1 ago. 2017

El Patrón oro

Como se sabe, el petróleo ha caído por debajo de los 70 dólares el barril por primera vez desde junio de 2010. Solo el día de Acción de Gracias en EEUU cayó un 6% en 24 horas. El precio del crudo se ha reducido más del 25% en los últimos tiempos. La gente está contenta de que la gasolina esté barata (sic), pero lo que está detrás es muy preocupante. El portal Business Insider atribuyó la reciente caída en los precios del petróleo, entre otras cosas, a un exceso de oferta global. Pero esto es lo que la Reserva Federal quiere hacernos creer. Acabando la Segunda Guerra Mundial, el petrodólar reemplazó al modelo estándar de precios basados en el oro en EEUU. El problema es que, actualmente, EEUU tiene una deuda aplastante, y el modelo estándar de precios basados en el oro lo abandonó hace mucho tiempo. Hasta hace muy poco, si una nación quería comprar crudo tenía que comprar dólares a la Reserva Federal para completar la compra. Si se produce una desestabilización, ya sea en el precio del petróleo o en el valor del dólar, ambos se derrumban. Ante esto, los BRICS han hecho una gigantesca inversión en oro bajo el liderazgo de Putin. Hace dos años China inició la compra de petróleo iraní en oro. India ha seguido el ejemplo, como también los rusos. Los días del “petrodólar” están contados; por tanto, también el respaldo al dólar. Los BRICS están negociando el oro entre ellos y todos van a abandonar el dólar a la vez. Si la Reserva Federal se derrumba, el holocausto económico resultante hará que EEUU sea una nación irreconocible dentro de poco tiempo. Y las más grandes fortunas del país se irán por el retrete de un día para otro. Las acusaciones occidentales contra Putin tradicionalmente se centran en el hecho de que sirvió en el KGB. Y añaden que es un hombre austero, autoritario y demás lindezas; muy del estilo de los corruptos dirigentes occidentales, para los que Putin tiene la culpa de todo. Sin embargo, curiosamente, nadie ha acusado a Putin de falta de inteligencia. Cualquier ataque contra Putin suele ir acompañado de un reconocimiento de su capacidad para el pensamiento analítico y para tomar de inmediato decisiones políticas y económicas claras y ajustadas. Los medios de comunicación occidentales a menudo comparan esto con la capacidad de Putin para jugar a una especie de ajedrez relámpago. La evolución reciente de la economía de EEUU -y Occidente en general- lleva a la conclusión de que, al menos en esta parte del juicio sobre Putin, los medios occidentales tienen toda la razón. A pesar de la monserga triunfante de Fox News y CNN, hasta la fecha, la economía de Occidente, liderada por EEUU, ha caído en la trampa de Putin. La posibilidad de que Occidente salga de la actual crisis económica estructural no se ve por ningún sitio. Y cuanto Occidente más está tratando de escapar de esta trampa, menos remedios encuentra. ¿Qué es lo verdaderamente trágico de la situación de Occidente y EEUU? ¿Y por qué todos los medios de comunicación occidentales y los economistas occidentales silencian este aspecto, como si fuera un importante secreto militar? Vamos a tratar de entender la esencia de los acontecimientos en este momento desde el punto de vista de la economía, dejando de lado los aspectos morales y la geopolítica.

