, que siguen siendo de ajuste, claro, porque no se les conocen posturas alternativas más allá del pensamiento único neoliberal.Y de vez en cuando, en nuestra vieja Europa, afloran informes…incluso del propio FMI, que nos hacen caer en la cuenta de que la austeridad mata y propaga el dolor y la angustia de mucha gente, porque no se había tenido en cuenta adecuadamente el efecto multiplicador negativo sobre el nivel de renta asociado a un recorte de los gastos públicos, porque la austeridad y la reducción rápida del déficit público a toda costa impulsa el desempleo y la caída del consumo y la inversión…como si todo ello no se conociera ya a partir de las enseñanzas de Keynes y la Gran Recesión de los años 30.Lo peor de todo es que aunque por propios y extraños se reconoce el fracaso absoluto de las políticas de la troika en los países periféricos del euro (especialmente los rescatados Grecia, Portugal, Irlanda y España), no se ha cambiado ni un ápice el contenido de dichas políticas más allá de una irrelevante y cicatera ampliación de dos años del plazo para que algunos países alcancen el objetivo del 3% de déficit público respecto al PIB.En palabras de León Bendesky (2013), “La reciente disputa surgida entre la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) y sus socios de la llamada troika, que incluye a la Comisión Europea (CE) y al Banco Central Europeo (BCE), es más que una trifulca burocrática. Indica el desconcierto con que se ha actuado ante la bárbara crisis que azota Europa y, en especial, la zona euro. Tal desconcierto no es sólo de índole intelectual o profesional, sino representa un falta de capacidad de gobierno y gestión de la economía. La burocracia internacional del FMI y del BCE está muy rezagada respecto de la naturaleza estructural de la crisis y sus repercusiones en el terreno del trabajo, la producción y la organización de las finanzas (…) Lo que está ocurriendo en Europa (…) Es la descomposición social y política, que en buena medida parece replicar muchos elementos de lo sucedido en el periodo de entreguerras”.Cuando intereses particulares se interponen y fuerzan cambios en el rumbo de las políticas públicas que las alejan de la satisfacción de las necesidades básicas de las personas, calificamos de subdesarrollada a esa sociedad, por su incapacidad de facilitar una vida digna a su ciudadanía. La Unión Europea, para dejar de ser el territorio subdesarrollado en el que se ha convertido, debe comenzar por romper los lazos de dependencia o los hilos de manipulación de la marioneta que es en la actualidad. Las estructuras de gobierno no tienen otra razón de ser más que la mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la gente.
3.5. La Tierra no está en venta: contra los Tratados de Libre Comercio
De manera machacona se nos repite hasta la extenuación que la liberalización comercial entre países favorece a todas las partes que intervienen en dicho proceso. Que la especialización productiva y el posterior intercambio permite maximizar la renta, la riqueza y el empleo[1]. Y aquí, como en multitud de ejemplos más, vienen al caso las palabras de Eduardo Galeano cuando nos recuerda que “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”. ¿Por qué lo llaman comercio cuando deberían decir rapiña?.Y en este ámbito, la Unión Europea, en vez de defender posiciones que alienten y respeten los territorios y los intereses de la mayoría de los ciudadanos/as, se echa en brazos de Estados Unidos y de la noche a la mañana anuncian el inicio de conversaciones con el fin de aprobar un Tratado de Libre Comercio (TLC). Bueno, para que suene más suave quieren llamarlo “Acuerdo de asociación transatlántica para el comercio y la inversión” (TTIP: Transatlantic Trade and Investment Partnership).Jean-Luc Mélenchon (2013) señala respecto al TLC EEUU-UE que “Este vasto proyecto de liberalización de intercambios e inversiones, conoce en este momento una aceleración espectacular, sin que ningún pueblo europeo lo haya acordado y ningún gobierno lo haya nunca incluido en su programa electoral (…) Como los tratados confieren a la Comisión una competencia exclusiva en materia comercial, el Parlamento Europeo carece de potestad para contravenir ese mandato (…) Esta operación liberalizadora conlleva muchos matices. En primer lugar, “supresión total de derechos de aduana” para los productos industriales y agrícolas. Ya sobre este asunto, el acuerdo es peligroso para los europeos: según cifras de la Comisión, la tasa media aduanera es del 5,2% en la UE y del 3,5% en USA. Eso significa que si los derechos caen a cero, USA obtendrá un provecho 40% superior al de la Unión. Esa ventaja para los productos fabricados en EEUU será amplificada por la debilidad del dólar frente al euro. Y este desequilibrio será multiplicado por la debilidad ecológica y social de los costes de producción USA. En tales condiciones, aunque sólo sea por este aspecto cuantitativo, el acuerdo será una máquina de deslocalizar, que agravará el paro (…) Para liberalizar el acceso a los mercados, UE y USA deberán hacer converger sus reglamentaciones en todos los sectores, pues las normas más duras son consideradas como obstáculos al libre comercio. Pero, contrariamente a lo que afirman la Comisión (…) USA y Europa no tienen “normas de un rigor análogo, en materia de empleo y de protección del medio ambiente.” En efecto, los EEUU están hoy fuera de los principales cuadros de derecho