23 nov 2013

El mito del crecimiento económico (2 de 3)

2. La desglobalización.
Podemos acercarnos a definir el actual estado del capitalismo senil con la reflexión de Bertolt Brecht (1940 aprox.) sobre las relaciones de dominación/sumisión entre pececillos, tiburones y hombres[1] . Y claro, seguro que un deseo compartido por la mayor parte de la humanidad sería el de tratar de alejarnos lo más posible de una situación así, de la que sólo acertamos a hacernos una idea en términos literarios, o quién sabe si ya estamos viviendo en ella. 
2.1. Reflexiones sobre el estado del mundo
Los tiempos que nos tocan vivir, no solo los últimos cuatro años, sino los cinco siglos transcurridos desde el comienzo de la Edad Moderna, han supuesto un auge continuado de las fórmulas de organización social, política y económica vinculadas con un capitalismo oligopolístico e imperialista. Si enlazamos la letra “E” de “economía” y “esperanza”, deberíamos poner al servicio de las personas una ciencia social cuyo objetivo no debe ser otro que el de la satisfacción de las necesidades básicas del conjunto de la humanidad con respeto a los derechos humanos y a los derechos de la Naturaleza. Según la Real Academia Española, “esperanza” es el “estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos”. Por tanto, si la economía que ahora se estudia en las facultades y se pone en práctica sobre el mundo real no nos permite hacer realidad nuestros deseos de justicia y paz social PARA TODOS LOS PUEBLOS DE LA TIERRA, es que algo falla. Desgraciadamente, la Unión Europea es uno más de los bloques regionales que en alianza con el gran capital transnacional se reparten el mundo con criterios mercantiles, imponiendo las reglas del juego a través de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio y el Banco Mundial. Posiblemente a la mayoría de la ciudadanía de Europa, la de la cuna de la democracia y los derechos humanos, le gustaría que el proyecto de construcción europea tuviera una cara más amable hacia otros pueblos de la Tierra, pero sin embargo, la tan socorrida frase de “la Europa de los mercaderes frente a la Europa de los ciudadanos” tiene cada vez más vigencia. En 2011, justo cuando acababa de cumplir los 90 años, el pensador francés Edgar Morin publicó La vía. Para el futuro de la humanidad. En este libro reflexiona sobre los principales problemas a los que se enfrentan nuestras sociedades imbuidas por la globalización, la occidentalización y el desarrollo. En la introducción de este libro su autor señala que “(…) los habitantes del mundo occidental u occidentalizado, sufrimos, sin ser conscientes de ello, dos tipos de carencias cognitivas:
- la ceguera propia de un modo de conocimiento que, al compartimentar los saberes, desintegra los problemas fundamentales y globales que exigen un conocimiento interdisciplinar;
- el occidentalocentrismo, que nos coloca en el trono de la racionalidad y nos da la ilusión de poseer lo universal.
Por lo tanto, no es sólo nuestra ignorancia, también es nuestro conocimiento lo que nos ciega” (Morin, 2011,19-20).“El crecimiento se concibe como el motor evidente e infalible del desarrollo, y el desarrollo como el motor evidente e infalible del crecimiento. Ambos términos son, a la vez, fin y medio el uno del otro (…) En las condiciones de la globalización neoliberal (privatización de los servicios públicos y de las empresas estatales, retroceso de las actividades públicas en provecho de las actividades privadas, primacía de las inversiones especulativas internacionales, desregularización generalizada), la explosión de un capitalismo planetario sin frenos, desde la década de 1990, ha amplificado todos los aspectos negativos del desarrollo. El aumento permanente de las rentas del capital en detrimento de las del trabajo acrecienta constantemente las desigualdades. El desarrollo, por lo tanto, ha aumentado el número de trabajadores esclavizados en China, en India y en numerosas regiones de América Latina. El abandono de la agricultura de subsistencia en aras de los monocultivos industrializados para la exportación expulsa a los pequeños campesinos o a los artesanos, que gozaban de una relativa autonomía al disponer de sus policultivos o de sus herramientas de trabajo, y transforma su pobreza en miseria en los bidonvilles de las megalópolis (…) El desarrollo, que pretende ser una solución, ignora que las propias sociedades occidentales están en crisis a causa, precisamente, de ese desarrollo, que ha segregado un subdesarrollo intelectual, físico y moral. Intelectual, porque la formación disciplinar que recibimos los occidentales, al enseñarnos a disociarlo todo, nos ha hecho perder la capacidad de relacionar las cosas y, por lo tanto, de pensar los problemas fundamentales y globales. Físico, porque estamos dominados por una lógica puramente económica, que no ve más perspectiva política que el crecimiento y el desarrollo, y estamos abocados a considerarlo todo en términos cuantitativos y materiales. Moral, porque el egocentrismo domina sobre la solidaridad. Además, la hiperespecialización, el hiperindividualismo y la falta de solidaridad desembocan en el malestar, incluso en el seno del confort material” (Morin, 2011, 24-28).En palabras de Walden Bello (2004, 137-138) “La desglobalización no implica dejar de lado la economía internacional. Se trata más bien de encauzar las economías de modo que la producción, en lugar de estar enfocada fundamentalmente a la exportación, se oriente hacia el mercado local (…) Este enfoque, además, subordina conscientemente la lógica del mercado, la búsqueda de la rentabilidad de los costes, a valores como la seguridad, la equidad y la solidaridad social”.Más adelante Bello (2004, 139) afirma que “La desglobalización o la recuperación del poder local y nacional, sólo se pueden conseguir dentro de un sistema alternativo para regir la economía global (…) Hoy en día lo que hace falta no es otra institución global centralizada, sino que el poder global esté menos centralizado, y se forme un sistema pluralista de instituciones y organizaciones relacionadas entre sí, guiadas por amplios y flexibles acuerdos”.
2.2. Desglobalizar para poner a las personas en primer lugar
No es posible creernos que avanzamos cuando la cuneta de nuestro camino está repleta de desposeídos, cuando la inmensa mayoría de la humanidad no tiene posibilidades de abrir estelas hacia una vida digna. Como señala Arnaud Montebourg (2011, 19), “El ciclo loco de la globalización es un pozo sin fondo, una máquina desajustada cuyo carburante es encontrar continuamente gente más pobre y más dócil”. “La globalización no es un fenómeno que afecte a un puñado de ejecutivos que hablan inglés y toman el avión cada tres días; la globalización no es una burbuja con la cual la gente corriente no tenga nada que ver. Al contrario, se ha convertido en el denominador común, en lo que los une sin que ellos lo sepan, como una especie de cordón invisible y fatal entre todos los trabajadores, sea cual sea su país y trabajen donde trabajen en las economías del mundo” (Montebourg, 2011, 22-23).La competencia y la competitividad lo inunda todo, en cambio la cooperación entre iguales ha sido desterrada del lenguaje político, “Porque, desde hace varias décadas, los Estados europeos, compitiendo entre ellos y compitiendo con el resto del mundo, se han lanzado a una carrera mundial a ver quién cobra menos impuestos, imitando a Estados Unidos, que ya empezó con esta política en la década de 1980. Las reducciones de impuestos y de cotizaciones sociales sobre los beneficios de las empresas, sobre las grandes fortunas, sobre los patrimonios y las rentas más altas no han hecho sino extenderse, en una carrera suicida por resultar más atractivos, estimulada con arrogancia y vulgaridad por los paraísos fiscales, que los Estados se guardarán muy mucho de desmantelar (…) En la competencia fiscal desenfrenada que han iniciado los Estados del norte, no hay otra salida más que la destrucción de la protección social y los servicios públicos, y el incremento estructural de la deuda pública, con las medidas finales injustas que eso conlleva” (Montebourg, 2011, 32-33).
2.3. Desglobalizar para reequilibrar las fuerzas del trabajo y el capital
Una característica  del proceso de globalización de las últimas décadas ha sido el fenómeno de la progresiva concentración de la renta a favor del capital (beneficios) y en contra del trabajo (salarios). Además, dentro del ámbito del capital, la concentración del poder y la plusvalía se ha alineado con las empresas transnacionales y financieras en contra de las PYMES y las de naturaleza productiva. Ello ha provocado que las desigualdades sociales y las concentraciones de poder en el mundo se agudicen hasta extremos nunca antes alcanzados en la historia de la humanidad.De ahí que la desglobalización suponga una “reacción a favor del trabajo y contra los dividendos, la reacción a favor de la industria y contra las finanzas, la reacción a favor de la creación contra las rentas” (Montebourg, 2011, 45). Y aquí es donde entraría en juego un “proteccionismo de nuevo cuño”, que “no es un proteccionismo del miedo al otro, sino un proteccionismo cooperativo, de la inteligencia y la generosidad, de la mutación colectiva, un proteccionismo altruista y solidario porque organiza concretamente el renacimiento o la construcción en cada uno de los países de un mercado interior, de una agricultura y una industria fuertes (…) Es un proteccionismo de desarrollo y emancipación, que garantiza a los pueblos el derecho a decidir” (Montebourg, 2011, 46-47).Para Walden Bello (2004), en el camino hacia la desglobalización “Las decisiones económicas estratégicas no pueden dejarse en manos del mercado ni de los tecnócratas. Todas las cuestiones vitales –determinar qué industrias hay que desarrollar, cuáles conviene abandonar progresivamente, qué parte del presupuesto del Estado hay que dedicar a agricultura- deben por el contrario ser objeto de debates y decisiones democráticas. El régimen de la propiedad debe evolucionar para convertirse en una ‘economía mixta’ que incluya a las cooperativas y a las empresas privadas y públicas pero que excluya a los grupos multinacionales. Las instituciones mundiales centralizadas como el FMI o el Banco Mundial deben ser sustituidas por instituciones regionales construidas no sobre la economía de mercado y la movilidad de los capitales, sino sobre principios de cooperación”.“Una estrategia de desglobalización para la UE consistirá en establecer unas condiciones sanitarias, medioambientales y sociales para la importación de los productos, haciendo respetar en primer lugar unas normas fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo, que protegen a los trabajadores (…) Abriremos nuestros mercados como contrapartida al respeto de dichas normas, o los cerraremos en el caso de que no se observe progreso alguno” (Montebourg).“La desglobalización es, por último, un programa para una Europa sin proyectos, zarandeada por las crisis económicas y financieras, que no ve que el libre comercio y la competencia generalizada son para ella el principio del fin. La autodestrucción de Europa está programada, la desglobalización es su salvación. Pero ésta deberá pasar por Alemania” (Montebourg, 2011, 62).Durante los años del boom económico, el PIB crecía a tasas elevadas en la mayor parte de los países de la UE, en la misma línea que lo hacía la desigualdad social. Ahora, en plena recesión, el crecimiento del PIB tiene tasas negativas, pero, para no variar, la desigualdad sigue creciendo. Nos encontramos por tanto que la profundización del capitalismo va de la mano del aumento de las desigualdades, tanto en períodos de auge económico como de recesión. Por lo tanto, ¿qué esperanzas pueden tener los miles de millones de personas que observan cómo los beneficios del crecimiento pasan de largo y los costes de la recesión se ceban con ellas?.La situación no puede ser más humillante, dibujando un panorama propicio para el estallido de conflictos sociales. Guru Huky (2013), basándose en datos de  Shorrocks et al. (2012), señala que “Uno se pregunta en qué años los historiadores consideraron que salimos de la edad media, porque en cuanto a distribución de riqueza, uno tiene la sensación que han pasado épocas y regímenes y todo sigue más o menos igual” “Cerca de 3.184 millones de personas, o el 69,3% de la población mundial tienen una riqueza por debajo de los 10.000 dólares, es decir, acumulan el 3,3% de la riqueza del planeta (…) En lo alto de la pirámide, tenemos a la superélite, 29 millones de personas con una riqueza superior a 1 millón de dólares. Este 0,6% de la población mundial, acumula el 39,3% de la riqueza” (Guru Huky (2013).La desigualdad extrema y descarnada que muestran estos datos es otro motivo más para apoyar un proceso de desglobalización, de la mano de potentes mecanismos redistributivos. Para romper esta megaestructura que conduce a un mundo cada vez más desigual e injusto, propicio para que el gran capital siga apropiándose de una parte creciente de la renta y la riqueza, es preciso avanzar hacia un sistema tecnológico adaptado a las peculiaridades y necesidades de los diferentes territorios, “que rompa” con el mercado único en que se ha convertido el mundo, donde TODO se compra y se vende. El nuevo modelo productivo debería incentivar el uso de las tecnologías apropiadas (Reddy, 1979) definidas como “aquéllas que satisfacen necesidades humanas básicas comenzando por los más necesitados a fin de tender a una reducción de las desigualdades, tanto internas como externas; que al mismo tiempo promueven la participación y el control social de tal manera que refuercen los procesos de desarrollo autocentrado, evitando los de acumulación o concentración de poder económico y político; y finalmente, como aquellas ambientalmente racionales, en el sentido que están acordes con las características del sistema natural y evitan su degradación.” Gregorio López Sanz.
[1] — Si los tiburones fueran hombres -preguntó al señor K. la hija pequeña de su patrona- ¿se portarían mejor con los pececitos?
— Claro que sí -respondió el señor K.-. Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, en seguida se la vendarían de modo que el pececito no se les muriera prematuramente a los tiburones. Para que los pececitos no se pusieran tristes habría, de cuando en cuando, grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes. También habría escuelas en el interior de las cajas. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Estos necesitarían tener nociones de geografías para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando.
Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececillos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista. Si algún pececillo mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones.Si los tiburones fueran hombres, se harían naturalmente la guerra entre sí para conquistar cajas y pececillos ajenos. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececillos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececillos que entre ellos y los pececillos de otros tiburones existe una enorme diferencia. Si bien todos los pececillos son mudos, proclamarían, lo cierto es que callan en idiomas muy distintos y por eso jamás logran entenderse. A cada pececillo que matase en una guerra a un par de pececillos enemigos, de esos que callan en otro idioma, se les concedería una medalla de varec y se le otorgaría además el título de héroe.Si los tiburones fueran hombres, tendrían también su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececillos entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones, arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño, los pececillos se precipitarían en tropel, precedidos por la banda, dentro de esas fauces.Habría asimismo una religión, si los tiburones fueran hombres. Esa religión enseñaría que la verdadera vida comienza para los pececillos en el estómago de los tiburones.Además, si los tiburones fueran hombres, los pececillos dejarían de ser todos iguales como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececillos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los tiburones verían esta práctica con agrado, pues les proporcionaría mayores bocados. Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre los demás pececillos, y se harían maestros u oficiales, ingenieros especializados en la construcción de cajas, etc. En una palabra: habría por fin en el mar una cultura si los tiburones fueran hombres. Ver: PARTE 3