Después de darse cuenta de su fracaso en Ucrania, Occidente, encabezado por EEUU, estableció el objetivo de destruir la economía rusa a través de una caída de los precios del petróleo y, de paso, del gas, una de las principales fuentes de ingresos del presupuesto de Rusia y la principal fuente de reservas de oro. La última vez que el gobierno de Reagan, junto al resto de Occidente, redujo los precios del petróleo consiguieron sus objetivos y provocaron el colapso de la URSS. Pero la historia ahora no se repite. En este momento, Occidente tiene enfrente a Putin, un judoka y jugador de ajedrez, que sabe utilizar las fuerzas del adversario para volverlas en su contra y atacar con un costo mínimo de sus propias fuerzas y recursos. La política real de Putin no se dirige a lo espectacular, sino a la eficiencia. Muy pocas personas entienden lo que Putin está haciendo en este momento. Y casi nadie sabe lo que va a hacer en el futuro. Por mucho que pueda parecer extraño, la realidad es que ahora Putin vende petróleo y gas rusos sólo a cambio de oro físico. Putin no lo grita a voces a todo el mundo. Y, por supuesto, sigue aceptando dólares como un medio provisional de pago. Pero de inmediato cambia todos los ingresos de la venta de petróleo y gas en dólares por oro físico. Para entender esto, basta con ver la dinámica de crecimiento en la estructura de las reservas de oro de Rusia y comparar estos datos con los ingresos en moneda rusos procedentes de las ventas de petróleo y gas para el mismo período. En el tercer trimestre del presente año, la compra de oro físico por Rusia estaba en un máximo histórico, un nivel récord. En el tercer trimestre de este año Rusia ha comprado la increíble cantidad de 55 toneladas de oro. ¡Esto es más que lo que han comprado (según cifras oficiales) los bancos centrales de todo el mundo juntos! En total, los bancos centrales de todo el mundo han comprado en el tercer trimestre de 2014 93 toneladas del metal precioso. Fue el decimoquinto trimestre consecutivo de las compras netas de oro de los bancos centrales. De las 93 toneladas de compras de oro de los bancos centrales de todo el mundo durante este período, 55 toneladas se fueron a Rusia. No hace mucho tiempo los expertos británicos llegaron a la misma conclusión que se publicó hace unos años en un Dictamen del USGS. A saber: Europa no puede sobrevivir sin los suministros energéticos procedentes de Rusia. Lo que traducido quiere decir: “El mundo no puede sobrevivir si el saldo de la oferta energética mundial depende de los suministros de petróleo y gas de Rusia.” Por lo tanto, todo el orden económico mundial construido en base a la hegemonía del petrodólar está en una situación catastrófica. Como Occidente no puede sobrevivir sin los suministros de petróleo y gas de Rusia, no puede evitar que el petróleo y gas de Rusia sea vendido a Occidente solo a cambio de oro físico. Y Rusia puede hacerlo debido a los precios actuales del oro, presionado a la baja, por las buenas o por las malas, por el mismo Occidente. Es decir, gracias a unos precios del oro que se han reducido artificialmente por la FED para inflar artificialmente, a través de la manipulación del mercado, el poder adquisitivo del dólar estadounidense. Dato interesante: La supresión del departamento especial del Gobierno de los Estados Unidos – FSE (Fondo de Estabilización Cambiaria) reduce los precios del oro, con el fin de estabilizar el tipo de cambio del dólar estadounidense.
En el mundo financiero, se da por sentado el postulado de que el oro es el anti-dólar.
– En 1971, el presidente estadounidense Richard Nixon cerró la “ventana del oro”, poniendo fin al cambio dólar-oro, garantizado desde el año 1944 en los acuerdos de Bretton Woods.
– En 2014, el presidente ruso, Vladimir Putin, abrió una “ventana del oro”, sin prestar atención a lo que piensan y hablan de ello en Washington.
Ahora es Occidente quien tiene que realizar esfuerzos y dedicar recursos para suprimir el cambio oro con petróleo para, de esta manera, por un lado distorsionar la realidad económica existente a favor del dólar estadounidense, y por otro, intentar destruir la economía rusa que se niega a jugar el papel de vasallo obediente de Occidente. En este momento, los activos como el oro y el petróleo se debilitaron artificialmente y se encuentran excesivamente infravalorados frente al dólar estadounidense. ¿Cuál es la consecuencia de ese enorme esfuerzo económico por parte de Occidente? Pues que Putin vende recursos energéticos rusos a cambio de los artificialmente reforzados dólares. Pero de  inmediato se compra oro, cuyo precio es artificialmente bajo frente al dólar estadounidense ¡gracias a los mismos esfuerzos de Occidente! Hay otro punto interesante en la partida de Putin. Es el uranio que Rusia vende también en dólares. Por lo tanto, a cambio del petróleo, el gas y el uranio de Rusia, Occidente paga dólares estadounidenses  -cuyo valor está inflado artificialmente frente al petróleo- y Rusia compra oro, cuyo precio está reducido artificialmente por el mismo Occidente.  Putin utiliza el dólar sólo para cambiarlo por el oro físico de Occidente. Esto es, realmente, una brillante táctica económica de Putin que pone a Occidente, encabezado por los EEUU, en la posición de esa serpiente agresiva que se va devorando a sí misma por su propia cola. La idea de esta trampa económica contra Occidente probablemente no ha sido de Putin. Lo más probable es que la idea haya sido de su asesor sobre temas económicos, el  académico Glaziev. Por eso aparece Glaziev, funcionario del gobierno, junto con muchos hombres de negocios rusos, incluido por Washington en las listas de sancionados por Occidente. Para colmo, las ideas del académico Glaziev, brillantemente puestas en práctica por Putin, cuentan con el apoyo total de sus colegas de la China de Xi Jinping. De particular interés en este contexto es la declaración de noviembre de la primera vicepresidente del  Banco Central de la Federación de Rusia, Ksenia Yudaeva, que hizo hincapié en que el Banco Central de Rusia puede utilizar el oro de sus reservas para pagar las importaciones si fuera necesario. Obviamente, en términos de sanciones por parte del mundo occidental, esta declaración va dirigida a los BRICS y especialmente a China. Para China, la voluntad de Rusia de pagar bienes con oro occidental es muy práctica. He aquí por qué: China anunció recientemente su intención de aumentar sus reservas de oro expresadas en dólares estadounidenses. Teniendo en cuenta el creciente déficit comercial entre los EEUU y China (la actual diferencia es de cinco veces en favor de China), esta declaración se traduce en el lenguaje financiero como: “China deja de vender sus productos por dólares”. Y la pregunta no es si China se niega literalmente a vender sus bienes por dólares estadounidenses. China, por supuesto, seguirá aceptando dólares estadounidenses como un medio provisional de pago por sus bienes. Pero, tomando dólares, China inmediatamente buscará deshacerse de ellos y sustituir al dólar en la estructura de sus reservas por oro por otra cosa. Lo contrario carece de sentido para las autoridades monetarias de la República Popular China”. Es decir, China no va a comprar más de lo recaudado en dólares con el comercio con cualquier país. Por lo tanto, China reemplazará todos los dólares que iba a recibir por sus productos no sólo de los EEUU sino también, en general, de todo el mundo por otra cosa, “no aumentar sus reservas de oro expresadas en dólares estadounidenses.” Y aquí surge la pregunta más interesante: ¿con qué piensa China reemplazar sus excedentes en dólares? ¿En qué tipo de moneda o activo? El análisis de la actual política monetaria de China muestra que lo más probable es que los dólares provenientes del comercio, o una parte significativa de ellos, China los reemplazará -y, de hecho, ya lo está haciendo- por oro. Recientemente, en los medios han aparecido noticias que van en la dirección expuesta. Aprovechando la caída del precio del oro en el mercado mundial, el Banco Popular de China podría haber comprado grandes cantidades de este metal en un intento de diversificar sus reservas, sugieren expertos. El Banco Popular de China asegura que las reservas de oro de la nación se sitúan en las 1.054 toneladas. Sin embargo, diversos analistas aseguran que el gigante asiático está comprando oro clandestinamente. Uno de ellos es Alasdair Macleod, columnista del sitio web Gold Money. En su opinión, la demanda de oro en China alcanzó en 2013 las 4.843 toneladas, casi cuatro veces la cantidad contabilizada oficialmente por la Asociación China del Oro. Por su parte, el analista Koos Jansen subraya que la cantidad oficial de 1.054 toneladas de oro es una gran subestimación, como recoge el portal Want China Times. A su juicio, China se ha propuesto dominar el mercado aurífero y lo está logrando, sobre todo, gracias a los bancos centrales occidentales. Asimismo indica que el país asiático ha importado entre 8.000 y 9.000 toneladas de oro desde 1995. Si esta cantidad se hubiera puesto bajo custodia del Banco Popular de China, la cifra oficial de reservas de oro de China estaría al mismo nivel que la de EEUU, agrega. En este aspecto, las relaciones ruso-chinas son extremadamente buenas tanto para Moscú como para Pekín. Rusia compra bienes directamente de China con oro a su precio actual. Y China compra energía rusa con oro a su precio actual. En esta complicidad ruso-china están los productos chinos, la energía de Rusia, y el oro como medio de pago. Fuera de esta complicidad se ha quedado un actor: el dólar estadounidense, debido a que el dólar no es más que un instrumento financiero intermedio y entre los dos socios han decidido excluirlo. El énfasis en el término “oro físico” se hace porque, a cambio de su energía, Rusia retira de Occidente oro, pero sólo en la forma de oro físico, en lugar de oro-papel. También lo hace China, retirando de Occidente oro físico como medio de pago para la entrega de sus productos. Occidente esperaba que Rusia y China aceptaran como pago por su energía y todo tipo de bienes el llamado shitcoin (“oro papel”), pero Rusia y China no lo han aceptado como un medio de pago final y sólo están interesados ​​en el oro físico. Con la aplicación del mecanismo de retirada activa de oro artificialmente bajo en el mercado de Occidente, a cambio de otro activo financiero artificialmente alto (dólares estadounidenses), Putin ha iniciado la cuenta atrás de la hegemonía mundial del petrodólar. Por lo tanto, Putin está poniendo a Occidente contra las cuerdas dentro de cualquier perspectiva económica positiva. Occidente puede dedicar sus esfuerzos y recursos para aumentar artificialmente el poder adquisitivo del dólar, bajar los precios del petróleo y reducir artificialmente la capacidad de compra de oro. El problema para Occidente es que las existencias de oro físico a su disposición no son ilimitadas. Por lo tanto, cuanto más devalúa el petróleo y el oro frente al dólar estadounidense, más rápidamente pierde el oro de sus reservas, que no es infinito. En la partida económica de Putin, las reservas de oro físico de Occidente están fluyendo rápidamente hacia Rusia, China, Brasil, Kazajstán y la India -los países BRICS-. A partir de ahora, Occidente simplemente no tendrá tiempo para hacer nada contra la Rusia de Putin mientras colapsa el petrodólar a nivel mundial. En el ajedrez, la situación en la que Putin ha puesto al Occidente liderado por los EEUU es llamada “el apuro del tiempo.” El mundo occidental nunca se había enfrentado al tipo de eventos y fenómenos económicos que están sucediendo en estos momentos. Rusia, con la caída de los precios del petróleo, compra rápidamente oro. Así, Rusia se ha convertido en una amenaza real para la existencia del modelo americano de dominación mundial por medio del petrodólar. El principio más importante del modelo del petrodólar, que ha permitido a los países occidentales liderados por EEUU vivir a costa del trabajo y de los recursos de otros países y pueblos, se basa en el FOMIN (sistema monetario mundial) en el que domina el papel moneda de los EEUU. El papel del dólar es que es el último medio de pago. Esto significa que la moneda nacional de los EEUU es el último depósito de activos, que puede cambiarse por cualquier otro activo. Lo que ahora están haciendo los países BRICS, encabezados por Rusia y China, es en realidad cambiar el papel del dólar en el sistema monetario mundial. De ser el medio definitivo de pago y de acumulación de activos, la moneda nacional de los EEUU, debido a las acciones conjuntas de Moscú y Pekín, se convierte en sólo un simple medio de intercambio de pago. Debe usarse sólo como medio de pago para el intercambio por otra cosa y, de hecho, el activo financiero final es el oro. Por lo tanto, el dólar se ve privado de su papel como medio final de pago y acumulación de activos, eliminando así el poder que tenía  hasta ahora en la economía mundial. Tradicionalmente, Occidente ha utilizado dos formas de eliminar las amenazas al modelo hegemónico del petrodólar en el mundo y, por tanto, mantener así un privilegio exorbitante para Occidente. Uno de estos métodos ha sido alentar, promover y financiar las llamadas “revoluciones de colores”. El segundo método que aplica por lo general Occidente, si no funciona el primero, es la agresión militar. Pero en el caso de Rusia, ambos métodos son para Occidente imposibles o inaceptables. Porque, para empezar, la población de Rusia, a diferencia de la de muchos otros países, se ha negado sistemáticamente a intercambiar su libertad y el futuro de sus hijos, por los abalorios del oeste que se puedan obtener en ese momento. Esto se hace evidente en la popularidad récord de Putin, señalada regularmente por los medios de Occidente. El opositor a Putin protegido por Washington, Navalny, amigo personal del senador McCain, es percibido por el 98% de la población rusa únicamente como un vasallo de Washington y un traidor a los intereses nacionales de Rusia. Por lo tanto, cualquier revolución de color en Rusia, más aún tras las últimas decisiones legislativas, sería un fracaso seguro para los belicistas occidentales. En cuanto a la segunda forma tradicional de Occidente, la agresión militar directa, Rusia ciertamente no es Yugoslavia, ni Irak, ni Libia. Cualquier operación militar no nuclear contra Rusia, en el territorio de la propia Rusia, está condenada a una derrota aplastante. Y los generales del Pentágono, en el ejercicio de su liderazgo real de las fuerzas de la OTAN, son muy conscientes de esto. Del mismo modo, no hay perspectivas de una guerra nuclear contra Rusia, incluyendo el concepto del llamado “ataque nuclear preventivo”. La OTAN simplemente no ve técnicamente posible dar un golpe tal que desarmara completamente el potencial nuclear de Rusia en sus múltiples formas. La represalia nuclear masiva que seguiría contra las potencias enemigas agresoras hace esta opción inasumible. Y su capacidad total sería suficiente para asegurar que los sobrevivientes envidiarían a los muertos. Es decir, un intercambio nuclear con un país como Rusia es, en principio, inútil para hacer frente a los problemas de colapso mundial del petrodólar. Los economistas occidentales sin duda son conscientes de la profundidad de la tragedia y lo desesperado de la situación a causa de la trampa económica de Putin con el oro. En efecto, desde los tiempos de los acuerdos de Bretton Woods, la regla de oro (nunca mejor dicho) de la economía era: “Quien tiene más oro, establece las reglas.” Pero sobre esto en Occidente todo el mundo guarda silencio. Silencio…porque no se sabe cómo encontrar una salida a esta situación. Y también porque, tal vez, si se le explica a la opinión pública en detalle el desastre económico en curso, la gente se puede preguntar si es necesario mantener a los partidarios de la hegemonía mundial de los  petrodólares. Por tanto:
– ¿Cuánto tiempo podrá mantener Occidente la compra de petróleo y gas de Rusia a cambio de oro físico?
– ¿Y qué pasará con el petrodólar estadounidense después de que Occidente necesite oro físico para pagar por el petróleo ruso, el gas y el uranio, así como para pagar por los productos chinos? 
La respuesta a estas preguntas, aparentemente simples, nadie las puede contestar hoy en día en Occidente.Texto: Dmitry Kalinichenko. Ver: Callejón sin salida

