22 ene. 2013

Los hábitos nuevos del imperio (2 de 2)


En cuanto a John Brennan, el candidato de Obama para dirigir la CIA, es probablemente mejor conocido como un elemento de continuidad entre demócratas y republicanos. Brennan es un espía de carrera que trabajó en estrecha colaboración con la Casa Blanca demócrata de Bill Clinton, más tarde con los republicanos de la era Bush, y ahora con la Administración Obama. Brennan fue director ejecutivo adjunto de la CIA a comienzos de la década de 2000, cuando la Agencia creó su sistema de "sitios negros" y "entregas extraordinarias" para llevar a cabo interrogatorios y torturas durante la "guerra contra el terror". Brennan defendió expresamente el uso de técnicas de tortura además del ahogamiento simulado y elogió las "entregas" de prisioneros de la CIA en la "guerra contra el terror" a países como Siria, para que se utilizara con ellos cualquier método de interrogatorio. Semejante historial fue suficiente para echar por tierra su posible nombramiento como jefe de la CIA cuando Obama comenzó su primer mandato. Brennan retiró su nombre de la terna y fue nombrado asesor de alto nivel de la Casa Blanca. Dice mucho acerca de la Casa Blanca de Obama y el Partido Demócrata que Brennan sea ahora un candidato aceptable. Hace cuatro años, Obama acababa de salir de una campaña en la que en repetidas ocasiones se había comprometido a acabar con la guerra contra las libertades civiles de la Administración Bush. Pero durante los últimos cuatro años en el cargo ha mantenido en la práctica toda la política de la era Bush, desde el funcionamiento de la prisión de Guantánamo hasta las escuchas sin orden judicial. Por lo tanto, la apuesta más inteligente es que Brennan no encontrará mucha oposición oficial en Washington, en el caso de que haya alguna. Como el analista de izquierdas Glenn Greenwald ha escrito en la web de The Guardian: "En este cambio (de actitud hacia Brennan en relación a 2008), reside uno de los aspectos más significativos de la presidencia de Obama: su conversión de lo que antes eran políticas de derechas altamente cuestionables en armoniosos dogmas del consenso bipartidista en Washington DC". Durante la campaña electoral de 2008, Obama tomó la delantera a los principales contendientes por la nominación demócrata a la presidencia en gran parte porque era el candidato que más se asociaba a la oposición a las guerras en Oriente Medio de la Administración Bush, especialmente en Irak. Pero para cualquiera que escuchase con atención, era evidente que Obama quería dirigir la maquinaria de guerra de Estados Unidos, no frenarla de manera significativa. Una vez en el cargo, Obama hizo todo lo posible para remodelar la prometida retirada de Irak en un redespliegue de fuerzas. Su plan fracasó solo porque el gobierno iraquí, actuando cada vez más independiente de los ocupantes, se negó a aceptar un estatuto especial para las decenas de miles de efectivos de una presencia militar permanente de Estados Unidos en su país. En Afganistán, Obama cumplió con su promesa electoral de aumentar la presencia de tropas de Estados Unidos. En el punto álgido de este aumento de tropas de Obama, el número de soldados estadounidenses desplegados en Afganistán se había duplicado. Mientras tanto, la administración Obama amplió enormemente la guerra fuera de las fronteras de Afganistán, en Pakistán en particular, gracias a la nueva arma de moda: los ataques aéreos de aviones no tripulados Predator. La Casa Blanca de Obama también está efectuando una reorientación estratégica del poder militar de Estados Unidos hacia el conflicto que los analistas creen más probable en las próximas décadas: en el sudeste de Asia, contra el creciente poder de China. Tanto Hagel como Brennan serán muy útiles en el proceso de remodelación del imperialismo de Estados Unidos de acuerdo con las previsiones de Obama. Dado que Hagel sirvió como soldado de reemplazo - sería el primer Secretario de Defensa con este origen – tendrá mayor autoridad para defender que Estados Unidos debe hacer mayor uso de la diplomacia y de otros medios no militares en los conflictos internacionales, al mismo tiempo que reconstruye las fuerzas armadas como una fuerza más pequeña, más móvil y más letal en la guerra. Por su parte, Brennan supervisó la escalada de la guerra de los aviones no tripulados de la administración Obama. Eso y sus muchos años en la CIA lo hacen el candidato ideal, según el Washington Post, de: "un gobierno que prefiere la acción encubierta - incluyendo ataques con aviones no tripulados Predator contra objetivos de al-Qaeda y el sabotaje cibernético de las plantas nucleares de Irán – que la utilización de más que de fuerzas convencionales". De alguna manera, Obama aún conserva la reputación para muchos de ser anti-guerra - probablemente gracias a la comparación con unos republicanos sediento de sangre. Pero su historial como comandante en jefe no puede ser descrito como anti-guerra de ninguna manera. Obama representa una estrategia diferente del imperialismo de Estados Unidos a la de Bush, y tanto Hagel como Brennan están asociados a aspectos esenciales de la forma en que Obama ha tratado de renovar y adecuar la maquinaria de guerra. Así que las batallas partidistas sobre sus nombramientos reflejan un debate dentro de la clase dominante entre dos programas diferentes sobre como gobernar el imperio de Estados Unidos. Lo que no son en absoluto es un conflicto entre militaristas republicanos y partidarios demócratas de una política exterior más pacífica. O una disputa, como pretende Phyllis Bennis, en la que la "izquierda anti-guerra" está en mejor posición para presionar por sus objetivos. Por el contrario, dado el éxito de Obama en sus primeros cuatro años a la hora de reparar algunos de los desastres causados por Bush, el imperialismo de Estados Unidos a las ordenes de Obama, Hagel y Brennan probablemente será más eficaz para proteger la dominación de Estados Unidos de sus rivales y enemigos. Y. por lo tanto, más eficaz para infligir sufrimiento, opresión y muerte en todo el mundo. Podemos dejar en manos del establishment de política exterior el debate sobre si la "doctrina Obama" es preferible para sus intereses a la "doctrina Bush". Pero podemos afirmar sin lugar a dudas cual es el objetivo de Barack Obama: demostrar que es mejor gerente del imperio de Estados Unidos que Bush y los neoconservadores, no la búsqueda de un mundo más pacífico y justo. Nuestros movimientos y luchas no pueden tomar partido por uno de estos dos programa imperialistas. De la misma manera que no tenemos porqué elegir entre dos planes de austeridad o dos estrategias para hacer más rentables las empresas a costa de los trabajadores. Tenemos que organizar una resistencia desde abajo que sea una alternativa independiente de las políticas bipartidistas de guerra, opresión e injusticia de Washington. Ver: Guerra por poderes

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