31 ago. 2015

La amenaza iraní (Parte I de II)

El acuerdo nuclear alcanzado en Viena entre Irán y el P5+1, grupo de países formado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania, ha provocado un gran alivio y optimismo en todo el mundo. La mayor parte del mundo aparentemente comparte la valoración de la Asociación estadounidense de Control de Armas de que "el Plan Global de Acción Conjunta establece una fórmula fuerte y eficaz para bloquear todas las vías por las que Irán podría adquirir material para armas nucleares durante más de una generación, y un sistema de verificación para detectar y disuadir inmediatamente los posibles esfuerzos de Irán para desarrollar en secreto armas nucleares de duración infinita".
Irán rodeado de bases USA
Sin embargo hay sorprendentes excepciones al entusiasmo general: los Estados Unidos y sus aliados regionales más cercanos, Israel y Arabia Saudí. Una consecuencia de esto es que a las empresas estadounidenses, muy a su pesar, se les impida acudir a Teherán junto con sus homólogos europeos. Sectores destacados del poder y de la opinión de Estados Unidos comparten la postura de los dos aliados regionales y se encuentran en un estado de histeria virtual por "la amenaza iraní". Los comentarios sobrios de Estados Unidos, prácticamente de todo el espectro, declaran que ese país es "la mayor amenaza para la paz mundial". Incluso los partidarios del acuerdo son cautelosos, dada la excepcional gravedad de esa amenaza. Después de todo, ¿cómo podemos confiar en los iraníes con su terrible historial de agresiones, violencia, alteraciones y engaños?
La oposición de la clase política es tan fuerte que la opinión pública se ha desplazado rápidamente de un importante apoyo al acuerdo a una división a partes iguales. Los republicanos se oponen casi unánimemente al acuerdo. Las actuales primarias republicanas ilustran las razones esgrimidas. El senador Ted Cruz, considerado uno de los intelectuales entre los candidatos presidenciales, advierte de la posibilidad de que Irán todavía fabrique armas nucleares y de que un día use una para activar un impulso electromagnético que "acabaría con la red eléctrica de toda la costa oriental" de los Estados Unidos, matando a "decenas de millones de estadounidenses".
"La oposición de la clase política es tan fuerte que la opinión pública se ha desplazado rápidamente de un importante apoyo al acuerdo a una división a partes iguales. Los republicanos se oponen casi unánimemente al acuerdo."
Los dos principales candidatos, el ex gobernador de Florida Jeb Bush y el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, están discutiendo si bombardear Irán inmediatamente después de ser elegidos o después de la primera reunión del Gabinete. El único candidato con algo de experiencia en política exterior, Lindsey Graham, describe el acuerdo como "una sentencia de muerte para el Estado de Israel", que sin duda supondrá una sorpresa para los analistas de inteligencia y estrategia israelíes, y que Graham sabe que es un completo disparate, que plantea preguntas inmediatas sobre los motivos reales.
Tenemos que tener en cuenta que hace ya bastante tiempo los republicanos abandonaron la pretensión de funcionar como un partido normal del Congreso. Como el respetado comentarista político conservador Norman Ornstein del American Enterprise Institute observó, los republicanos se han convertido en una "insurgencia radical" que apenas busca participar en la política normal del Congreso.
Desde los tiempos del presidente Ronald Reagan hasta el momento, la dirección del partido ha recaído en los bolsillos de los más ricos y el sector empresarial, que pueden atraer votos mediante la movilización de aquellos sectores de la población que anteriormente no estaban politizados. Entre ellos se encuentran los cristianos evangélicos extremistas -en este momento probablemente una mayoría de los votantes republicanos-, los restos de los antiguos estados esclavistas, los nativistas que están aterrorizados de que "los de fuera" les quiten su cristiano, anglosajón y blanco país, y otros que convierten las primarias republicanas en espectáculos alejados de la corriente principal de la sociedad moderna, aunque no de la corriente principal del país más poderoso de la historia mundial.
La desviación de los estándares mundiales, sin embargo, va mucho más allá de los límites de la insurgencia radical republicana. Al otro lado del espectro existe, por ejemplo, una coincidencia general con la "pragmática" visión del general Martin Dempsey, presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, de que el acuerdo de Viena no "impide que los Estados Unidos ataquen las instalaciones iraníes si las autoridades deciden que está incumpliendo el acuerdo", a pesar de que un ataque militar unilateral es "mucho menos probable" si Irán se comporta.
El que fuera negociador de Clinton y actual negociador de Obama en Oriente Medio, Dennis Ross, defiende que "Irán no debe tener ninguna duda de que verle avanzar hacia un arma desencadenaría el uso de la fuerza", incluso después del vencimiento del acuerdo, cuando Irán sea teoréticamente libre para hacer lo que quiera. De hecho, la existencia de una fecha de vencimiento en quince años es "el mayor problema del acuerdo". También sugiere que los EEUU proporcionarían a Israel bombarderos B-52 especialmente equipados y bombas antibúnker para protegerse antes de que la terrorífica fecha llegue.