2 jul. 2017

La auténtica información

Me parece fundamental, para ser auténticamente consciente de lo que se oculta tras las apariencias de la política y de la sociedad, establecer dudas de las ideas establecidas que recibimos continuamente, pensar con criterios propios usando nuestra inteligencia para tratar de acercarnos a la verdad.
Ésta, no resulta sencilla de definir ni de formular pero, al menos, creo que es nuestra obligación acercarnos a una explicación exacta. Pienso que es una postura extremista el aislamiento total respecto a los grandes medios de comunicación; es esencial estar informado por muchos frentes, incluidos los controlados por las grandes empresas o instituciones, pero es exigible una mayor crítica con lo que se está leyendo o recibiendo. Es vital, por lo tanto, la continua información -sin la misma, no puede existir democracia-, pero también una crítica constante de la misma; sin el hábito de leer constantemente y hacerlo de manera activa, se prepara el terreno para la manipulación y el embrutecimiento, de tragar con lo que nos echen, de aceptar la realidad tal y como se nos la presenta.Hay que comprender, en primer lugar, que los periódicos generalistas, así como cualquier otro medio de ese tipo, lo que desea es vender ejemplares y formar opinión -quizá, por este orden- por lo que debemos deshacernos de esa idea tan sectaria e ingenua de que un diario u otro representan alguna línea política; tal vez puedan hacerlo en cierto sentido, pero perfectamente ajustada a los parámetros del poder, yo me refiero a que no existe una orientación auténticamente transformadora. Puede ser que trabajen más profesionales “progresistas” en el diario El País, pero considerar que eso suponga una defensa de la clase trabajadora, de los desfavorecidos, resulta disparatado. Es posible que hace tres décadas, cuando la transición abría una etapa esperanzadora, pudiera resultar creíble para muchos tal cosa; patético resulta en la actualidad seguir sosteniendo tal afirmación después de varias legislaturas “socialistas”, con todo un imperio mediático -terrible resulta la idea de alguien que solo se informe por medio de un diario, una radio o una cadena de televisión, concentradas en las mismas manos- puesto al servicio de un partido que todavía conserva la palabra obrero en sus siglas y la instauración de otra democracia burguesa más en este país -sí, burguesa, no hay que tener miedo a las palabras y no temo que me acusen de usar una terminología anacrónica; recomiendo a los excépticos que echen un vistazo a la definición de la palabra “burgués” y observarán cómo somos capaces de tragarnos el cuento y formar parte del sistema-.Nuestra democracia formal no utiliza ya, como en otras formas de gobierno, claros instrumentos de coerción sino que el asunto se vuelve mucho más sutil y, en gran medida, bien de forma consciente o por omisión de información, es posible que el aparato estatal se sustente en una continua propaganda incapaz de cuestionar, ni de profundizar, en los problemas políticos o sociales.Por otra parte, los medios de comunicación están muy implicados en la economía capitalista; por esto, defenderán una concepción del mundo ajustada a ella, una continua afirmación de que vivimos en el mejor de los mundos posibles y no existe, por lo tanto, una alternativa política ni económica. Me da la impresión que los profesionales de la información se van adaptando a este esquema y si no existe una censura clara -que no digo que no la haya, estoy seguro de que muchas voces son acalladas de manera sistemática, de una manera o de otra-, sí existe la autocensura del que informa, resultando más perversa, si cabe , ya que la domesticación esta asegurada. Estoy hablando en términos generales; existen voces honestas, independientes y discordantes, ajenas a las estructuras del poder y celosas de su independencia, pero que resultan muy débiles, en el conjunto, para hacer el más mínimo daño.Si alguna vez pudo considerarse que el llamado “cuarto poder” podía criticar desde fuera el funcionamiento político, hoy se ha convertido en un poder más que defiende sus propios intereses y, coyunturalmente, los de alguna opción política que le garantice su parte del pastel. No me olvido de los medios propiedad de la institución católica, garantes, según afirman en sus últimas promociones, de una información libre, pero lo que defienden y afirman, en numerosas ocasiones, me parece tan grotesco y carente de sutileza que la cosa habla por sí misma. Recomiendo, eso sí, por favor, a las personas que se consideran católicas en este país, igual que hacía anteriormente generalizando en el conjunto de la sociedad, que sean igualmente críticas y autoconscientes, dejando a un lado las creencias individuales de cada uno, para no dar protagonismo al prejuicio y a la ligereza allí donde se debe profundizar y racionalizar.Otra gran perversión de la información -y del profesional que la maneja- en los tiempos modernos es su conversión en espectáculo, el sensacionalismo que busca acaparar atención a cualquier precio y que conlleva observaciones no contrastadas. Si manipulaciones informativas ha habido siempre, las modernas técnicas digitales suponen que el documento visual, que siempre ha tenido mayor credibilidad, adquiera otra dimensión en cuanto al trucaje de la realidad, situando en una situación de absoluta indefensión a los profanos en la materia. Es necesario mantener una distancia acerca de lo aparente, o sobre lo que nos proporcionan nuestros sentidos, en un mundo donde la primacía de la imagen sobre una investigación sólida y veraz es un hecho.Paralelamente a la confusión informativa, la sociedad de consumo tiende a crear necesidades artificiales para los ciudadanos, de manera individual, lo cual contribuye al aislamiento. Alguien lo definió como la “filosofía de la futilidad” y me parece muy acertada la frase. El mercado, y la publicidad que lo sustenta, convierte a los seres humanos en apáticos, e inconscientes en un sentido político; son pocos los que escapan a esta situación y si lo hacen y combaten lo que consideran perverso es posible que sea después de un proceso de interiorización de muchos de sus valores. No quisiera que mis palabras resulten tremendistas, únicamente que inciten a un continuo análisis de nuestro entorno y cotidianeidad. La información y la educación son primordiales -en todas las etapas de la vida de una persona, pero queda quizá muy marcada por la de sus primeros años- y si los valores académicos resultan ya muy cuestionables, con su reproducción de un sistema ferozmente competitivo y jerarquizado, la abstracción que hace la sociedad de consumo de unos valores sólidos de solidaridad, compasión, o valores humanos en general, resulta determinante -no quiero negar su parte de grandeza y libre albedrío al ser humano, pero tal vez uno de las factores que más influye en él sea el ambiente donde vive y la educación que recibe-.La concentración de recursos y poder no hace fácil la creación de medios alternativos, pero si las personas corrientes nos unimos, creando estructuras de información paralelas, independientes, con un estudio de la realidad, una síntesis de la información adquirida que pueda acercarse a la verdad -junto a las vivencias de las personas, mucho más valiosas-, y una utilización de la técnica no alienante, las cosas pueden cambiar -estoy hablando de la cuestión mediática pero esto es extensible a cualquier otro proyecto- y puede haber una educación recíproca entre personas y pueblos. No existe un gran poder totalitario que todo lo controla, no hay ningún “gran hermano” que nos observe continuamente -al menos, si no se ha interiorizado en el individuo, como sostenían algunas de las teorías del filósofo Foucault-, sino que el poder está lo suficientemente descentralizado para que la tensión libertaria, individual o colectiva, sea posible. Todo régimen, lo eran incluso los más represivos, es susceptible de ser erosionado cuando la presión pública y los movimientos sociales se convierten en importantes, y reclaman su espacio.La irrupción de Internet, con la inmediatez de la noticia y la falta de reflexión que ello conlleva, está yendo paralela a una paulatina desaparición de la calidad de información, además de suponer un peligro mayor para el condicionamiento de las personas. La tecnología es neutral y puede ser fantástico el uso que hagamos de ella pero la apariencia de pluralidad y libertad que supone la red no esconde más que una reproducción de lo que es “la nueva economía”: concentración empresarial -donde el objetivo es vender y vender- e integración en el sistema mediático -donde se confunden la información, el entretenimiento, la cultura, etc.-. Todo ello, como he dicho, en detrimento de una información solida, y con el añadido -más perverso que en los media tradicionales, y con una mayor carga manipuladora- de hacer que la persona pueda resolver todos sus trámites como consumidor de manera inmediata, sin intermediarios, gracias a su ordenador conectado. El caldo de cultivo para la alienación -la distracción, absolutamente banal, que tanto se critica en la televisión, se multiplica en la red- y la manipulación -aquellos hábitos del ciudadano, muchos de ellos ofrecidos artificialmente por la sociedad consumista, se refuerzan en ese gran mercado que es internet- puede estar servido. Jose María Fernández Paniagua. VER: GUERRAS MEDIÁTICAS

9 jun. 2017

La izquierda global

El periodo entre 1945 y 1970 fue uno de extrema alta concentración de capitales a escala mundial y también de hegemonía geopolítica de Estados Unidos. En la geocultura, el liberalismo centrista llegó a su cumbre como ideología gobernante. Nunca antes el capitalismo pareció funcionar tan bien. Esto no habría de durar. El alto nivel de acumulación de capital, que en particular favoreció a las instituciones y al pueblo de Estados Unidos, alcanzó los límites en su capacidad para garantizar el necesario cuasi-monopolio de las empresas productivas.

La ausencia de un cuasi-monopolio significó que por todas partes la acumulación de capital comenzara a estancarse y los capitalistas comenzaron a buscar modos alternativos de sostener sus ingresos. Los principales modos fueron la relocalización de sus empresas productivas en zonas de costo menor y el involucramiento en la transferencia especulativa de capital existente, eso que le llamamos la financiarización. En 1945, solamente el desafío del poder militar de la Unión Soviética pudo enfrentar el cuasi-monopolio geopolítico de Estados Unidos. Para garantizar su cuasi-monopolio, Estados Unidos tuvo que acceder a un arreglo tácito pero efectivo con la Unión Soviética, apodado Yalta. Este arreglo implicó una división del poder mundial, dos tercios para Estados Unidos y un tercio para la Unión Soviética. Acordaron mutuamente no transgredir estos límites y no interferir con las operaciones económicas del otro en su propia esfera. También entraron en una guerra fría, cuya función no era derrocar al otro (por lo menos en el futuro previsible), sino mantener la incuestionada lealtad de sus respectivos satélites. Este cuasi-monopolio también llegó a su fin debido al creciente desafío a su legitimidad por parte de quienes se perdieron debido al statu quo. Además, este periodo fue también uno en que los movimientos anti-sistémicos tradicionales conocidos como la Vieja Izquierda –comunistas, social-demócratas y movimientos de liberación nacional– llegaron al poder estatal en varias regiones del sistema-mundo, algo que había parecido altamente improbable apenas en 1945. Un tercio del mundo estaba gobernado por los partidos comunistas. Un tercio estaba gobernado por partidos social-demócratas (o su equivalente) en la zona pan-europea (Norteamérica, Europa occidental y Australasia). En esta zona, el poder alternaba entre los partidos social-demócratas que profesaban el Estado de bienestar y los partidos conservadores que también aceptaban el Estado de bienestar, aunque con un alcance reducido. Y en la última zona, el llamado Tercer Mundo, los movimientos de liberación nacional llegaron al poder al obtener su independencia en la mayor parte de Asia, África y el Caribe, promoviendo así regímenes populares en la ya independiente América Latina. Dada la fortaleza de los poderes dominantes y en especial Estados Unidos, puede parecer anómalo que los movimientos anti-sistémicos llegaran al poder en este periodo. De hecho, fue lo opuesto. Al buscar resistir el impacto revolucionario de los movimientos anti-coloniales y anti-imperialistas, Estados Unidos favoreció concesiones con la esperanza y la expectativa de traer al poder fuerzas moderadas en estos países que estuvieran dispuestas a operar dentro de las normas aceptadas de comportamiento interestatal. Esta expectativa resultó ser correcta. El punto de quiebre fue la revolución-mundo de 1968, cuyo dramático aunque breve punto álgido entre 1966-1970 tuvo dos resultados importantes. Uno fue el final de la muy larga dominación del liberalismo centrista (1848-1968) como la única ideología legítima en la geocultura. Por el contrario, tanto la izquierda radical izquierdista como la ideología derechista conservadora recuperaron su autonomía y el liberalismo centrista fue reducido a ser solamente una de las tres ideologías en competencia. La segunda consecuencia fue el desafío a escala mundial para los movimientos de la Vieja Izquierda por todas partes, asegurando que la Vieja Izquierda no era anti-sistémica en lo absoluto. Su llegada al poder no había cambiado nada de ninguna importancia, decían los impugnadores. Estos movimientos fueron vistos ahora como parte del sistema que había que rechazar para que por fin tomaran su lugar los verdaderos movimientos anti-sistémicos. ¿Qué pasó entonces? Al principio, la derecha de nuevo afirmativa pareció ganar la partida. Tanto el presidente estadunidense, Ronald Reagan, como la primera ministra de Reino Unido, Margareth Thatcher, proclamaron el fin del desarrollismo dominante y el advenimiento de la producción orientada a la venta en el mercado mundial. Proclamaron TINA, ''there is no alternative''. Que no hay alternativa. Dada la decadencia del ingreso estatal en casi todo el mundo, la mayor parte de los gobiernos buscaron préstamos, que no podían recibir a menos que aceptaran los nuevos términos de TINA. Se les requirió reducir drasticamente el tamaño de los gobiernos y eliminar el proteccionismo, al tiempo de finiquitar los gastos del Estado de bienestar y aceptar la supremacía del mercado. Esto fue llamado el Consenso de Washington, y casi todos los gobiernos acataron este importante viraje de foco. Los gobiernos que no cumplieron fueron derrocados del cargo, lo que culminó en el colapso espectacular de la Unión Soviética. Después de algún tiempo en el cargo, los Estados que sí acataron descubrieron que la prometida alza en el ingreso real de gobiernos y trabajadores no ocurrió. Por el contrario, estos Estados sufrieron las políticas de austeridad impuestas sobre ellos. Hubo una reacción a TINA, marcada por el levantamiento zapatista en 1994, las exitosas manifestaciones de 1999 contra el intento en Seattle de promulgar garantías obligatorias para los llamados derechos de propiedad intelectual, y la fundación en 2001 del Foro Social Mundial en Porto Alegre, en oposición del Foro Económico Mundial, pilar de larga duración de TINA. Conforme la Izquierda Global recuperó fuerza, las fuerzas conservadoras necesitaron reagruparse. Dieron un viraje del énfasis exclusivo en la economía de mercado, y lanzaron su rostro socio-cultural alternativo. De inicio invirtieron mucha energía en asuntos como luchar contra el aborto o promover la conducta exclusivamente heterosexual. Utilizaron tales temas para jalar a sus simpatizantes hacia la política activa. Y entonces ellos recurrieron a la anti-inmigración xenofóbica, abrazando el proteccionismo al que los conservadores económicos se habían opuesto específicamente. Sin embargo, los simpatizantes de los derechos sociales expandidos para todos y el multiculturalismo copió la nueva táctica política de la derecha y exitosamente legitimaron a lo largo de la última década avances significativos en aspectos socio-culturales. Los derechos de las mujeres, los primeros derechos gay y luego el matrimonio gay, los derechos de los pueblos indígenas, todos fueron ampliamente aceptados. Así que ¿dónde estamos? Los conservadores económicos ganaron primero y luego perdieron fortaleza. Los conservadores socio-culturales que les siguieron ganaron primero y luego perdieron fuerza. Y no obstante la Izquierda Global parece desconcertada. Esto ocurre porque todavía no está dispuesta a aceptar que la lucha entre Izquierda Global y Derecha Global es una lucha de clase y que eso debería hacerse explícito. En la crisis estructural en curso en todo el sistema-mundo moderno, que comenzó en los 70 y que probablemente durará otros 30 años, el punto no es reformar el capitalismo, sino el sistema que sea su sucesor. Si la Izquierda Global va a ganar esa batalla, de manera sólida debe aliar las fuerzas contra la austeridad con las fuerzas multiculturales. Sólo reconociendo que ambos grupos representan el mismo fondo de 80 por ciento de la población mundial será probable que puedan ganar. Necesitan luchar contra el uno por ciento de hasta arriba y buscar atraer al otro 19 por ciento de su lado. Esto es exactamente lo que uno quiere decir cuando habla de lucha de clases. Texto: Immanuel Wallerstein