internacional en materia ecológica, social y cultural; no suscriben muchas de las convenciones importantes de la OIT sobre derechos del trabajo; no aplican el protocolo de Kyoto contra el calentamiento climático y rechazan la convención para la biodiversidad, así como la de UNESCO sobre la diversidad cultural, y otros compromisos que los países europeos sí han firmado. Los modelos normativos estadounidenses son, en la mayoría de los casos, menos constrictores que los europeos. Un mercado común EEUU-UE liberalizado, tiraría entonces toda Europa hacia abajo (…) Veamos ahora la lista de estragos previsibles. El primer impacto negativo será ecológico. El proyecto cuenta con las exportaciones como solución para relanzar la actividad y se opondrá a toda política que pueda permitir la reducción de la huella humana sobre la exósfera. Por el contrario, al aumentar el tráfico mercantil aéreo y marítimo a través del Atlántico, el esperado incremento de las exportaciones hará también aumentar las emisiones de gas de efecto invernadero (…) En razón de las diferencias mencionadas, este acuerdo será también una incitación al peor productivismo en detrimento de la calidad social y ecológica de los productos (…) Y a quienes esperaban que los servicios públicos fueran excluidos, hay que precisar que ‘el acuerdo concierne también a los monopolios públicos, las empresas públicas y aquellas con derechos específicos o exclusivos’ como también a ‘la apertura de mercados públicos a todos los niveles administrativos, nacionales, regionales y locales’  (…) de hecho este tratado será una anexión de Europa por los EEUU, no quedará nada del ideal europeo. Será una renuncia a la soberanía de los pueblos. Y no solo se destruirá nuestro presente sino que nuestro futuro quedará en suspenso, pues ¿cómo plantearse, después, objetivos europeos de armonización salarial o fiscal, o de cooperación reforzada, que son obstáculos característicos para la libre competencia?”.
3.6. Más ecología y más política
Víctor M. Toledo (2013) apunta con desbordante sentido común que “Si estamos inmersos en una crisis de civilización, tesis formulada hace dos décadas hoy casi unánimemente aceptada, las vías para superarla no pueden venir sino de posiciones críticas inéditas, construidas desde nuevas epistemologías, y que conllevan una praxis política totalmente diferente a la asumida por los movimientos de vanguardia, incluyendo los más avanzados. Hasta donde alcanzo a mirar, la única corriente que logra realizar una crítica completa a la civilización moderna es aquella que, sin proponérselo, se finca en lo que podemos denominar una ecología política. Ésta parte de un principio formulado en la década de los setenta por G. Skirbekk (Ecologie et marxisme, L’Espirit, 1974): la transformaciones sociales ya no pueden explicarse a partir de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, sino entre esas y las fuerzas de la naturaleza.(…) Construir el poder social supone organizar en la vida cotidiana la emancipación civilizatoria. Casi cada institución procreada bajo la lógica del capital puede hoy ser confrontada por instituciones alternativas, las cuales requieren de una sencilla fórmula secreta: resistencia y organización social en plena solidaridad y alianza con la naturaleza. Frente a las empresas y corporaciones existen las cooperativas donde no hay patrones, sólo socios. Frente a los bancos (basados en la usura) aparecen las cajas de ahorro y los bancos ciudadanos. Frente a la producción agroindustrial de gran escala la pequeña producción familiar o comunitaria fincada en la agroecología. Frente a la circulación desbocada de las mercancías las redes de intercambio directo y en corto entre productores y consumidores, y la autosuficiencia local, municipal, regional. Frente a los megaproyectos los diseños de pequeña escala. Frente a la especulación financiera, la creación de monedas alternativas y el trueque. En fin, frente a una racionalidad basada en el individualismo, la competencia y la acumulación de riqueza material, una ética fundada en la solidaridad, la reciprocidad, el bien colectivo y la supervivencia de la especie”.La UE debe proponer y defender unas nuevas reglas y relaciones comerciales (en el seno de la OMC, o fuera de ésta) donde la competencia a ultranza no se lleve a cabo a costa de los derechos sociales y del medio ambiente. Aunque este planteamiento pareciera revolucionario, no lo es. Esta posibilidad está recogida en el artículo XX del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) del año 1947, que forma parte del acervo legal de la OMC. En concreto, podrán establecerse límites al libre comercio (mediante prohibiciones o tasas arancelarias) cuando existan riesgos para “la protección de la salud y la vida de las personas y de los animales o la preservación de los vegetales” y “la conservación de los recursos naturales agotables”. El Protocolo de Kyoto y la lucha contra el cambio climático serían argumentos de peso para justificar una política antidumping social y ambiental por parte de la UE. A su vez, mediante acuerdos bilaterales deberían implantarse preferencias comerciales en beneficio de los países del Sur que mejor y más deprisa se adapten a las normas internacionales de carácter social y ecológico (Montebourg, 2011, 72-73). La UE tiene a su alcance los instrumentos para cambiar de vía, pero ¿tiene interés en dar ese paso y asumir todas las consecuencias que ello entrañaría?