"La mayor amenaza"

Los detractores del acuerdo nuclear dicen que no va lo suficientemente lejos. Algunos partidarios están de acuerdo, y sostienen que "para que el acuerdo de Viena sea significante, todo Oriente Medio debe deshacerse de las armas de destrucción masiva". El autor de estas palabras, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Javad Zarif, añadió que "Irán, con su capacidad nacional y como actual presidente del Movimiento de Países No Alineados (que incluye los Gobiernos de la gran mayoría de la población mundial), está dispuesto a trabajar con la comunidad internacional para alcanzar estos objetivos, aun siendo plenamente consciente de que por el camino probablemente se encontrará muchos obstáculos planteados por los escépticos de la paz y de la diplomacia". Añade que Irán ha firmado un "acuerdo nuclear histórico", y que ahora es el turno de Israel, "la resistencia".
Israel es una de las tres potencias nucleares, junto con la India y Pakistán, cuyos programas de armas han sido instigados por los Estados Unidos y que se niegan a firmar el Tratado de No Proliferación (TNP). 
Zarif estaba refiriéndose a la conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación que tiene lugar cada cinco años, que resultó un fracaso en abril, cuando los EE.UU. (junto con Canadá y Reino Unido) una vez más bloquearon los esfuerzos para avanzar hacia una zona libre de armas de destrucción masiva en Oriente Medio. Esos esfuerzos han sido dirigidos por Egipto y otros países árabes durante veinte años. Como Jayantha Dhanapala y Sergio Duarte, figuras destacadas en la promoción de estos esfuerzos opinaron en ¿Tiene futuro el TNP?, un artículo en la revista de la Asociación de Control de Armas: "La exitosa adopción en 1995 de la resolución sobre el establecimiento de una zona libre de armas de destrucción masiva (ADM) en Oriente Medio fue el elemento principal de un paquete que permitió la prórroga indefinida del TNP". El TNP, a su vez, es el tratado más importante de control de armas. Si se cumple, podría acabar con la lacra de las armas nucleares.
En repetidas ocasiones, la aplicación de la resolución ha sido bloqueada por los EEUU, las más recientes en 2010 por el presidente Obama, y nuevamente en 2015, como Dhanapala y Duarte señalan, "en nombre de un Estado que no forma parte del TNP y que se cree que es único de la región que posee armas nucleares", en una referencia educada y discreta a Israel. Esperan que este fracaso "no sea el golpe de gracia" de los dos objetivos que el TNP tiene desde hace muchos años: acelerar el proceso de desarme nuclear y el establecimiento en Oriente Medio de una zona libre de armas de destrucción masiva.
Un Oriente Medio libre de armas nucleares sería una forma directa de abordar cualquiera de las amenazas que supuestamente plantea Irán. Pero hay mucho en juego en el continuo sabotaje de estos acuerdos, y tiene que ver con el objetivo de proteger al cliente israelí. A fin de cuentas, este no es el único caso en el que las oportunidades de acabar con la supuesta amenaza iraní han sido minadas por Washington, planteando más preguntas sobre qué es exactamente lo que en realidad está en juego.
Para tratar este asunto, es instructivo examinar tanto las suposiciones tácitas de la situación como las preguntas que rara vez hacemos. Veamos algunas de estas suposiciones, empezando por la más grave: que
 Irán es la mayor amenaza para la paz mundial.
En los EEUU existe el cliché entre los altos funcionarios y los comentaristas de que Irán es la mayor amenaza para la paz mundial. Pero también hay un mundo fuera de los Estados Unidos, y aunque sus puntos de vista no llegan a ser hegemónicos, puede que tengan cierto interés: según las agencias de sondeo occidentales (WIN/Gallup International), el premio de la mayor amenaza se lo llevan los Estados Unidos. El resto del mundo considera a los Estados Unidos la amenaza más grave para la paz mundial, con un amplio margen. En segundo lugar, muy por debajo, está Pakistán, y su clasificación probablemente esté inflada por los votos de la India. Irán ocupa el tercer lugar, detrás de estos dos, junto con China, Israel, Corea del Norte y Afganistán. Según las agencias de sondeo occidentales (WIN/Gallup International), el premio de la mayor amenaza a la paz mundial se lo llevan los Estados Unidos, 
"El principal apoyo mundial del terrorismo"