4 jun. 2017

¿De qué hablamos cuando hablamos de izquierda?

El narrador norteamericano Raymond Carver publicó, en los años ochenta, un libro de relatos que llevaba por título De qué hablamos cuando hablamos de amor (Anagrama, Barcelona, 2007). Una mirada poliédrica permitía al lector acercarse al sentimiento amoroso desde ópticas distintas. Detrás, una concepción del mundo (y del amor) no dogmática. Y un objetivo esencial en el que proyectar la mirada: el amor. El concepto izquierda es, también, susceptible de ser abordado desde distintas ópticas y con una mirada poliédrica. Por ello, no he dudado a la hora de apropiarme de una parte del título del libro de relatos de Carver y de adaptar su pregunta a una de las cuestiones de mayor calado que el progresismo, en Occidente pero no sólo, tiene planteada: ¿De qué hablamos cuando hablamos de izquierda?

En España (como parte de la Unión Europea) hay una coincidencia general en tres principios: 1) Salvo abandono de la Unión, no es posible emprender transformaciones del sistema en el ámbito aislado de cada país (algo que, por otro lado, ya fue cuestionado por los clásicos al valorar la posibilidad del “socialismo en un solo país”); 2) Sólo con un cambio de mayoría política en el parlamento europeo que refleje aspiraciones ciudadanas de transformación es posible abrir paso a políticas que pongan en primer plano la recuperación y el desarrollo del Estado del Bienestar; 3) Cualquier avance en esa dirección requiere una profundización de la democracia en todos los planos, lo cual significa la prevalencia de la política por encima de la tecnocracia, el interés de lo público por encima de los intereses privados, es decir, la subordinación de los mercados a los intereses generales y no al contrario.  
Esas tres premisas son básicas para dar respuesta a la gran pregunta del principio. La izquierda representa las aspiraciones de igualdad y de libertad de los ciudadanos, la búsqueda de una sociedad no basada en la lógica del beneficio privado por encima del beneficio colectivo, la construcción de una economía al servicio de la inmensa mayoría y no de la minoría más poderosa.

En Europa, en la última década, lejos de acercarnos a esos objetivos, nos hemos distanciado. Ha crecido la desigualdad, se ha profundizado el abismo entre la Europa del norte y la Europa del Sur, la llamada austeridad ha condenado a la pobreza a millones de ciudadanos, los servicios públicos se han deteriorado y se han abierto rotos más que notables en los sistemas públicos (modélicos durante décadas) de educación, sanidad, pensiones y protección social de los países económicamente menos poderosos, España entre ellos. La Europa social de Jacques Delors ha ido pasando a mejor vida, el impulso reequilibrador que le dio sentido ha perdido fuelle y los nacionalismos pseudofascistas cuando no abiertamente fascistas encuentran un caldo de cultivo sin precedentes en los barrios deprimidos de los alrededores de las grandes ciudades, antaño bastiones de la izquierda, especialmente del voto comunista. Vamos en la dirección de la Europa de los mercaderes y no de la Europa de los ciudadanos. Hacia la Europa del "sálvese quien pueda”, de la ley de la selva y de la impotencia ante las políticas económicas depredadoras. En fin, hacia una Europa que se niega a sí misma. No hacia la Europa ilustrada que soñaron Camus, Heinrich Böll, Milan Kundera, Italo Calvino o Hugo Klaus, entre otros, sino a la Europa del Bundesbank y de las grandes corporaciones financieras.

Ese proceso no hubiera sido posible sin el dominio de la derecha que representa Angela Merkel (digna sucesora de la Tatcher), sin duda, que ha sido el motor y el “alma” de políticas anticrisis basadas casi en exclusiva en salvar a los bancos a cualquier precio aún a costa de destruir empleo, crear pobreza y subempleos indignos y recortar derechos y servicios públicos. Pero probablemente tampoco hubiera sido posible si los partidos socialistas y socialdemócratas no se hubieran dejado impregnar por políticas neoliberales alimentadas por la llamada “tercera vía” de Tony Blair y por el pragmatismo de Schröeder, si no hubieran renunciado a sus principios reequilibradores y a la defensa del Estado del Bienestar, si no hubieran asumido como propios principios que están en las antípodas de su razón fundacional. Millones de ciudadanos, en los más diversos países de la Unión, han comprobado, con desesperanza y cierta carga de ira, que los valedores de sus derechos y de sus sistemas públicos de protección los dejaban desamparados y a merced de poderes ocultos, no elegidos, en gran medida afincados en paraísos fiscales y por completo ajenos a sus aspiraciones y necesidades.
¿Eran políticas inevitables? En mayo de 2010, la prima de riesgo española estaba en 160 puntos, el endeudamiento del Estado no pasaba del 62% del PIB. Y la troika colocó a Zapatero al borde del abismo. Hoy, estamos en la misma prima de riesgo, con un 30% más de deuda pública (bordea el 90% del PIB, algo impensable hace sólo dos años) y la troika afirma que el país “está saliendo de la crisis” y el gobierno Rajoy da palmas con las orejas. Por tanto, relativicemos las cifras. Ya tenemos perspectiva para saber que las medidas que se adoptaron hace cuatro años, con un gran aparato de publicidad tremendista, sólo tuvieron unos beneficiarios: los grandes bancos, hundidos en la burbuja financiera que ellos mismos crearon. Islandia, que dejó caer sus bancos en 2008 porque resultaron ser demasiado grandes para rescatarlos, ha reducido su tasa de paro hasta el 4% y camina con paso firme hacia un 2% con un crecimiento económico para 2014 del 2,7%. Por el contrario, las salidas diseñadas por la troika para Grecia o España han conducido a tasas de desempleo superiores al 25% y a crecimientos negativos de su economía. Cierto que Islandia está fuera de la Unión Europea, que es una economía pequeña, pero… ¿no debería la socialdemocracia europea analizar a fondo el proceso islandés, cuyo gobierno obligó incluso a los bancos a cancelar buena parte de sus deudas hipotecarias para ayudar a hogares y familias, además de dedicar el 7% del PIB a apoyar económicamente a quienes tenían riesgo de deshaucio y todo ello a pesar de que hoy buena parte de los acreedores de sus bancos siguen sin cobrar o intentan renegociar las deudas (“esto no es deuda pública y nunca lo será”, llegó a afirmar su primer ministro)?
Por tanto, la socialdemocracia tiene ante sí el desafío de la autocrítica. Un desafío que, en gran medida, se recoge en su programa a las próximas europeas, pero que debe ir más allá definiendo una política a medio y largo plazo que deje de lado las concesiones al liberalismo y recupere el “reformismo fuerte” y la apuesta por la prevalencia del sector público y por la recuperación del Estado del Bienestar: ahí tienen tajo los millones de militantes socialistas de los distintos países de la Unión para abrir paso a esa concepción en sus respectivos partidos. ¿Esa es la izquierda a la que aludimos al principio? En gran medida sí, pero no solamente, ni mucho menos.
Si partimos de la base de que sólo es posible cambiar las políticas europeas con un gobierno progresista, o de izquierdas, en la Unión, es evidente que éste ha de sustentarse en una mayoría parlamentaria situada a la izquierda. Una mayoría que, para ser eficaz, ha de ser holgada y tener en cuenta su carácter plural, tejiendo una alianza que vaya de la socialdemocracia a los verdes pasando por la izquierda alternativa o “real” y por otras formaciones minoritarias de carácter progresista. Con un programa reformista que deje de sacralizar a los mercados, basado en la prevalencia de lo público, en el empleo y en la recuperación del Estado del Bienestar y la extensión de los derechos civiles, de la democracia, de la transparencia y de la participación ciudadana. No hay otra alternativa.
Frente a ella no sólo está la derecha merkeliana y los sectores más moderados de la socialdemocracia (aquellos que sacralizan el pacto de gobierno en Alemania), también está una izquierda cargada de buena voluntad y mejores deseos pero atravesada por un fuerte subjetivismo.  Hija de los movimientos sociales surgidos del 15-M de un lado y del anarquismo cruzado por cierta nostalgia del socialismo real de otro, plantea un cuestionamiento del sistema democrático de los países occidentales desde un enfoque radical que apenas tiene el respaldo electoral del 3 ó el 4% de la población de algunos de ellos (con la excepción del partido de Grillo en Italia). Sus planteamientos obvian un factor básico: no es posible abrir paso a políticas progresistas sin un colchón de apoyos electorales que vaya más allá del 60% de la ciudadanía, un porcentaje, además, que ha de tener el respaldo de sindicatos y organizaciones sociales y mantenerse movilizado y crítico pero atento a que en los momentos decisivos el adversario principal es la derecha política y económica y no otra cosa.  Si ese factor se infravalora y se considera que sólo la movilización “antipartidos tradicionales” y la identificación de los socialistas con la derecha es el camino, estaremos hablando de una izquierda imposible y de una perspectiva cargada de hermosas utopías pero también de impotencia y de incapacidad transformadora.  Es decir, de nuevos caminos hacia la decepción colectiva. No olvidemos que a la “histórica movilización del 15-M de 2011” no sucedió una marea de izquierdas y de progreso en las instituciones del país. Sucedió todo lo contrario. No porque lo decidieran “los mercados”, sino porque lo decidieron los electores: lamentablemente.
¿De qué hablamos cuando hablamos de izquierda? De la compleja realidad que conforma una mayoría social y política que es crítica con la derecha y consigo misma (a veces, demasiado dura consigo misma), que es plural y viva, que duda y, a la vez, tiene certezas. Una realidad que va de los socialistas y socialdemócratas hasta el ecologismo o los movimientos antisistema, pasando por los comunistas. Sólo esa realidad, poliédrica como el amor de los cuentos de Carver, puede alumbrar una Europa a la medida del ser humano del siglo XXI y no de los mercados. Nos guste o no. Construirla es una tarea ingente que exige mucho rigor, cabeza fría y las mínimas dosis de demagogia. Porque, a diferencia de los cuentos de Carver, no hablamos de literatura. Hablamos de realidad y la realidad suele ser bastante más dura y resistente que cualquier ficción. Texto: Manuel Rico. Ver: Ley de hierro de la oligarquía