22 nov 2013

El mito del crecimiento económico (1 de 3)

Desde el comienzo de la actual crisis económico-financiera en 2008, no para de repetirse el argumento según el cual la salida de la misma pasa por alcanzar de nuevo tasas positivas de crecimiento económico que reactiven el supuesto círculo virtuoso del consumo, la inversión, la producción y el empleo. 

Este planteamiento en pos del crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), si bien con matices, es defendido tanto por posturas neoliberales (conservadoras), keynesianas (socialdemócratas) y marxistas (planificación central). A grandes rasgos los neoliberales se postulan a favor de la austeridad expansiva, los keynesianos apuestan por el papel del Estado como impulsor de la actividad económica a través del gasto público y los marxistas se decantan por sistemas de planificación central y propiedad pública de los medios de producción. Superada ya la primera década del siglo XXI ninguno de estos planteamientos de política económica asume que la experiencia acumulada a lo largo del siglo XX (y aún antes) nos muestra los límites sobre los que han chocado y siguen chocando tanto las economías capitalistas como las de planificación central, ambas regidas por afanes productivistas a toda costa. Los principales riesgos a los que se enfrentan las diferentes comunidades de la Tierra y el conjunto de la humanidad están directamente relacionados con la asunción acrítica del crecimiento económico como objetivo político prioritario. Me refiero en concreto tanto a las crecientes desigualdades sociales como a los gravísimos desequilibrios ecológicos. Ello nos lleva a la urgente necesidad de ser plenamente conscientes de la perversidad de la actual globalización homogeneizante y como antídoto apostar por la desglobalización comenzando a construir comunidades autosuficientes y autogestionarias, pegadas al territorio y en la medida de lo posible desmercantilizadas en lo que toca a la satisfacción de las necesidades básicas de las personas. Todos estos aspectos deben ser objeto de reflexión y toma de postura en la actual coyuntura del proceso de construcción europea aquejada de males crónicos como la escasa legitimidad democrática, la burocratización, el poder absoluto del capital financiero y el neocolonialismo. Este artículo se estructura en tres partes. La primera intenta responder a la pregunta: ¿Por qué es un mito el crecimiento económico? y para ello acude a argumentos relacionados con la crisis ecológica, las necesidades básicas, el mercado y el empleo. La segunda justifica avanzar en un proceso de desglobalización a escala mundial para mejorar la vida de la gente y reequilibrar las fuerzas entre el capital y el trabajo. La tercera y última señala nuevas vías para una nueva Europa. “Los conflictos que sacuden nuestro mundo por doquier no podemos simplificarlos y clasificarlos según una visión estrecha basada en los intereses particulares del gran capital. La comunidad de destino de la especie humana frente a problemas vitales y mortales comunes exige una política de la humanidad” (Morin, 2011, 47.)
1. ¿POR QUÉ ES UN MITO EL CRECIMIENTO ECONÓMICO?El crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) se ha convertido en la forma cuasi exclusiva de medir el éxito económico y social en todas las partes del mundo. Este fervor productivista relega y oculta aspectos de naturaleza no mercantil que tienen gran importancia en la calidad de vida de las personas, por lo que presenta serias limitaciones como indicador de bienestar individual y comunitario.Comienzo esta exposición cuestionando que el crecimiento económico sea la solución y la salida a la crisis sistémica que estamos viviendo. Sin ánimo exhaustivo a continuación señalo una serie de dinámicas sociales, políticas, económicas y ecológicas impulsadas por el capitalismo, con el crecimiento como objetivo estrella[1], que se desarrollan a costa de la dignidad de las personas, de la cooperación entre las comunidades humanas y de la conservación de la Naturaleza. En todos los casos haré referencias a cómo dichas dinámicas se desarrollan en el seno de la Unión Europea.
1.1. Porqué la crisis ecológica ligada al crecimiento nos acerca al colapso.
La crisis ecológica de nuestro tiempo se ha generado y reproducido al calor de la máxima “más (producción y consumo) es mejor”. Y ello a pesar de que las más elementales leyes de la física y la termodinámica nos dicen que no es posible un crecimiento infinito en un mundo finito, que la materia y la energía se transforman desde formas aprovechables para los seres humanos hacia residuos que no pueden volver a ser utilizados. El crecimiento económico conduce a un escenario de empeoramiento de las condiciones para la vida en la Tierra, especialmente de aquellas personas o comunidades más vulnerables. La opulencia de las áreas económicas enriquecidas se ha basado en esquilmar territorios y someter comunidades humanas desde la era de los descubrimientos a finales del siglo XV hasta la era de la globalización. En este período de más de cinco siglos los estados de Europa han sido alumnos aventajados en lo relativo a la dominación y control por medio de la violencia y/o del comercio. Incluso recientemente, guerras como las de Afganistán, Irak o Libia se han desarrollado para apoderarse, con carácter preventivo, de los recursos energéticos claves que mueven el capitalismo terminal. Hasta ahora la productividad (producción/trabajo empleado) de diferentes sectores económicos no ha parado de crecer como consecuencia del uso masivo de recursos energéticos no renovables que han sustituido a la mano de obra desde el principio hasta el final del proceso productivo. Sectores como el agrario y el industrial se han beneficiado de energía barata y abundante para inocularnos la creencia en que los avances tecnológicos van a permitir un avance continuo y sin fin de la producción y el consumo. Pero ante fuentes energéticas y materiales cada vez más escasas, procede prepararse para un profundo cambio del modelo productivo, donde la mano de obra vuelva a tener un papel clave, ayudando así a reducir las elevadísimas tasas de desempleo que sufren ciertos países.
1.2. Porqué una parte importante de las necesidades básicas de nuestras vidas las satisfacemos al margen del mercado
Ya señalaba Antonio Machado que “todo necio confunde el valor y el precio”. Pues bien: en la necedad del capitalismo la cuantificación dineraria todo lo inunda, todo lo distorsiona, y perdemos de vista que una parte importante de las necesidades básicas de nuestras vidas las satisfacemos al margen del mercado. Mientras que el “deterioro de nuestra biosfera, se ha empezado poco a poco a entender como consecuencia de las contaminaciones y de las catástrofes ecológicas, el deterioro de nuestras vidas cotidianas sigue siendo invisible como mal de civilización (…) La reforma de vida no puede eludir ni esclarecer el misterio de la vida ni el enigma del universo, pero nos enfrenta poéticamente a ese misterio y a ese enigma. Tampoco puede hacer desaparecer nuestros miedos y nuestras angustias, pero enseña a vivir con ellos aplicándoles antídotos: la participación en el destino colectivo, el vínculo afectuoso con los demás, el amor” (Morin, 2011, 246, 257). En los últimos años, la Unión Europea está imponiendo a los países periféricos de la zona euro el desmantelamiento del estado del bienestar, así como la privatización de servicios públicos. La garantía de la prestación de dichos servicios públicos de calidad con carácter universal para todos/as los/as ciudadanos/as, era lo más parecido a la satisfacción de dichas necesidades básicas al margen del mercado, y por lo tanto accesibles de manera segura a todos/as con independencia de su nivel de renta. Si la Unión Europea se retira de ese papel que garantiza la igualdad efectiva, estamos dejando el camino libre al aumento de la desigualdad y al surgimiento de conflictos sociales. Y eso es justo lo contrario de lo que se pretendía con el proceso de construcción europea.
1.3. Porqué es imposible proporcionar un empleo digno a todas las personas que lo desean o lo necesitan. 