3.7. Reconciliar lo rural y lo urbano
El fenómeno de la acelerada urbanización que está teniendo lugar tanto en el Norte como en el Sur políticos tiene la otra cara de la moneda en el éxodo rural masivo y el aumento de la desigualdad, visualizado en los contrastes entre los barrios de lujo para los nuevos ricos frente al hacinamiento en los suburbios de la población marginada. Los planes de ajuste estructural, impulsados por el FMI en los países empobrecidos en el último cuarto del siglo XX, tienen mucho que ver en la explicación de este fenómeno perverso.Desgraciadamente, las respuestas políticas a la crisis están golpeando a las zonas rurales por doble vía. Por un lado, los recortes de las políticas públicas en materia de derechos sociales tienen mayor impacto en zonas rurales donde no existe la alternativa de prestación de servicios por la iniciativa privada. Por otro lado, la reforma de las administraciones públicas en el caso de España se está llevando a cabo mediante el desmontaje de los Ayuntamientos (mediano y pequeños), privando así a la ciudadanía rural de una vía cercana y natural de participación en los asuntos públicos. La UE, si es que realmente le preocupa el desarrollo de una democracia de alta intensidad basada en la participación ciudadana en los asuntos públicos, debería exigir a España la retirada de este anteproyecto de ley que eufemísticamente se denomina “para la racionalización y la sostenibilidad de la Administración Local”. Si la UE desde dentro de la troika no ha tenido el más mínimo problema en exigir a los países periféricos del euro reformas legislativas de gran calado social y económico, ¿por qué no procede lo mismo cuando se trata de asuntos que afectan de lleno a la calidad democrática de nuestras sociedades?.En la primitiva Comunidad Económica Europea se unieron los pueblos buscando paz, libertad y dignidad en una Europa arrasada por la guerra y el autoritarismo. Es posible que en el futuro, ciertos estados abandonen la UE de las desigualdades sociales y la tiranía del capital, persiguiendo igualmente la libertad y la dignidad de sus gentes. Los estados, como las personas, permanecemos unidos cuando compartimos objetivos e instrumentos para alcanzarlos, en caso contrario, lo que por mucho tiempo pudimos sentir como propio, llegado un momento puede llegar a parecernos ajeno. En algunas rupturas no hay expulsión, simplemente “mal amor”. Como el título del tango de Malevaje, “No me quieras tanto mi amor, quiéreme mejor”, así le dicen los estados periféricos de la zona euro a la Unión Europea. Gregorio López Sanz. 
[1] Según Vicenç Navarro (2013), “Así se han presentado todos los Tratados de Libre Comercio (TLC) entre EEUU y Australia, Brunei, Chile, Malasia, Nueva Zelanda, Rusia, Singapur, Vietnam y México. El más conocido fue el firmado entre México, Canadá y EEUU, que tenía que haber sido la solución para el futuro de México. La realidad, sin embargo, ha sido muy diferente, y los resultados muy opuestos a los que se profetizaron. En el TLC entre México y EEUU se destruyeron empleos en EEUU y también en México. En EEUU porque se desplazaron puestos de trabajo hacia México. Pero en México también se perdieron puestos de trabajo, ya que los que se ganaron resultado de la movilidad de empresas estadounidenses a México fueron menores que los que se destruyeron como consecuencia de que las economías de escala de las empresas estadounidenses y su fácil acceso al crédito destruyeron muchas empresas pequeñas que no pudieron competir con las grandes estadounidenses. El TLC benefició a empresas grandes muy influyentes de Washington y en la Ciudad de México. Pero dañó a las clases populares y a la clase trabajadora de los dos países, a los dos lados del río Grande. Tal experiencia se ha repetido en todos los casos de TLC (…) De la experiencia de otros TLC con EEUU se puede ya predecir que las medidas tomadas favorecerán intereses muy particulares a costa de los intereses generales. Por ejemplo, el TLC prohibirá el monopolio de los servicios públicos, como la sanidad, exigiendo el desmantelamiento del Servicio Nacional de Salud, eliminando su universalidad. Y todo ello en aras a la necesaria “competitividad y libre comercio”. Y veremos cómo las élites gobernantes en la UE (que ya están tomando medidas en esta dirección) darán la bienvenida a estos cambios. Hasta ahora, la excusa para hacer tales cambios (como la privatización) era que así lo pedían Bruselas, Berlín o Frankfurt. Ahora se añadirá Washington. Y continuarán haciendo tales cambios con silencio, nocturnidad y alevosía, sin apenas discusión pública. Y a todo ello tendrán la desfachatez de llamarlo democracia”. Ver: ''Parte I''