21 may. 2017

Prensa y corrupción hoy

Uno está acostumbrado a que un presunto del PP ponga la mano en el fuego por un imputado del PP. Sucede casi todos los días pares e impares, e incluso algún 29 de febrero se ha visto. Lo que suele ser menos común es que el director del segundo periódico de España ponga su teclado en el fuego para hacerse perdonar una noticia. Lo hizo este viernes el apacible y estoico Pedro G. Cuartango a toda plana en El Mundo, en un artículo titulado Cuando el problema es la prensa. Dice así mi querido ex compañero: “Yo estoy firmemente convencido de que Cristina Cifuentes es una persona honesta, pero no puedo dejar de publicar como director de un medio un informe de la policía judicial en el que se afirma que una alta autoridad del Estado ha podido cometer presuntos delitos o irregularidades”.
Creo que una de las esencias del periodismo consiste en no estar “firmemente convencido” de nada. Estar convencido de algo ya es grave. Pero estarlo “firmemente” roza los límites de la disciplina militar. Te recuerdo, Pedro, que ya no es necesario ponerse firmes ante Cristina Cifuentes: estoy “firmemente convencido” de que ya no es la delegada del Gobierno en Madrid. 

Según Cuartango, su periódico ha sufrido horribles críticas y padecido tormentosas tribulaciones por haber informado de que la UCO sospecha que Cristina Cifuentes cometió cohecho, prevaricación y otras lindezas para beneficiar a un empresario que donaba alegremente dineros al PP durante las campañas. Tal empresario, además de llamarse Arturo Fernández, aparece en todas las salsas judiciales que sazonan los infinitos casos aislados de corrupción española, desde las tarjetas black de Caja Madrid a la Púnica, la Lezo, Gürtel y la financiación bolivariana del toro que mató a Manolete. “He comentado en más de una ocasión que los periodistas cometemos errores y que, con frecuencia, nos dejamos llevar por el impacto de la noticia. A veces, los árboles no nos dejan ver el bosque. Pero eso son limitaciones de esta profesión que no invalidan lo esencial de nuestro cometido: informar, sobre todo, cuando se trata de verdades incómodas. No es una casualidad -y vuelvo a insistir en ello- que es precisamente en el momento en que asumimos la desagradable obligación de denunciar los abusos del poder cuando surgen voces para cuestionarnos y poner en solfa el periodismo. Curiosamente jamás he escuchado reproches sobre nuestro trabajo cuando éste se vuelve anodino y no molestamos a nadie” escribe el director de El Mundo. Para rematar, sin referirse a nadie de Podemos en concreto, con que “nada resulta más útil al populismo que la deslegitimación de la prensa”.
El artículo del director de El Mundo viene precedido por un editorial titulado No hay razones para imputar a Cifuentes aunque debe explicarse. Como suena. Estoy “firmemente convencido” de la equidistancia e imparcialidad de tan poco aleve argumento. Más, leyendo un texto en el que se nos habla de “las graves denuncias de corrupción que se ciernen sobre los antiguos dirigentes del PP madrileño”. Entre esos “antiguos dirigentes” está Miguel Ángel Ruiz, viceconsejero de Cifuentes que hace cuatro días, en el paleolítico democrático, dimitió tras ser imputado por la Púnica.
El periódico de la bola tampoco se corta a la hora de justificar su empeño en hacerse la rubia ante los presuntos mangoneos de Cifuentes, a quien no se puede calificar como “antiguo dirigente” pues solo lleva 25 años ocupando cargos y carguitos en el PP y sus gobiernos madrileños. Hay que salvar a Cifuentes, pues el peligro rojo acecha: ” Ni que decir tiene que una supuesta dimisión de Cifuentes por algún caso de corrupción supondría una gran victoria para la oposición y, muy probablemente, daría a los partidos de izquierda el poder de la Comunidad en las próximas elecciones autonómicas”. Qué horror. Gracias a dios, ante tan terrible amenaza, siempre contaremos con el apoyo de la prensa libre, independiente y “firmemente convencida”. Es más cómodo transcribir firmemente arrodillado que escribir de pie. Texto: Aníbal Malvar

1 abr. 2017

Vuelve Venezuela

El 9 de enero de 2017, la Asamblea Nacional venezolana desconoció al Presidente de la República, Nicolás Maduro. Votaron a favor de ese golpe de estado constitucional todos los diputados de la oposición salvo los tres diputados del partido de Henry Falcón, quienes entendieron la gravedad de esa decisión. Venezuela es un sistema político presidencialista desde 1811, influido por el constitucionalismo norteamericano. Al Presidente le vota directamente el pueblo -a diferencia de un sistema presidencialista como el español, donde al Presidente le vota el Parlamento- y le corresponde al Presidente, que es el Jefe del Estado, la dirección del país. Cuando la Asamblea decidió desconocer el poder legítimo del Presidente se estaba poniendo al margen de la Constitución. La prensa internacional no dijo nada. 


La gran discusión entre el Presidente Maduro y la Asamblea tiene que ver con las actas de tres diputados de Amazonas. Se ha demostrado que compraron votos entre otras muchas irregularidades, lo que obligaría a repetir la elección en esos tres casos. La Asamblea se declaró en rebeldía y decidió echar un pulso a la Presidencia de la República. A imitación del constitucionalismo europeo, cuando hay un conflicto constitucional entre poderes el Tribunal Supremo puede asumir competencias del Parlamento en los casos en que fuera necesario. Hasta un fantoche como Donald Trump ha tenido que asumir las decisiones recientes del Tribunal Supremo norteamericano. Con su tradicional irresponsabilidad, la derecha española llama a desobedecer el estado de derecho en Venezuela y la decisión del Tribunal Supremo. No me extraña de Esperanza Aguirre o Pablo Casado: el PP, especialmente en Madrid, ha financiado sus campañas electorales con dinero negro. Es decir, el PP lleva varías legislaturas usando maneras propias de golpistas. E históricamente, al menos desde 1936, tienen oído musical para esa partitura. Quienes digan desde España que los venezolanos deben desoír las decisiones de su Tribunal Supremo son unos irresponsables que tiren piedras no solamente sobre el tejado venezolano, sino también sobre el nuestro.
Por si fuera poco, esa Asamblea dominada por la oposición proclamó que el Presidente había abandonado su cargo (algo absurdo y evidentemente falso) y propuso convocar elecciones presidenciales en el plazo de un mes. Ese intento de golpe de estado desde el Parlamento no recibió ni una sola crítica de los que ahora dicen que hay un golpe de estado en Venezuela. Entre ellos, el máximo responsable de la OEA que ayer mismo se reunía en la Ciudad de México con ex presidentes latinoamericanos procesados por lesionar los derechos humanos, y el Departamento de Estado de los EEUU. Qué curioso que justo después haya salido la petición de Almagro de enjuiciar a Venezuela desde la OEA. El papel de Almagro como  Secretario General de la OEA está haciendo mucho daño a la tan necesaria institucionalidad internacional (Pepe Mujica ya se distanció de él de manera definitiva y dejó ver a quién se había vendido). Almagro lleva varios meses mintiendo. Por ejemplo, ha dicho en dos ocasiones recientes que a Venezuela se la ha aplicado la Carta Democrática de la organización (que, tras muchos trámites -ni siquiera iniciados-, podría llevar a su expulsión como ya ocurrió con Cuba pero nunca ha ocurrido con los Estados Unidos, pese a haber promovido golpes de Estado como el de Pinochet contra Allende). Pero era mentira, como demuestra que hoy mismo ha pedido a la OEA que aplique la Carta Democrática. Ergo miente. Todo el rato. Él sabrá por qué, pero en su Uruguay natal dicen que se ha vendido por un puñado de dólares a los que siempre han querido que América Latina sea el patrio trasero norteamericano. Washington siempre busca a un criollo para hacer la tarea del traidor. Almagro no vive en Montevideo.
 El Tribunal Supremo de Venezuela ha usado un artículo de la Ley de Hidrocarburos -la principal riqueza del país- que establece que los convenios internacionales y las asociaciones con grupos extranjeros deben ser aprobados por la Asamblea. Pero la Asamblea está en situación jurídica de desacato, de manera que no puede -ni quiere- firmar ningún acuerdo, lo que pone en riesgo financiero a Venezuela. Es por eso que el Tribunal Supremo ha asumido las competencias estrictas de la Asamblea para la aprobación de esos contratos, de manera que el país pueda asumir los compromisos necesarios en un momento económicamente complicado por el hundimiento de los precios del petróleo (preguntémonos en España qué pasaría si se hundiera un 80 % el turismo).
El Tribunal Supremo no ha disuelto la Asamblea ni se han convocado nuevas elecciones para elegir nuevos diputados. Lo contrario de lo que están diciendo los medios de comunicación. Lo único que está haciendo el tribunal supremo es asumir unas competencias concretas para evitar que Venezuela se paralice mientras dure el desacato. Si los diputados de la oposición quisieran, el desacato desaparecería de inmediato -bastaría con que reconocieran que los tres diputados elegidos en la Amazonía no pueden hacer uso de su acta debido a las muchas irregularidades probadas-, pero les resulta mucho más rentable seguir regalando falsas portadas a la prensa internacional. La derecha internacional, esa que se regala entre sí viviendas oficiales y que tiene una trama global de fondos buitres -donde están los Aznar, Botella, sus hijos, De Guindos, Rato, Aguirre y toda esa tropa de malos españoles donde también se ha colado algún “socialista” como Felipe González- quiere tumbar a Venezuela, igual que han hecho con Dilma Rousseff en Brasil. ¿Quién que no esté vendido a esos intereses puede decir que asumir de manera temporal unas competencias esenciales para firmar unos contratos sin los cuales un país se quedaría entregado a los capitales internacionales es un golpe de Estado? ¿No son acaso los mismos que ven “normal” desconocer al Presidente del Gobierno y llamar a nuevas elecciones? Demasiados hipócritas.
Venezuela necesita mucho diálogo. El choque entre instituciones es malo para el país. Esa debiera ser la tarea de España: ayudar al diálogo. En todo el continente latinoamericano. En México -desde donde escribo- han asesinado este último mes a tres periodistas (¿Nos imaginamos lo que pasaría si hubieran asesinado a tres periodistas en Caracas?) y hay al menos 30.000 desaparecidos. El día a día de México es la aparición de fosas con cadáveres, la trata, el asesinato de mujeres, la desaparición de líderes sociales, la creciente pobreza y desigualdad junto a una impunidad del Estado estremecedora. Aún lloran en México a los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el Presidente Peña Nieto se ríe de las víctimas no reconociendo las lagunas que apuntan al ejército, a la policía y a políticos vinculados al narco en la desaparición de las muchachas y muchachos. Parece que el PP y sectores del PSOE quieren ver a Venezuela convertida en México.  Para seguir la trama de los negocios.
Hay mercenarios que desearían abocar a Venezuela a una guerra civil. Creen que así podrían volver a recuperar el paraíso que tenían cuando controlaban el petróleo contra los venezolanos y venezolanas. Se equivocan, porque el pueblo venezolano no va a permitir que eso ocurra. Apuntar en esa dirección es querer llevar a Venezuela a un escenario terrible como los que ha creado la OTAN y las potencias occidentales en Oriente Medio. Ojalá el Estado de derecho que forma parte de los logros civilizatorios de Europa pueda funcionar también en Venezuela.  Esa es la principal tarea en la que podríamos colaborar los españoles en ese país: ayudar a reforzar el Estado de derecho. Aunque el PP de la Gürtel y la Púnica ¿qué va a enseñar?
Fue el diario El país el que celebró el golpe de estado contra Chávez en 2002 y fue el Presidente Aznar el que ordenó a nuestro Embajador a reunirse con el Presidente golpista. Ayudemos a que no vuelva a ocurrir nada de esto. Para ello, es esencial que los que no tienen otros intereses que los del dinero, dejen a la justicia funcionar. Y que nadie sea tan hipócrita para pedir en otros países lo que no pedimos para el nuestro. Texto: Juan C. Monedero