La globalización y la deslocalización van de la mano, y los fenómenos de paro masivo en ciertos estados centrales conviven con empleos absolutamente precarios en la periferia, esos que permiten bajísimos costes de producción y elevados beneficios al capital transnacional. Tradicionalmente el acceso a un empleo remunerado permitía a las familias conseguir un salario con el que satisfacer sus necesidades a través de intercambios mercantiles. Pero este mecanismo ya no está accesible para el ejército creciente de desempleados que a su vez son la condición necesaria para que la distribución de la renta siga venciéndose a favor del capital y en contra del trabajo. Ante esta situación de dualidad del mercado de trabajo y las escasas posibilidades de que revierta, habría que plantearse cada vez más la reducción de la jornada de trabajo remunerado, y por otro lado el aumento del tiempo dedicado a proveer en el hogar bienes de naturaleza energética y alimentaria mediante mecanismos de autoproducción intensivos en mano de obra familiar. Hasta ahora, hemos sobreexplotado la energía abundante y barata, que ha trabajado por nosotros facilitándonos alimentos y transporte. En la nueva perspectiva que se abre de energía escasa y cara, la energía muscular de los seres humanos va a cobrar una importancia creciente. Sectores como la agricultura, la ganadería y la pesca van a comenzar a absorber mano de obra que en los últimos tiempos están expulsando los sectores industrial y de servicios sencillamente porque producir alimentos es una actividad absolutamente prioritaria que en breve ya no podrá llevarse a cabo mediante técnicas intensivas en energía no renovable (las típicas de la revolución verde). La reducción sustancial de la jornada de trabajo[2], unido a la reducción salarial, si bien teniendo en cuenta cierto salario mínimo y renta básica garantizada, y el reparto del trabajo permitiría reducir las elevadas tasas de desempleo que existen en la actualidad y aumentarían los hogares que pueden acceder a un consumo mínimo y digno. Este cambio en la distribución del tiempo de trabajo, desde el remunerado fuera del hogar hasta el no remunerado en el hogar, implica una reducción del crecimiento económico vía menor masa salarial, pero no tiene porqué suponer un peor acceso a bienes básicos para la vida, tales como los cuidados en el ámbito familiar (alimentación, atención a niños/as y mayores). Se ahorrará en la factura monetaria de energía y materiales a cambio de dedicar más tiempo a proveer dichos bienes mediante la autoproducción. No obstante aún hay margen para aumentar el trabajo remunerado en sectores intensivos en mano de obra, fundamentalmente servicios ligados a los cuidados de las personas, que en los últimos años están siendo desmontados por las diferentes administraciones públicas: educación, sanidad, atención a la infancia y a la dependencia. El aumento del empleo aquí impulsa el crecimiento, con muy pocas implicaciones negativas sobre el agotamiento de recursos naturales, y al contrario, ayudando a aumentar la cohesión social y a disminuir las desigualdades. Frente a la posibilidad de trabajar menos para que trabajemos todos la UE fomenta políticas de trabajar más horas (aumento de la jornada laboral) durante más años (alargamiento de la edad de jubilación) y a cambio de un menor salario. Todo en aras de mejorar la competitividad frente al exterior aunque sea a cambio de empeorar los derechos sociales en el interior. El Consejo Europeo de Bruselas celebrado los pasados 27 y 28 de junio de 2013 se ha cerrado sin medidas de calado para afrontar la situación de desempleo en que se encuentran 27 millones de personas en la UE. En lo relativo al desempleo juvenil tan sólo se ha acordado adelantar a 2014 y 2015 la cantidad de 6.000 millones de euros sobre un monto global de 8.000 millones de euros para el período 2014-2020. Al día siguiente del Consejo la Canciller Merkel dejó claro a los jóvenes desempleados de la UE que no va a poder ofrecerles en poco tiempo un puesto de trabajo y que la garantía juvenil pactada por la Unión es difícil de poner en práctica. Esa medida, asumida por los Veintisiete en los últimos meses, establece que todos los europeos de hasta 25 años deben tener acceso a un trabajo, formación o prácticas en un plazo máximo de cuatro meses tras terminar sus estudios o quedar desempleados. “Es un objetivo, es lo que perseguimos, pero deberíamos ser honestos y no despertar falsas expectativas porque de otro modo solo habría decepción como resultado”, subrayó Merkel. El otro gran pilar del plan europeo para impulsar la contratación de jóvenes pasa por facilitar el crédito a las pequeñas y medianas empresas, para que puedan crecer y ampliar sus plantillas. (La Vanguardia, 2013). No hacen falta más palabras para describir el “entusiasmo” existente en la UE para luchar contra el desempleo juvenil en los países de la periferia del euro. La evidencia se impone por la vía de los hechos, y el desempleo, que tradicionalmente había sido el objetivo prioritario de política económica para gobiernos de todo signo político, ha sido absolutamente relegado en beneficio de la reducción del déficit público. Lo de que llegue el crédito a las PYMES para que inviertan y contraten es una cantinela que estamos oyendo desde 2008. Es querer y no poder mientras se siga confiando esa tarea a entidades financieras privadas zombies. ¡Cuánta falta hace una banca pública y cooperativa y qué poco interés tienen los gobiernos en impulsarlas!
1.4. Porqué algún dirigente de la Unión Europea ya lo cuestionó hace años.
Echemos la vista atrás para conocer la postura de algún dirigente europeo relevante en el tema que nos ocupa: Sicco Mansholt fue un político holandés que asumió diferentes cargos en la Comisión Europea entre 1958 y 1973. Se le considera el padre de la Política Agraria Común, llegando a ser Presidente de la Comisión Europea entre marzo de 1972 y enero de 1973. En 1972 afirmaba: “hay que reducir nuestro crecimiento económico y sustituirlo por la noción de otra cultura de la felicidad y del bienestar (…), el crecimiento es solo un objetivo político inmediato que sirve a los intereses de las minorías dominantes” (Latouche, 2006). Por si esto fuera poco en 1973 Mansholt decía: “Para mí, la cuestión más importante es cómo podemos alcanzar un crecimiento cero en esta sociedad. Para mí no hay duda de que en nuestras sociedades occidentales hay que alcanzar un crecimiento cero (…) Si no lo conseguimos, la distancia, las tensiones entre las naciones ricas y pobres será cada vez mayor (…) Me preocupa si conseguiremos mantener bajo control estos poderes que luchan por un crecimiento permanente. Todo nuestro sistema social insiste en el crecimiento” (Jofra Sora, 2008, 12). Lógicamente, después de esta toma de postura en 1973 finalizó su carrera política en las instituciones europeas. ¿Imaginamos al señor Durao Barroso hoy día haciendo afirmaciones de este calado? ¿Es hoy la Unión Europea referencia mundial en denunciar y proponer alternativas al capitalismo salvaje y depredador que impera en la Tierra?. Gregorio López Sanz. 
[1] John Ralston Saul (2013) es de la opinión de que “Existe una nueva religión absoluta del crecimiento, el comercio, la santidad de la deuda y de los contratos comerciales, con la que intentan hacernos creer lo inteligentes que son los políticos y lo estúpidos que somos los demás. Da igual lo mala que sea la situación actual, ellos siguen aplicando las mismas recetas, haciendo lo mismo. Eso es lo que se está haciendo en España y en todas partes. El sistema avanza en la misma dirección. Los problemas que hay se están agravando. Nadie reconoce cuál es el auténtico problema. El crecimiento no nos va a sacar de donde estamos; la austeridad, tampoco. Veremos cómo resisten todo esto las democracias”.
[2] El estudio de la New Economics Foundation, “21 horas: Por qué una semana laboral más corta puede ayudarnos a prosperar en el siglo XXI”, argumenta que liberar tiempo del trabajo remunerado puede ayudar a vivir de forma mucho más sostenible y satisfactoria (Coote et al, 2011, citado en Marcellesi y Esteban, 2011) VER: PARTE 2

