13 dic 2012

España colonial


P. Bilsky
Un nuevo Protectorado asoma en Europa. Primero fue Grecia, ahora es España quien debió aceptar el estatuto colonial impuesto por la Unión Europea. Buena parte del pueblo español se diferencia de sus dirigentes y clases dominantes, y sale a la calle a gritar las verdades que los medios hegemónicos ocultan. Los mineros asturianos demostraron que sus viejas luchas son eternas y lucen rozagantes. Se conoce con el nombre de Generación del 98 a un grupo de intelectuales y escritores españoles que se mostraron profundamente afectados por la crisis moral, política y social de España hacia fines del siglo XIX, tras derrotas militares que le hicieron perder en 1898 sus últimas colonias (Puerto Rico, Guam, Cuba y Filipinas). Fue esta la última manifestación de una larga decadencia que puede remontarse muchos siglos atrás. El viejo Imperio español que descubrió América e implantó sus colonias en varios continentes se fue desgajando de a poco. Ya durante el siglo XVII, cuando apenas comenzó la decadencia, se denunciaba que la presión de los banqueros alemanes y los intereses usurarios que imponían por los préstamos eran las causas de la debacle. El oro de América, extraído en condiciones de genocidio, no permaneció en España, no fue invertido ni ahorrado por la dispendiosa corona europea, que se destacaba en todo el contexto europeo por su derroche en fiestas, vestimentas y adornos. El trabajo, y en general toda actividad productiva, era considerado una deshonra por los nobles españoles. La burguesía que siglos después surgió en España, con un notable retraso con respecto al resto de Europa, conservó esa característica: poca inversión, mucho gasto, y una dependencia casi obsesiva por las formas exteriores, el parecer y el qué dirán. En 1920, en su obra Luces de bohemia, Ramón del Valle Inclán denuncia el carácter esperpéntico de la burguesía española, las clases dominantes, el sistema político y la prensa al servicio de los poderes fácticos y la represión de las luchas populares. No es difícil imaginar la iracundia poética de Valle Inclán ante lo que ocurre hoy en España. “La tragedia de España no es tragedia sino esperpento”, escribió Don Ramón, que creó ese género para poder así denunciar la degradación de la sociedad de su tiempo. La semana pasada, y a cambio de los 30 mil millones de euros, el gobierno de Rajoy anunció más ajuste fiscal, suba del IVA, rebaja en subsidios por desempleo, y despidos de empleados públicos. Todo bajo la atenta supervisión europea. El gobierno de España ha entregado el ya poco poder de decisión que le quedaba. Cada vez resulta más claro que el gobierno de Rajoy no gobierna, sino que apenas administra los intereses de los banqueros. Pero no todo es degradación en España de hoy, como tampoco lo fue en la España de 1920 que retrata Valle Inclán. El poeta dejó bien claro en Luces de bohemia que el pueblo que trabaja y lucha, los obreros que enfrentan la represión, y los trabajadores comprometidos con el cambio social quedan fuera de la degradación. Los esperpentos están en otra parte. Con sus cascos encendidos y acompañados por numerosos ciudadanos, cientos de mineros abarrotaron la semana pasada Puerta del Sol de Madrid, tras más de 20 días de marcha desde el norte de España para protestar por los recortes de más del 60 por ciento en las ayudas al carbón que exponen a la mayoría de las explotaciones carboníferas a un cierre definitivo. “No somos terroristas, somos mineros”, corearon los manifestantes en su marcha, horas después de que en la Puerta del Sol se escucharan consignas como “Madrid entero se siente minero” y “Mineros unidos jamás serán vencidos”. Los mineros asturianos, que lucharon contra el franquismo en históricas jornadas, demostraron que no todo está degradado. Como en la obra de Valle Inclán, como tantas veces en la historia de España, los mineros asturianos fueron duramente reprimidos por la policía. Pero antes dejaron en claro, en el espacio público, en la calle, quiénes son los decadentes y traidores. Ver: El Régimen autocrático del E. E. 

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