30 mar. 2017

Carrero Blanco y la risa padre

Jan Kubis y Joseb Gaczik son dos héroes del pueblo checo. Consiguieron ese honor tras atentar contra Reynhard Heydrich, director de la Oficina Central de Seguridad del III Reich y acabar con su vida en el marco de la Operación Antropoide. “El carnicero de Praga” murió el 4 de junio de 1942 por las heridas causadas después de que Kubis y Gaczik lanzaran una mina antitanque modificada contra el vehículo en el que viajaba el jerarca nazi.
Los dos checos que mataron a Heydrich se refugiaron en la iglesia de San Cirilo y San Metodio, donde finalmente fueron encontrados por las tropas nazis y asesinados junto a otros miembros de la resistencia de Praga. Una placa les recuerda en ese templo con las siguientes palabras:

“En esta Iglesia ortodoxa de los santos Cirilo y Metodio murieron el 18 de junio de 1942, defendiendo nuestra libertad, los combatientes del ejército checoslovaco en el exterior Adolf Opálka, Jozef Gabcík, Jan Kubiš, Josef Valcík, Josef Bublík, Jan Hrubý, Jaroslav Švark.
El obispo Gorazd, el sacerdote Citel, el Dr. Petcek, el presidente de la comunidad religiosa S. y otros patriotas checos que facilitaron a los soldados un refugio fueron ejecutados. Jamás los olvidaremos”.

La muerte de Reynhard Heydrich fue tomada por Adolf Hitler como una cuestión personal y ordenó unas acciones de represión desconocidas hasta el momento y que fueron encargadas a Kurt Daluege. La más conocida de todas ellas fue la destrucción del poblado de Lidice y la aniquilación de sus habitantes. Todos ellos fueron asesinados, bien en fusilamientos sumarios en el pueblo o en el campo de exterminio de Chelmno. 

El escritor francés Laurent Binet, autor de un libro sobre el atentado contra Heydrich, hablaba así de la masacre de Lidice:
“Lidice simbolizó la barbaridad del nazismo, al igual que Gernika simbolizó la barbarie del franquismo y del fascismo”.
Las palabras de Binet vienen a demostrar que la esencia genocida de ambos regímenes era la misma. Colaboraron y participaron activamente para la realización de sus crímenes, por lo que celebrar y alegrarse de la muerte de un dirigente franquista debería estar al mismo nivel que hacerlo de cualquier dirigente nazi. La calificación personal de quien celebra una muerte o hace bromas sobre ella tendría que quedar circunscrita al ámbito moral, nunca al penal.
Ser demócrata en Europa está unido de forma indisoluble a ser antifascista. Algo que en España la herencia franquista de la transición impide ver con claridad. A Cassandra, una estudiante de 21 años, el fiscal Pedro Martínez Torrijos le pide dos años y medio de cárcel por celebrar la efeméride del asesinato de Luis Carrero Blanco, presidente del gobierno franquista, y por hacer chistes del atentado que le costó la vida. En el auto se afirma que sus tuits contienen “graves mensajes de enaltecimiento al terrorismo” y la acusa de un “delito de humillación a las víctimas”, recogido en el artículo 578.1 y 578.2, y 579 bis del Código Penal.
Sólo el hecho de que alguien pueda entrar en la cárcel por bromear o celebrar una muerte ya es grave, pero más lo es que una democracia defienda a los genocidas y verdugos del Estado de derecho. Una democracia que se preciara de serlo garantizaría el derecho a que cualquier ciudadano recordara con alborozo la muerte de un líder de la dictadura franquista.
Conmemorar la muerte de un jerarca nazi es algo asumido como normal en cualquier sociedad democrática, nadie sería juzgado por hacer una broma sobre el asesinato de Reynhard Heydrich, pero la democracia española asume como parte de su corpus penal que celebrar la de Carrero Blanco pueda llevar a una persona a la cárcel.
El nazismo y el franquismo son representaciones diferentes de la misma realidad. Los campos de concentración franquistas contaron con la asesoría de Paul Winzer, jefe de la Gestapo destacado en España, quien además instruyó a la Brigada Político-Social en tácticas de represión. España no será una democracia completa si no incluye el antifascismo como pilar fundamental de sus valores. No lo será si no acepta el derecho a celebrar la muerte de Carrero.Texto: A. Maestre

26 feb. 2017

Los rescates financieros y el coste oculto

Los rescates en la UE entrañan un coste oculto para los contribuyentes. Además de los fondos públicos utilizados para los rescates propiamente dichos, se han otorgado contratos de cientos de millones de euros a un pequeño número de consultoras financieras para asesorar a los Estados miembros y a las instituciones de la UE. 


Las llamadas Cuatro Grandes empresas de 'auditoría' del mundo (EY, Deloitte, KPMG y PWC), junto a un pequeño grupo de empresas de 'consultoría financiera', han diseñado los paquetes de rescate más importantes de la Unión. A estas empresas, además, se las ha recompensado con más contratos, a pesar de que hubieran prestado un mal asesoramiento y de que no dieran la voz de alarma en algunos momentos fundamentales.
Durante años, hemos estado investigando las medidas de austeridad y los extensos programas de privatización en Europa. A raíz de nuestro último informe -ver autores del texto- sobre la industria de la privatización en Europa, decidimos profundizar en las empresas que participan en los numerosos programas de rescate de la UE, y detectamos un patrón de una similitud sorprendente. El negocio del rescate revela los costes ocultos de los paquetes de rescate y una inquietante multitud de conflictos de interés.
Desde la crisis financiera de 2008, la ciudadanía europea se ha ido acostumbrando cada vez más a la idea de que se pueden utilizar fondos públicos para salvar de la quiebra a las instituciones financieras. Entre 2008 y 2015, los Estados miembros de la Unión Europea (UE), con la aprobación y el apoyo de las instituciones europeas, gastaron 747.000 millones de euros en distintos tipos de paquetes de rescate o planes de ayuda (como recapitalizaciones y otras medidas para proporcionar liquidez), además de comprometer otros 1,188 billones de euros en garantías sobre pasivos.
A octubre de 2016, los contribuyentes habían perdido para siempre 213.000 millones de euros ―el equivalente al PIB de Finlandia y Luxemburgo combinados, o 3 años y 3 meses de todos los gastos militares de la Federación Rusa ― como resultado de los diversos paquetes de rescate. 

A pesar de lo considerable de esta creciente cifra, los paquetes de rescate conllevan aún otro coste oculto: los honorarios astronómicos que cobran los expertos financieros que asesoraron a los Gobiernos y a las instituciones de la UE sobre cómo rescatar a los bancos. Texto: Sol Trumbo Vila y Matthijs Peters. Ver también: El coste.

25 feb. 2017

Rivalidad entre imperios (Parte IV de IV)

Las contradicciones del equilibrio de poder

Tras los desastrosos fracasos en Irak y Afganistán, la nueva estrategia de equilibrio de poder de USA responde a su intento de estabilizar la región sin comprometerse a un despliegue de tropas a gran escala. Consciente del declive de EE UU como potencia en la región, trata de cerrar acuerdos con Estados como Irán, que hasta ahora eran a los ojos de Washington simplemente enemigos. Al mismo tiempo, necesita asegurarse la fidelidad de rivales regionales como Arabia Saudí e Israel, pero cada vez que EE UU se inclina en una dirección, los del otro lado hacen todo lo posible por socavar cualquier acuerdo con sus adversarios. A resultas de ello, Washington tiene dificultades para moverse en este berenjenal de intereses contradictorios. La expansión del EI en Siria e Irak ha puesto a prueba la estrategia de los EE.UU. Este ha forjado una coalición internacional de 60 países para contener, debilitar y a ser posible destruir el EI, pero se ha negado a desplegar tropas de combate en ninguno de estos dos países. En vez de ello, ha lanzado una vasta campaña de bombardeos contra el EI para apoyar a fuerzas terrestres aliadas, acompañadas de un número creciente de asesores y fuerzas especiales estadounidenses.
En Siria, EE UU ha establecido una alianza de hecho con Assad. Un reciente titular del Wall Street Journal lo dice todo: “EE UU ha mantenido contactos con el régimen de Assad durante años”. El diario informa que “en 2014, cuando EE UU multiplicó las incursiones aéreas contra los yihadistas, funcionarios del Departamento de Estado llamaron por teléfono a sus homólogos del ministerio sirio de Asuntos Exteriores para asegurarse de que Damasco diera vía libre a los aviones estadounidenses en los cielos de Siria”. Assad aprovechó la oportunidad para aplastar a lo que quedaba de la revolución en vez de combatir al EI. A su vez, EE UU entrenó en Arabia Saudí a una pequeña fuerza de oposición para combatir, no contra Assad, sino contra el EI, en un esfuerzo en gran parte infructuoso. En Irak, EE UU bombardea las posiciones del EI, mientras el Estado chií y el gobierno regional kurdo se encargan de la ofensiva terrestre.
EE UU se ha apoyado en este esfuerzo en sus alianzas tradicionales con Egipto, Turquía, Arabia Saudí e Israel. Al mismo tiempo, no solo coopera con Siria, sino también con Irán y Rusia. Ha suscrito un acuerdo con Irán relativo a su programa nuclear, por el que Teherán acepta restricciones e inspecciones a cambio de un alivio de las sanciones económicas occidentales. Todavía más desconcertante es el hecho de que Washington se haya visto forzado a dirigirse a Rusia para entablar negociaciones con Assad con vistas a un acuerdo de paz en Siria, aun estando empantanado en una nueva guerra fría con el Kremlin. Consciente de la debilidad de Washington, Putin decidió lanzar su propia guerra aérea en Siria. Pese a las afirmaciones de Putin de que combate al EI, más del 80% de sus incursiones aéreas han estado apuntando a otros objetivos, incluidas fuerzas apoyadas por EE UU.