19 nov 2013

Una deuda impagable

España tiene una deuda desmesurada, según la Comisión Europea. Por eso revisará de nuevo su economía para verificar si las reformas laboral y de pensiones perpetradas son suficientes para disminuir el volumen de deuda pública.
Entretanto, las élites económicas europeas, que controlan el tinglado político, insisten en imponer la austeridad fiscal que en román paladín son recortes presupuestarios sociales que violan sistemáticamente derechos humanos de la mayoría trabajadora ciudadana. Como es sabido, recortes en sanidad, educación, servicios sociales, pensiones... Y una persistente rebaja de salarios.Recortar para ahorrar y reducir la deuda pública. Esa es la vía que nos marcan. Pero la deuda es impagable. Pública y privada. Carlos Sánchez Mato ha escrito que “la economía española sufre un sobre endeudamiento superior a los 2,2 billones”. Y Juan Torres señala que “la evidencia empírica muestra que la deuda pública no se ha disparado por gastos en educación, sanidad, cuidados o pensiones públicas”. Vicenç Navarro, por su parte, recuerda que en 2007 España tenía un superávit presupuestario del 2% del PIB, cuando el de Alemania era solo del 0,2%. Pero dos años después el déficit público español era ya el 11%. No por aumento del gasto público y aún menos, social.¿Por qué? El pago de intereses de la propia deuda más las cuantiosas ayudas a bancos y cajas de ahorro son la causa del aumento del déficit público español. Y las ayudas a grandes empresas, más las continuas rebajas fiscales, hasta el año pasado, a banca, empresas, corporaciones y grandes fortunas. A finales de 2012, las ayudas públicas totales a banca y cajas sumaban 1,42 billones €; casi 88.000 millones en capital y el resto en avales y otras medidas, que se reflejan en los balances, para paliar la falta de liquidez.Pero aún con el ilegítimo crecimiento de la deuda pública, en España ésta es el 22% de toda la deuda. Eduardo Garzón ha calculado que si el Banco Central Europeo hubiera prestado dinero al Estado al 1% de interés, (como presta a bancos privados), la deuda pública española de 1989 a 2011 sería un 14% del PIB y no el 90% actual. Ergo, tres cuartas partes de deuda pública española son beneficio de compradores y especuladores de deuda soberana. Probablemente deuda ilegítima.Así y todo, el mayor problema es la deuda privada. En España, un 68% del total de deuda. Deuda de banca, medianas y grandes empresas y familias. La de las familias, solo quinta parte del total. Sin embargo, el casus belli, el pretexto para cargarse el estado de derechos sociales es el exceso de deuda pública. Una vieja historia.En las tres últimas décadas del siglo XX, tras comprobar la clase capitalista que las dictaduras militares en América Latina no proporcionaban los beneficios esperados, encontró en la deuda pública un eficaz medio de dominio. Con la imprescindible y entusiasta colaboración del FMI y del Banco Mundial, convirtió las deudas públicas en rentables cadenas y grilletes que permitían explotar a placer las naciones latinoamericanas.Ajustes estructurales, devaluación salarial, destrucción de lo público, absolutismo de lo privado, violación de derechos sociales, fiscalidad regresiva... En América Latina se aplicó el mismo guión que sufre Europa desde 2009 y es preciso afrontar el saqueo social que ahora sufren los pueblos europeos. Pero sin olvidar que la deuda es impagable. Antes o después habrá que condonarla, reestructurarla y reducirla; deudas internacionales, de empresas y hogares. No hay otra.En realidad, se perdonan o reducen deudas desde hace siglos. Más cerca, en 1953, Alemania negoció en Londres su deuda con 22 países acreedores y les pidió su condonación. Esos países (entre ellos Grecia, por cierto) perdonaron la mitad de la deuda a los alemanes. Y la economía alemana pudo crecer con fuerza.Mientras no se alcance esa inteligente lucidez, ATTAC propone que los bancos centrales europeos presten directamente a los Estados a bajo interés (como a los bancos) y se reduzca en la Unión Europea al 0% la prima del dinero prestado a los estados en los mercados. Además de empezar a reducir la parte ilegítima de la deuda. Para hacerlo solo se necesita voluntad política, pero como no la hay, la ciudadanía tendrá que presionar una y otra vez.Xavier Caño Tamayo es Periodista y escritor.


13 nov 2013

Un abismo de riqueza entre países ricos y pobres

Una nueva estadística sobre la distribución de la riqueza en el mundo muestra que el patrimonio de la población de los 40 países más ricos supera en 198 veces el de las 40 naciones más pobres. La riqueza por persona de los 5 países con mayor riqueza supera en 1.700 veces la de los 5 países más pobres. El descenso de la desigualdad en la última década se debe más a un retroceso de la riqueza especulativa de los ricos que de avances en los países pobres.
Hasta ahora conocíamos la brecha económica Norte-Sur/1a través de las desigualdades de renta existentes en el mundo (el “flujo” de lo que se ingresa cada año), pero no se contaba con información de las diferencias de riqueza (el “stock” total de bienes acumulados por los hogares) entre países. El Instituto de Investigación de un banco suizo (Credit Suisse) ha desarrollado una estadística bastante completa sobre la riqueza en 174 países (Global Wealth Report) que resulta de sumar los “activos” que poseen los hogares, incluyendo los bienes financieros (ahorros, inversiones, dinero disponible…) y no financieros (inmuebles, joyas, obras de arte…) y restar los “pasivos” (deudas pendientes). Según esta fuente las diferencias de riqueza por persona entre los 40 países más ricos y los 40 más pobres son siete veces mayores que las diferencias de renta. Si la ratio entre los grupos de más y menos renta en 2012 es de 27, llega a 198 en el caso de la riqueza. La desigualdad es de tal magnitud que obliga a construir un gráfico muy alargado para que los valores de los países pobres resulten mínimamente visibles (Gráfico 1).
En los primeros 40 países del ranking (cuyos habitantes suman algo más de mil millones de personas) la riqueza media supera casi en cuatro veces su renta anual; es decir, lo acumulado históricamente es muy superior al flujo de ingresos anual. En cambio, en los 40 últimos (también algo más de mil millones de personas) la riqueza acumulada es la mitad de la renta anual, por tanto, las rentas se gastan en consumos básicos y apenas se pueden dedicar a incrementar los patrimonios. Entre estos dos polos se sitúan los 94 países intermedios (cuatro mil millones de personas, más de la mitad en China e India), cuyo patrimonio medio es muy similar a su renta anual.
Distribución de la riqueza por grandes regiones
América del Norte y la Unión Europea, donde vive el 13,2% de la población mundial, concentran el 59,3% de la riqueza (136 billones de dólares en 2012). En el otro extremo, se sitúan el continente africano, la India, el resto de Europa, América Latina y China, que reúnen al 63,1% de la población y sólo al 17,8% de la riqueza (41 billones). En situación intermedia el resto de Asia y del Pacífico (que incluye países muy dispares, como Japón, Filipinas o Vietnam), con tasas más equilibradas: 23,6% de la población mundial y 22,9% de la riqueza (53 billones) (Gráfico 2).
Los cinco países más ricos, en valores absolutos, son Estados Unidos, Japón, China, Francia y Alemania, que concentran el 60% de la riqueza mundial de los hogares. Sin embargo, la riqueza relativa (por persona) es mayor en Suiza, Australia, Noruega, Luxemburgo y Suecia, cuya población de 45 millones de habitantes dispone de un patrimonio medio de 303.000 dólares. La riqueza por persona de estos 5 países es mil setecientas veces mayor que la de los 5 países más pobres, todos africanos (Guinea-Bissau, Etiopía, Burundi, República Democrática del Congo y Malawi) cuyos 193 millones de habitantes sólo alcanzan 161 dólares de patrimonio medio.
La brecha de desigualdad se ha reducido en la última década
Hasta aquí tenemos una foto fija de la distribución de riqueza en la actualidad. Pero es importante conocer cuál es la dinámica que se ha registrado en los últimos años, que coinciden con el cambio de ciclo económico, a partir de la crisis de 2007-2008. En 2001 la riqueza media por persona en los 40 países más ricos del mundo experimentó una bajada del 8,4%, como consecuencia del pinchazo de la burbuja especulativa de las empresas “punto com”, para subir un 32,5% entre ese año y 2007, y caer de nuevo un 19,2% a raíz de la crisis económica de los últimos cinco años (línea azul del Gráfico 3). En conjunto, el patrimonio medio por persona en el grupo de países más ricos ha experimentado un descenso del 2% entre 2000 y 2012 (-3.600 dólares en valor monetario constante, a precios de 2012). Sin embargo, existen diferencias regionales importantes dentro de este club de países ricos: en la Unión Europea se registró un incremento del 21% (+17.000$), y en América del Norte una disminución del 14% (-31.000$). El punto de partida era muy favorable a los hogares norteamericanos cuyo patrimonio medio en el año 2000 doblaba al de los europeos /2, una ventaja se ha reducido a la mitad (+53%) en el año 2012.
España se sitúa en 2012 en el grupo de los países más ricos, ocupando el puesto 26 en el ranking de riqueza por persona (el décimo del mundo por la riqueza total de los hogares). Su evolución desde el año 2000 ha estado marcada por los dos ciclos económicos de la década, de expansión hasta 2007 y de recesión a partir de entonces. Después de una caída del 5,2% en 2001, más suave que la experimentada por el grupo de países ricos, experimentó un crecimiento extraordinario del 93,7% entre 2001 y 2007, para bajar un 43,2% entre 2007 y 2012. Fluctuaciones muy elevadas que han estado asociadas a la expansión y posterior pinchazo de las burbujas inmobiliaria y financiera /3, principales activos del patrimonio de los hogares. De esta manera, la riqueza por persona en España en 2012 es sólo un 4,4% más elevada que en el año 2000 (+3.800 euros), un saldo bastante inferior a la media de la Unión Europea (+21%) y con una tendencia a la baja más pronunciada en los últimos años. Por su parte, los 40 países más pobres y los 94 intermedios duplicaron su riqueza por persona entre 2000 y 2007 para reducirla en 2008 en una cuarta parte. A partir de entonces, los intermedios siguieron aumentado su riqueza y los más pobres la redujeron de nuevo en un 13%. En el caso de los 94 países intermedios, conviene destacar el peso determinante de China, pues su riqueza por persona creció un 138% entre 2000 y 2012, mientras el resto de países intermedios aumentó un 49,6%.
En definitiva, la brecha de desigualdad entre países sigue siendo inmensa, pero las diferencias se han reducido de forma significativa entre los 40 países más ricos y los países intermedios (en este caso por la incidencia de China y, en menor medida, la India), y de forma menos intensa con los 40 países más pobres, que han incrementado su patrimonio medio por persona en un 25% (de 700 a 872 $). Si la riqueza media de los 40 países más ricos en el año 2000 era 34 veces mayor que la de los países intermedios y 252 veces mayor que la de los 40 países más pobres, en 2012 esa ratio pasó a ser de 19 y 198, respectivamente. ¿Quiere decir esto que caminamos progresivamente hacia un mundo menos desigual en términos de riqueza monetaria? A la vista de la evolución que muestra el ver Gráfico 4 parece que estamos ante una caída de la riqueza de los países ricos, producto de la desvalorización de patrimonios basados en la especulación, y no ante un avance importante de los países pobres. En todo caso, hay una cierta expansión en algunos espacios de la antigua “periferia”, basados en una extensión del modelo capitalista y de la acumulación a zonas que habían permanecido al margen de las inversiones globalizadas. Por otra parte, siguen faltando datos para mostrar la evolución del reparto de la riqueza entre las poblaciones de los distintos países. Con ellas nos veríamos obligados a matizar un diagnóstico demasiado optimista. Al menos, en el caso español sabemos que en España las diferencias de patrimonio entre el 25% de hogares más ricos y el 25% más pobre aumentaron de 39 a 50 veces entre 2005 y 2009 (ver indicador 10 del ámbito Renta y Patrimonio del Barómetro social) y que entre 2011 y 2013 se ha incrementado el número de “ultra ricos”, como comentábamos en un post anterior. ver: Estallido social

Fuente: BSE: Barómetro Social de España
Notas:
1/ Indicador nº 1 del ámbito de Relaciones internacionales del Barómetro social de España. Se obtiene a partir de los datos de población y PIB en paridad de poder adquisitivo que publica anualmente el Banco Mundial para 173 países. En las próximas semanas se incluirá un nuevo indicador de distribución de la riqueza en el mundo basado en la nueva estadística que avanzamos aquí.
2/ En los cálculos se incluyen los 28 países que forman actualmente la Unión Europea.
3/ El precio del metro cuadrado de vivienda, en euros constantes, subió un 76% entre 2001 y 2007 y bajó un 24,8% entre 2007 y 2012; y el valor de las acciones aumentó un 96,4% en el primer período para bajar el 24,8% en el segundo. Ver indicadores 11 de Renta y 1 de Vivienda del Barómetro Social de España. La comparación entre las tendencias del PIB mundial, más moderada y regular, y la de la riqueza, con picos y caídas mucho más pronunciados (Gráfico 3) muestran la importancia del componente especulativo de buena parte de la riqueza, ligadas a las fluctuaciones de los valores monetarios, bursátiles e inmobiliarios.

