14 ene. 2014

8 Tesis sobre el neoliberalismo (2 de 4)

Tesis 3. El Neoliberalismo es multidimensional, no sólo una cuestión de economía “pura”

Otra de las frecuentes desviaciones ha estado relacionada con la identificación del neoliberalismo como una apuesta exclusivamente económica. Esta posición exime - deliberadamente - identificar las múltiples dimensiones del neoliberalismo, entre otras - aunque, tal vez, la más sustancial - la insoslayable fuerza socio-política y la realidad como tecnología gubernamental (Foucault 2007). La comprensión de la actual crisis del Capitalismo, entre otras, ayuda a revelar el radical carácter multidimensional del neoliberalismo.
Alrededor de la Crisis Global hoy convergen, simultánea y estructuralmente, crisis específicas que permiten capturar la complejidad antes insospechada y que para este momento exasperan los límites mismos del sistema. El calidoscopio completo de esta Crisis en mayúscula está compuesta por ocho crisis “en minúscula”, todas ellas fuertemente interrelacionadas: a) económica particularmente comprometida con aspectos financieros y en las finanzas públicas estatales y privadas; b) energética con la escasez absoluta y relativa de las fuentes de energía cruciales para el funcionamiento del sistema y que se ilustran con el denominado “pico del petróleo” y con la insuficiencia paulatina de los minerales estratégicos del capitalismo como el carbón, cobre, etc. c) ecológica y socio-medioambiental de la mano de la explotación y depredación desmedida de los bienes comunales de la Naturaleza y sus implicaciones en las ecologías sociales y subjetivas - vía desposesión violenta de territorios, uno de los casos - las cuales son hoy reconocidas, incluso por los defensores del neoliberalismo; d) biológica, tal y como lo plantea, entre otros Koumentakis, fruto de las mismas dinámicas de degradación, explotación y polución del planeta pero que afectan al cuerpo y la mente humanas en la forma de enfermedades crónicas como el cáncer, obesidad, diabetes en el mundo “desarrollado” mientras que en el “subdesarrollado” se expresa en desnutrición, hambrunas, etc.; e) alimentaria con el aumento inusitado en los precios del consumo básico de alimentos debido a la financiarización de los mismos y también por la sustitución de la producción alimenticia para la producción de agrocombustibles; f) ideológica y epistémica con el trance, hoy en trámite, de la pérdida - aunque también recomposición - de referentes basados en la hegemonía del capitalismo neoliberal y que se proyecta en los dispositivos de producción de saberes, conocimientos, técnicas; g) política principalmente con la crisis de representatividad y de alternativas políticas; la oleada anti-neoliberal que recorre el mundo desde principios de la década de los 1990s, iniciando con la revuelta venezolana conocida como el Caracazo pasando por la insurrección neozapatista mexicana en Chiapas y las Guerras del Gas y el Agua en Bolivia, las rebeliones populares en Argentina y Ecuador hasta las protestas sociales contemporáneas en diferentes países de Europa y los Estados Unidos, la Primavera Árabe y los episodios contenciosos en América Latina - Chile, Colombia, últimamente en Brasil y Perú, entre muchos otros -, aleccionan la magnitud de esta crisis; y, por supuesto, h) social y la sostenida devaluación de las relaciones sociales y de los niveles de vida, la profundización de la pobreza y el empobrecimiento de sectores medios, la miseria, la precarización; igualmente incidentes sistemáticos de represión, progresiva militarización - incluso, bajo dispositivos parainstitucionales - y terrorismo de Estado que atentan contra los criterios mínimos en términos de derechos humanos, bienestar social, etc.. Esta síntesis no deja dudas sobre la aceleración y magnitud de las lógicas y las contradicciones del capitalismo bajo su versión neoliberal.