Aliados desbocados

Israel, Turquía y Arabia Saudí se oponen categóricamente a los acuerdos de los EUA con sus respectivos adversarios regionales. Cada uno de estos países ha intentado impedir su pacto nuclear con Irán y su búsqueda de un acuerdo de paz que preserve al Estado sirio mediante interferencias en el interior de EE UU. A pesar de ser aliados de EE UU, cada uno de ellos adopta medidas que se cruzan en el camino de la política del gobierno USA. En una interferencia sin precedentes en la política estadounidense, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, apoyó al candidato republicano Mitt Romney frente a Obama en las elecciones presidenciales de 2012. Asimismo, ninguneó al presidente cuando aceptó una invitación de los republicanos para hablar en el Congreso sobre Irán en 2015. 
Turquía, a pesar de ser miembro de la OTAN, también actúa por su cuenta de un modo agresivo con arreglo a sus propios planes. Bajo el régimen de Recep Erdogan, practica lo que algunos han denominado “neootomanismo”, presentándose como un nuevo modelo para Oriente Medio: un régimen islámico moderado con una floreciente economía neoliberal. Después de aplastar su propia “primavera” turca en el parque Gezi en 2013, el presidente turco lanzó al poco tiempo una campaña para hacer retroceder al Partido Democrático del Pueblo (HDP) en las últimas elecciones: un partido de izquierda que defiende a los kurdos. Después de adoptar medidas represivas contra el HDP, reanudó la guerra contra el Partido Kurdo de los Trabajadores (PKK). Este ataque a los kurdos, cuyo partido hermano en Siria cuenta con el apoyo parcial de EE UU, amenaza con socavar los intentos estadounidenses de asegurar una solución política en Siria.
Turquía también reaccionó enérgicamente tras la intervención rusa en Siria en defensa de Assad, abatiendo un avión ruso que estaba bombardeando en una zona fronteriza en litigio, habitada por la minoría turcomana siria. Rusia respondió imponiendo sanciones draconianas a Turquía y amenazó con disparar contra cualquier caza turco que penetrara en el espacio aéreo sirio.
Arabia Saudí es otro de los países que han tomado un rumbo cada vez más independiente. Ha mantenido la producción de petróleo en su nivel actual, asegurándose de que su precio siga bajando a medida que se desacelera el crecimiento de la economía mundial. EE UU se beneficia en parte de esta situación, ya que asesta un nuevo golpe a la economía rusa, ya de por sí debilitada a raíz de las sanciones occidentales. Claro que los saudíes también persiguen otros objetivos: pretenden socavar la industria de fracturación hidráulica (fracking) estadounidense, que para ellos es una competidora. Además, se resisten a dejar que aumenten los precios del petróleo, por mucho que esto les genere un déficit presupuestario nunca visto en Arabia Saudí, por temor a que unos precios más altos favorezcan a la industria petrolera de Irán e Irak.
El peligro de la política saudí para EE UU estriba en que hará que Rusia e Irán estrechen sus relaciones con China. Esto amenaza con minar la estrategia de equilibrio de poder de USA y su esfuerzo por prevenir el ascenso de una alianza rival que tenga acceso independiente a las reservas de petróleo y gas natural. Riad había intentado a la desesperada impedir el acercamiento entre EE UU e Irán y un posible acuerdo de paz en Siria que preservara el régimen de Asad, además de desviar la atención de la crisis presupuestaria en que está sumido el país debido a la caída de los precios del petróleo. Para alcanzar estos objetivos recurrió al sectarismo: ejecutó a 47 prisioneros acusados de terrorismo, incluido el famoso dirigente de la rebelión chií contra la monarquía saudí en 2011, el jeque Nimr al Nimr. Irán condenó el acto, y su líder supremo declaró que “la mano divina de la represalia apretará el cuello de los políticos saudíes”. El gobierno iraní permitió asimismo que una protesta popular en Teherán saqueara la embajada saudí.
Riad obtuvo la respuesta que buscaba y aprovechó la ocasión: junto con Bahréin, Sudán y Kuwait, rompió las relaciones diplomáticas con Irán y los Emiratos Árabes Unidos las rebajaron de nivel. En estos momentos, la región entera está todavía más polarizada en bloques sectarios, uno dirigido por Irán y el otro por Arabia Saudí, lo cual dificultará aún más que EE UU pueda mediar en algún tipo de acuerdo que preserve el régimen sirio. Sin embargo, Arabia Saudí sigue siendo un aliado clave en la región. USA acaba de aprobar un nuevo contrato por un valor de 1.290 millones de dólares para este país, que actualmente libra una brutal guerra aérea en Yemen que se ha cobrado ya miles de vidas.

Liberales contra neoconservadores

Varios neoconservadores, como Robert Kagan, han criticado la política exterior de Obama, afirmando que de hecho EE UU no se halla en declive relativo, sino que sufre de falta de voluntad política. Kagan defiende que Obama debería abandonar su estrategia de equilibrio de poder y en su lugar desplegar 50 000 tropas terrestres en Irak y Siria para destruir el EI y poner orden en estos países y en toda la región/46. La postura de Kagan se basa en la negación de la realidad del declive de EE UU. Para EE UU otra guerra sobre el terreno en la región sería igual de desastrosa que la invasión original de Irak. Pero demuestra correctamente que la estrategia de USA apenas tiene probabilidades de triunfar.
USA ha respondido a sus críticos con una campaña mediática en la que defiende su estrategia y celebra una sucesión de éxitos contra el EI. En Irak, han logrado algunas victorias: el bombardeo de posiciones del EI en Ramadi ha permitido a las fuerzas especiales suníes y líderes tribales expulsar al EI de la ciudad. En realidad, sin embargo, el EI no ofreció mucha resistencia, prefiriendo retirarse a su bastión en Mosul, donde ha concentrado sus tropas, que están cayendo en el mismo momento que se escriben estas líneas. Por mucho que el Estado iraquí puedan derrotar allí al EI, es probable que se topen después con una guerra de guerrillas durante años. Es más, EE UU ha avanzado muy poco en la superación de las divisiones étnicas y sectarias dentro del país. La élite y las masas suníes siguen viendo el Estado gobernado por los chiíes como un opresor. Y los kurdos han conseguido la independencia de hecho en su parte del país.
En Siria, EE UU busca a la desesperada un acuerdo de paz, pero dado el apoyo intransigente de Rusia a Assad y la hostilidad absoluta de la oposición alineada con EE UU hacia el dictador, es difícil ver alguna solución fácil para una transición ordenada. Las partes contendientes persiguen fines muy distintos, e incluso si se llega a un arreglo, en el mejor de los casos mantendrá el actual Estado neoliberal que ha condenado a la miseria de los trabajadores y campesinos del país y que dio pie en su momento a la revuelta popular.

El efecto geopolítico del bajón económico mundial

La desaceleración económica mundial seguramente intensificará los cismas y las crisis regionales dentro del orden multipolar asimétrico. La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, ha advertido que el sistema mundial se enfrenta “al riesgo de un nuevo periodo de crecimiento mediocre-bajo durante un tiempo prolongado”. A diferencia de 2008, el epicentro de las tendencias a la crisis en el sistema se halla en China, que experimenta una desaceleración con una tasa de crecimiento oficial de alrededor del 6,8 %, pero hay quienes calculan que la cifra real está más cerca del 3 %. Los estímulos del Estado han agravado el problema de la sobreinversión, la sobrecapacidad, la caída de la tasa de beneficio y el alto nivel de endeudamiento.
La desaceleración china golpea a sus economías tributarias de América Latina a Asia. Debido a colapso de los precios de las materias primas, países como Brasil, Venezuela y Rusia han caído en una profunda recesión. En efecto, actualmente los BRICS suelen responder al calificativo de “los cinco frágiles”, y hay quien ha ampliado su número para incluir a “los diez atribulados”. Algunos países situados en el corazón del sistema, como Canadá, también se han visto arrastrados a la recesión, y otros como Australia han comenzado a crecer menos. Mientras China arrastra la economía mundial pendiente abajo y Europa no sale del estancamiento, la recuperación de EE UU es la más sólida de las economías capitalistas avanzadas. Temiendo la perspectiva de la inflación, el banco central estadounidense, la Reserva Federal, ha dado prioridad al capital de su propio país y ha elevado los tipos de interés. Este aumento debilitará todavía más a unos mercados emergentes ya sacudidos por la caída de los precios de las materias primas.
Los capitales ya han empezado a huir a EE UU como apuesta más segura, dejando a los mercados emergentes sin apenas posibilidad de invertir. El Instituto de Finanzas Internacionales informa que los flujos netos de capitales serán negativos para los mercados emergentes por primera vez desde 1988. El aumento de tipos de la Reserva Federal también empujará al alza los tipos de interés en los mercados emergentes justo cuando convendría rebajarlos para favorecer el crédito y la inversión. Finalmente, los préstamos en dólares resultarán más caros de devolver. Así, Nouriel Roubini predice que “el abandono de la política de tipos cero por parte de la Reserva Federal provocará graves problemas a aquellas economías emergentes que tienen amplias necesidades de créditos internos y externos, una enorme deuda denominada en dólares y una gran fragilidad macroeconómica y política. La desaceleración económica de China, junto con el fin del superciclo de las materias primas, generará todavía más vientos en contra para las economías emergentes”.
Aunque no es posible predecir cuál será el efecto a largo plazo del bajón económico mundial en el equilibrio de poder entre las grandes potencias, sabemos que intensificará las rivalidades en el sistema en la medida en que cada Estado aplica políticas en interés de su respectiva clase capitalista y pretende que sus competidores paguen el precio de la desaceleración en curso. Además, las crecientes tensiones militares entre Estados rivales presionarán sobre unos presupuestos ya muy mermados por las enormes deudas contraídas con el rescate del capitalismo tras la crisis financiera de 2007-2008.
También agravará las crisis regionales. Los países asiáticos, ya embarcados en sendos conflictos, se dedican ahora a efectuar devaluaciones competitivas de sus respectivas monedas. En Europa, el estancamiento ya está exacerbando las tendencias centrífugas que amenazan a la UE. El creciente descontento con la austeridad genera una oposición a la UE tanto de izquierda (como muestran los ejemplos de Syriza en Grecia y de Podemos en España) como de derecha, encabezada esta última por una serie de partidos que alimentan sentimientos xenófobos contra los inmigrantes, los refugiados y los musulmanes. Incluso Rusia ha intervenido en varios países para financiar partidos de derecha, incluido el Frente Nacional francés para minar las bases de la UE. Tal vez lo más preocupante sea el efecto que tendrá la desaceleración global en Oriente Medio. Desgarrado por las potencias imperiales que respaldan a bandos opuestos en la rivalidad entre Estados de la región, la caída del precio del petróleo generará enormes tensiones en la economía de estos países, que depende casi totalmente de las rentas petroleras. Arabia Saudí ya registra un déficit récord de 98.000 millones de dólares, y algunos analistas temen que podría agotar sus reservas de divisas de 640.000 millones de dólares de aquí a 2020. Los demás países productores de petróleo de la región también se verán muy afectados, incluidos los rivales de Arabia Saudí: Irán e Irak. Bajo la presión presupuestaria, todos estos Estados estarán todavía más tentados de desviar la atención de sus recortes presupuestarios mediante el ruido de sables nacionalista y la utilización de minorías religiosas como chivos expiatorios.