23 oct 2013

FMI, Banco Mundial y la 'deuda'.

Mientras en Washington se celebra la reunión anual conjunta del FMI y del Banco Mundial, deberíamos tener presente, de nuevo, el Milenio del desarrollo y sus promesas. 

La historia del desarrollo económico está llena de tentativas de corrección de los «errores» de sus políticas. El método preferido es agregar nuevos elementos a la agenda. En gran parte, esto ha consistido en ampliar las temáticas que se tienen en cuenta en las decisiones políticas, integrando algunas preocupaciones ambientales y sociales. El fracaso de este método salta a la vista, ya que de los ocho Objetivos del Milenio para el Desarrollo (OMD), solamente se alcanzaron dos y es poco probable que los otros seis lo sean en 2015. En otras palabras, los resultados de la actual agenda de desarrollo son escandalosamente escasos.Efectivamente, la solución no es agregar nuevos elementos a ese marco, sino comprobar si los elementos ya integrados funcionan, y si no fuera así, si éstos podrían eliminarse. Es el caso de la Deuda como herramienta de desarrollo político, económico y social.Desde el Plan Marshall, en Europa, los círculos políticos tienen la idea fija de que la inyección de capital y el aporte de nuevos recursos financieros constituyen unos factores fundamentales para el desarrollo. En el transcurso de los últimos 60 años, el Banco Mundial se basó en esta premisa haciendo que el endeudamiento de los países fuera la clave para su desarrollo. La experiencia demostró que esta estrategia conduce a un fracaso total. En muchísimos casos, las condiciones de vida de cientos de millones de personas en el mundo se deterioraron debido a estas políticas de endeudamiento impuestas por el Banco Mundial y el FMI, con la complicidad de sus propios gobiernos.En lugar de dotar a los países en desarrollo de nuevos recursos, el sistema deuda los obligó a priorizar el pago a los acreedores, en detrimento de los servicios sociales básicos. Según los datos del Banco Mundial, solamente en 2010, los países en desarrollo destinaron 184.000 millones de dólares al pago del servicio de la deuda, cerca de tres veces el monto anual que sería necesario para la realización de los OMD. Todavía es más angustiante saber que, entre 1985 y 2010, la transferencia neta de recursos, o sea la diferencia entre las sumas desembolsadas para el pago de la deuda y las recibidas mediante los préstamos, fue negativa y alcanzó los 530.000 millones de dólares.Es decir el equivalente a cinco planes Marshall. Durante este período, las instituciones financieras internacionales y los países acreedores utilizaron la deuda como instrumento para obligar a los países deudores a adoptar políticas que impiden las condiciones necesarias para una vida digna de sus poblaciones. Desde las privatizaciones y la reducción masiva de efectivos en los servicios públicos hasta el abandono de las barreras aduaneras que imposibilita la soberanía alimentaria, las políticas impuestas a estos países socavan cualquier posibilidad de que alcancen el desarrollo por medios endógenos.Por estas causas, si hay algo que se debe hacer es anular las deudas públicas de los países en desarrollo. Contrariamente a lo que dicen los escépticos, esta deuda sólo representa una cantidad ínfima: en 2010, el monto total de la deuda pública externa de estos países había alcanzado los 1,6 billones de dólares, o sea, menos del 5 % de los recursos dispuestos por el gobierno estadounidense para salvar los bancos.Si bien este monto pudo ser desbloqueado para mantener los bonus de los ejecutivos del sector financiero, parece que es demasiado pedir que se dedique una pequeña parte de esa cantidad para garantizar la mejora de las condiciones de vida de cientos de millones de personas de todo el planeta.Claramente, es una cuestión política y no económica, pero es un hecho que la deuda continúa siendo el principal obstáculo para el desarrollo. Por lo tanto, hay que eliminarlo, como desde hace 24 años lo está reclamando el CADTM. Daniel Munevar y Eric Toussaint. Ver: ''La Deuda''.


8 oct 2013

La mayoría silenciosa

La mayoría silenciosa es un concepto acuñado por Richard Nixon para enfrentarse a los manifestantes pacíficos que luchaban por el fin de la guerra de Vietnam. Un concepto ampliamente usado en los últimos años del franquismo y los primeros de la transición para despreciar a los ciudadanos que salían a la calle protestando por el fin de la dictadura y pidiendo una apertura democrática y la amnistía de los presos políticos.La apelación a este concepto fue uno de los preceptos que formó parte del llamado franquismo sociológico.
La corriente de ciudadanos y políticos que habiendo vivido bien con el franquismo y estando de acuerdo con sus ideas, estaban abiertos a un cierto nivel de apertura para controlar que la transición no se saliera de los cauces tolerables. Alianza Popular, el partido que intentaba captar a estos votantes, fue el paradigma del denominado franquismo sociológico. El partido estaba formado por siete ministros franquistas: Manuel Fraga, Cruz Martínez Esteruelas, Federico Silva Muñoz, Laureano López Rodó, Enrique Thomas de Carranza, Gonzalo Fernández de la Mora y Licinio de la Fuente. Además, formaban parte de sus filas más de 180 procuradores de las cortes franquistas. Alianza Popular nunca eludió ese sentimiento de perpetuación de los valores franquistas en una sociedad más abierta. El discurso de Manuel Fraga en marzo de 1977, en el congreso de creación de Alianza Popular, era muy definitorio en este aspecto:“Alianza Popular ha sido reconocida como que lo que es, como una fuerza política que se niega a aceptar la voladura de la obra gigantesca de los últimos cuarenta años, que no se avergüenza de un periodo histórico en el cual el país ha dado un salto colosal hacia adelante convirtiéndose en la décima potencia industrial del mundo y multiplicando por diez la renta de los españoles”.La importancia del concepto de “mayoría silenciosa” en el franquismo sociológico la explicó José Ribas, fundador del diario Ajoblanco, en una entrevista en 2008.“Lo peor era una mayoría silenciosa, el franquismo sociológico muy extendido, con lo cual rebelarte era muy fuerte y difícil, porque el franquismo tenia muchos adeptos, esto no hay que obviarlo, porque es de donde partíamos. Sea por los planes de desarrollo, sea por el SEAT 600, había un inmenso franquismo sociológico que hacia aquello mas difícil, brutal. Porque la represión estaba en tu casa, en los lugares de trabajo, en todas partes. Si querías romper con esto, chocabas con la policía y con muchísimos elementos de la sociedad que estaba dormida en esa mayoría silenciosa y siniestra”.El concepto de la mayoría silenciosa es profundamente antidemocrático. Quien lo esgrime en un marco de marketing político asume que todo aquel que calla, que permanece silente y no molesta, lo hace por voluntad propia, de forma intencionada y por adherirse a los preceptos ideológicos del que sufre las protestas. En este caso el Partido Popular.La apelación a la mayoría silenciosa a la que se refiere el Partido Popular no es el único concepto añejo relativo al franquismo sociológico que el PP tiene en su “discurso histórico”. Discurso al que se refirió Alberto Ruiz Gallardón para defender su reforma del aborto que volverá a situar los derechos de la mujer en tiempos de Alianza Popular. El ministro de Hacienda, Montoro, recuperó hace pocas fechas el milagro económico español, aquel periodo de crecimiento económico que se dio en los años 60 y que forma parte de las lineas trascendentales del franquismo sociológico.La alusión a estos términos y conceptos tiene como objetivo despertar los aspectos emocionales que se encuentran inmersos en el perfil del votante tradicional que el PP tiene, los nostálgicos y aquellos que si bien, por su edad, no formaron parte de la concepción del franquismo sociológico, sí se han educado de acuerdo a estos valores. La idea arraigada de que aunque el franquismo tenía sus elementos oscuros censurables, éstos eran compensados por un desarrollo económico importante, una clase media cercana al poder que había progresado y un sentimiento de nación enraizado en los principios del catolicismo.Ese franquismo sociológico que en el PP nace de Alianza Popular, fue perfectamente explicado sin quererlo, por Alberto Ruiz Gallardón, en un programa de Intereconomía. En él, el entonces alcalde de Madrid, ensalzaba el desarrollismo franquista y apelaba a no ver el periodo del franquismo en blanco y negro para encontrar la verdad de lo que fue el régimen del dictador.Lo mismo hizo Esperanza Aguirre en un debate en la asamblea de Madrid. La Presidenta de la Comunidad de Madrid utilizó el discurso revisionista de la guerra civil equiparando a los golpistas con los defensores del régimen democrático. La elusión del debate de justicia y reparación, que desde la visión del franquismo sociológico es un debate revanchista que trata de reavivar a los dos españas, es uno de los preceptos fundamentales de este pensamiento latente en el PP desde su formación.Esa misma actitud de equiparación entre un régimen democrático y el golpe fascista y la dictadura es la que han tomado varios miembros del PP cuando salieron numerosos miembros de NNGG exhibiendo símbolos fascistas y franquistas.Rafael Hernando, portavoz del PP en el Congreso, al ser cuestionado por los miembros de su formación que habían aparecido haciendo apología del franquismo y el fascismo, salió del paso diciendo que no le gustaban esas banderas como tampoco la de la república, que era un periodo que provocó un millón de muertos.Las declaraciones del alcalde popular de Baralla, que dijo en un pleno que los fusilados por el franquismo lo merecían. Las del alcalde Senén Pousa, que posa orgulloso en su despacho del ayuntamiento con cuadros y parafernalia de Franco mientras se jacta de que nadie del PP jamás se lo ha recriminado, o la de la alcaldesa de Quijorna, que usa un colegio público para realizar un mercadillo con objetos nazis y franquistas, mientras la dirección del PP de Madrid sale a defenderle por el “error”, son unas cuantas muestras que ponen de manifesto la connivencia del Partido Popular con el franquismo. Una añoranza de la que nunca se han separado por completo, bien por convicción en algunos de sus miembros, o por cuestiones electoralistas en otros.Las condenas del franquismo por parte del Partido Popular siempre han sido motivo de polémica. En las filas del Partido Popular se esgrime la moción aprobada en una comisión del Congreso en noviembre de 2002 con motivo de los 25 años de democracia. Si bien es cierto que se aprobó por unanimidad, ésta no tiene una condena explícita al régimen de Francisco Franco. Sólo una condena en genérico a la violencia en la que cada uno pudiera interpretar lo que considera. La moción aprobada que a continuación se transcribe íntegra no condena el franquismo sino, cito textualmente, “los regímenes totalitarios contrarios a la libertad”. Para ser interpretado a gusto del lector.El Congreso de los Diputados, en este vigésimo quinto aniversario de las primeras elecciones libres de nuestra actual democracia, reitera que nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas y establecer regímenes totalitarios contrarios a la libertad y a la dignidad de todos los ciudadanos, lo que merece la condena y repulsa de nuestra sociedad democrática.Segundo. El Congreso de los Diputados reitera que resulta conveniente para nuestra convivencia democrática mantener el espíritu de concordia y de reconciliación que presidió la elaboración de la Constitución de 1978 y que facilitó el tránsito pacífico de la dictadura a la democracia.Tercero. El Congreso de los Diputados reafirma, una vez más, el deber de nuestra sociedad democrática de proceder al reconocimiento moral de todos los hombres y mujeres que fueron víctimas de la Guerra Civil española, así como de cuantos padecieron más tarde la represión de la dictadura franquista. Instamos a que cualquier iniciativa promovida por las familias de los afectados que se lleve a cabo en tal sentido, sobre todo en el ámbito local, reciba el apoyo de las instituciones, evitando en todo caso que sirva para reavivar viejas heridas o remover el rescoldo de la confrontación civil.Cuarto. El Congreso de los Diputados insta al Gobierno para que desarrolle, de manera urgente, una política integral de reconocimiento y de acción protectora económica y social de los exiliados de la Guerra Civil, así como de los llamados niños de la guerra, que incluya la recuperación, en su caso, de la nacionalidad española y su extensión a sus descendientes directos, con conocimiento del derecho de voto.El mayor paso que esta moción tuvo es la denominación de dictadura al régimen franquista y el reconocimiento de la represión franquista. La enmienda que fue impulsada por el Partido Popular para limar los puntos más polémicos en su formación de la moción presentada en origen por Izquierda Unida, puede resultar suficiente para algunos, pero no incluye una condena explícita del franquismo.El hecho de que la condena no fue el punto final de la connivencia del Partido Popular con el franquismo fue su posterior actuación en la Ley de Memoria Histórica impulsada por el PSOE. El PP se opuso en la votación efectuada, que intentaba regular lo que se había aprobado en la enmienda de 2002. La reparación de las víctimas de la guerra civil y el franquismo.El grupo popular en el Parlamento Europeo también se negó a condenar el franquismoen una votación en la que fueron los únicos en hacerlo junto con la ultraderecha polaca. Mayor Oreja que fue el ponente en la Unión Europea de esa negativa aludió a la reconciliación y a las dos españas para negarse. Mayor Oreja ya había declarado en 2007 en una entrevista a la Voz de Galicia, ¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo?.Son innumerables los casos en los que, desde las instituciones, los miembros del grupo popular han olvidado aquel insuficiente paso adelante que se dio en el año 2002. El pasado mes de junio, el PP de Madrid votó en contra de eliminar la simbología franquista de las calles de la comunidad de Madrid. En mayo, el PP, junto con UPyD, se negaron a votar a favor de nombrar el día 18 de julio, día de la condena del franquismo.El Partido Popular sigue sin poder separarse de su ideología heredera del franquismo sociológico, no por sus orígenes franquistas, sino por su renuncia a renegar de ellos.Antonio Maestre. Ver: ''Disolución social y...''