Esta situación nos lleva a la siguiente pregunta obvia: ¿cuál es realmente la amenaza iraní? ¿Por qué, por ejemplo, Israel y Arabia Saudí tiemblan de miedo por este país? Cualquiera que sea la amenaza, difícilmente puede ser militar. Hace años, el servicio de inteligencia de los EEUU informó al Congreso de que Irán tenía gastos militares muy bajos para los estándares de la región y que sus doctrinas estratégicas son defensivas, es decir, están diseñadas para disuadir de las agresiones. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos también han comunicado que no tienen pruebas de que Irán realmente esté llevando a cabo un programa de armas nucleares y que "el programa nuclear de Irán y su disposición de mantener abierta la posibilidad de desarrollar armas nucleares son una parte central de su estrategia de disuasión".
Según el análisis del SIPRI sobre los armamentos mundiales, los Estados Unidos lideran, como de costumbre, y por mucho, el ranking de gastos militares. China ocupa el segundo lugar, con un tercio de los gastos de Estados Unidos. Muy por debajo se encuentran Rusia y Arabia Saudí, que no obstante están muy por encima de cualquier país occidental europeo. Irán apenas es mencionado en dicha clasificación. Todos los detalles del estudio fueron revelados en el informe de abril del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), que "considera concluyente que todos los países del Golfo Arábigo tienen una abrumadora ventaja sobre Irán, tanto en el gasto militar como en el acceso a armas modernas".
El gasto militar de Irán, por ejemplo, es una pequeña parte del de Arabia Saudí, e incluso mucho menor que el gasto de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). En total, los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Baréin, Kuwait, Omán, Arabia Saudí, y los Emiratos Árabes Unidos) superan el gasto de Irán en armas en ocho veces, un desequilibrio que se remonta décadas atrás. El informe del CSIS añade que "los países del Golfo Arábigo han adquirido y siguen adquiriendo algunas de las armas más avanzadas y eficaces del mundo, mientras que Irán se ha visto obligado a vivir en el pasado, contando a menudo con sistemas originalmente distribuidos en los tiempos de sha". En otras palabras, están prácticamente obsoletos. Si lo comparamos con Israel, el desequilibrio es incluso mayor, pues estos poseen el armamento más avanzado de los EEUU y una base militar virtual en alta mar para la superpotencia mundial, también tiene un gran stock de armas nucleares.
Para estar seguros, Israel se enfrenta a la amenaza existencial de las declaraciones iraníes: el líder supremo Alí Jamenei y el ex presidente Mahmud Ahmadineyad, como todo el mundo sabe, amenazaron con destruir Israel. Pero lo cierto es que no ha pasado nada. Ahmadineyad también predijo, por ejemplo, que "bajo la gracia de Dios [el régimen sionista] será borrado del mapa", que en el fondo no significa sino que él esperaba que algún día el régimen cambiara. Pero todo eso se queda corto corto si lo comparamos con los llamamientos directos, tanto de Washington como de Tel Aviv, al cambio de régimen en Irán, por no hablar de las medidas adoptadas para procurar dicho cambio. Estas, por supuesto, se remontan al cambio de régimen real que tuvo lugar en 1953, cuando los EEUU y el Reino Unido organizaron un golpe militar para derrocar el Gobierno parlamentario de Irán e instaurar la dictadura del sha, quién procedió a acumular uno de los peores historiales de derechos humanos del planeta.
Estos crímenes seguramente resulten conocidos para los lectores de los informes de Amnistía Internacional y otras organizaciones de derechos humanos, pero no a los lectores de la prensa estadounidense, que ha dedicado mucho espacio a las violaciones iraníes de derechos humanos, pero solo a partir de 1979 cuando el régimen del sha fue derrocado. (Para comprobar los datos sobre esto, lean The U.S. Press and Iran, un estudio minuciosamente documentado por Mansour Farhang y William Dorman).
Nada de esto se aparta mucho de la norma. Como bien es sabido, los Estados Unidos tienen el título de campeón del mundo a la hora de promover cambios de régimen, e Israel tampoco se queda atrás. La más destructiva de sus invasiones, la de Líbano en 1982, tenía como principal objetivo el cambio de régimen en aquel país, así como asegurarse el control sobre los territorios ocupados. Los pretextos esgrimidos eran poco consistentes y, de hecho, se derrumbaron todos a la vez. Pero eso no es algo inusual ni lejano de la naturaleza de las sociedades, y se ha visto en lugares y momentos bien diferentes, desde la Declaración de la Independencia, que hablaba sobre "los despiadados indios salvajes" hasta la defensa que hacía Hitler de la necesidad que tenía Alemania de defenderse del "terror salvaje" de los polacos. Texto: Noam Chomsky. Ver: PARTE 2




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