Tendencias contrapuestas

Mientras que otra ronda de crisis intensificará la rivalidad en el orden mundial multipolar asimétrico, tres tendencias contrapuestas reducen la posibilidad de que degenere en una guerra abierta. En primer lugar, los principales centros de acumulación de capital en el mundo, inclusive EE UU y China, están sumamente integrados en el plano económico. Apple, por ejemplo, que realiza la gran mayoría de sus desarrollos de alta tecnología y diseño en EE UU, depende en buena medida de la empresa taiwanesa Foxcon y de sus fábricas radicadas en China continental. Esto significa que las clases capitalistas y sus Estados tienen un interés económico en evitar conflictos hostiles.
En segundo lugar, EE UU tiene una ventaja militar aplastante sobre sus rivales menores. A pesar del aumento de los presupuestos de defensa de China y Rusia, EE UU todavía gasta más en este terreno que sus inmediatos seguidores juntos. Es la única potencia militar realmente global, lo que induce a las potencias imperialistas menores a evitar el enfrentamiento abierto con EE UU. En tercer lugar, EE UU, China y Rusia tienen grandes arsenales nucleares. El espectro de lo que durante la guerra fría se llamaba “destrucción mutua asegurada” acecha detrás de cada conflicto menor. Todos están interesados en evitar este tipo de conflagración. Estos tres factores frenan el desarrollo de guerras abiertas entre EE UU y sus rivales. Es más probable que las rivalidades se diriman a través de una cooperación antagonista o un pulso como el de la guerra fría. No obstante, la alteración continua del equilibrio de poder económico acumula tensiones crecientes en el sistema, sobre todo entre EE UU y China. Texto: Ashley Smith. Ver: Parte I

15 feb. 2017

Rivalidad entre imperios (Parte III de IV)

El principal teatro de la nueva rivalidad imperial es tal vez Oriente Medio. Tras las graves derrotas de Bush en la región, Obama esperaba poner fin a las ocupaciones de Irak y Afganistán y redirigir sus fuerzas a Asia. La revista Foreign Affairs, que es esencialmente el laboratorio de ideas del imperialismo estadounidense, subrayó el cambio con la portada de su último número de 2015: “El Oriente Medio postamericano”. Sin embargo, las crisis expansivas de la región, cuyo ejemplo más dramático es el ascenso del Estado Islámico (EI) en Irak y Siria y su atentado terrorista en París, han obligado a Obama a dar prioridad de nuevo a Oriente Medio. Imposible exagerar la inestabilidad de la región: Irak, Siria, Libia, Yemen, Sudán y Somalia, o bien son Estados fallidos, o bien están fragmentados a causa de sus guerras civiles sectarias y la intervención extranjera.
Ante el debilitamiento de su posición, EE UU ha aplicado una estrategia de equilibrio de poder con la esperanza de restablecer el orden en el sistema de Estados de la región. La nueva estrategia de Obama, sin embargo, ha dejado un mayor margen de maniobra a otras potencias internacionales y regionales, como demuestra de la forma más acuciante la guerra aérea lanzada por Rusia en defensa de Asad en Siria. Todas las intervenciones de las potencias imperiales y regionales no han hecho más que empeorar la crisis de la región. 

Esta evolución tiene dos causas profundas. En primer lugar, la desastrosa invasión y ocupación de Irak por parte de EE UU. En un intento desesperado de quebrar la resistencia iraquí, EE UU utilizó el viejo truco imperial de dividir y mandar, enfrentando entre sí a suníes, chiíes y kurdos. EE UU desmanteló el ejército de Sadam y animó a las milicias chiíes a unirse a las fuerzas de seguridad del nuevo Estado, atacar a Al Qaeda en Irak (AQI) y en general a la resistencia suní. Esto desencadenó una guerra civil sectaria, que ganaron las fuerzas chiíes. Estas establecieron un régimen fundamentalista chií que oprime a la población árabe suní. EE UU contribuyó entonces a generalizar y profundizar la división sectaria en la región, y lo hizo en respuesta a la aparición de Irán como principal beneficiario de la guerra de Irak. Teherán incorporó el Estado chií de Irak a su bloque, junto con Siria, el Hezbollá de Líbano y, durante un tiempo, a Hamás en Gaza. Para contener a Irán, EE UU se valió de Arabia Saudí e Israel, que han intensificado su campaña contra lo que comenzaron a calificar de “creciente chií”. Presionaron a EE UU para atacar a Irán a fin de obligarle a abandonar su supuesto proyecto de dotarse de armas nucleares.

Contrarrevolución

La segunda causa de la crisis de la región radica en la contrarrevolución lanzada contra la “primavera árabe” en 2011 y 2012. Antes incluso de esto, el Movimiento Verde iraní se rebeló en 2009 contra el fraude electoral que dio vencedor a Mahmud Ahmadineyad, siendo objeto de una brutal represión por parte del Estado. Después, en 2011, los estudiantes, trabajadores y campesinos árabes se movilizaron y tumbaron los regímenes dictatoriales de Túnez y Egipto, inspirando intentos similares en toda la región. Fueron tres las fuerzas contrarrevolucionarias que acabaron con la revuelta: las potencias imperialistas, los Estados existentes y los fundamentalistas islámicos, particularmente el sucesor de AQI, el EI.
EE UU se opuso inicialmente a los levantamientos populares y defendió al gobernante egipcio Hosni Mubarak, pero después recapacitó y trató de cooptarlos sacrificando a los dictadores para salvar a los Estados. Después jugó con la idea de intentar aprovechar algunas revueltas para deshacerse de algunos “enemigos” poco fiables, como el libio Muamar el Gadafi. Sin embargo, cuando su guerra aérea en Libia produjo otro Estado fallido y dio pie al asesinato de su embajador, EE UU optó por defender el orden establecido. Miró para otro lado cuando un régimen después de otro aplastó los levantamientos a sangre y fuego. Guardó silencio cuando Arabia Saudí, por ejemplo, invadió Bahréin para acabar con la revuelta en este país.
En Egipto, los Hermanos Musulmanes, que accedieron al gobierno con la elección de Mohamed Morsi en 2012, se mostraron dispuestos a colaborar con el imperialismo estadounidense, cerrando los túneles por los que se abastecía a Gaza y prosiguiendo con las reformas neoliberales de Mubarak. Sin embargo, la clase dominante egipcia no se fiaba de la Hermandad. Aprovechando el creciente descontento con el gobierno de Morsi, el ejército egipcio realizó un golpe de Estado en 2013 y aplastó no solo a la Hermandad, sino también al propio movimiento popular. Aunque al principio retuvo algunas ayudas militares al nuevo régimen, EE UU cambió finalmente de rumbo y reanudó el apoyo. Glenn Greenwald escribió que “EE UU ha enviado repetidamente armas y dinero al régimen incluso cuando sus abusos se agravaron. Como ha señalado con sutileza el New York Times, ‘funcionarios estadounidenses…indicaron que no dejarían que sus preocupaciones por los derechos humanos fueran un obstáculo para el aumento de la cooperación con Egipto en materia de seguridad”.
En Yemen, Washington improvisó lo que llamaría una “transición ordenada”. Negoció la sustitución del veterano dictador Ali Abdula Saleh por su vicepresidente, Abd Rabuh Mansur Hadi. Obama optó asimismo por una solución yemení en Siria, reclamando la dimisión de Assad, pero apoyando al mismo tiempo el mantenimiento del Estado existente. Actualmente, el gobierno USA mantiene una alianza de hecho con Asad contra el EI. Algunos políticos del sistema, como el Lord Smith del imperialismo estadounidense, Henry Kissinger, incluso aconsejan que se desista de reclamar que Assad abandone el poder.
Otras potencias imperialistas menores también han acudido en defensa del orden establecido. Rusia y China han apoyado al régimen iraní del mismo modo que a Assad en Siria, con el fin de preservar sus propios intereses económicos y geopolíticos en la región. Rusia desea mantener su alianza con el régimen sirio, conservar su base naval en el litoral del país y proyectarse como intermediaria en la región frente a EE UU. China quiere debilitar la dominación estadounidense con ánimo de abrir posibilidades de inversión en Irán y obtener acceso a las reservas energéticas de otros países.
La segunda fuerza de la contrarrevolución fueron los Estados existentes en la región. Arabia Saudí reprimió su propia rebelión de los chiíes y aplastó el levantamiento, protagonizado sobre todo por chiíes, en Bahréin. De modo similar, Asaad desató una guerra contra la revolución siria, lanzando bombas contra la población civil del país y dividiéndola según criterios sectarios y étnicos. El Estado chií de Irak, bajo los gobiernos de Nouri al Maliki y ahora de Haidar al Abadi, aplastó la primavera iraquí, reprimiendo en particular a la población suní. Al mismo tiempo, las potencias regionales intentaron manipular la revuelta al servicio de sus propios intereses, apoyando a determinadas facciones del levantamiento popular frente a sus rivales. Así, Turquía, Arabia Saudí y Catar han apoyado a diversas fuerzas contrarias a Asad. Por otro lado, Irán y Hezbollá se juntaron para apoyar al régimen sirio. Ambos bandos han respaldado a sendos rivales en la guerra civil de Yemen.
La tercera fuerza de la contrarrevolución es el fundamentalismo islámico. El EI es la expresión más reaccionaria de esta corriente. En Siria volvió sus armas, no contra el régimen, sino contra la revolución popular, incluidos los kurdos, que habían establecido una zona autónoma en Kobane. También colaboró con Asad, vendiendo petróleo a su régimen. En Irak, el EI secuestró la primavera iraquí e impuso su régimen reaccionario en las zonas suníes del país, donde la población lo veía como un mal, pero un mal menor en comparación con el régimen fundamentalista chií de Bagdad. Resulta trágico que la izquierda de la región fuera tan débil que no supo organizar una alternativa a esta quinta columna en las revueltas. Habiendo perdido la esperanza y desesperados por huir de la crisis, millones de personas han abandonado sus tierras asoladas por la guerra en Siria, Irak, Yemen y Afganistán, desplazándose en su mayoría a países vecinos. Alrededor de un millón se han abierto camino hasta Europa para solicitar asilo. Globalmente, nada menos que 60 millones de personas huyeron de catástrofes de diversos tipos en 2015. Texto: Ashley Smith. Ver: Parte I