5 oct 2013

El dinero: Creación y difusión (3 de 3)

El dinero bancario (las promesas de pago) sólo sirve para realizar transacciones entre cuentas bancarias ubicadas en el mismo banco. Por ejemplo: yo tengo una cuenta en el banco A y quiero hacerle una transferencia de 100 euros a Felipe. Si Felipe tiene una cuenta en el mismo banco entonces lo único que ocurre es que mi cuenta disminuye en 100 euros, y la de Felipe aumenta en 100 euros. Son simples anotaciones bancarias que no requieren ningún uso de dinero legal. Números que suben y bajan, nada más. La promesa de pago que yo tenía en mi poder ha pasado a manos de Felipe. El banco A simplemente ha pasado de deberme a mí 100 euros (de dinero legal) a debérselos a Felipe. No ha tenido que utilizar dinero legal porque nadie le ha pedido que cumpla su promesa de pago. La promesa de pago sigue viva, aunque en otras manos. Sin embargo, si la cuenta bancaria de Felipe no estuviese en mi banco sino en el banco B, la operación sería diferente. El banco B no quiere tener en su poder la promesa de pago del banco A, así que le obliga a cumplir su palabra y entregar dinero legal por valor de 100 euros. De esta forma, el banco A paga 100 euros de dinero legal al banco B. Mi cuenta se reduce en 100 euros y la de Felipe aumenta en 100 euros. El banco A ha perdido 100 euros de dinero legal, pero ya no me debe 100 euros a mí porque la promesa se ha extinguido. En cambio, el banco B ha visto aumentar su dinero legal en 100 euros, pero ahora automáticamente tiene reconocida una promesa de pago por valor de 100 euros a Felipe. Como decíamos, el dinero bancario (las promesas de pago) sólo sirve para realizar transacciones entre cuentas bancarias ubicadas en el mismo banco. Para todo lo demás, el banco tendrá que utilizar dinero legal. Es decir, cuando un cliente quiera retirar su dinero o cuando un cliente quiera hacerle una transferencia bancaria (o cuando quiera pagar en una tienda con tarjeta de crédito) a un sujeto que tiene una cuenta en otro banco, será necesario utilizar dinero legal. Con los ingresos y los gastos del sector público ocurre prácticamente lo mismo; la única diferencia es que el Estado tiene su cuenta bancaria directamente en el banco central. Cuando el banco A tiene que pagar impuestos por valor de 500 euros, lo que hace es utilizar dinero legal, porque el Estado no acepta el dinero bancario (las promesas de pago) del banco. Así las cosas, el dinero legal del banco A se verá reducido en 500 euros y la cuenta que mantiene el Estado en el banco central aumentará en 500 euros. Pero nada de promesas de pago, nada de dinero bancario; el Estado sólo acepta dinero legal. Lo contrario ocurre cuando el Estado gasta dinero en vez de ingresarlo. Si yo soy funcionario y tengo mi cuenta bancaria en el banco A, cuando el Estado me pague mi sueldo lo que hará será pagarle al banco A con dinero legal. La cuenta que tiene el Estado en el banco central se reducirá, y mi cuenta bancaria aumentará por la misma cantidad. El banco A recibirá dinero legal, y automáticamente me reconocerá a mí una promesa de pago por esa cantidad. Poco a poco vamos viendo que los bancos incrementan su dinero legal de varias formas, no sólo a través del dinero en efectivo que depositan los clientes como muchos piensan. El dinero legal de un banco puede aumentar también cuando otro banco efectúa una transacción bancaria a una de las cuentas de sus clientes, o cuando el gobierno les paga el sueldo a funcionarios que tienen su cuenta en ese banco, o cuando el banco pide dinero prestado al banco central, etc. A lo largo de cada día se producen muchas transferencias de dinero legal entre bancos. Lo que ocurre es que el banco central no da la orden de transferir el dinero legal con cada transacción, sino que espera hasta el final del día para hacerlo de una vez. Es una forma de lograr que las transferencias sean más eficientes. De esta forma, si el banco A a lo largo del día ha sido obligado a cumplir algunas de sus promesas de pago y entregar 50.000 euros de dinero legal al banco B, y en el mismo día el banco B ha sido obligado a extinguir algunas de sus promesas de pago y entregar 40.000 euros de dinero legal al banco A, entonces el banco central dará la orden de transferir 10.000 euros de dinero legal desde el banco A al banco B. Por este motivo las transferencias entre dos bancos tardan 24 horas, y por eso las transferencias dentro del mismo banco son instantáneas (porque se transfiere dinero bancario, no dinero legal). Por último (y ya aterrizamos en la aportación de algunos lectores en un artículo anterior) queda hacer una mención al proceso por el cual los bancos dan créditos a los agentes económicos. Cuando un banco otorga un crédito a un sujeto, lo que está haciendo es crear una promesa de pago; lo que está haciendo es crear dinero bancario. Si el banco me concede a mí un préstamo de 1.000 euros, mi cuenta bancaria aumentará en esa cantidad, y todo ese dinero será dinero bancario. Con esta acción, el banco se está comprometiendo a pagarme 1.000 euros de dinero legal cuando yo lo desee. Si yo quiero sacar esos 1.000 euros de mi cuenta para comprarme un portátil, el banco está en la obligación de entregarme 1.000 euros de dinero legal (en billetes y monedas). Pero si en vez de eso voy a la tienda y pago directamente con mi tarjeta de crédito, pueden ocurrir dos cosas. Si el vendedor del portátil tiene una cuenta en el banco que me ha dado el crédito, entonces la promesa de pago no se extinguirá. El dinero bancario simplemente pasará de mi cuenta a la cuenta del vendedor. La promesa de pago cambiará de manos. En cambio, si el vendedor del portátil tiene una cuenta en un banco diferente al que me ha dado el crédito, entonces la promesa de pago se extinguirá y mi banco pagará 1.000 euros de dinero legal al banco del vendedor. Es decir, a los bancos no les sale gratis crear dinero bancario (conceder créditos), porque los individuos que reciben el crédito en algún momento empezarán a consumir y es probable que el banco tenga que utilizar dinero legal. Crear dinero bancario es comprometerse a entregar dinero legal cuando sea necesario, y eso supone un coste importante para el banco. Por todo ello, los bancos no “crean dinero de la nada” como algunas personas piensan. Lo que crean de la nada es dinero bancario, pero no dinero legal que es al fin y al cabo dinero en sentido estricto (y el único capaz de crear dinero legal es el banco central). Ahora bien, es cierto que un banco puede crear dinero bancario sin necesidad de tener en ese mismo momento dinero legal que lo respalde, porque la legislación le concede dos días para conseguir la cantidad de dinero legal a la que obliga la ley (1% de todo el dinero, en la zona euro). Pero que primero creen dinero bancario y luego se preocupen de hacerse con el dinero legal necesario no quiere decir que los bancos puedan crear dinero sin coste alguno. Los bancos privados tienen un inmenso poder relacionado con el dinero y la deuda pero no es tan extraordinario como el que tiene un banco central. E. Grazón. Parte 1

4 oct 2013

El dinero: Creación y difusión (2 de 3)