La tesis que el neoliberalismo es que una cuestión más allá de la economía pura fue una cuestión abordada desde un principio en las discusiones de la Sociedad de Mont-Perélin. Esta afirmación se encontraría bastante bien documentada por la hegemonía histórica de las posturas neoliberales en las ciencias sociales y humanas dominantes, en particular desde mediados del siglo XX. En la ciencia económica contemporánea el dominio de los enfoques convencionales, a pesar de la creciente contestación y disputa epistemológica y académica más recientes, resulta evidente. En otras disciplinas como por ejemplo la Ciencia política (enfoques como el Neoinstitucionalismo) o la Administración pública (la Nueva Gestión Pública, New Public Managament) el convencionalismo aún goza de “buena salud” y expresa la pretensión imperialista del neoliberalismo en términos de la producción de saberes y conocimiento sociales y humanos.

Tesis 4. El Neoliberalismo no es una ideología monolítica sino diversa y compleja

Otro de los errores sistemáticos en el análisis del neoliberalismo es la negación de su complejidad ideológica. Se lo interpreta comúnmente como si fuera una ideología monolítica sin llegar a identificar en este terreno su diversidad constitutiva y el calidoscopio de posiciones que lo constituyen.
Tradicionalmente se ha identificado al Neoliberalismo solamente con la cosmovisión que se deriva de la teoría económica neoclásica, referida siempre en genérico, sin notar que esa referencia convencional es vinculante únicamente con una de las corrientes de la escuela neoclásica, el contingente angloamericano. Ciertamente, esta corriente ha fungido como la plataforma ideológica y el soporte epistemológico por excelencia que ha certificado (de manera unívoca y, por momentos, casi exclusiva) la reinstalación del espíritu liberal clásico en el marco del capitalismo contemporáneo. Pero aunque la postura de yuxtaponer la escuela neoclásica y agotarla en su versión angloamericana no resulta del todo incorrecta, sí es muy limitativa. Sobre todo, al restringir las motivaciones (en términos de Gilbert Durand) que permiten comprender y reconstruir integralmente en qué consiste la ideología neoliberal, histórica y actualmente hablando. La opción hermenéutica y heurística de igualar el universo de la teoría económica neoclásica al neoliberalismo resulta entonces cada vez más impotente para acceder a las particularidades del proceso, especialmente en los detalles que expresa el neoliberalismo más recientemente.
Al examinar la complejidad del neoliberalismo, es decir, abordando los puntos de vista teórico-abstractos, sus prácticas históricas, sus fuentes económicas y sus afiliaciones políticas, ideológicas y sociales, establecemos esquemáticamente cinco referencias básicas en la evolución del pensamiento neoliberal esenciales para describir y descubrir sus principales traducciones, tanto en términos de las recetas públicas y las reformas políticas, económicas y sociales que impulsa como también los sujetos, agentes y actores que personifica: a) La Escuela Neoclásica Anglo-Americana representada por la Escuela de Londres aunque más celebremente por las últimas generaciones de la Escuela de Chicago con M. Friedman a la cabeza. Esta variante instaló un tipo neo-liberalismo angloamericano que a lo largo del tiempo, paulatinamente y bajo una fuerte impronta USA, eclipsó los elementos anglosajones y bajo esta identidad apareció como la corriente ortodoxa al interior del neoliberalismo. Otras corrientes neoliberales, en consecuencia, fueron consideradas heterodoxas, subordinadas y menos influyentes dentro de la tópica neoliberal en general; En las Escuelas Neoclásicas Europeo Continentales, puntualmente la llamada b) Escuela Austriaca o “de Viena” y sus sucesivas generaciones encabezadas por referentes como Mises y Hayek; c) El llamado Neoliberalismo Alemán: el Ordo-liberalismo y la Escuela de la Economía Social de Mercado (ESM), posturas que defienden una renovación del liberalismo clásico - opinión en la que convergen con los austriacos - pero insistiendo en un liberalismo de “nuevo cuño” y descartando decididamente cualquier tipo de restablecimiento del “laissez-faire” del antiguo liberalismo, noción mucho más cercana al tipo de neoliberalismo ortodoxo angloamericano. Su tentativa se basa en la construcción de una economía organizada (regulada) pero nunca “dirigida” ó “planificada”. Admiten entonces la regulación estatal con el fin otorgar garantías absolutas para la libertad natural de los procesos económicos (lógicas de mercado).