El dinero bancario no es dinero en sentido estricto (el banco central no le reconoce validez). El dinero bancario son simplemente promesas realizadas por el banco que crea ese dinero. Son promesas de pago, y por eso se pueden utilizar para realizar transferencias (comprar cosas, efectuar pagos, realizar inversiones…). Vamos a explicarlo con más detenimiento utilizando un ejemplo. Yo puedo escribir en un papel: “me comprometo a pagar 1.000 euros al poseedor de este papel” y ésta es la promesa que estoy materializando en un formato físico. Si yo quiero comprarle a Isabel un mueble que cuesta 1.000 euros, en vez de entregarle billetes o en vez de hacerle una transferencia bancaria, puedo entregarle mi promesa de pago (el papel). Esto sólo tendría sentido si Isabel se fiara de mi palabra y confiara en que en un futuro le pagaré esos 1.000 euros (pero esta vez con dinero legal, no con mi promesa). Si Isabel confía en mi palabra, yo habré comprado un mueble sin utilizar dinero legal respaldado por el banco central. El proceso podría continuar: Isabel podría comprarle a Simón un portátil entregándole la promesa de pago que yo hice (el papel). Si Simón confiara en mi palabra y aceptase el papel, se habría producido otra venta sin necesidad de utilizar dinero legal respaldado por el banco central. Esta sucesión de compras y ventas podría continuar indefinidamente, siempre que aquellos que utilizaran mi papel confiasen en mi palabra. Es importante destacar que mi papel sirve como medio de pago porque yo me he comprometido a pagar 1.000 euros a aquel que tenga en su propiedad el papel y venga a reclamarme el dinero. Pero puede ocurrir que nunca vengan a reclamarme el dinero. Puesto que todo el mundo confía en mí y todo el mundo acepta mi papel en las transacciones, no hay necesidad de que se molesten en venir a mí para que le cambie el papel por los 1.000 euros. A efectos prácticos, mi papel se ha convertido en un billete de 1.000 euros. Pero sólo porque confían en mi palabra. Si yo tuviese cierta dosis de picardía podría aprovecharme de esa confianza que depositan en mí y podría fabricar más promesas de pago en otros papelitos. De esta forma, podría comprar más cosas con mis nuevas promesas, y sin necesidad de tener suficiente dinero legal. Mientras la gente confíe en mi palabra, esos papelitos funcionarían exactamente como dinero legal, pero sin serlo. El problema aparecería cuando alguien dejara de confiar en mí y viniese a mi casa a cambiar su papelito por dinero. Si sólo viniese una persona y yo pudiese pagarle 1.000 euros (de dinero legal) no pasaría nada. Pero si la desconfianza se generalizase, muchos quisieran entregarme los papelitos a cambio de dinero, y yo no tuviese en mi poder suficiente dinero legal para satisfacer sus demandas, en ese momento se me habría acabado el chollo. Tendría que reconocer que no puedo pagar, la noticia se extendería y entonces ya nadie aceptaría mis papelitos como medio de pago. Una consecuencia derivada del fin de mi ganga es que todo aquel que tuviera en sus manos un papelito tendría que soportar una pérdida. Recordemos que obtuvieron el papelito entregando algo de su propiedad por valor de 1.000 euros, pensando que el papelito valía esa cantidad. Una vez mi chiringuito es desmontado, la validez del papelito se desvanece (ya no vale nada), y su propietario tiene que reconocer inmediatamente que ha perdido 1.000 euros. El lector habrá podido ya advertir la similitud de este ejemplo de los papelitos con el quehacer de los bancos privados. En efecto, aunque los bancos privados tienen dinero legal en su poder (como explicamos en el primer post), también crean promesas de pago –pero en vez de ser papelitos como en el ejemplo son números electrónicos en cuentas bancarias y también cheques–. Estas promesas no están respaldadas por el banco central, por lo que no es dinero legal. Pero en la práctica funcionan como tal porque los individuos de la sociedad confían en los bancos y creen que siempre que vayan a sacar dinero de su cuenta los bancos les van a entregar dinero legal. En consecuencia, a lo largo y ancho de la economía se utilizan estas promesas de pago (cheques y números electrónicos en cuentas bancarias) para realizar transacciones, a pesar de que no están respaldadas por dinero legal. Por lo tanto, cada banco tiene por un lado dinero legal (en forma de dinero físico y en forma de anotaciones en la cuenta que tiene el banco en el banco central) y por otro lado tiene dinero bancario, que son promesas de pago. La proporción de los dos tipos de dinero sobre el total depende de la legislación vigente en cada territorio. En la zona euro actualmente es la siguiente: por cada 100 euros de dinero total que tenga el banco, debe tener como mínimo 1 euro de dinero legal. Los 99 euros restantes puede ser dinero bancario, es decir, promesas de pago no respaldadas por el banco central. Puede parecer una proporción exagerada, pero en realidad es más que suficiente: el 1% de todo el dinero que almacena cada banco es muchísimo dinero, y sobra para llevar a cabo las actividades rutinarias. Esto es así porque la mayor parte de las transacciones de los bancos son efectuadas con dinero bancario (promesas de pago) y no con dinero legal. Sin embargo, como ya se sabe, si por algún casual (por ejemplo, un pánico bancario) todos los clientes quisiesen retirar el dinero que han depositado en su banco, lo cierto es que no podrían hacerlo porque el banco no tiene tanto dinero legal como para satisfacer toda la demanda. E. Garzón. Parte 3

1 oct 2013

El Dinero: Creación y difusión (1 de 3)

Los bancos centrales crean dinero legal; son los únicos que tienen autoridad para originar de la nada aquello que tiene validez para realizar transacciones de todo tipo (comprar productos y servicios, hacer inversiones, realizar pagos pendientes, etc). Absolutamente nadie más puede crear dinero legal. Yo, por ejemplo, podría crear dinero inventándome un material y un diseño, pero nadie me lo aceptaría como medio de pago, al igual que ningún vendedor aceptaría billetes del juego “Monopoly” a cambio de entregar su producto. El dinero legal sirve porque todos los integrantes de una sociedad lo aceptamos como medio de pago. Sabemos que con ese dinero en nuestras manos podremos realizar transacciones porque el resto de personas confía en su validez. Y si confiamos en la validez de este dinero legal es porque como sociedad le hemos reconocido a una institución oficial (que se llama “banco central”) el poder de crear el dinero. Este dinero legal es en última instancia dinero en efectivo (monedas y billetes), y yace en los bolsillos (o monederos, carteras, cofres…) de los individuos y también en las cajas fuertes de los bancos. Pero almacenar ingentes cantidades de monedas y billetes es muy costoso y molesto para los bancos, y también lo es transportarlo de un sitio a otro. Por ello, buena parte de este dinero legal no se conserva físicamente en las cajas fuertes de los bancos, sino que los bancos lo depositan en una cuenta del banco central correspondiente. De la misma forma que un individuo guarda parte de sus ahorros en una cuenta de su banco privado, un banco privado guarda parte de sus ahorros en una cuenta del banco central. El banco central es, por así decirlo, el banco de los bancos privados. Esto tiene importantes ventajas para los bancos privados (¡las mismas que tenemos los individuos que depositamos nuestro dinero en el banco!): se despreocupan de conseguir un espacio para almacenar los billetes y monedas, se despreocupan de instalar sistemas de vigilancia para que no sufran ningún robo, se despreocupan de transportar el dinero en furgones blindados cada vez que tengan que efectuar una transferencia bancaria de cualquier tipo, etc. Imaginemos la mastodóntica cantidad de transferencias bancarias que se pueden producir entre todas las instituciones de crédito que existen. En vez de tener que transportar con cada operación el dinero físico de un sitio a otro, lo que se hace es anotar las cantidades transferidas (tecleando cifras) en las cuentas correspondientes del banco central. Si el banco A le transfiere 1.000 euros al banco B, no envía ningún furgón blindado con billetes para transportar el dinero, sino que en la cuenta que tiene el banco A en el banco central vemos que la cifra correspondiente disminuye en 1.000, mientras que la cuenta que tiene el banco B en el banco central aumenta en 1.000. Son simples anotaciones electrónicas; no hay ningún traslado de dinero físico. De hecho, ¡ni siquiera existe ese dinero físico al que representan los dígitos! Pero no podemos olvidar que todas estas cifras electrónicas tienen validez: están respaldadas por el banco central. Visualmente son simples números que aumentan y disminuyen, pero en la práctica funcionan como medio de pago útil (con estos números se pueden comprar cosas, efectuar pagos, realizar inversiones…). Yo podría escribir en un papel el número “1.000”, pero no me serviría para nada porque nadie aceptaría mi papel como medio de pago. En cambio, si lo hace el banco central sí sirve, porque es la institución encargada de crear dinero. A mí nadie me ha otorgado ese poder. Al banco central sí. Planteémoslo de una forma más gráfica para una mejor comprensión. Imaginemos el caso extremo en el que un banco privado tuviese que entregar todo su dinero legal a sus clientes en mano. Los billetes y monedas que tuviese en su caja fuerte los entregaría directamente. El resto del dinero, que no está allí físicamente sino que sólo existe como simples anotaciones digitales en la cuenta que mantiene el banco en el banco central, tendría que ser fabricado por el banco central. Pero lo haría, porque al ser dinero legal está respaldado por la institución. Es dinero válido, y si por cualquier circunstancia hubiese que manejarlo en forma de billetes y monedas el banco central se encargaría de poner en funcionamiento las máquinas de impresión. Hasta ahora hemos hablado del dinero legal, que es el dinero en sentido estricto (al cual el banco central le reconoce validez) E. Garzón. Parte 2

29 sept 2013

Capitalismo y crisis económicas

Toda empresa capitalista se basa en la ganancia, esto es, en obtener una cantidad suficiente de beneficios por encima del capital invertido. Para ello es requisito indispensable vender los productos que previamente ha producido en lo que se llama el “ciclo de producción”.
Pero para poder vender esos productos necesita que existan, a su vez, unos compradores. Y es aquí donde empiezan los problemas. Si no existe mercado, es decir, si no hay compradores dispuestos a gastarse su dinero en adquirir los productos entonces la empresa no puede deshacerse de lo que ha producido y por lo tanto no puede obtener los beneficios necesarios para que su actividad sea rentable. Tendrá que quedarse con los productos en su almacén y entrará en una crisis de rentabilidad. Si la empresa no necesitara aumentar de tamaño y mejorar su ciclo de producción, necesitaría más o menos la misma cantidad de clientes a lo largo de toda su existencia, lo cual no debería generarle demasiados problemas. Si pudo durante un período encontrar suficientes clientes para hacer negocio, seguramente podrá volver a encontrarlos en otra ocasión. Y, siempre que no necesite encontrar un número superior de clientes, no tendrá demasiadas dificultades para seguir desarrollando su actividad a lo largo del tiempo. El problema es que sabemos que en un sistema capitalista las empresas deben incorporar innovaciones y mejorar su aparato productivo, porque de no hacerlo corren el riesgo de ser aniquiladas por la competencia. Al lograr mejoras y avances, las empresas serán capaces de crear más productos en menos tiempo. Pero para poder materializar la ganancia tendrán que vender todos esos nuevos productos que ahora generan de más, por lo que necesitarán nuevos clientes o que los mismos clientes acudan más veces a comprar. Pensemos en la relación entre ciclos de producción y ciclos de consumo. La tecnología ha llevado a un acortamiento de los ciclos de producción (por ejemplo, ahora es posible producir un coche en mucho menos tiempo que antes) y eso ha supuesto un mayor crecimiento de la oferta potencial: se pueden producir muchos más coches al año. Lo que significa que se pueden vender más coches al año.  Pero como hemos dicho antes para que todo esto funcione en el marco del sistema capitalista es necesario también que el ciclo de consumo se reduzca igualmente a la misma velocidad, es decir, que no basta con que se produzcan más coches al año sino que también se tienen que vender de forma efectiva (o deviene la crisis). En condiciones normales las empresas no logran vender la producción que han generado de más. El problema puede ser de índole económico o psicológico. Será económico cuando las compras no se produzcan porque los que quieren comprar no tengan dinero suficiente. En este caso es un problema distributivo y puede solucionarse –en principio–: a) incrementando los salarios de los trabajadores y/o b) concediéndoles préstamos. El boom de los años de posguerra (1945- 1975) tiene mucho que ver con el aumento de los salarios de los trabajadores, y las últimas tres décadas (1975-2007) tienen mucho que ver con el aumento de los préstamos. Pero puede ocurrir que aunque no haya compras sí haya compradores potenciales, es decir, gente que podría comprar esos productos porque tienen dinero suficiente pero que de momento no ha decidido hacerlo (porque no le interesa o porque no sabe que puede comprar más). Éste es el factor de índole psicológico que habíamos comentado. Es aquí donde entra en todo su esplendor la magia de la publicidad y su función de “crear necesidades, crear mercados”, consistente en mentalizar al consumidor de que el producto es antiguo y hay que sustituirlo por uno nuevo (caso evidente de la ropa y de los teléfonos móviles). Pero también nos encontramos con algunas estrategias empresariales todavía más detestables. Una de ellas es la de limitar técnicamente la vida del producto (caso de las impresoras o las bombillas, por ejemplo) y hacer de esa forma que el producto pierda valor de uso y haya que sustituirlo igualmente. El objetivo siempre es el mismo: volver a vender nuevos productos para evitar la quiebra de la empresa (que necesita reinvertir beneficios ad nauseam). Por eso no podemos analizar este problema de otra forma que no sea asociándolo directamente con el funcionamiento interno del capitalismo. No se trata de la maldad de unas cuantas empresas avariciosas que disfrutan torturándonos con mensajes publicitarios u obligándonos a desechar nuestros productos antes de tiempo. Lo que ocurre es que no habría un problema mayor para el capitalismo que una producción generalizada de bienes con larga vida útil y, por lo tanto, sin la inherente necesidad de ser reemplazados. Las empresas estarían de ese modo sentenciándose a sí mismas. No podemos olvidarnos de que el capitalismo es un sistema absurdo desde el punto de vista social y ecológico, pero a la vez es, sin embargo, profundamente lógico y consistente desde el punto de vista económico. Además, debido a su necesaria e incesante búsqueda del crecimiento económico, el capitalismo ha conseguido los mayores avances en la historia de la humanidad en cuanto a adelantos tecnológicos y riqueza material. La necesidad de innovar para destacar en el mercado, imponerse frente a otros competidores y obtener beneficios ha empujado a las empresas a desarrollar nuevas tecnologías y a crear nuevos productos y servicios que facilitan la vida del ser humano.
En este sentido, el capitalismo se ha mostrado ampliamente capaz y eficaz, y esta característica puede ser considerada sin duda la principal ventaja de este sistema económico. Ahora bien, la cuestión hoy día debe girar en torno a la siguiente pregunta: ¿de verdad necesitamos seguir aumentando como sociedad nuestra riqueza material a pesar de que ello genere amplias bolsas de pobreza y elevados niveles de desigualdad así como graves atentados contra el medio ambiente, o ya va siendo hora de detener este ritmo vertiginoso de producción y dedicarnos a repartir de un modo razonablemente equitativo la abundante riqueza que ya sabemos y podemos generar respetando además los límites de la naturaleza? E. Grazón. Ver: 5 Crisis financieras que cambiaron el mundo

21 ago 2013

El autoritarismo en la globalización

En las actuales condiciones del orden mundial recuperándose de una severa crisis económica, se observa un alza significativa en la receta autoritaria para gobernar. La interminable oposición del sector más reaccionario del Partido Republicano a la ley de reforma al sistema de seguridad en la salud (ACA), es el ejemplo más nítido de este autoritarismo. Es donde se cruza el objetivo ideológico de impedir que el estado participe en la seguridad social y el interés de los consorcios del capitalismo desregulado y más voraz. Los chispazos de mayores cuotas de progresismo y apertura a la demanda popular por mayor igualdad en la elección de Bill de Blasio, como alcalde de Nueva York, un eje cultural y económico del capitalismo mundial, es apenas un pequeño resplandor.

Lo que se observa es que el instrumento económico es cada vez más determinante en todo el espectro de la negociación política. Ese creciente autoritarismo económico, para funcionar con eficacia, debe estar acompañado con el garrote político que se expresa en políticas públicas insensibles al pulso social. Se exhibe en las posturas del gobierno de Angela Merkel, que impulsa medidas en materia económica contrarias a que Estados Unidos pueda implementar crecimiento con un grado aceptable y manejable de inflación. (“Those Depressing Germans”. Paul Krugman; NYT).

Alemania desde su circuito de poder en la Comunidad Europea, mantiene que la deflación es un correctivo más eficiente para impulsar crecimiento. En el fondo el criterio teutón responde a una antigua lucha entre Europa continental y Estados Unidos respecto al valor del US Dólar para que la economía norteamericana no se recupere con la velocidad requerida y no engulla a una moneda, como el Euro, que nunca ha podido despegar como moneda de solvencia asegurada en el circuito del intercambio comercial. Las diferencias de competitividad en las diferentes economías comunitarias europeas se han visto reflejadas con la crisis de 2008.

La postura económica germana es indeleble políticamente respecto a las necesidades de la economía global, poniendo así en juego las bases de una alianza transatlántica ya resquebrajada por mutuos errores en atinar con un orden mundial más igualitario y más pacífico. Alemania y su postura económica frente a Grecia, España y Portugal y las economías menos desarrolladas, respaldan el argumento de que democracia y libre mercado, per se, no forman un sistema político. Menos se sustenta que puedan estimular a que sociedades históricamente con menor nivel de desarrollo puedan absorber los ajustes fiscales y las reformas institucionales correspondientes.

Europa Comunitaria está presionada por múltiples amenazas y fenómenos expansivos de diferente naturaleza proveniente de China, Rusia, África y Estados Unidos. Pues bien, para contenerlos, Alemania recurre al sostén económico que quizás sea el capital más vulnerable que siempre ha tenido Europa Occidental, desdeñando su capital mayor que es el político.

La economía global ha hecho más visible una falla principal en el estado liberal y dos medidas a las que se recurre en tiempos de crisis: autoritarismo económico y político; o, protección financiera y seguridad (férrea) en la sociedad.

El primer capítulo se inaugura con el ajuste estructural de las economías a comienzos de la década de 1980. La medida se adopta sin consulta ciudadana. La crisis financiera de la década anterior obliga a la economía global a que el estado reduzca sustancialmente su rol económico y social a través de la privatización de servicios y bienes públicos y con desregulación activa. En el segundo capítulo los países subdesarrollados son obligados a pagar deudas, equilibrar su cuenta corriente y reducir el gasto fiscal para programas sociales.

El resultado es la debacle generalizada en los sectores de salud y educación. El efecto se extiende a países desarrollados. El tercer capítulo comienza en la crisis de 2008 cuando se le solicita a ese estado ya debilitado, que sostenga al sistema financiero y que además ajuste el gasto fiscal social. El problema del estado liberal post segunda guerra mundial y su inclinación a concebir la democracia con supuestas dosis de calidad en la representatividad, con grados tolerables de pluralismo y respeto a los derechos, es haber "encontrado" un sistema económico – el del ajuste estructural de los 80- que se impuso violando ese patrón aceptado de pluralismo y aspiración por igualdad.

A partir de este ajuste, los sistemas políticos no representan las diferencias de la población y la evolución de sus intereses. El sistema solo puede aplicarse con autoritarismo y verticalidad a través del poder (de liquidez especialmente) en los grandes consorcios que secuestran las bases del estado y de las instituciones políticas que, en rigor, se convierten en sucursales del gran capital. El sistema económico no concibe un sistema político más horizontal y participativo que lo sustente porque pierde eficacia. El sistema económico impuesto alteró las bases del liberalismo y la tendencia hacia el autoritarismo de la década de 1980 se manifiesta en otra dimensión, aunque con instrumentos más sofisticados, a veces.

Ese autoritarismo creciente en la globalización, se expresa también en un plano geopolítico. La afrenta contra Siria derivada en terrorismo desenfrenado, permite hacer una pregunta que pocos se hacen, excepto los Sirios que resisten: ¿Por qué tanto odio contra Siria? Por cierto, Siria con el gobierno de Bashar al Assad no ha entrado en los términos de referencia que impone la globalización.

Siria es la punta del Iceberg porque en buena medida cualquier país que rechace o sea renuente a aceptar el modelo económico de la globalización, corre la suerte de ser golpeado por el autoritarismo que se implementa por la vía más determinante que es la inversión extranjera. “O te adaptas a las reglas del juego o pereces”, parece ser el logo de presentación de los propietarios del capital transnacional.

La fórmula del autoritarismo económico y político encarnado en máxima protección del sistema financiero y máxima seguridad para prevenir levantamientos sociales no están dando resultados. El mundo se ha hecho cada vez más inestable y las empresas de seguridad y la industria del armamento se han enriquecido en este período de incertidumbre económica (armscontrol.org). Las corporaciones transnacionales también han aumentado sus tasas de ganancias en el período de crisis (UNCTAD).

El problema central consiste en que el actual modelo económico no ha generado un sistema político que lo sustente política y socialmente. Los reclamos de la población están repartidos y la “bomba social” en el planeta crece. ¿Es efectivamente la revolución socialista el límite desconocido o melancólico, de ese autoritarismo descontrolado que produce el capitalismo? Juan Fco. Coloane. Ver: Nuevos hábitos del Imperio