Aunque poco difundidas - seguramente debido al grado de “sofisticación” bajo el cual se han confeccionado y que obstaculiza su reconocimiento en los debates no especializados - pero no por ello menos importantes: d) las Síntesis neoclásico-keynesianas, tanto la “primera síntesis” como la “nueva síntesis”, posiciones teóricas que armonizan los presupuestos neoclásicos con los de la teoría keynesiana, intentando “incorporar” elementos de la teoría de Keynes al interior del campo epistémico de la escuela neoclásica tradicional. Estas síntesis lograron renovar la teoría neoclásica en sentido estricto, colocando a Keynes vis-á-vis Wicksell y reintegrando en el universo de lo neoclásico las teorías de Marshall a Keynes (Puello-Socarrás, 2007). Sin embargo, se trata de un neoclasicismo “keynesiano”, aunque suene paradójico: ¡sin Keynes! (recordemos el anti-keynesianismo innato del neoliberalismo). Esta variante resulta tener una influencia fundamental en vista que las principales prescripciones y fórmulas neo-liberales, sobre todo, en materia de política económica (monetaria, especialmente) se han sustentado en la pretendida superioridad técnica y tecnocrática desde este horizonte; finalmente, e) Las Síntesis Austroamericanas y Americano-austriacas las cuales combinan elementos de las corrientes angloamericanas y austriacas (gradualmente también se nutren de las claves propuestas por el neoliberalismo alemán). En el primer caso, privilegian los núcleos austriacos sobre los americanos (como en J. Buchanan y, más recientemente, E. Ostrom), y en el segundo caso, a la inversa, subordinan los elementos austriacos y exaltan los núcleos angloamericanos (como es el caso de las posturas de G. Becker o el Nuevo Institucionalismo Económico del tipo D. North.
No sobraría anotar que al interior del neoliberalismo, especialmente entre las dos corrientes de mayor peso y fuerza ideológica y teorética (la ortodoxia angloamericana y la heterodoxia austriaca y paulatinamente alemana) existen diferencias indiscutibles. Puntualmente, profundas discrepancias a nivel teórico, epistemológico, metodológico, etc. que se traducen en interpretaciones disímiles frente a diferentes tópicos: en materia de políticas, medidas económicas, el planteamiento y resolución de problemas socioeconómicos. Sin embargo, lo destacable de este asunto es que más allá de las divergencias teóricas que existen al comparar posiciones ortodoxas y heterodoxas que, en abstracto, resultarían opuestas (casi antípodas aunque nunca contradictorias), ambas mantienen al unísono los principios generales del neoliberalismo y convergen -superando sus diferencias- en una unidad ideológica consistente que guía sus prácticas fundamentales. Así quedó confirmado y registrado históricamente en distintos escenarios distintivos del proyecto neoliberal desde su fundación en la célebre Sociedad Mont Perèlin (y sus sucesivos foros intelectuales, académicos y políticos), en donde de Hayek (un neoliberal austriaco) a Friedman (un neoliberal usamericano) se determinó que, más allá del disenso abstracto, el neoliberalismo in extenso confluye políticamente alrededor de un acuerdo fundamental de principios “en concreto”, el cual - al decir del mismo Hayek - discute pero nunca cuestiona “ciertos conceptos básicos”, fundamentalmente la construcción de la Sociedad de Mercado (no sólo una “economía de mercado”). Para todos los neo-liberales, los problemas de la sociedad, las dinámicas públicas y las tensiones y conflictos societales deben ser sancionados y considerados unívocamente bajo una óptica individualista en el mercado. Texto: J. F. Puello-Socarrás. Ver: PARTE 3

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